Unas líneas escritas
en el año 2001 que Europa acaba de poner de actualidad con la crisis de los refugiados:
Barcos
repletos de inmigrantes. Aviones con pasajeros en las ruedas. Camiones
llenos de congelados humanos. Ríos llenos de espaldas mojadas. Estrechos
acumulando cadáveres. Fronteras repletas de llamadas desesperadas. Aeropuertos
llenos de hipotecas para el futuro. Tripulantes negreros. Empresarios
preparados para estudiar los dientes. Policías cobrando por acercarse a las
puertas entreabiertas. Traficantes cobrando antes y después del paso. ¿Nos
quedamos quietos, esperamos eternamente o saltamos? Los signos están claros, la
libertad no puede esperar, nos estamos corrompiendo, demasiados gusanos están
haciendo su trabajo. Necesitamos la vacuna-libertad,
aire fresco para llenar los pulmones de justicia global que el corazón bombeé
riqueza a las articulaciones para
podernos poner de pié y en orden. La globalogía es la receta democrática para
el mal global, los únicos principios activos capaces de sanar las partes del cuerpo
que tienen enfermo a la totalidad. Cuando nos curemos seremos libres, habremos
llegado a la globalización.
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