Erase una vez un país que sus presidentes al llegar al sexto año de mandato se quedaban sin función al no poder ejercer con ambición los dos años que le quedaban. Como el partido de turno que detentaba el poder tenía un pato cojo y la oposición no tenía ni pato, no podían pactar reglas para el futuro. En cambio, las grandes empresas siempre tenían patos enteros para ponerse de acuerdo y aprovechaban la debilidad de los cojos para apropiarse de lo público. Erase una vez un mundo que se quería parecer a un país que sus presidentes…
Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump. Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las crisis suaves permiten a los listos poder evolucionar mientras que en las graves perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...
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