PEDAGOGIA GENERAL (1)
En Globalogía expuse en forma de dialéctica el marco general para que la globalización funcionase y a la tesis globalización le hice una prueba filosófica por capítulos que desarrolle como parte de la antítesis (antiglobalización), para lo cual me ayude de un personaje de ficción publicitario televisivo. La prueba no resultó muy exigente, pero la globalización tampoco era ya entonces muy fina y no se necesitaba mucho esfuerzo para encontrarle fallos. El personaje de ficción era y sigue siendo: el mayordomo impertinente o prueba del algodón. Así justifique su aparición en Globalogía, página 19 “La prueba se basa en el mayordomo impertinente de un anuncio televisivo, que pasa un algodón por las baldosas para poner en evidencia a la señora de la limpieza. ¿Me he convertido en mayordomo? ¡Impertinente! El mayordomo dispone de cinco algodones generales para: Democracia, competencia, justicia, orden y progreso. Antes de seguir quiero que sepan las personas con mucho dinero y las que lo mueven por los mercado financieros, que la prueba la pasan todos los días la mayoría de trabajadores, no tan teatral, pero si con despidos ocasionales o masivos; así que, ellos que tienen poder y preparación la pasaran y si no es así, nadie los va a despedir de su riqueza. Al poder y a los dirigentes económicos se les llena la boca de democracia, competencia, justicia, orden y progreso, haber que tal pasan la prueba.”
Con la ayuda de este personaje de ficción, coleccionista de algodones para dejar en mal lugar a sus compañeros de trabajo, le voy hacer la prueba del algodón al Pinganillo con las esencias del algodón genérico “orden”. Artilugio muy común (mejor diría permanente y acoplado) en las orejas de los presentadores de televisión.
El mayordomo hace la prueba del algodón al Pinganillo del presentador, la prueba se la hace a un hombre por pura estética. Con el sub algodón del orden: “proporción”, le pasa por encima la esencia al cacharrin y le sale pequeño, con cera y sordo: es un ente disminuido.
Orden es: “buena disposición entre las cosas entre sí”, y con este algodón esencial el mayordomo comprueba que el pinganillo esta en el medio de los debates televisivos solo a disposición del presentador, solo para que le comuniquen que entra la publicidad, solo. El algodón no engaña, podría salir limpio si el dispositivo diminuto estuviese conectado a un equipo de profesionales que transmitiera: no nos tragamos esa mentira manifiesta. Esto sale caro, pero se podría conectar vía internet a la Enciclopedia Británica, Espasa Calpe (100 tomos con mueble incluido) o con Wikipedia y ya está.
“Por el bien común”, es otra definición de orden y con el algodón correspondiente frotado por el pinganillo sale de común lleno de mentiras, el pinganillo y todo el equipo, que pasan a ser verdad por pura repetición (mil). Un sucio algodón no detecta las novecientas noventa y nueve veces la mentira. La pureza total no existe pero la esencia de las cosas debe permanecer, un pinganillo con su esencia + ó – en su sitio debería pillar la primera de mil.
Orden es sinónimo de “armonía” como un algodón y el pinganillo objeto de estas pruebas casi empíricas, prueba que no sirve, no evita las discusiones y peleas en los platós. El mayordomo pasa un algodón puro y sale altisonante.
“Equilibrio”, también define al orden. Si la información que le fuese proporcionando el equipo al moderador a través del pinganillo hiciese que nadie se sintiese indefenso y que la equidistancia no debe ser sinónimo de equilibrio en la razón, un algodón pasado por lo anterior saldría limpio de gritos, con argumentos y porque no, divertido. Acaso no es el humor la transición de un equilibrio argumental a un desorden de la lógica. El mayordomo tan equilibrado en su apariencia carraspea y gesticula por el disgusto, vislumbraba un algodón para guardar por salir equilibrado pero la realidad es que el Pinganillo no da ni una.
El mayordomo se reserva para el final el algodón: “autoridad que garantice los deberes y derechos sociales”, a saber: ¿El dueño de la cadena televisiva es la autoridad, es el productor, el director del programa? ¿Quién manda aquí? ¿El público? ¡La ostia! perdón, la audiencia, mejor no. El Pinganillo no tiene orden por que le falta la autoridad, no hace los deberes, y los derechos de la mayoría salen pitando de los platós sin llegar a ningún destino adecuado, ya que todas las cadenas disponen de pinganillos para sus presentadores con la misma autoridad. ¿Le podríamos hacer la pregunta a la autoridad suprema? Hagamos la prueba haber si nos da la respuesta correcta. ¿Señor Presidente del Gobierno?, aprovechando que hoy es miércoles le pregunto: ¿Cómo piensa resolver el problema de los pinganillos? ¿No cree que deberían tener más largo alcance con el propósito de que puedan llegar a resolver las necesidades sociales y evitar así el atontamiento general por culpa de tanto desorden? Firmado: El Mayordomo Impertinente.
Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump. Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las crisis suaves permiten a los listos poder evolucionar mientras que en las graves perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...
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