Al pura sangre del dinero le cuadra bien el hándicap de la síntesis, a esta del comercio le vendría mejor una carrera de cuadrigas: es más pesado que el dinero, transporta mercancías y cuando se rompe una o varias se llena todo de animales locos o género muerto con bichitos vivos. Algunos dueños de cuadrigas usan el látigo, no para que corran más sus neuronas, sino para liárselo al cuello del competidor; o poner pinchos en el eje de las ruedas para que no se les acerquen. Un hándicap de cuadrigas es lo que se necesita, porque a más caballos y género, más rapidez. La silla son las reglas: legislativo; un director de carrera: ejecutivo; un juez, justicia. Un peso extra por participar: a mayor peso, más impuestos sociales y más control, ya que el dueño de una cuadriga puede comprar al juez y al director de carrera así como al legislativo entero y hacerse dueño de los terrenos donde participan. Y mientras tanto transmiten la carrera por televisión, que por casualidad también es suya. Hay ...