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Diminutos en la granja PP-VOX


DIMINUTOS 














Por

SIMÓN DÍAZ CORBACHO





“Cada ser se esfuerza por perseverar en él de forma indefinida.” Spinoza






  Ocurrió hace un año. El Partido Diminuto ganó por mayoría absoluta. Desde hace un año el mundo se ha vuelto diminuto y el presidente no tiene empacho en llamarse ¡Diminuto Primero! El fin de semana pasado organizaron un congreso de autosatisfacción dirigido por el señor A., el jefe de prensa y director de la campaña electoral que les aupó a la victoria, el ¡brujo! que nos ha inundado de dioses. El Sr. Presidente se dirigió en todo momento a los invitados de la primera fila y no a las cámaras de la ABC TV que transmitieron el inicio del congreso, al presidente le importaban más las miradas de la  troika invitada, compuesta por   el  señor B. como representante del Dios del Mercado en la tierra, a su izquierda  el interpretador del Diseño Inteligente el señor C. y a la derecha como representante del Cuarto Poder el señor D. El Sr. Presidente Diminuto Primero inició el discurso con el eslogan de la victoria: Dioses para todos. Llamó a todos sus contrarios ¡normales! y se definió por enésima vez como Diminuto Primero. Estas fueron sus palabras. 

-Ganamos las elecciones con tres ideas muy claras: Dioses para todos. Partidos caducos derecha izquierda para nada. Partido Diminuto para interpretar a los dioses.

El auditorio permaneció en silencio y las palabras nuevas y viejas ya desde hace un año iniciaron el tintineo de una melodía para sus oídos. Todo estaba en orden: el orador, el triunvirato vigilante enfrente, los ministros diminutos escoltando al jefe y el brujo fuera de la escena dirigiéndola.  El actor principal interpretó las órdenes de todos los dioses que fueron capaces de entregarle en el último año informes interesados. Las informaciones del pasado y los datos para el futuro de los informes eran partes de un tintineo previo que el señor D. dueño y representante omnipresente de los medios se había encargado de tintinear a coro. Los delegados del Partido Diminuto estaban encantados, para ellos el último año había sido espectacular y no levitaban con la música por culpa de la física. Diminuto Primero continúo con una regañina a los perdedores de las elecciones.

-Los partidos que hasta hace un año se alternaban en la victoria perdieron, aburrían con tantas utopías complejas en cambios nosotros ofrecimos eficacia concreta y ganamos. El electorado entendió nuestro mensaje, la diosa encuesta lo predijo, os lo dije. 

El líder les dijo las palabras que todos querían oír y al enumerar los errores del anterior Gobierno: que si déficit, despilfarro, no hacer caso a los mercados, no comprender a la ciudadanía, un murmullo de desaprobación para con el anterior Gobierno le empezó a incomodar. Diminuto Primero levanto la mano y el silencio hizo más claras sus palabras, ya no le interesaba demasiado destacar los errores del anterior Gobierno y si remarcar los logros propios al haber entendido los deseos de los electores. Hacía preguntas al auditorio no para que le contestasen sino para que se fijasen en él y esperasen una respuesta que el siempre estaba dispuesto a dar, si tuviese la respuesta bien y si no divagaría hasta que la encontraba pues el instinto encuentra las respuestas cuando las coordenadas de búsquedas están claras. Preguntó: ¿Sabéis por qué ganamos? ¿Sabéis por qué perdieron? ¿Sabrán hacer una plegaria? Hasta que el incipiente sonido de respuestas le hizo cambiar de estrategia y retomó las críticas contra los ¡normales!: estaban en el bote.

 -Querían ser dioses y nosotros sabemos que son normales, por eso perdieron por querer ser lo que no se debe. El pueblo nos dio su confianza porque les prometimos lo que deseaban y lo que   siguen queriendo es que les solucionemos los problemas, los deseos diarios, cotidianos, las necesidades que se ven, que se sienten y no toda esa metralla de luchas de clases que para lo único que sirve es para aturdir el cerebro. 

Diminuto Primero siguió a rajatabla el ninguneo de la oposición que en la campaña dejó claro, solo debían hablar de dioses, de los asuntos propios y de sus correligionarios, el resto, todos apelotonados en un genérico ¡normales! donde derecha e izquierda y resto del arco parlamentario quedasen en el ostracismo. Hay que reconocer que en el año que llevan gobernando lo han conseguido, su mayoría absoluta tiene aplastados a todos y más a los anteriores gobernantes, porque a la mínima critica la frase lapidaria: “La herencia recibida” si la crítica es por un caso de corrupción, la frase: “y tu mas”, y si las críticas al Gobierno son, no del anterior Gobierno sino del anterior a este, él: “y tu más” también le sirve. Están en tiempo de gracia, después de un año no sufren deterioro a pesar del agobio de tanto ¡diminuto!  

La victoria del Partido Diminuto ha relajado las disputas entre los partidos anteriores y los ciudadanos se sientes a gusto o por lo menos las encuestas dicen eso, perdón, debería decir la ¡Diosa Encuesta! ¿Hasta cuándo podrá el Partido Diminuto vivir de las rentas propiciadas por una victoria a consecuencias de un deterioro general de la sociedad por culpa de años de crisis? De momento el Gobierno no tiene crisis y el líder no perdió oportunidad para remarcarlo. 

-Ya no se habla de crisis, de futuros imposibles, del pasado, ya solo se habla de nosotros, de cosas concretas, pequeñas, manejables. . .

El líder quedó en silencio, la ovación del auditorio relajó su rostro mientras dejaba pasar unos instantes de autosatisfacción, levanto la mano y el silencio se impuso, las palabras del número uno había dejado huellas de satisfacción en los rostros de los delegados que contrastaba con las del abecedario descabezado, los señores B. C. D. que parecían bustos de telediarios con el sonido en off. El silencio dio opción al crujir del sillón de un ministro que al darse cuenta cesó de moverse y por la cara del líder al apartar la mirada de la primera fila parece que irá a mayores. Este presentador reconvertido en corresponsal no ha conseguido saber cuál de los ministros pecó, ni contra que dios tendrá que dar cuenta, si al de los medios por la interrupción, al diseño inteligente por si el acto no estaba en la cadena de A.D.N., o al del mercado por la ruina que puede causar el deterioro del sillón.  Después de estos segundos el presidente continuó con el discurso de apertura y dijo.

-Lo diminuto se impone y lo que no lo sea tenemos que convertirlo en diminuto para después resolverlo. Esta es la orden del electorado: un estado pequeño con una sociedad grande y libre donde los dioses no tengan obstáculos para ejecutar sus designios. Con estas propuestas ganamos y después de un año gobernando hemos demostrado que se podía y en consecuencia la paz social se ha instalado en nuestra sociedad.

El numero uno se sentía cómodo dirigiéndose a los suyos. No es un estadista, ni es normal, está por debajo de la media, pero es un visionario: su propia definición. Quizás su paso por un programa religioso televisivo le preparó para la situación actual. Pero hay que reconocer que el tiempo escaso que pasó como telepredicador no puede explicar el éxito de un partido creado de la nada y aupado al gobierno en una sola legislatura. La sociedad debía tener en su seno los gérmenes para que creciera este fenómeno, gérmenes que no fuimos capaces de detectar.  Ocupados en sobrevivir y el resto del tiempo en un relax social a base de cacharros de fragmentación mental no fuimos capaces de proveer con tiempo un movimiento social de querer solucionar lo cotidiano sin más, y esta sociedad estresada, ha admitido todo con tal de que les dejen en paz. La mayoría escucha lo que quiere oír no solo los militantes y partidarios del partido en el gobierno.  Relajados y confiados en que los que les manda sepan donde los llevan, no quieren ni oír hablar del futuro, solo desean confiar por fin, en alguien que les dicen que el destino será benévolo con los que tengan fe. Diminuto Primero continuó el discurso inaugural del congreso para celebrar el primer año en el poder.    

-La paz social se ha impuesto no por la fuerza de la razón sino por los miles de leyes diminutas que afectan a todos y que nos mantiene desconectados entre sí. Que cada ciudadano se ocupe de sus diminutos asuntos, que no se compliquen la vida con lo que no se puede abarcar. Esta ha sido nuestra ocupación el último año como gobernantes: que las personas se ocupen de las cosas que decidan los dioses, nosotros ejecutaremos sus designios.

La batería de leyes sobre lo humano y lo divino ha sido espectacular, como si disfrutasen, pero no engañan, es lo que dijeron que iban a hacer y lo están haciendo. El discurso del líder fue una fotocopia del programa que a su vez es otra fotocopia de las leyes aprobadas. El orden no importa. Lo que importa es que todos vamos a tener nuestra ley, más aún, varias leyes para cada uno; moverse por el ordenamiento jurídico va a resultar una aventura. Pero no hay duda de que es lo que dijeron que iban a hacer, además es uno de sus signos de identidad, nada los define mejor que el volumen legislativo. Se propusieron que fuésemos conscientes de que no podemos hacer grandes cosas. El discurso fue palmario: lo cotidiano es el asunto y solo el asunto del que tenemos que ocuparnos. Parece como si lo real y lo irreal se hubiera fundido en una masa suave y agridulce que pasa bien, y que alimenta al alma con las razones que el corazón entiende.    

Después de una pausa en la que Diminuto Primero intercambió unas palabras con el señor A. mientras daba unos sorbitos del vaso puesto en el atril, pasó lista con la mirada a sus ministros, y se dispuso a reiniciar el discurso, pero antes de fijar la mirada en la primera fila reparó en que el auditorio emitía un carraspeo teatral. El Presidente Diminuto Primero trató seguidamente el tema de los drones y estas fueron sus palabras.

-Los drones están hechos a nuestra medida, no podemos renunciar a ellos sería como suicidarse, la nación los necesita y como digo queridos compañeros están hechos a nuestra medida: son diminutos y están dirigidos por los dioses.

 Defendió el uso de estos artefactos teledirigidos y la analogía con su propio partido, y no hay que sorprenderse pues ya en la campaña electoral defendió su uso, se llegó a compáresele por lo de diminutos y dirigidos como “diminuto moral”. A lo que el líder no solo no lo negó, sino que lo asumió para sorpresa de todos los telespectadores que en esos momentos estábamos viendo el programa de debate. En su momento fue como asumir una gracia, un chiste, pero el chiste se está haciendo realidad y la gracia empieza a no tenerla. Es verdad que cuando llegaron al poder los drones ya eran una realidad, pero el impulso en el último año ha sido tan elevado y las victimas por sus actuaciones han aumentado de forma exponencial. Las causas habría que buscarlas en la relajación de los parámetros para las misiones y las explicaciones del Gobierno sobre que un juez es el que decide a quien hay que eliminar o el intento, parecen de chiste si no fuera por el tema que es. Da la impresión de que se está imponiendo una realidad de videojuego y las víctimas son diminutas figuras de comecocos invertidos. Pero de las críticas al uso de los drones el Sr. Presidente no dijo nada y ni hablar de los medios de comunicación que criticaron al Gobierno, como las de un periódico que reprodujo una frase de un antiguo presidente en referencia a la seguridad y la libertad: “La libertad definitiva es compatible con la ley y el orden o el totalitarismo de hormiguero cambiarían libertad por seguridad”. Pero mejor las palabras del jefe para ilustrar estas conjeturas.   

-Nosotros no fuimos los creadores de los drones, pero lo asumimos porque fueron creados para que se pudieran usar y ¿quiénes somos nosotros para discutir las decisiones de la providencia?  Hemos sido designados para ejecutar miles de leyes y no podemos pararnos a discutir una a una, disparamos y ya está, si hay efectos secundarios se resuelven y si no hay solución se crea otra directiva, ley o lo que sea, para que la próxima vez no ocurra. Ya nadie osa decirme diminuta moral por defender el uso de los drones, que se creen, que solos los drones pueden ser inmorales.

Declararse diminutos como los drones y teledirigidos por los poderes o dioses como quiera el Sr. Presidente es un desfiladero hacia la inmoralidad, se ponga como se ponga el Sr. Presidente que continuó con el discurso y empezó a disertar sobre otros de los mantras negativos que creíamos no podría con ellos, pero  el Sr. Presidente  no se distingue precisamente por su cobardía a la hora de defender lo indefendible sino que disfrutaba solo con pensar en el tema, los gestos de su rostro así lo declaraban a pesar de que los minutos pasaban y la postura como de penitencia a los representantes de los dioses paganos de la primera fila empezaban a dejarle ya un rostro inexpresivo. Elogió a la señora T. que para un gran consenso de pensadores fue culpable de la crisis anterior por sus inicios liberalizadores.

-No debéis olvidar que esta aventura en la que estamos embarcado no habría sido posible sin la diminuta precursora, la dirigente que supo adelantarse a su tiempo, ya sabéis a quien me refiero: La Dama.  Puso las bases de un Estado en disminución hacia la inexistencia y atacó a los sindicatos hasta que los convirtió en diminutos ¡qué gran palabra! nunca acabará nuestra deuda con La Dama, ella es mi guía.

Diminuto Primero olvidó decir que al dejar sin contrarios a los grandes empresarios estos se desmadraron e inventaron lo primero que se les ocurrió. Todo consistía en ser propietarios de casas y pequeños propietarios de acciones, un capitalismo popular donde todos fueron dueños diminutos y ningún dueño verdadero salvo el Dios del Mercado: como si entre veinte compran un Jaguar y lo conduce uno, ¿quién propusiese que el Jaguar fuese conducido de forma rotatoria podría ser acusado de comunista? Menuda leninista, diminuta precursora al miedo inflacionista y del sindicato fuerte, quería un Estado fuerte siendo diminuto, y ha conseguido que ahora con el mercado fuerte y libre seamos todos de algún modo diminutos. Si nos vieran los antepasados en un video, que desagradables les resultaría tanta suciedad moral, al ver que el Estado que existía ha disminuido en proporción al crecimiento privado y quien llegó a la cúspide de lo privado se ha puesto a teledirigir al Estado que efectivamente no existe.

Perdones ustedes si este corresponsal se toma demasiadas libertades al enjuiciar con dureza los acontecimientos del último año. Para este servidor de ustedes lo diminuto se ha convertido en algo personal y solo me interesa lo grande, quiero algo grande, enorme, trascendental. El Sr. presidente del Gobierno S. M. Diminuto Primero continuó el discurso de agradecimiento a sus orígenes y terminó reiterando en que es su guía. A continuación, los dioses empezaban a apareces en sus palabras, cuando de súbito el silencio se hizo en el auditórium y se oyó una vocecita de niña que preguntaba: “¿Podemos controlar a los dioses jefe?” La niña no preguntó lo que le habían dicho, con lo cual el presidente se quedó mirando al jefe de prensa para saber a qué atenerse. La niña que A. había hecho que apareciese se resistía a marcharse. ¡El brujo! como le llamamos los periodistas, había pensado en crear un ambiente enternecedor y le salió una chapuza enternecedora, gracias. Después del incidente las palabras del presidente fueron estas.  

-Nos atacan de continuo por asumir nuestra dependencia de los dioses, pero no hay otra forma de vivir que no sea con fe, de lo contrario la vida se convierte en un querer y no poder controlar todo lo que nos rodea. Nosotros hemos asumido esta dependencia a pesar de las burlas y no solo del Dios por antonomasia también de los otros, los dioses paganos ¡todos los dioses son buenos!  Seguirán riéndose de nuestras creencias por un tiempo, pero llegará el día que esas burlas se tornarán lloros. Quiero que comprendáis bien al Dios del Mercado, recoloca todo lo que este mal y viceversa, descoloca lo que está bien, en su movimiento general no se fija en las cosas normales, allanémosle el camino y apartémonos de sus grandes movimientos, sigámosle por el ruido; nosotros nos ocuparemos a través de nuestras influencias de insinuar los caminos de por dónde debe pasar o no pasar. Esto se ve mejor si lo comparamos con la fe en el Dios supremo: a quien se le ocurriría decir que los muertos son por culpa de Dios. De igual manera no se le puede achacar al mercado los destrozos económicos que han sufrido algunos países, estos, seguro que pecaron, quisieron poner todo bien, se ocuparon de ridiculeces sin dejar al mercado espacio suficiente para su supervivencia y claro la furia del mercado surgió de improviso. No señoras y señores, no señor, comprender al Dios Mercado, al Dios de los Medios, al igual que el Diseño Inteligente no está al alcance de cualquiera y menos para manipularlos o hacer de Dios siendo un normal, que por cierto, viene de ¡anormal!.

En ese momento el auditorio se vino abajo, las risas y carcajadas dejaron al líder unos momentos libres para beber y secarse el sudor, no lo tenía previsto, pero aprovechó las circunstancias. Se dio cuenta que la ocurrencia a botepronto surtió un efecto de bálsamo y permitió bajar la presión emocional que se había acumulado. El momento de relax permitió al equipo de A. poner un video en la pantalla del escenario, donde un ciudadano normal preguntó: “¿Podemos controlar al Dios del Mercado jefe?” Diminuto Primero que empezaba a comprender la necesidad del efecto sorpresa le dijo a la pantalla: “no seas tonto, si tiene el sesenta y cinco por ciento del poder económico en su mano como diablos (perdón) vamos a poder controlar al Dios del Mercado ¡pareces anormal!”.

La gracia de usar la palabra talismán y con el terreno abonado de la anterior hizo que continuaran las risas y el jolgorio. La fiesta surgió de improviso y el comprenderlo es saber las claves del humor como saber las claves del mercado, aunque en este caso no tiene ninguna gracia, al igual que las caras de la fila del abecedario incompleto. Decir que surge de improviso la devastación monetaria o que las burbujas financieras y los ladrillos.com, son entes invisibles que surge de improviso, es mucho decir, por mucha fuerza que tenga la mano invisible y no digamos que el mercado se lleve por delante a los países que pecan como si la colectividad pudiese pecar a coro. 

El brujo ejerció e hizo llegar al atril del parlante una chuleta, esta era ya una más del costillar en aumento al no desperdiciar las que había consumido. Una mirada hacia abajo imperceptibles para la mayoría de los asistentes -estos no se enteraban de nada- permitió al Sr. Presidente observar el párrafo y sin más leyó:

-Sabe usted, saben ustedes que el Dios del Mercado es omnisciente, que significa que tiene libre albedrio libertario.

Diminuto Primero o segundo papagayo no había comprendido nada, el señor A. había acelerado demasiado, en cambio el rostro del señor B. el representante del Dios del Mercado si reflejó un cambio, sus ojos brillaron un poco más, la comisura de los labios había dejado de ser una línea recta y un tenue color rojo en sus mejillas dio a entender que tenia vida, la ABC TV dio pruebas de ello. El representante en la tierra del Dios del Mercado tenía autoridad para enrojecerse o no hacerlo, pero no tuvo libre albedrio, pues la mente que es muy anárquica le traicionó. El jefe de B. o mercado omnisciente tiene trabajo por hacer ya veremos cómo se manifestará. Al darse cuenta el señor A. que había dejado a su jefe perdido un tiempo mientras encontraba la línea argumental del Dios del Mercado, hizo que le llegara otra chuleta al atril -el costillar automático de lectura para los oradores seguramente se había declarado improcedente por prescripción de los señores B. C. D.: no podían comprobar la mirada de sus queridos diminutos- y esta vez desaparecieron todos los papeles excepto el último.

Este servidor de ustedes no ha podido comprobar los tejemanejes del jefe de prensa. El motivo es muy sencillo, el decidió quienes teníamos acreditación, cuando accedíamos al recinto, en qué lugar situarnos para ejercer el trabajo, lo que sí y lo que no grabar etc. De tal manera que ningunos de los compañeros tuvimos acceso directo al atril, creemos que el jefe de prensa debió contratar a un mago para este evento de tal manera que no vimos llegar ni a la niña. Con tantos trucos, miradas, paradas y arranques el auditorio se quedo un poco frio, se había perdido la conexión con el orador, así que al empezar a leer la nota se percibía un runrún que el Sr. presidente zanjó con un: ¿Cómo están ustedes? En esto hay que reconocer que es un maestro, porque después de emitir una sola palabra, el público se cayó por completo y pudo continuar el discurso. 

-Las personas normales se complican la vida, sabíais que uno a dicho: “¿Es lo pío queridos por los dioses porque es pío, o es pío porque es querido por los dioses?” Este lio lo ha dicho un tal P.S.E.

Definitivamente el brujo consiguió hacer lo que nunca debió hacer, es decir, liar a su jefe, tanta magia buena es mala; los trucos cuando están bien hechos solo permiten una salida: la admiración. Pero este señor que ha conseguido que el Partido Diminuto ganase las elecciones hace ahora un año, es un señor con muchos recursos, pues visto y no visto los papeles volvieron a estar delante del jefe y este al verlos se le notó menos perdido como si se hubiera encontrado a sí mismo, ¡por fin!, debió de pensar.  Lo papeles debieron llegar en el orden adecuado pues el presidente retomó la idea perdida: omnisciente, no, el libre albedro, tampoco, ¡a si!, la palabra: pío. 

- “¿Es lo pío queridos por los dioses porque es pío, o es pío porque es querido por los dioses?” Fin de la cita.

Al decir fin de cita, permaneció un instante observando las cuartillas y retomó el discurso por libre. No hay nada mejor que la libertad.

-Como hemos podido vivir con semejante individuos que más que hablar lo que hacen es liar, no me extraña que el mundo fuese mal, no podía ser de otra manera. Queridos compañeros, dejemos en paz a estos normales y hablemos del Dios omnipotente ¿a qué sabéis a quien me refiero, a que no hace falta nada más que una palabra entendible para comprenderlo todo, a que sí?  Omnipotente. ¿Sabéis que significa? Os lo voy a decir de la manera más sencilla y diminuta que he encontrado: el Dios omnipotente puede hacer que dos por dos sean cinco y punto. 

Cuando Diminuto Primero retomó la libertad todo se recolocó de nuevo y volvió la original puesta en escena: la mirada en la fina primera y de reojillo en el papel, los señores B.D.C. con sus caras planas, el señor A. desaparecido, los papeles del atril no eran ni muchos ni pocos, medio desordenados, normal, los ministros más inquietos habían ejercitado sus necesidades y el público en silencio escuchaba a su ídolo.

 El presidente se puso a explicar las razones que la razón no podía, mientras su corazón transmitía que sí. Que el Diseño Inteligente estaba ahí para demostrarlo y si alguien tuviese dudas, en la sala estaba el interpretador del D.I. la máxima autoridad en el mundo sobre lo omnipotente para eliminar las dudas.

 Esta autoridad presente el señor C. que se había comportado de forma ejemplar en el tiempo en que en la sala se habló de actos libertarios, se le ilumino la cara como al señor B. -deben compartir patrón- pero cuando el jefe insistió en la demostración, la mirada de C. dejó de parecerse a la de B. y eligió otros derroteros más complejos y subterráneos. La imprudencia de Diminuto Primero al elegir una prueba tan fácil de comprobar no tuvo ninguna consecuencia, el público no había acudido para una clase de matemáticas, y la fe que era una de las razones principales del lleno absoluto taponó cualquier duda, más aún, el presidente se envalentonó al comprobar la azarosa posición de C. mientras sus partidarios creían levitar a pesar de la física.

-El Diseño Inteligente es la demostración de la gran obra de Dios y lo que sabéis de la omnipotencia sirve para el Dios del Mercado que puede hacer que las cosas valgan más de los que valen o menos, depende del momento. Y por supuesto para el Cuarto Poder el dios omnipresente.  No estamos en este mundo para comprendes los renglones torcidos, con fe y un buen final es suficiente. Este dios omnipresente es la tercera pata (duda) de nuestras creencias, lo que sustenta nuestro poder, con lo cual tenemos cubiertas todas nuestras necesidades morales. El representante aquí presente del Cuarto Poder, el señor D. os lo puede confirmar.

El representante del Cuarto Poder el señor D. efectivamente no estaba en representación de un solo dios, es decir de un medio de comunicación, ni de dos, y era cierto que su poder es omnipresente. Todas las conexiones de información terminaban en el pinganillo de una de sus orejas y este artilugio diminuto se parece al de los presentadores de televisión solo en el nombre. Hacía tiempo que el brujo no actuaba ¡o no lo vimos!, pero actuar debió actuar, porque las últimas palabras del jefe diminuto fueron dubitativas. Se comprende que al decir tercera pata mientras miraba al representante del cuarto poder debió de saltarle la duda, de ahí la indecisión. En cualquier caso, el diminuto aparato del señor D. debió producir un zumbido óptico cuando oyó por la oreja complementaria que era el tercero, y era cierto, era el tercer hombre de la fila uno. En algún lugar había un espíritu y para este corresponsal ¡el brujo! tenía más papeletas que los demás, pero como no soy creyente no me hagan mucho caso, puede ser que no comprenda este apelotonamiento de dioses diminutos y con sus espíritus.

 El señor A. jefe de prensa y artífice de la victoria del Partido Diminuto, me pasó una nota donde me decía que sí podía preguntar al Sr Presidente y la nota acompañaba la pregunta. Hay que reconocer las facilidades que le dan hoy a un servidor. Como el brujo empezó a poner trabas para la transmisión, le solicitamos que en el descanso pudiéramos preguntar al Sr. presidente el porqué de estas trabas, pero no le íbamos a decir al ¡brujo! que la pregunta al Sr. presidente eran sobre él y la pregunta baldía ya de antemano fue, por si el jefe podía decir algo sobre el espía que ha filtrado que al pinganillo del señor D. llegaban todos los datos personales de los presentes y ausentes. 

Con las diatribas sobre el señor jefe de prensa he dejado a ustedes sin las palabras del Sr. presidente, que había iniciado unas alabanzas sobre los medios de comunicación, que como ya saben han evolucionado y ahora son como dioses omnipresentes, ya lo eran, me callo. Bien.  Diminuto Primero continuó con estas palabras antes de llegar a un receso que necesitábamos. 

-El sistema nervioso central diminuto está en este dios omnipresente. El dios que todo lo ve incluso lo que desde sus entrañas sale a la superficie por culpa de demonios normales. Un diminuto jamás hubiera traspasado esta frontera.

Descanso. Después de los aplausos correspondientes el Sr. presidente se retiró unos minutos al igual que sus ministros no así los señores. C. B. D. de espalda, D. B. C. de frente, mejor los B. D. C. o el lógico B. C. D.  ¿Necesitan más espacio? ¿Por qué necesitan los diminutos tantos dioses para obedecer? La respuesta al espacio es positiva y es comprensible al ser dioses necesitan sitio para su omnipotencia, espacios virtuales para su omnipresencia y un mundo diminuto para actuar de forma omnisciente sin peligro de caer en la encrucijada de E. Creo que el señor jefe de prensa estará de acuerdo con lo anterior, es complejo lo sé, pero debido a la presión y al cansancio es lo mejor que puedo decir.

Mientras Diminuto Primero descansó unos minutos, reinicié un intercambio de notas con el señor jefe de prensa en el intento de preguntar directamente al Sr. presidente sobre el espía. Debo advertir que en la última nota el brujo me comunicó lo siguiente: “No se le permite preguntar al presidente, pero si puede decir lo que le dé la gana y como le dé la gana a condición de que pase a trasmitirlo por la  Z.Q.T. Traspirenaica TV, en vez de comentar el congreso por la ABC TV”. Como pudieron comprobar acepté y le he vuelta a llamar ¡brujo! mis diminutos.

En cuanto a la segunda pregunta que se la voy a repetir por culpa de la interrupción del brujo, es: ¿Por qué necesitan los diminutos tantos dioses para obedecer? No sería más fácil un solo monoteísta, en vez de muchos panteístas sin más razones para decir a todo que sí. No tengo la respuesta, ni me importa, solo voy a hacer mi trabajo diminuto y san se acabó, me pongo a la moda de lo pequeño sin atisbos de preguntas trascendentales. Y por tal motivo paso a detallar la reanudación del discurso del Sr. Presidente Diminuto Primero que había hecho algunos ajustes en la masa de papeles. La escena se repetía y por tanto no les voy a decir a ustedes la postura del presidente. Los ministros habían vuelto a sus asientos justamente detrás, mientras que la troika no se había movido un ápice, pareciera como si llevasen años así. El señor jefe de prensa y ex director de campaña del Partido Diminuto desapareció nada más iniciar las palabras el orador, los motivos pueden ser varios y a mí no me afectan para nada, pero puestos a imaginar pudiera ser por: a) Porque le dio la gana. b) Porque se fue de compras. c) Porque tenía que poner un telegrama a C. d) Porque se puso a leer la prensa. Estas fueron las primeras palabras nada más reanudarse el acto.

-Hemos mejorado la Democracia gracias a nuestras reformas de la Administración, al reducirla y convertirla en diminuta para que no estorbe, igual que hemos reducidos los impuestos y lo hemos hecho gracias a nuestras leyes diminutas: leyes para todo lo que se mueve.

El Sr. presidente y su partido han convertido la Administración en un estorbo, pero lo que dijo el fin de semana fue lo contrario, y con el truco de bajar los impuestos y regular todo lo que se mueve piensan que se arreglan los problemas; lo de bajar los impuestos es una cantinela vieja, en cambio regular para estorbar es nuevo; enredar con las leyes es viejo, decirlo es nuevo al menos que fuese un lapsus. Hay que comprender que cualquier congreso de no importa qué partido es así, los asistentes a estos actos son partidarios y puesto que desinformar es desinformar a los partidarios, los concurrentes ni prestaron atención. Si entre el público hubiese habido contrarios o a un partidario se le hubiese encendido una luz se habría dado cuenta. Pudiera ser que lo hubiera y se comprende que se callase, no fuera a ser que le aplicasen una ley por un gesto, unas palabras o por ninguna, solo por el placer de comunicarle: esta ley es para ti ¡normal!  ¿Los votantes en general del partido en el Gobierno estarán de acuerdo con las últimas palabras del Sr. Diminuto Primero? Me temo que sí. Aquí el único normal que se entera de lo anormal es un servidor, no me hagáis mucho caso y sigamos con las palabras de nuestro presidente.

 -Como sabéis tenemos pocos recursos, pero podemos establecer muchas leyes. Por este motivo hemos inventado la subcontratación de leyes, copiamos las leyes de otros y así reducimos costes. Si la parte pública de la economía es el 35% y si de este 35% después de las partidas asignadas disponemos 3,5 % de libre disposición para las nuevas leyes, estas no pueden ser hechas para gastar los recursos escasos y si para estorbar el gasto e impedir el despilfarro de las leyes anteriores.

La desfachatez de estorbar a base de leyes con una Administración diminuta que no estorbe a la sociedad es una cuadratura del círculo, pero así lo han hecho, han reducido los gastos corrientes, las inversiones, los empleos. La Administración prácticamente ha desaparecido salvo para ejecutar las leyes emanadas del Parlamento que el Ejecutivo se encarga de llevar a delante. Y se preguntaran ustedes cómo puede el Parlamento elaborar tantas leyes, no se lo pregunten ¡copian leyes! ¡Subcontratan leyes! y nosotros sin enterarnos. El brujo debió de comprar en exceso y no se enteró. ¿Compran paquetes de leyes? ¿Cuánto pagan por ellas? ¿La letra pequeña de las leyes que compran la leen? ¡Qué tontería!  ¿La oposición lee? ¿Quién les vende las leyes?  Si copian leyes de otros. ¿Qué otros? ¿Tendríamos que leer todas las leyes que el Partido Diminuto ha elaborado en el último año para comprobar todo? El Gobierno no dispone de muchos recursos para ejecutar proyectos, pero dispone de un inmenso poder de regular la vida entera y como no dispone de recurso para ejecutar tal cantidad de leyes, lo que hace es reformar las anteriores y elaborar las nuevas con la condición de que no genere gastos y si es posible que los reduzca. Con lo cual la sensación de agobio legislativo no es inventada y la pregunta oportuna es: ¿cómo pudo S. M. Diminuto Primero soltar diminuta barbaridad sin que el brujo interviniese? No habría sido más lógico que el brujo hubiese aparecido para comprobar el desorden legislativo que su jefe había expuesto, a no ser que lo tiene todo controlado y el soltar barbaridades es parte de la estrategia para tener entretenido a los opositores y avispados, estos por el hecho de descubrir un desliz se sienten tan feliz como yo ¡estúpido! ya me la ha jugado otra vez. -Por un tiempo varios periodistas que compartíamos un espacio reducido no divisamos tejemanejes subterráneos alrededor del atril, pero los precedentes indicaban que sí y el aprendizaje era visible, nada hay mejor que la práctica y el señor A. se entrenaba por momentos incluso en ausencias-. ¿El denunciar las incoherencias puede causar algún daño al partido en el poder? Esta pregunta se puede hacer al revés. ¿Las incoherencias denunciadas apelotonan a los diminutos en un acto reflejo defensivo?  ¿Si son conscientes de las contradicciones y lo hacen adrede seles podría culpabilizar? Me temo que no y basta ya de preguntas que nadie me podrá contestar y sigamos con el discurso del Sr. presidente que siguió con el tema de las leyes.

-Os voy a contar un secreto: El Partido Diminuto ha inventado el método “Tanganica”: consiste en que los normales vallan a la Administración en plan quejica, si no lloran no maman lo entendéis. Es la manera más útil para que una parte de ellos no solicite lo que le corresponde, esto es ahorro para todos, y de paso, quienes solicitas lo que les corresponde se vuelven más activos.

Diminuto Primero es un ¡Adán! (adánico) renovado que se ha creído la trola “Tanganica” y lo malo es que lo ejecuta. Por las palabras de este fin de semana en el congreso y la experiencia en este año, el Gobierno pretende aplicar el invento absolutamente a todo. Y la pregunta es: ¿Si a todo lo que ejecutan le aplican una ley quejica y si en cada acto del camino pierden unos cuantos vagos, cuantas leyes ejecutarán antes de llegar al punto de no poder perder a ningún vago más? ¿El que aprenda a lloran se apunta a todo Sr. Diminuto?  Si la respuesta es afirmativa: ¡qué ruido! ¿Si el lloro, aparte de lastimero fuese potente el resultado sería diferente? ¿Se podría llorar a coro en manifestación para solicitar una plaza de aparcamiento? ¿El ahorro de todos debe ser a costa de unos cuantos? ¿El que no llora se convierte en un medio de ahorro? Ahora se comprende los lloriqueos de los políticos diminutos por conseguir que empresarios instalen negocios en tierra patria a cambio de subvenciones, es el intercambio natural, mamar del Estado a doble juego, lloricas a gogo con experiencia. Después de este desahogo ya puedo seguir con la convención del Partido Diminuto, que se desarrollaba como suele ocurrir en todo mitin, con los invitados sin rechistar. 

-Que los normales aporten recursos para el bien común diminuto y que espabilen, pero mientras, que estén ocupados que la ociosidad es mala consejera, tuvieron muchas oportunidades que no vengan ahora con lloriqueos.

Al pronunciar Diminuto Primero las últimas palabras se empezaron a oír insultos desde lo alto del auditorio, los insultos iban dirigidos contra el orador por la provocación del lloriqueo. Un grupo pequeño desplegó una pancarta donde ponía: Diminuto tu P. El método “Tanganica” no era un secreto, el presidente lo había pronunciado en el Parlamento y los camuflados entre los partidarios no debieran de aguantar más y al decir el jefe “lloriqueos” saltaron por el resorte de la indignación. El servicio de seguridad se dirigió hacia lo exaltados con la intención consabida, mientras que estos aprovecharon el escaso tiempo que les quedaba para aumentar los chillidos. Diminuto Primero se quedó por unos momentos callado, pero enseguida continuó con la chuleta consabida. 

-Ahí tenéis unos normales que no dejan hablar a los demócratas, esos son los que han conseguido hundir al país, esos son los que no tienen educación, esos son los normales. 

La escena la conocen todos ustedes, esta no, pero otras iguales si, y como suele ocurrir en estos casos los partidarios pitaban a los exaltados y al final el ruido se hizo atroz sin permitir oír bien lo que se decían, pero para eso está el cerebro para rellenar los huecos. El jefe de prensa intervino desde las bambalinas –no sabemos cómo llegó hasta allí- y dio órdenes para que desalojaran a los energúmenos que gritaban al líder, se le vio agitar las manos para indicar que echaran a todos e inmediatamente con las palmas hacia abajo indicando paciencia, como diciendo: echarlos rápido pero con tacto. 

Todo se desarrollaba como de costumbre en estos casos, menos en la fila uno donde los señores B. C. D. intentaban comprender los acontecimientos y como el ruido no permitía saber a ciencia cierta lo que manifestaban y el cerebro lo tenían medio ocupado, uno con el pinganillo soltándole datos sin parar, otro con el Diseño Inteligente ora por aquí ora por allá, sin decidirse a saber si lo sobrevenido estaba diseñado, y el tercero haciendo caja; B. que ganaba siempre ni se inmutó con el tumulto, en cambio a C. los nervios le atosigaban por culpa de la indecisión, terreno asilvestrado para él y al señor D. el pinganillo que le debía soltar de todo a la vez, más el ruido, no le permitía que sus movimientos fuesen armoniosos. Con lo cual el triunvirato era un trío quieto en el centro y móvil en los extremos ¡inaudito! ¡Normal! Menos mal que la escena no duró mucho y Diminuto Primero no tuvo la necesidad de aguantar mucho tiempo a la fila uno: mirando a los tres apoyado en el atril, a los tres en movimientos discontinuos por los laterales. Aunque pensándolo bien, debió mirar al centro, es decir al señor B. que siguió haciendo caja pues los labios parecían sumar, por eso el presidente no perdió la compostura, como siempre el mercado manda y dirige el cotarro. Qué pena.

Estas escenas por culpa del plan llorica pasan por decir lo que se piensa sin pensar, o tal vez el brujo no ha perfeccionado el sistema y se mezclaban las intuiciones del orador con las del brujo más el plan preestablecido o discurso, pero que, al ser interrumpido por las notas, Diminuto Primero se encentraba a merced de la improvisación. A mi entender el discurso del presidente hubiera sido perfecto si le hubiesen dejado libre, habría cometido incoherencias, pero no destacaría en la incongruencia general donde él se maneja a la perfección. El Sr. presidente volvió a coger otra vez el vaso de agua para aclararse la garganta e intentar seguir con el discurso que por unas cosas u otras se convirtió en un acto trabado. 

Los que pudieron ver los primeros minutos por los medios audiovisuales le debieran asaltar las dudas ya que en una de las interrupciones se interrumpió para siempre la señal. Ya sabrán que la transmisión por la ZQT. Transpirenaica, solo fue un destierro provisional y no el último, pero no importa lo mejor es seguir con las palabras que nuestro presidente pronunció este fin de semana, nos afectaran a todos en el futuro y mejor que pasen estas cosas ahora, así sabremos cómo piensa Diminuto Primero y los que le rodean. Sobre todo, como se las gasta el jefe de prensa apodado el brujo, que como director de campaña del Partido Diminuto consiguió   ganar las elecciones hace ahora un año, cuando unos meses antes no tenían posibilidades.  

Después del “Tanganica” y el embrollo de los exaltados y cuando las aguas volvieron a su cauce Diminuto Primero cambió de tema e inició el asunto de los medios de comunicación, sus palabras fueron enteramente para los asistentes, nada de medios o palabras complejas para un auditorio virtual, es decir: Diminuto Primero fue otra vez libre. 

-Compañeros, quiero daros las gracias por lo amable que estáis siendo. Lo que ha ocurrido hace unos minutos demuestra que nuestra victoria fue justa y necesaria, y vosotros sois los primero que os merecéis esta victoria que estamos celebrando. Gracias, compañeros por la educación que habéis demostrado tener. Era necesaria nuestra victoria porque estos normales eran los que nos gobernaban y habéis comprobado lo que son capaces de hacer a la mínima oportunidad, ya os lo dije en la campaña: los normales necesitan educación.

-Pero sigamos con el guión preestablecido, el orden no debe sufrir por culpa de los normales. Y el tema del que quería hablaros es el de los medios de comunicación. Tenemos unos deberes como gobernantes y vosotros como delegados, afiliados y simpatizantes, estos deberos son: entretener al pueblo con los medios de comunicación  que  el D. I. ha puestos en nuestras manos y  los medios por si solos no se pueden encargar de esta noble tarea, necesitan de nuestra ayuda, tenemos que proporcionales los titulares para ocupar espacio, pero para que esto sea posible necesitamos una ley de prensa, legislar sobre los medios y os voy a decir lo que nos proponemos: Dos periódicos estatales, no más, leer es malo, se piensa y normalmente mal. Necesitamos mil cadenas de televisión y mil quinientas emisoras de radio, estas sí que entretienen y lo mejor: una pantalla de Internet para cada uno con sus programas y como se puede emitir a su vez lo que se la ocurra a cualquiera, el aburrimiento es imposible, todos con una televisión diminuta para ver y emitir.

No aguantaba más la libertad de quien nos manda, casi preferiría al brujo a pesar de las notas, amenazas veladas, incoherencias lógicas de quién está detrás del que manda, no es el primero que se cree capaz de mover los hilos del poder a través de un dirigente diminuto. Los actos de los que están en la sombra siempre resultan enigmáticos para la mayoría, en cambio el que gobierna está expuesto al público, y este es cruel con las incoherencias: cuantos chistes se han creado o rememorado a costa de los políticos. Diminuto Primero no es una excepción, cuando habla de banalidades es un buen orador, pero cuando pasa a los actos de gobierno y propone incoherencias como las del fin de semana pasado entra en zona fértil para que nos riamos de él. O, todo lo contrario, que se nos hiele la sangre, ya que entramos en terreno peligroso pues la propuesta de legislar sobre los medios de comunicación y en consecuencia que al final solo dos periódicos sobrevivan, es un atentado contra la libertad de información. Del jefe de prensa en cambio podemos esperar cualquier cosa, no entendíamos el tejemaneje que se traía con el atril, ahoya ya sabemos que el brujo practica brujería barata o de salón, un mago en prácticas que progresa adecuadamente. En lo que dudamos es si las incoherentes notas que hace leer a nuestro presidente son globos sonda para la sociedad, estorbos mediáticos, entremetimientos para el personal, saturación de tonterías para que pase lo serio o incoherencias puras, con lo cual más que brujo seria un loco: pero entre loco y   brujo no hay demasiada diferencia.  

Viene a cuento todo lo anterior porque una nota más llegó de parte del brujo donde se me comunicaba que debía cortar la comunicación a través del canal de T.V. Z.Q.T. Transpirenaica. Solo podía transmitir por radio. Todo esto mientras se desarrollaba el congreso, sobre la marcha no importaba que nos quedásemos colgados en antena, el proponía y ordenaba de suerte que al instante teníamos los medios para trasmitir por radio lo que atábamos transmitiendo por televisión, si algún telespectador consiguió seguir este trajín del congreso de los diminutos es un héroe policiaco por haber sido capaz de seguir las ondas. Pero no contento con lo anterior el Sr. Brujo se presentó delante de todos los periodistas y locutores para decirnos que no, que por la radio tampoco, y que solo podíamos trasmitir la convención del Partido Diminuto por Internet. Así de simple, es decir, millones de opciones en donde poder encontrar a los diminutos y como en este medio todos somos diminutos, habrá un congreso de diminutos perdido para la mayoría. Pero no crean que las notas cesaron, después de Internet, que tampoco le debió de gustar o lo que estábamos transmitiendo no era de su agrado, -no creen que sería más fácil cambiar el discurso que cambiar de medio- el jefe de prensa nos envió la última nota con un  nada de nada en cuanto a transmitir el congreso a través de los medios audiovisuales: el que quisiera trasmitir lo que el partido estaba celebrando  tenía que ser por escrito, -menos mal que no nos pasó una nota adicional diciendo lo que teníamos que escribir-. Así pues, aquí me tienen escribiendo para ustedes las hazañas del Sr. Presidente Diminuto Primero, el primer presidente de un gobierno que se declara diminuto.  

La escena se repitió varias veces. El brujo desaparecía distribuyendo notas sin parar mientras el discurso seguía. La troika nos miraba sin mirar. B. el centrado, no debía enterarse de nada, pero tampoco necesita de nosotros para ejercer. C. en cambio miraba de soslayo como diciendo estos pecadores no me dejan disfrutar del espectáculo. D. el Sr. Pinganillo, que ya estábamos seguro de que sabía lo de las notas, si no era él el que movía los hilos del brujo para que este moviese los hilos de Diminuto Primero, por momentos miraba a los periodistas como si el espectáculo hubiese cambiado de lugar. Estábamos seguro de que entre el brujo y él había algo, el que, no lo sabíamos, pero siendo D. el representante de los medios de comunicación, el dios todopoderoso omnipresente sería absurdo que no supiera lo que estaba pasando.  Hace un año esto sonaba a cuento y ahora a mí concretamente no me parece un cuento o sí, un cuento de terror. Como ven he bajado de categoría al brujo, pero no he subido al señor D. o lo he bajado de categoría por insinuar que redacta notitas. La duda que me asalta al releer lo anterior, es que no nos fijábamos en el semblante de Diminuto Primero, que se le debía notar en los gestos al observar que uno de sus tres guías se perdía por nuestra culpa. Me lo perdí. Como dije esta escena se repitió varias veces por culpa de las notas del brujo, pero tenía sus consecuencias para el orador pues Diminuto Primero salía de ellas más fresco y no creo que fuese por la azarosa posición de los periodistas o la no vigilancia del triunvirato, como el poder cambiar de posición con más normalidad. En esto me fijé, cuando la troika entera o en parte condescendía en su obligación a Diminuto Primero se le notaba más cómodo que a nosotros. Qué pena.

El auditorio permaneció en la ignorancia general, las palabras del presidente sonaban lineales y lo anterior que le he referido era todo subterráneo, por momentos el mundo se sumergía, el pueblo diminuto ya estaba ocupado, el auditorio como un pueblo diminuto observaba el entretenimiento y se olvidaba de lo demás. Cuando Diminuto Primero se refirió a proporcionar titulares ¿qué pensaban los oyentes si es que pensaban? Cuando dijo que había que controlar los medios ¿qué pensaban?, que solo se darían las buenas noticias ¿qué entendían por controlar? 

Se proponen hacer una ley de prensa ¡aleluya! una ley de prensa para los medios de comunicación. Pero no habíamos quedado en que la mejor ley de prensa es la que no existe, para que los dueños de los medios y que no pertenecen al Estado diminuto puedan montar realidades entretenidas; que unos de los jefes de D. con poder omnipresente pueda tratar a normales como diminutos, que un trabajador periodístico pueda llamar a un trabajador sanitario y provoque el suicidio de éste. No han conseguido que todos seamos diminutos ante el 65 % del Estado sobrante y con el 35% diminuto legislen a gogo y aparezca el titular correspondiente. ¿Estará incrustada en las palabras del presidente una chuleta y lo de proporcionar titulares son ordenes de trabajo del brujo que se traspapelaron? Diminuto Primero nos desea felicidad y para ello nos propone miles de emisoras de radio y cadenas de televisión y como postre una pantalla bidireccional de Internet para que todos podamos ver y emitir ¡todos artistas!  

 Perdonen que interrumpa demasiado las palabras del líder, pero los acontecimientos que sucedieron en el congreso y las ideas tan especiales de los que nos gobiernan me han obligado, no soy culpable de tanta interrupción, solo intento reflejar los hechos. Estas fueron las palabras que siguieron a las: “todos con una televisión diminuta para ver y emitir”. 

-Una autopista de información diminuta –todo encaja lo entendéis- con miles de carriles de salida y uno de entrada: el nuestro. Fragmentar a los normales con múltiples deberes para que la ideología los una en las elecciones. Maltratar con cambios de programación a los clientes normales mientras estamos en misa. Cambiar si somos observados. Los dioses dictan y nosotros obedecemos y si sale mal inferiremos: incognoscibles.

EL brujo estaba detrás de esto, es imposible tanta congruencia diminuta en tan poco tiempo, una de dos o los papeles que recibía el Sr. presidente aumentaron de calidad o nos tiene engañados con sus capacidades u otra opción, pudiera ser que Diminuto Primero dispusiera de un pinganillo invisible y el costillar que nos hemos tragado era parte de un teatro de luces que nos creaba sombras para que no conociésemos la realidad. No puede ser que el predicador incipiente pase a ser docto diminuto. 

Se proponen regular la autopista deforme y crear un embudo de información con la parte estrecha en poder de los diminutos y pretenden que sea su carril el que los normales reciban a base de tonterías, barbaridades, nimiedades, gritos, brujerías: tontas y diminutas monstruosidades gritando yuyu, con el B.C.D. de la sapiencia más el brujo como maestro de ceremonias para que miles de carriles se pierdan en el infinito. No es una conjetura, ya que el señor D.  ¡El pinganillo! tiene varias cadenas multimedia y a lo mejor cambia los gritos por argumentos siendo optimistas, pero como no lo somos la esperanza desaparece, de C. solo podemos esperar que perdone a los que insultan y de B. cobrar.

Diminuto Primero el fragmentador de normales y desfragmentador de diminutos, se propone dividir a la sociedad en tantas partes como sea posible para luego en el arrebato electoral obligarles a decidir entre dos o tres opciones. El Partido Diminuto quiere institucionalizar las fobias contra la oposición para tener una buena desfragmentación y así ocupar espacios ideológicos por los extremos al echar leña a cualquier fuego. Quieren llevarnos a la parte negativa del mundo, al agujero negro y diminuto de nuestra galaxia.  Nos están convirtiendo en diminutos evolutivos. La grandeza, la atura de miras, el desear que se unifique lo bueno, es ya para los diminutos un pasado de otra dimensión a la que no piensan volver y si lo intentasen ni podrían. 

El brujo nos aplicaba a los periodistas las futuras leyes sobre los medios, cambiaba la programación mientras que estaba en misa del gallo mañanero para tenernos ocupados y que no pensásemos tranquilamente mientras trabajábamos: la tranquilidad de lo conocido lo cambiaba por la inseguridad, la tensión y el caos para que estuviésemos en guardia permanente. Me considero normal y como cliente y trabajador de los medios de comunicación me siento aludido directamente y por este motivo acuso al Sr. presidente ¡el diminuto! Al señor A. ¡el brujo! Al señor B. ¡el cajero! Al señor C. ¡el duda! Al señor D. ¡el pinganillo! y a cuantos se pongan por delante en estos momentos de atentar contra mi tranquilidad y profesionalidad, de hacer que pierda el tiempo en un laberinto diminuto en vez de emplearlo en mí si más. Ya está, ya me he desahogado. 

Diminuto Primero se refirió también a que si eran observados cambiaban, suponemos que la chuleta estaba sintetizada y lo que quiso decir es que quieren ser como esos cuantos diminutos que cuando son observados cambian, como si un diminuto debajo de una caja tonta pudiese hacer lo que le diera la gana, al menos que levantemos la caja y le pillásemos. Por consiguiente, lo mejor es intentar pillar al diminuto de turno en un intento o no intento de levantar la caja de su mini realidad para comprobar lo que están haciendo si es que está.

La última parte de este bloque de chuletas se refería a los dioses.  Diminuto Primero y su jefe de prensa tienen mucha fe en cualquier dios que se les ponga por delante y por eso obedecen sus designios, pero si estos yerran se escudan en una incognoscible disculpa dejando a los dioses a los pies de los caballos. Una disculpa abstrusa e indescifrable e inescrutable además de inasible. El señor A. tiene aquí unas palabras para chuletas futuras y no hace falta que me dé las gracias pues ya las he cobrado de antemano por la satisfacción que he sentido al poderle ayudar.

Después del tema de los medios de comunicación se declaró un descanso diminuto justo para hacer una consulta, colocar un sillón nuevo para el ministro nervioso a causa de tanto inmovilismo. Los descansos provocan actos de tos, vasos que se llenan y en la convención de los diminutos no iba a ser menos con el agravante de tener en medio a un señor brujo. Diminuto Primero usó el vaso de agua, consultó alguna cuestión al jefe de prensa, apartó la mirada del abecedario incompleto, miró a su escolta ministerial mientras esta miraba al diminuto ministro con sillón nuevo, colocó todos los papeles que tenía en el atril mientras que el señor A. le miraba a él al igual de los demás señores de la primera fila. B.  debió de coger tortícolis de tanto control, porque al perder la referencia de la mirada del presidente se desorientó y empezó a mover la cabeza hasta que la fijó en el atril. C. pasó de este descanso, para él, los instantes diminutos son como inexistentes, se observó que el control al presidente no lo ejercía porque, si la mirada estaba dirigida a Diminuto Primero el semblante era de ausencia ¿dónde estaban los pensamientos de C.? El interpretador del D.I. estaba en ello y ya nos lo comunicará. D. el señor con un pinganillo a una oreja pegado sin ser superlativo ¡aleluya! dirigió la mirada al trío –Diminuto Primero, el brujo más el atril- que capacidad, con lo cual fue capaz de enterarse por dentro y por fuera de lo que pasaba en la triada. Mientras las miradas, las toses, los sorbitos de agua y los demás actos sueltos transcurría, el brujo sin apartar la mirada de su jefe no paraba de intervenir en el atril, se parecía a  una azafata moviendo los brazos y señalando las puertas de  emergencias, con la diferencia que en este caso las puertas se abrían. Los ayudantes del brujo ejecutaban sus órdenes manuales y el atril se fue llenando y vaciando de papeles, así como otros objetos que no pudimos ver con claridad, a lo que el presidente no le prestaba demasía atención, se dejaba hacer y parecía un zombi empapelado por dentro y por fuera. Los compañeros reporteros y un servidor nos mirábamos e intuí que sentían lo mismo que yo: pobre Diminuto Primero. El señor A. jefe de prensa del Partido Diminuto no solo hacía que se acercasen y se machasen ayudantes del atril, el auditorio era el espectáculo, los delegados después de sus toses correspondientes no tuvieron necesidad ni la posibilidad de hacer nada más que observar el espectáculo de un cubo en transformación interior: pantallas, luces, publicidad, ayudantes, todo se movía, nada había estático excepto el señor C. que seguía en su D.I. y su interpretación. El carraspeo del Diminuto Primero fue suficiente para que el auditorio dejara de toser y sus palabras sonaran claras a pesar de un ruido de fondo por culpa de los ayudantes del jefe de prensa que no les debió de dar tiempo a realizar los cometidos asignados. El ruido fue amainando como un terremoto diminuto que se estuviese despidiendo. 

-No nos podemos permitir vivir con déficit permanente, tenemos que bloquear cualquier iniciativa que lleve gastos de más para el país, al igual que en los organismos internacionales y propongo que seamos diminutos bloqueadores, si tenemos derecho de veto ejercerlo y si no, maniobrar de manera que lo ejerzamos de forma efectiva. No más deuda. No más déficit. No más gastos. No más. . .

No, no, no, se empezó a oír en el pabellón como si le terremoto volviese, el público cogía el tintineo con facilidad, es verdad que el predicador en potencia facilitaba la acción y al darse cuenta frenó en seco y dijo: “lo entendéis”. Pues no, no lo entendieron porque se oían ellos solos y el ¡no!, continuó en disminución hasta que el ruido desapareció menos un ¡no! Estorbos, lloriqueos, leyes, muchas leyes, todas las propuestas del congreso extraordinario fueron ¡no es! para lo bueno, la justicia, lo grande, el futuro. La fragmentación tiene estas consecuencias: una parte diminuta hace mucho ruido y la mayoría se deja hacer por no oírlos y como siempre hay una minoría que está dispuesta a chillar, ésta puede bloquear a la mayoría. Diminuto Primero, el Sr. No, tenía bien aprendida la lección y provocaba a sus seguidores continuamente a incipientes respuestas a sus palabras, pero siempre se arrepentía y frenaba como si tuviese vergüenza de su pasado y pretendiese ganar seriedad al reprimir la alegría de sus fans o que el presidente   bloqueaba los instintos de sus seguidores a modo de practica para luego aplicarlos a los demás, es lo que se saca en claro este fin de semana. Al Partido Diminuto se le ha visto las entrañas de futuro bloqueador de toda iniciativa unificadora y para lograrlo intenta fragmentar la sociedad en porciones, pero de esto estamos ya muy seguros después de un año de gobierno. Diminuto Primero continuó el discurso haciendo referencia a las empresas y estas fueron sus palabras.

-Fomentar, esta es la palabra justa. El Gobierno no puede gastar pero puede impulsar entre los grandes empresarios a  que inviertan y para ellos nos proponemos hasta el final de este legislatura ¡fomentar! la creación de empresas más grandes que las actuales a base de fusiones, pero estos empresarios necesitan imperiosamente una cosa: que los empleados sean dóciles y acaten las decisiones de la dirección, os necesita a vosotros mis diminutos, vosotros sois el futuro, ellos lo quieren y el Partido Diminuto y yo personalmente lo impulsaré para que tengáis las recompensa que os merecéis. Fomentar la creación de grandes empresas nos lleva invariablemente a impuestos pequeños –os habéis fijado como todas las piezas encajan-, como van a desarrollarse si no reciben estímulos suficientes. Y si por equivocación los impuestos aplicados son excesivos siempre podremos recurrir a nuestros amigos los dioses y pedirles que perdones las deudas de estos empresarios como ellos nos perdonarían a nosotros si estuviésemos en su lugar. Y como una mejilla siempre va unida a otra mejilla, si no consiguiesen sus objetivos: la creación de megaempresas internacionales   por culpa de impuestos elevados, leyes antiguas ¡incluso nuestras! cambiamos las leyes retroactivamente y hacemos que paguen impuestos más diminutos para que así puedan ser perdonados.  

Diminuto Primero pondrá la ley delante de los grandes empresarios, detrás o a un lado. Dosis de dumpin social, una mejilla, dos mejillas, tres mejillas por diminutas. Fomentará la acción de los dioses. Estas chuletas de fabricación propia se las dedico no a ustedes queridos lectores, pues todavía no sé si me dejaran publicarlas. Se las dedico al   señor B., este señor tan callado e inmóvil controlador de sí y de los demás que tiene como ya relaté, pequeños lapsus de control y que al oír al presidente decir las últimas palabras parecía como si fuera él, el que las estuviera diciendo, lo labios así lo atestiguaron y todo su cuerpo parecía diminuto. Primero porque la postura de control sobre el presidente al pasar los minutos resultaba impostura para los dos. Segundo porque ya estaba pensando en los beneficios futuros y las manos le delataban. Y tercero porque las chuletas que el brujo pasaba o hacia pasar o le pasaban, da igual, seguro que pasaban o nacían de él o las hubiese cambiada a su gusto y esa satisfacción se transmitía. B. el espejo donde Diminuto Primero se reflejaba no era reciproco, la imagen que B. recibía del jefe apoyado en el atril era más diminuto, a pesar de estar más alto. En el fondo a B. le dolía el corazón por los de   abajo, aunque en el pasado fuese Diminuto Primero el inventor de la actual Democracia. Los acontecimientos del último año estaban ejecutando los sueños de B., y ¿quién es capaz de aguantar los sueños cumplidos sin sufrir las consecuencias? B. y Diminuto Primero se habían fusionado gracias al proyecto del segundo pero el primero se estaba apoderando del invento y en el último año las leyes aprobadas no estaban ni en el mejor de los sueños de B., pero los sueños   evolucionaron al ganar las elecciones el Partido Diminuto por mayoría  absoluta y B. debió empezar a mover los hilos, y ahí  estaba centrado en la primera fila de controlador del inventor que le había dado la oportunidad de ejecutar sus sueños. ¿Será consciente B. de que los sueños no se cumplen nunca y que si así fuese pudiera ser que se convirtiesen en pesadillas? Después de fomentar todas las ideas antiguas de los empresarios, Diminuto Primero cambió el discurso e inició una serie de propuestas para el futuro, estos son los próximos objetivos del Gobierno.

-Déficit cero en economía, no gastar más de los que se tiene. Tolerancia cero en lo social, nada para los que pretendan perturbar la paz social.  En política: cero para los normales, los próximos años deberíamos aprovecharlos para consolidar este proyecto y los normales no caben en él, ya tuvieron sus oportunidades y seguro que ustedes estáis de acuerdo conmigo ¿sí o no? ¿Se merecían los normales perder las elecciones? ¿Queréis que los normales reciban cero ayudas? ¿Queréis un déficit cero? El Partido Diminuto sabe de los problemas económicos diminutos, os lo dije, el día a día de cada uno de ustedes, las preocupaciones diarias, las cuentas diarias. Los diminutos somos el futuro. Tenemos que dedicarnos a lo concreto y solo a lo concreto, lo nano es el futuro.

El presidente absoluto quiere permanecer en la cuerda floja del un déficit cero y sin gastar más de lo que se tiene, esto quiere decir que se deben prohibir los créditos para no gastar hoy lo que se pagará mañana y pasado mañana. Suena bien la chuleta del déficit cero y todo lo que suene a absoluto, como si por nombrar el cero se pudiese plantar en una ley y ejecutar lo imposible. Qué manía les ha entrado a los diminutos con la tolerancia cero, quieren controlar todo, como si nada se pudiese escapar a un dios todo poderoso. Pensándolo mejor si pueden, por dioses no será o por lo menos lo van a intentar y la condición humana pagará las consecuencias además de los “normales” a los que no nos van a dejar pasar ni una, ¡0!, mejor así. Diminuto Primero propone soluciones pequeñas para problemas grandes, soluciones imposibles para problemas sociales y para problemas urgentes leyes. El orador experimentado en público afín se envalentonó otra vez en cuento empezó la primera pregunta al auditorio y este respondió con un si claro, rotundo y a la primera, los siguientes si es, sonaron mecánico, que bien tiene entrenado a su público Diminuto Primero, se notaba la ausencia de chuletas porque la salsa de la oratoria crecía como una clara batida con muletilla: entendéis. Si el cero es un mantra para el Gobierno y lo normal no cuenta ¿qué hacemos con tanto nano diminuto? No es la primera vez que Diminuto Primero se refiere a lo nano, pues la fijación por lo pequeño empieza a ser enfermiza y le atrae tanto como le repele lo normal. El presidente que estaba en su salsa, libre de notas, con el público entregado tanto como él  preso de los ojos de la primera fila entendió que podía dirigirse directamente a sus interlocutores de posición –por inmóvil- y les dijo.

-Yo quiero agradecer la presencia en este acto a los dioses y sus representantes. Señor B., sin usted no habría podido caminar, estaría cojo, como podré agradecerle que pase este fin de semana con nosotros con la responsabilidad que el mundo económico ha puesto sobre sus hombros y a pesar de ello aquí está, gracias. Señor C., su presencia ante mí me recuerda el gran desafío que tiene encomendado, nada menos que interpretar el Diseño Inteligente, no hay nada más difícil de entender que la obra creada por Dios y usted lo intenta una y otra vez, encomiable, gracias. Qué decir de usted señor D., que sería de nosotros si no tuviéramos los medios de comunicación de nuestra parte, que sería de nosotros a pesar de tener mayoría, nos atacarían sin piedad por las medidas necesarias que tomamos, su trabajo nos facilita el nuestro, gracias

Después de las anteriores gracias, dio más gracias a la concurrencia y se despidió dando paso a un descanso ¡normal! y a las comisiones. 

Diminuto Primero que había ocupado los últimos minutos a agradecer la presencia en el congreso a los dioses, sus representantes e intérprete, debió saltarse algún protocolo o chuleta y no solo lo digo yo también mis compañeros lo pueden atestiguar, puesto que en cuanto nombró al primer dios apareció A. El señor que desaparecía en cuanto vislumbraba una cámara no era ningún dios ni representante para aparecer en ese momento, ¿estaría perdiendo poderes, se desorientó o precipitó? El Dios del Mercado no hizo nada que delatara que la presencia de A. fuese necesaria o innecesaria, como todo dios fue indiferente, pero la presencia de A. provocó en el orador una inquietud que se manifestó en la pose, le miró y por un momento el triunvirato fue controlador de nada, agradecidos eso si por las palabras del presidente que les adulaban y tal vez por eso A. pudo aprovecharse y nos despistó también  a los demás con sus movimientos,  si no era fácil saber donde se situaba el brujo menos saber las intenciones y ejecuciones de sus actos. Radiaba satisfacción el señor A., miraba en redondo al auditorio y parecía satisfecho del trabajo realizado hasta ese momento. Como el Sr. presidente estaba tratando asuntos de dioses y sus gracias, pudiera ser que A. ya sabía –se lo habrían comunicado algún intermediario- que el presidente no iba a pronunciar ninguna palabra de agradecimiento sobre él y decidió intervenir, que para él era simplemente aparecer, mejor que papelitos: su presencia, más espectacular por raro y daría la oportunidad a Diminuto Primero para que se fijara en él y dijera algunas palabras sobre lo espectacular de la puesta en escena. Pero no fue así y de esto se desprende un principio de crisis y nos alegraríamos los compañeros y sobretodo yo. Pero siendo justo hay que decir que de todo lo anterior no tengo ninguna prueba, pero lo digo igual, acaso puede alguien probar lo contrario y si el interpretador del Diseño Inteligente confirmase la ausencia de pruebas esto no probaría su inexistencia. A. no necesitaba de pruebas para sus sospechas y el interpretador del D.I. le dirigió una mirada cómplice que fue suficiente para el jefe de prensa. Mientras grababa estas diatribas -creo que infundadas- sucedía que el representante del Dios de los Medios al igual que sus compañeros se quedaron por unos segundos sin referencia, ¡el pinganillo! no le debió informar al señor D. Es imposible que con tanta información sobre o mejor entre sí, pueda este hombre disfrutar de la salsa de la vida como es enterarse de un chisme. A. pululaba por el auditorio con pinganillo, pero esto no prueba que el ¡pinganillo! y el brujo estuviesen conectados, no se miraron ni una vez, a lo mejor disimulaban porque de chismes sabían un montón por lo menos el representante del Dios de los Medios. Espero que esta disfunción le llegue al pinganillo de ¡el pinganillo! y se entere de los problemas que tenemos los trabajadores de los medios de comunicación, y la próxima vez que compartamos congreso, le prepararía un guiño y un fotógrafo como despertador ante cualquier chisme, daría  un buen titular. Diminuto Primero agradeció a los dioses e hijos su presencia y A. no lo era, eso es todo, el presidente sabe muy bien a que árbol arrimarse y la sombra de D. es alargada, la de C. acogedora y la de B. bienhechora.

Nada más acabar el discurso de apertura el Sr. Presidente Diminuto Primero bajó los escalones de la tribuna y se reunió con el señor A. y Diminuto Segundo, Vicepresidente Primero y Ministro de Economía y Hacienda, que presidiría la comisión económica. Los aplausos continuaron mientras se formaban diversos   corros para comentar el discurso del presidente, los demás grupos no me interesaban de momento, en el que me hubiera gustado participar y no pude, pero sí de oyente y al público debía ser que no, Diminuto Primero seguía charlando con A, y Diminuto Segundo. Como corresponsal en funciones me interesaba sobremanera las palabras de A. y si había en ellas algún signo de rencor y también me interesaba ver y apreciar la cara del jefe y si el segundo diminuto me diese alguna pista mejor que mejor: nada de nada porque algunos no acababan nunca de estar agradecidos y los signos de los labios no eran suficiente para saber de la conversación, necesitaba el audio. Y el público se cayó. Continuó eso si un murmullo compuesto de pasos y saludos mientras se formaban los grupos o se dirigían a los servicios y a las cafeterías.  Los dos corros que se formaron cerca del que me interesaba en ese momento, el compuesto por los representantes de los dioses que se habían quedado solitos y un corro de ministros diminutos a partir del segundo, también me molestaban, pero no mucho porque los dioses (perdón) los representantes eran discretos, siempre son los devotos los alborotadores y los ministros con ordinales superiores a dos susurraban con lo que se demostraba quien mandaba allí. Me aproximé y A. se cambió de corro y se puso a charlar con B. C. D. Diminuto Segundo le estaba comentando  a su jefe temas económico cuando les saludé y les di la enhorabuena por el discurso y el año transcurrido desde la vitoria del partido y no pude decir nada más pues el servicio de seguridad puso todo el empeño en que la conversación tan amable se cortara, no fue como es costumbre un corte seco más bien una acumulación de señores con pinganillo entre el objeto y yo, y como sin darme cuenta Diminuto Segundo y Primero se marcharon sin hacer ningún esfuerzo, yo tampoco lo hice por lo menos en la dirección indeseada.

Me sentí un apestado y para que no se repitiera la escena anterior en vez de dirigirme al corro de representantes de la troika celestial, decidí ir al de los ministros y los susurros se convirtieron en palabras amables, de cortesía hacia mí y de mí hacia ellos. Diminuto Tercero, Vicepresidente Segundo y Ministro de Justicia e Interior   agradeció la presencia de los periodistas y nos dijo que perdonáramos el desorden y que era la causa de los problemas a la hora de trasmitir el congreso por los medios, que intentarían solucionarlo y que no nos preocupáramos. A las palabras tan amables de Diminuto Tercero le respondí que siempre que hay un congreso el partido que lo organiza se pone nervioso en cuanto las cosas no salen como estaban previstas, como si los periodistas nos fuéramos a comer a los invitados. El ministro en su habitual tono conciliador dijo que teníamos que comprender y que este aniversario eran unos momentos de una facilidad especial. Un compañero periodista le dio la razón con un si al ministro y a continuación le dijo: “claro que lo comprendemos, pero el trabajo obliga y ustedes hacen el suyo perfectamente nosotros no”. El Ministro de Justicia e Interior que no perdió la compostura en ningún momento le contestó: “como he mencionado a otros compañeros lo sentimos mucho, espero que el congreso marche mejor a partir de ahora y ustedes puedan trabajar a gusto”. Quería seguir preguntando al Sr. Ministro, pero no fue posible, la conversación se acabó al presentarse el brujo en el corro y como el brujo y un servidor no nos llevábamos decidí no complicar las cosas y me marché. Y con muchas ganas de preguntar me dirigí a los representantes celestiales que se habías quedado otra vez solitos e increíblemente llegué.

 Señores, enhorabuena por el congreso. Sin palabras de salutación y entrando directamente en materia o tendría que decir no entrando, el señor D. respondió: “como representante de los medios debo decirle que el congreso es del Partido Diminuto y que nosotros, yo concretamente estoy simplemente de invitado”. ¡Ya!, le dije y continuó: “al igual que los señores B. y C. no me corresponde opinar, ni a usted, lo que debe hacer es informar que para eso le pagan y claro que nos gustaría decir muchas cosas pero no es el momento”. Inicié la primera pregunta y me quedé en: qué opina de, y hasta aquí pueda contar ya que el brujo, cuco él, se había quedado cerca sin intervenir, y de pronto actuó y se acabó la poca conversación y me quedé sin poder enterarme de la opinión de un dios y un semidiós que a través de su representante e interpretador me hubieran aclarado algunas dudas más. Qué pena.

Me rendí y decidí buscar corros más amenos concretamente a un grupo de invitados que charlaban amigablemente de las palabras del orador, mientras montaban muy cerca de la cafetería de la izquierda si mirásemos de frente  al atril, lo que sería la mesa de economía presidida por Diminuto Segundo. Al fondo del auditorio a donde se dirigían algunos del corro ameno habían montado una capilla y a los lados tiendas del partido para aprovechar el momento y recaudar fondos, con vasos, camisetas, bolígrafos y cualquier cosa que se le pudiera grabar un: ¡Partido Diminuto si, normal no! En unas de las tiendas a un partidario se le ocurrió poner a la venta bolígrafos diminutos, no servían para nada, pero la cola desmentía mi información. Además de la mesa para tratar de la economía estaban colocando otras cinco, que serían presididas por los ministros diminutos hasta el siete, a partir del Ministro Diminuto Octavo las comisiones se colocarían en el piso de arriba, junto a parte de la prensa, fotógrafos, cámaras, además de las pantallas, y una especie de almacén con paneles que no paraban de bajar para ir cuadrando a las mesas de las comisiones y poder tener un poco de intimidad. En un momento dado le pregunté a un operario y no me contestó, bueno sí, me dijo que tenía treinta segundos para ejecutar una orden y que no podía pararse a charlar. Las palabras anteriores son de este corresponsal, que para eso es mi profesión, porque el operario no tuvo tiempo para tanta gramática. Completaba el cuadro cuatro escaleras dos al fondo del auditorio que permitía el acceso al primer piso y otras dos en los extremos del escenario que daban acceso a la calle.  El corro era muy ameno, pero no era lo que necesitaba y al final estuve más pendiente de los tejemanejes o mejor de los que ejecutaban las ordenes del brujo, es decir la transformación de un auditorio en un pabellón de feria con corrillos alrededor de las mesas.

Se había formado un corro muy interesante que estaba compuesto por la troika más A., este abecedario incipiente se reunió en un momento dado y circuló en dirección más o menos recto hacia la capilla. Comprenderéis mi aprensión a cualquier intento de aproximación, así que decidí marcar distancias y puesto que la escena la estaban grabando los compañeros desde el primer piso, dejaría que el cuarteto se dirigiese al rezo y después con los datos obtenidos ya haría una composición más o menos real de la conversación. No les perdí de vista ni un momento e intenté interpretar parte de la conversación o gestos y tengo que reconocer que en cuestión de gestos los representantes son como los dioses: parcos. A. hablaba mucho y gesticulaba, pero parte de los movimientos de sus manos eran respondido por los montadores, así que no se cuales iban dirigidas a quien y a pesar de perder un par de minutos intentando entender el criterio me quedé igual ¡que brujo que es! Los movimientos de A. no eran coherentes en cambio B. era todo coherencia, no dijo ni mu, y quien calla “otorga”, pero esta frase debe tener su paralela para la palabra “mandar” porque si alguien mandaba allí ese era B. Y C. que hacía de guía hacia la capilla como si tuviera prisa por consultar el D.I. le tomaba del brazo tanto a D. como a B.; el pobre A. no daba opción a que le ayudara con una sujeción de codo, porque éste no se quedaba quieto para que tuviese esa oportunidad. D. le comentaba a C. y a B. que: “esto no puede seguir así, el espectáculo está siendo bochornoso, los primeros minutos del congreso han pasado de TV. a Internet y se están comentando los problemas del Partido Diminuto con los medios de comunicación y los periodistas, hay que tomar medidas urgentes, los chistes sobre diminutos están empezando a  prender  en las redes sociales”. A. no debió de enterarse de este comentario entresacado a base de pasar las imágenes del congreso y también tengo que reconocerlo por algunos silencios ocupados por un servidor. B. asentía a las palabras de D. al mismo tiempo que le servía el gesto para que A. siguiese con las gesticulaciones, - yo creo que A. malinterpretaba más de una vez- y sin decir nada lo dijo todo incluido lo que el brujo quiso entender.

El corro a la capilla sufrió la baja del representante del Dios de los Medios, cuestión de servicio terrenal, la incorporación de Diminuto Primero, el intercambio terrenal por cuestión de servicios entre el interpretador del Diseño Inteligente y D.; y mientras los representantes B. y D. más A. se acercaban a la capilla y antes de que Diminuto Primero se separase para formar un corro de ordinales, llegó C. con los servicios realizados. El jefe charló unos momentos con A. y B., lo que deduje del intercambio escaso de palabras fue que el Sr. presidente quería saber que le habían parecido el discurso y la cara que puso el señor B. no estaba para comentar discursos, porque no le contestó y seguro que no fue la primera vez que le hizo la pregunta. No era consciente Diminuto Primero de los movimientos externos a él, los tejemanejes del congreso así como los  problemas en los  medios y las imágenes que el señor D. había comentado hacia unos momentos. Las caras eran de preocupación y esta observación no necesita que sea confirmada, ya que nunca me separé demasiado del corro que me interesaban, y estaba dispuesto a entrar en la capilla si fuese necesario, todo por la información, solo tenía un problema A. pero el brujo estaba muy ocupado y el semblante alegre del jefe más la cara de B. no le dejaba operar con facilidad. Esta observación si puede ser errónea, no me fio nada de A. Diminuto Primero dio unos pasos y cambió de corro, como referí -debió ser por inercia al no sentir que le escuchaban-, se desvió y ya tenía un ristre de diminutos para escuchar sus interesantes palabras, que además fueron acogidas con entusiasmo. Escuchó palabras de alabanzas de los Diminutos Segundo, Tercero y Cuarto, todos tan contentos y que no dejaban de alabar a su dios particular. El jefe estaba entre iguales y se le notaba la soltura hasta parecía un dandi sin esa presión por la sumisión a la troika.

Hola. Palabra de presentación que me lanzó el brujo por la espalda mientras estaba pendientes del corro interesante y que no debí de estar muy atento porque el señor A. se me había escapado y lo tenía delante de mí, y le contesté: hola que tal. La escena la pueden confirmar varios compañeros de profesión, ya que al acercarse el jefe de prensa nos juntamos varios periodistas para preguntar o mejor dicho para dialogar con el señor A. que dijo: “no gravéis”. La contestación que le di en representación de mis compañeros fue: estamos trabajando, y continúe: señor jefe de prensa, usted sabe que nos asiste el derecho de información. El brujo reveló que le habían informado –no sé cómo había comprendido la información  del señor D. con tanto trabajo- que: “en las redes sociales  están saliendo escena de este acto privado”. Por un resorte profesional le contesté que el acto era público, y el aspecto que debía tener mí expresión debió ser convincente ya que le salió un débil: “si vale, pero no es justo que estemos para celebrar una victoria y ustedes nos la tengan preparada a la mínima oportunidad”. Con una gravedad que algún día me va a costar un disgusto le dije al jefe de prensa del Partido Diminuto: los cambios de método no fueron nuestros, ¿por qué se cambió de canal de TV. Sr. ¿A? Como dicen mis compañeros, a que vienen las notitas amenazantes, ¿tienen miedo de la prensa? Sin la costumbre de escuchar por estar siempre rodeado de subalternos obedientes, dio un pasito atrás y dijo: “que no eran amenazas solo comentaba lo que podríamos hacer”.

 La debilidad no es buena para mantener la posición y todos nos envalentonamos cuando la sentimos en los demás, y es el momento de comportarse con magnanimidad. La oportunidad no se vuelve a presentar y en este caso me arrepiento de no haber dado un paso atrás conciliador, en lugar de eso me envalentoné y le solté: improvisación eso es lo que ha pasado, han querido ser originales y lo que han conseguido es un desorden señor jefe de prensa, no se puede cambiar cada dos por tres las funciones sin que repercuta en el trabajo. No se ha fijado en lo que está pasando en estos momentos, esto es un caos, pero la culpa la tiene usted porque tiene a un grupo de operarios montando mamparas que en principio son fáciles de ensamblar, pero tienen que realizar el trabajo bajo la mirada de usted más los jefes, el público y las cámaras, además de tener poco tiempo establecido para cada montaje. Sorprendido por la perorata y recomponiendo el espíritu, el brujo me miró fijamente y dijo: “como sabe usted eso, ya ha metido las narices donde no debe Sr. H.” Pero no contento con la charla anterior y sin prestar atención a las palabras del jefe de prensa continué con la bronca que sigue: le decía que, ¿cuánto tiempo llevan trabajando? ¿Tienen contrato fijo? Esta transformación mecánica del auditorio necesita operarios preparados y entrenados además de tener el futuro asegurado. Cuando se dará cuenta de que con hombres pequeños ninguna cosa grande puede ser realizada; y que la perfección del mecanismo, a la cual todo lo ha sacrificado, terminará por no servirle para nada por falta de poder vital, coja un libro de testo de por ejemplo la editorial S.M. y podrá comprobar esto tan básico.

Y desapareció el brujo, no fueron de su agrado la regañina que le propicié, pero comprenderán ustedes que se lo merecía. Se marchó al igual que vino, de sopetón y no le pude decir nada del desorden con Diminuto Primero y sus notas. No me espera nada bueno por haber dicho algo malo de los hombres pequeños y seguro que se ha dado por aludido y estará redactando notitas que es lo mejor que sabe hacer. No solo desapareció el jefe de prensan también los corros a mi alrededor, me volví a sentir un poco más apestado todavía, pero no me importó, eso era porque estaba haciendo bien mi trabajo, así que me marche en busca de guerra a la capilla que de seguro me encontraba con algún dios. 

Pude divisar a los ordinales, los últimos como siempre, delante, Diminuto Primero y A. que escoltaban a los señores D. y B. que esperaban en la puerta de la capilla.  C. ya estaba dentro como nuevo maestro de ceremonia, el lugar era su casa, era normal (perdón) que así fuese. En torno a C. se reunió la comitiva más Diminuto Segundo y juntos rezaron pues no les oía nada de nada con el agravante de que las cámaras no podían llegar a ellos pues estaban instaladas precisamente en el piso de encima, y siendo un lugar sacro tampoco era cuestión de fastidiar con una cámara itinerante. Desde el lugar donde me situé podía visualizar varias cabezas y sus correspondiente bocas y pude comprobar lo desesperados que debieron llegar a la capilla, no dejaban de hablar y el que más B.  Sabían que no se les podían grabar, que cucos, no necesitaban poner sus manos tapando la boca para impedir que nos enterásemos: dieron libertad a la espontaneidad y se notaba en lo sueltos de lengua que estaban. El señor B., le viese su cara o no, tenía la iniciativa, los demás de rodilla espiritual asumían la culpa y varias veces debieron sentir la culpa al reincidir en la postura los penitentes como si una gran culpa se les hubiese presentado de improviso y la realidad se les hubiese materializado. C. el centro mudo sobre el que giraban las palabras se ponía el índice en los labios para imponer silencio a palabras mayores. Esto es una suposición, pero no han sentido nunca el saber de que hablaban unas personas cuando las manos y los gestos de la cara dicen más que las palabras. El intento de silenciar las palabras por parte de C. no eran desde luego por el lugar, el cual de por si era de recogimiento, pero el corro no respetaba a C. de ninguna de las maneras. El señor D., el representante del Dios de los Medios intentaba hablar para contrarrestar a B. pero no lo conseguía a pesar de perder el pinganillo -lo tenía en la solapa suelto o unido a un hilo invisible o de pesca-, en realidad doy por hecho que el que recibía la bronca era D., quien, si no, era el culpable de la chapuza de transmisión que habíamos relazado los primeros minutos. Quien, si no, el señor D. puede ser el mayor culpable de todo lo que tenga que ver con los medios. Quien se fijaría en unos periódicos para decir que la convención del Partido Diminutos fue un fracaso sin imágenes que lo corroborara. Nada se movía en el mundo de la imagen sin que D. se enterase por tanto el culpable: D. Que quede claro que es una suposición. El brujo corroboraba mis sospechas: este hombre tan activo participaba del rezo sumiso y era la prueba irrefutable de que el señor D. no actuaba así por voluntad propia. Estaba A. paralizado, pero no blanco como D., A. giraba la cabeza y solo la cabeza hacia C. para sentir alivio y compartir la angustia del ambiente. Diminuto Primero y Segundo completaban el corro de la capilla, el rezo y la postura de penitente; el segundo ordinal fue el único al que divisé decir más de dos palabras a B., en la escala de valores era el más débil tal ver por eso debió pensar o todo lo contrario y se enfrentó al que parecía el mismísimo Dios del Mercado. Diminuto Segundo como Ministro de Economía y Hacienda también tenía algo que decir, y pensándolo bien compartían negocio, es decir, vivían de la economía. En un momento el silencio se impuso, la misa de una empezaba y C. tenía que salvar otras almas más peregrinas. Un servidor aprovechó para salir del ambiente virtual religioso y entrar en el mercado real adjunto.

Los bolígrafos diminutos no estaban solos, la moda había cundido y los delegados y el público invitado se arremolinaban en torno a los diminutos objetos. Banderitas de solapa al viento. Camisetas estampadas para muñecos. Tazas de desayuno con la insignia del Partido Diminuto para el café de la tarde. Precios asequibles, pero no diminutos para objetos inservibles que satisfacía la pertenencia al grupo. Le pregunté a un comprador que le había parecido el discurso del líder, y en él estado de euforia en el que entró solo pudo decir naderías, pero las sentía profundamente. Cambié de táctica y le pregunté por los objetos que estaba dispuesto a comprar para ayudar al partido y me dijo que pensaba comprar una camiseta para su hijo y dos tazas de desayuno. Cuando siento la presencia de A. y no solo, también la de B. (que misa más corta pensé), aproveché la oportunidad y le pregunté al casi Dios del Mercado si pensaba comprar algo de recuerdo. El señor B. que estaba en su capilla no me contestó, seguro que la pregunta la tenía asumida y la respuesta también. A. sí dijo algo, pero parecía que estuviese en la otra capilla aun, pues no le entendía con tanto comprador insistiendo en lo diminuto, pero deduje que las preguntas me las guardara. Y en ese momento se me ocurrió preguntarle directamente al señor A.: ¿Dónde está el representante del Dios de los Medios? ¿Tiene capilla donde hacer penitencia? y si es así, señor jefe de prensa del Partido Diminuto ¿Me podría decir en qué lugar del auditorio está situada la capilla de los medios para hacer una visita de acompañamiento? A. y B. dieron por hecho que me había enterado de lo que pensaban y no dijeron nada más que adiós. 

Adiós les dije al tiempo que inicié un paseo a la deriva en busca de una de las cafeterías para rezar un par de pintas. Las pintas me dieron tiempo a pensar en la situación tan absurda que había ocurrido y el porqué de hacer preguntas cuando no sirven para nada; perder el tiempo como en este caso por no asumir que estaban fuera de situación las preguntas y un servidor. Al comprobar que las comisiones se estaban formando, vi la oportunidad de arrimarme a la mesa número uno que correspondía a Diminuto Segundo, la más interesante a mí entender por la importancia que tiene la economía en general y para comprobar de cerca como se desenvolvía el Ministro. No divisé problemas para coger notas de los trabajos sobre economía, así pues, permanecí alrededor para comprobar   las personas que se iban a sentar junto a Diminuto Segundo y una vez que por megafonía insistieron en que permaneciésemos en silesio me situé adecuadamente y se iniciaron los trabajos

Fui un miembro más de los que observábamos la mesa presidida por Diminuto Segundo que estaba compuesta por un par de secretarios un subsecretario anotador además de A. ¡qué casualidad! y B., estos casi  dios y medio que iban para enteros omnipresentes, pues empezaba a tropezarme con ellos a la mínima oportunidad, rotarían por las comisiones, ese era el plan, no sabíamos la frecuencia y si el dúo seria permanente o variables, y si se atreverían a desarrollar el trabajo solos, teniendo en cuenta el trabajo tan pesado que habían echada a sus espaldas las representaciones, la interpretación y la magia. La mesa de Diminuto Segundo estaba rodeada por un grupo de consejeros, asesores y ayudantes que rotaban alrededor con papeles y notitas, esta rotación seguro que fue pensada para impedir que los periodistas nos acercásemos más, pero no importaba la distancia, deduje que estaba suficientemente cerca como para descifrar todo lo que se cociera sobre la mesa y aledaños.

Diminuto Segundo, Vicepresidente Primero y Ministro de Economía y Hacienda, es joven y sobradamente preparado así lo atestiguan los títulos de Harvard y Oxford sobre Economía. Famoso es su trabajo de posgrado: “Todo lo que estorbe a la libertad estorba al comercio” Varios libros sobre las relaciones de las empresas y el poder político, así como innumerables artículos en periódicos, revistas e Internet. El motivo por el que ingresara en el Partido Diminuto hay que buscarla en la amistad con Diminuto Primero, este quedó prendado –según testimonios independientes- de sus conocimientos además de la juventud y le propuso su ingreso en el partido, Diminuto Segundo aceptó de inmediato, según el mismo manifestó en la campaña electoral. La razón de esta simbiosis habría que buscarla en las afinidades electivas ya que no se le conocía ninguna predisposición religiosa y nada de charlatanería, así como nada que ver con los medios de comunicación. Su carrera profesional no necesitaba de ningún impulso y menos un impulso a ninguna parte como en el embrollo político en el que se ha metido; que es la política sino un mundo de zancadillas posibles o sea todas y Diminuto Segundo no se merece lo que sin duda será una pesadilla para él. La elección de Vicepresidente Primero debería haber recaído en Diminuto Tercero, no tan joven y con experiencia política, un cuasi profesional con varias experiencias ejecutivas y para más inri un charlatán embaucador -esto está reconocido por él en un descuido de micrófonos-, cuasi presidente y ahora un cuasi Vicepresidente Primero o sea Segundo.

El Ministro de Economía y Hacienda inició la sesión solicitando a los secretarios que pusieran sobre la mesa las propuestas que habían elaborado para que el Dios del Mercado a través del señor B., más A. pudiesen dar sus pareceres además de los consejeros y asesores que pululaban  alrededor. El Secretario de Estado de Hacienda abrió una carpeta, saco muchos papeles y dijo.

-Los objetivos para los tres próximos años son: Tipos de interés bajos, inflación baja e impuestos igual, es decir todo diminuto. Con estas medidas la parte privada tendrá más recursos y si añadimos los recortes en Sanidad, Educación y en las jubilaciones, los recursos aumentaran también. Estas medidas están pensadas para que los normales evolucionen gracias a la inseguridad en la que vivirán. Retiraremos las subvenciones para los más desfavorecidos, disminuiremos los pagos a los parados y reduciremos el personal de nuestro ministerio especialmente inspectores: con los nuevos sistemas informáticos casi todo se puede controlar desde la oficina, para que pagar sueldos enormes a gandules que se dedican a pasear por las oficinas de otros pudiéndose resolver los expedientes desde el ministerio con un simple empleado.

B. echó en falta el I.V.A. y el secretario dijo que lo subirían para recaudar más. ¿Cuál o cuáles subirían? preguntó B. El secretario empezó a sacar carpetas en busca del I.V.A. perdido hasta que lo encontró y se explayó con el mamotreto. El Impuesto del Valor Añadido subía y bajaba con facilidad, solo un dios podría interpretar esos renglones torcidos y B. lo interpreto a su manera y el subsecretario anotó la interpretación. Diminuto Segundo comentó que el I.V.A. debía ser lo más justo posible para no penalizar los productos básicos en demasía, por eso propuso que el tipo diminuto (perdón) reducido fuese eso reducido y no lo que había apuntado el subsecretario. Este corresponsal encontró en ese momento carnaza y no estaba dispuesto a soltar la posibilidad de un encuentro en la cumbre de la mesa entre el ministro y B.; A. terció con una notita que un ayudante se encargó de entregar al ministro y la cara que puso, no fue de amigo, contrariado le dijo al jefe de prensa que reducir un punto es como reducir nada, que del reducido al normal debía tener sustancia. A. pasó otra notita –que fijación por la notitas tenia A., seguro que bajó solo otro punto para poder seguir mandando notitas- B. terció para estropear el interesante debate al decir que ya hablaría con el ministro y resolverían la disputa.

La exposición de intenciones trianual del Secretario de Estado de Hacienda fue toda una declaración de intenciones para convertirse en un diminuto secretario en funciones, en la línea general del Gobierno o mejor sería decir desgobierno al dejar cada vez más campo a lo privado. La comisión de economía empezó por donde los periodistas nos habíamos imaginado: voltear sobre la mesa fotocopias de las declaraciones del representante del Dios del Merado, que unos días antes –muy hábil por su parte- en un amplio artículo periodístico expuso lo que esperaba de este Gobierno para los próximos años. De hecho, no se para que tenemos Gobierno, ni ministros, ni secretarios, ya que desde una oficina empresarial se podría desarrollar toda la actividad del Estado incluida las de los inspectores de hacienda. Teatro, es lo que parece, teatro realizado por aficionados, una pieza teatral sin sorpresas, irreal, donde los actores no paran de trasgredir los caracteres de los personajes. El señor B. estaba más interesado en un impuesto olvidado que en discutir si las medidas a tomar eran positivas o negativas para la economía del país. Su afán de control me pareció enfermizo, como si el señor ministro no fuese una autoridad que mereciese respeto, como si lo expuesto por parte del Secretario de Estado fuese ya ley y no hubiese posibilidad de discutir nada, todo una farsa, en la que el señor B. pasaría por las mesas haber si tenían la cartilla preparada y todos tendrían que obedecer sir rechistar.

Diminuto Segundo está preparado para codearse con dirigentes de empresas privadas   y si fuese necesario, desde posiciones privadas podría ser un buen interlocutor con el poder, sus artículos y libros lo avalaban pero en la situación en la que se encuentra no tiene ninguna posibilidad de influir en los acontecimientos. Ya no era solo que públicamente el señor B. se había posicionado en el artículo periodístico mencionado y cualquier cambio era hacer oposición a B., sino que la mínima posibilidad de subir o bajar unos puntos de un impuesto era tabú. Diminuto Segundo se debió dar cuenta y por un enfado interior a partir del choque con B. decidió soltar las dudas que se le ocurrían y dijo.

-A priori y en apariencia si el tipo reducido del I.V.A. no se diferencia del normal, para los ciudadanos sería una apariencia de impuesto reducido, nada que ver con la realidad, a mi juicio.

El señor B. le soltó al ministro: hace usted un juicio sintético, nada que ver con la realidad. El Sr. ministro, que se envalentonaba por momentos le dijo.

-Ya sé que todo objeto tiene pares de argumentos a favor y en contra, pero para acertar tenemos que decidir por el más adecuado a priori.

El señor B. le dijo a Diminuto Segundo que el I.V.A. no era un objeto nuevo y por tanto ya se sabía que el resultado sería satisfactorio en cuanto a la recaudación para las arcas del Estado. Y Diminuto Segundo contestó.

-Si ponemos en circulación un objeto nuevo sin prevenir las consecuencias.

B. soltó otra vez a botepronto: nunca hay objetos nuevos. Y dijo el Sr. ministro (que cada vez me parecía menos diminuto).

-Cada vez que un empresario saca un nuevo producto publicitario, no se sabe si afecta a las reglas comerciales y a posteriori se comprueba si afectan gravemente a la competencia, por ejemplo, y se toman medidas, por tanto, sí hay objetos nuevos.

El Dios del Mercado estaba representado por un señor que reculó y aceptó que si había objetos nuevos en el mercado. El Vicepresidente Primero y Ministro de Economía y Hacienda se sorprende y le espeta.

- “Si una isla de pérdida en un océano de ganancias” destruyó tejido comercial mientras que no se reguló, le pregunto: ¿Pretende que salgan objetos nuevos sin regulación a priori?

Si, dijo B. y no dijo nada más, se levantó de la mesa y se marchó. El ministro quedó sorprendido, pero menos que A. el cual no tuvo ni ganar de redactar notas. Los consejeros y asesores pululaban alrededor de la mesa, no se sabe para qué. El subsecretario anotador se apuntó al paro. Los dos secretarios miraron al ministro como pidiendo explicaciones, no se sabe si a favor o en contra. Y los periodistas con los objetivos abiertos a tope (que gusto), por fin, el fin de semana había merecido la pena, solo por el intercambio de opiniones anteriores el congreso del Partido Diminuto había sido excepcional, probablemente a partir de ahora no se le ocurrirá al Partido Diminuto organizar un congreso de estas características. 

Después sigo con la mesa o lo que quedada de ella sobre todo con A. Pero primero debo de dar una explicación sobre lo ocurrido. Tengo que indicar que he tenido que pasar el video del congreso varía veces y consultar en varios libros para saber a qué se referían Diminuto Primero y el Sr. B. Como saben los periodistas somos generalistas y cuando nos encontramos con un profesional de cualquier índole estamos un poco indefensos, y en este caso más porque a la concusión a la que llegué es que estaban hablando de metafísica algo muy resbaladizo. Sintetizando: El señor B. reconoció que ponen objetos en el mercado a sabiendas de que no tiene el tiempo secuenciado –la “isla de perdida en un océano de ganancias” solo puede ser en tiempo de rebajas- Un problema es un problema mientras que se está planteando la solución, cuanto está bien planteado ya no hay problema. Si el problema aparece otra vez, siempre aparecerá en otro contexto y hay que volver a plantear las dudas.  Hay objetos antiguos sin resolver que siempre volvemos a ellos, son las dudas metafísicas. Y continuamente aparecen objetos nuevos que se les crean las reglas para que armonicen en el contexto general. ¿Qué pasa cuando el tiempo transcurrido desde que aparece el objeto hasta que se le organiza el marco legal es amplio? ¿Si el objeto es económico que consecuencia puede tener? ¿Necesitaríamos un vigilante metafísico para que detectase la aparición física de los objetos y le aplicase una secuencia de tiempo al nuevo fenómeno? ¿Cómo se podría entrenar este vigilante si los objetos resueltos no valen para coger experiencia y los no resueltos es como andar a campo a través?  ¿El señor B. suelta bichos en el campo económico? No sigo, porque la razón no me llega, además no tengo el tiempo suficiente ni el espacio para poder hacer la crítica en toda su extensión.

El Dios del Mercado debió enviar la orden correspondiente al señor B. para que se marchase de la mesa, como les señalé, pero B. dio solo unos pasos y se instaló en la mesa dos, donde Diminuto Tercero presidía la comisión de Justicia. A. ¡el brujo!, se quedó, al huérfano de A. se le notaba desvalido y los ayudantes le rodeaban, mas, no para socorrerle sino para reclamar ordenes de trabajo y no eran correspondidos.  El silencio de todos los reunidos en torno a la mesa provocó miradas furtivas entre ellos y miradas metódicas de todos mis compañeros para averiguar cuál era el primero en hablar. A los dos Secretarios de Estado se les notaban tranquilos como si ellos hubiesen hecho los deberes, deberes que tenían en sus respectivas carteras y no estaban por la labor de salirse del guión. Diminuto Segundo (¡el grande!) no dijo nada y esto para el brujo debió ser una señal más para no saber qué hacer, los planes se le torcieron, el camino preestablecido se había bifurcado. La mesa estuvo en off unos minutos eternos que dio tiempo a que llegaran trabajadores del congreso a pedir notitas al jefe de prensa, pasados estos minutos el brujo se desbloqueó y entregó una nota sonora a un consejero, la nota decía: “avisa a D”., y en ese momento apareció Diminuto Primero. El Secretario de Estado de Economía intentó en ese momento empezar su mamotreto informe, la mirada de su jefe le hizo desistir al mismo tiempo que se le notó satisfecho por el intento, por mí que no sea, debió pensar. Diminuto Segundo pidió perdón al jefe de prensa por el espectáculo anterior y Diminuto Primero preguntó: ¿qué espectáculo? Un compañero intentó explicarle al jefe el maravilloso espectáculo y en la cara de satisfacción del periodista quedó retratada la frustración de A. que intervino para cortar (otra vez será). Llegó D. a la mesa uno y se puso a rezar con A. mientras que los dos diminutos hacían lo propio al igual que los secretarios, la mesa se convirtió en dual, con los consejeros y asesores perdidos, los trabajadores y el subsecretario anotador en paro, y nosotros los periodistas con los ojos y oídos a varias bandas a ver que salía de las conversaciones duales.

Y lo que salió fue un intento para restablecer la conexión a través del canal A.B.C. TV. como si el tiempo en el que habíamos estado desconectados fuese posible de tapar, A. sostuvo que borrón y cuenta nueva y un servidor le dijo que nanay del Paraguay. Bueno, estas palabras no fueros dichas por mí, pero da igual, se parecen en la negativa, el interés del señor jefe de prensa estaba en el borrón de todo lo anterior y una cuenta nueva para un servidor. Como comprenderán después del espectáculo de los primeros minutos del congreso, minutos que quedaron grabados para la eternidad, no voy a ser tan tonto como para quedar retratado para la profesión. El señor D. se acercó e insinuó que nos pusiéramos de acuerdo con el mismo tiempo que decía que la oferta podría incluís a todos los mirones de la mesa o sea a los periodistas. Los diminutos creen que todo son de su condición y que nos podríamos poner de acuerdo para repartirnos un fondo común, con lo reptiles que somos los periodistas. El intento quedó en eso en intento, lo que no quedó igual fue la mesa que poco a poco se fue asentando y se restableció la comisión con el cambio de un casi dios por un diminuto, ya que el Sr. D. desapareció, pero fueron unos instantes pues apareció con B., además también apareció C. para ayudar dijo, a quien o a quienes no lo supimos, pero ya sabemos lo difícil que es interpretar cualquier diseño. 

La mesa de la comisión de economía se convirtió en una convención diminuta con todos los dioses que había en el ambiente representados adecuadamente, más dos diminutos y un brujo, solo faltaba el atril. Esta ausencia acarreó más de un problema  al señor A., el jefe de prensa no dejaba de trabajar y sin el atril donde esconder cosas era la chaqueta el lugar de las notas, más el móvil, y el pinganillo, todo trufado con los movimientos de órdenes a brazo levantado; y como  lo nuevo no eliminaba lo anterior se le acumulaban objetos, más los subalternos pidiendo trabajo; A. parecía un avispero o colmena para ser más exacto del que salían de vez en cuando mensajeros con órdenes o llegaban con ellas, de vez en cuando salía algún zángano que revoloteaba alrededor de la mesa y volvía como si nada. ¿Era consciente A. de que se la estaban pegando? Este corresponsal no piensa hacer ni decir nada que ponga en peligro la nomina del zángano. En el intervalo de todo lo anterior los señores B. y D. rezaron profundamente, no perdieron la oportunidad de intentar solucionar el problema con Diminuto Segundo, el caos alrededor de la mesa les vino bien, pareciera como si se movieran con más libertad cuando los demás se pierden. Hay que reconocer que el brujo era una fuente continua de distracción y este corresponsal acepta un mea culpa por no estar atento a los labios de B. y de D. y poder comunicar algún dato. C. se perdió, en el intento de ayudar a unos y a otros no ayudo a ninguno, pero en el todo diseñado también están los errores, no debe el Sr. C. preocuparse, bastante tenía con dar vueltas alrededor de la mesa. Diminuto Primero y su Ministro de Economía charlaban amigablemente, codo con codo sobre la mesa, aprovecharon los tiempos muertos para unificar criterio, esta suposición no lo es, puesto que este relato de la convención del Partido Diminuto fue el fin de semana pasado y un servidor ha tenido tiempo de saber el futuro.

Como la mesa estaba prácticamente para poder continuar con la ponencia económica, el Secretario de Estado de Economía en un momento dado volvió a iniciar aquel mamotreto económico y le ocurrió como la primera vez, no le hicieron caso y debió pensar que no volvería a hacer el ridículo. Y la culpa fue de los consejeros y asesores por el alboroto que crearon alrededor de la mesa, que no por el ruido que ni hablaban sino por la cantidad de ellos, debió ser que el señor A. los había hecho llamar. El Secretario de Economía no se enteraba de nada y nosotros empezábamos a sufrir los mismos síntomas, prácticamente la mesa había desaparecido para los sufridores periodistas que intentábamos ponernos de puntillas, esquivar, empujar, cualquier cosa que nos sirviera para que pudiéramos enterarnos de lo que pasaba. Y en ese momento el Secretario de Estado de Economía inicio por tercera vez las propuestas para los próximos tres años, y el tercer intento por continuar lo frustramos nosotros, pues mis compañeros enfadados por la situación de obstrucción iniciaron un acoso a base de silbidos y pataditas en el suelo. Este corresponsal debe justificarse antes los compañeros pues no silbé de verdad, hice como los que no saben cantar y lo hacen en grupo: moví los labios para disimular y en cuanto a las pataditas en el suelo, si es que me moví más de lo normal fue por puro cansancio. Tengo que reconocer que los de la mesa no pueden aportar pruebas de mi confesión, la culpa la tiene como siempre el señor A. el jefe de prensa del Partido Diminuto por interponer a sus ayudantes entre la mesa y nosotros. El alboroto creado por A. estaba siendo percibido por el auditorio al completo, sentíamos las miradas y algunos gestos como preguntándonos que es lo que pasaba y lo que pasaba era que D. C. y B., más los dos súper diminutos, los secretarios, A. y el  anotador, estaban en silencio esperando a que los consejeros como jefes de obstrucción consiguieran aburrirnos y nos fuéramos; que ilusos, a nosotros aburrirnos estos embrollos, al revés, entre más consejeros más empujábamos para saber lo que pasaba  hasta que la situación se hizo insostenible.

El cónclave decidió darnos un ultimátum que nos llegó en notitas: expulsión, entregada por el servicio de seguridad, habíamos dado la nota y las miradas del auditorio fueron unánimes y los gritos de fuera, fuera, también. Lo compañeros me eligieron apresuradamente su representante para que negociara con el señor A. (valla por dios). Y en ese momento tomé una decisión para salvar el embrollo y no fue otro que ceder completamente a las intenciones de los organizadores del congreso extraordinario. Me di cuenta de que había demasiados dioses en el ambiente y eso siempre es un caos. Sus representantes en el pabellón no estaban cualificados. Las medidas diminutas les habían creado dependencia. Las comunicaciones entre ellos eran pésimas a pesar de los pinganillos. Las chuletas no solucionan los deberes por hacer. Las comisiones se deben hacer a puertas cerradas. Una planificación ¡normal! de un congreso requiera menos dioses y más ciudadanos. El chute de autoestima por el año gobernado se les había desinflado en una mañana. Decidí concederles el beneficio de la duda para no reconocer mi rendición. Pedí perdón a mis compañeros. Lo siento, o cedía o nos hubieran puesto de patitas en la calle. El Secretario de Economía no podía esperar más.  El servicio de seguridad quedó de maravillas. Los consejeros pudieron descansar. A. se infló. B. resopló. D. intentaba interpretar los datos de su pinganillo y llegó tarde a la solución que quedó restablecida cuando C. dijo amén.

Por fin el Secretario de Estado de Economía inició su informe, pero debo silenciarlo por unos momentos para que sepan como quedó la situación: nos retiramos unos metros, el servicio de seguridad hizo lo propio al igual que los consejeros, asesores y ayudantes que se habían sumado para impedirnos hacer el trabajo, todos los implicados nos dispersamos con la intención de realizar nuestro trabajo. El trato entre A. y un servidor no fue un trato, aunque estas críticas al congreso diminuto parecen poner en duda la decisión de ceder completamente pero como ya les dije antes, estas palabras están escritas después y aquí el brujo no pinta nada. La intención del Partico Diminuto en el gobierno era crear una realidad paralela, una apariencia de realidad, y el congreso estaba dentro de esos planes de ahí el tenderete mediático desplegado con la intención de aparecer un congreso abierto a los medios y de paso a la sociedad. Al no responder a las expectativas de lo planeado los jefes del partido empezaron a poner obstáculos a nuestro trabajo con la intención de rectificar sobre la marcha, ustedes serán testigos si lo consiguieron, pero para tener un juicio deben saber cómo transcurrió el congreso y entonces sí, podrán opinar sobre lo que se trató, y él como. A partir de esos momentos el congreso continúo como estaba previsto en la intención primera del partido en el Gobierno, es decir, que los periodistas fuésemos observadores a distancia. Menos mal que nos quedaban las cámaras que recogían todos los sucesos y son la base de este trabajo. Disimulábamos como bellacos entre las mesas de diminutos, pero al fin y al cabo ese es nuestro trabajo. La mesa del abecedario diminuto en representación de los dioses, con interpretador de brujerías incluido, que era, en lo que se había convertido la comisión sobre economía reinició los trabajos con las palabras del pobre Secretario de Estado de Economía.

-Ya. 

Dudó un momento el Secretario de Estado, debió pensar que no iba en serio, pero si, si iba en serio.

-Tal y como nuestro jefe Diminuto Primero ha mencionado en el discurso de inauguración, nos proponemos ayudar a fusionarse las empresas para que el tamaño les permita defenderse de los competidores. Desde esta secretaria se tomarán todas las medidas que sean necesarias para facilitar tal objetivo, incluida la posibilidad de absorción no deseada y ningún normal debe impedir las sinergias de la propuesta. El siguiente punto de nuestra propuesta económica es facilitar la expansión de las franquicias, es necesaria la unificación de los negocios para que nuestros queridos votantes diminutos no se pierdan y sepan siempre delante de quienes están. Continuaremos con nuestra política de privatizaciones, si queda algo por privatizar lo pondremos en manos privadas, como le gusta decir a nuestro querido líder Diminuto Primero: “Las mejores mentes no están en el gobierno. Si hubiese alguna, el sector privado se las robaría” Y esta secretaria ejecuta los deseos del Gobierno y pondrá en manos privada lo que quede de lo público.

El Secretario de Estado de Economía se quedó satisfecho por unos instantes, le había costado varios intentos, pero al fin pudo decir unas cuantas propuestas diminutas. En la línea general del último año el Partido Diminuto favorecerá a las grandes corporaciones a que sean más grandes a costa de las normales. Las fusiones crearán un mundo bipolar donde infinidad de empresarios no divisaran las cúspides, pero notaran sus decisiones. ¿Se creará un páramo en el medio imposible de traspasar? ¿Cómo dejar de ser empresario diminuto para convertirse en élite? Una manera de crecer es precisamente las franquicias y el bueno del secretario no quiere que se pierda nadie cuando se encuentre delante de la tienda trece mil cuatrocientas de la franquicia equis. Uno de estos empresarios que no decide el diseño, ni el precio, ni el material, estrategia, inversiones, sí tiene que decidir sobre los problemas salariales de sus empleados que no dependen de la alta dirección. ¿Quién tendrá el valor de adentrase en un desierto sin liquidez? ¿A la cúspide le podría interesar que algunos se adentrasen en el desierto donde encontrarían oasis de crédito disponible para luego absorberlos con mayor satisfacción? El Secretario de Economía sacó toda una batería de intenciones solo de intenciones para convertir lo público en privado, mas, tiene un problema, no queda nada por privatizar, solo les queda que se privaticen ellos: ¿le interesaría al secretario ser robado por lo privado? ¿Es flagelarse querer dirigir un gobierno mediocre?

 Continuó el secretario desgranando las medias que el Partido Diminuto piensa poner en practico estos tres años que le quedad de mayoría absoluta. Debo indicar que el pobre secretario estaba más controlado que Diminuto Primero en el discurso de apertura, casi podían leerle el informe, pero B. para que quisiera leerlo. Después de la movida anterior hasta podía enterarme de los suspiros de B., el auditorio parecía más silencioso y la sensación era como si faltase ambiente. Pero estas sensaciones ya la aclararé más adelante, ahora debo continuar con el informe del secretario para después poderlo comentar.

-Fomentaremos la industrialización del país, las infraestructuras, la investigación, el desarrollo. El Gobierno propondrá a los poderes económicos que inviertan, y aquí tenemos al Sr. B. de testigo para que no haya dudas de la posición de esta Secretaria de Estado. Fomentaremos la competencia para que baje los precios, en este tema como en el anterior el Sr. B. nos puede ayudar gracias a su experiencia. Se tienen que terminar las subvenciones y las mamandurrias en línea con el ministerio y el Gobierno, en consecuencia, esta secretaria derogará todas las subvenciones que queden. Es la intención de esta secretaria, así como la obligación de fomentar la práctica de Golf, esta medida concreta, será una tarea que un servidor se encargará personal mente de que sea ejecutada para demostrar cómo se debe hacer las cosas, y a tal efecto esta secretaria propondrá al ministro que lleve al congreso una ley específica para fomentar su práctica. Y para terminar con este bloque de medidas, les comunico que desde la Secretaria de Estado de Economía también fomentaremos la pirámide social, porque la cúspide de la pirámide es el sector de la sociedad que más consume. Estas son nuestras medidas concretas para solucionar los problemas uno a uno, con ausencia total de cualquier medida ¡normal!

El Secretario de Estado de Economía le indicó, le insinuó al Dios del Mercado a través de B. que inviertan, que el gobierno fomentaría el que las empresas dedicasen recursos financieros para nuevos negocios y se lo dijo mirando directamente al mayor inversor. El señor juez y parte ni se inmutó, como tampoco lo hizo cuando el secretario mencionó la competencia, el Sr. B. tiene claro quién manda: él, y no le importa las dudas y en la mesa no había nadie que rebatiera tal posición. El silencio de Diminuto Segundo fue descorazonador y el cuchicheo con Diminuto Primero dejó bien a las claras que la unificación de criterio entre los dos fue una rendición del segundo diminuto. Los dioses menores tenían representantes diminutos, solo estaban para asentir y el brujo cada vez me parecía menos brujo. Las incoherencias que siguieron con respecto a las subvenciones no me interesaban, podrán hacer lo que quieran, para que criticar si no podemos hacer nada para impedir la creación de cualquier campo de Golf o de lo que sea. Da igual, insinúan, fomentan, avisan, cuchichean a quienes ya están preparados o han iniciado la insinuación para cumplir los objetivos de la política diminuta del Gobierno. Fomentarán el crecimiento de la pirámide social para que haya más consumo, cuando arriba los escalones siempre serán escasos y quienes llegan se dedican a  disfrutan del espectacular hormiguero de la base recolectando las migajas que caen.

Me sentía muy solo y eché una mirada a mis compañeros en busca de alivio y no los encontré, el auditorio parecía gélido. Y en ese momento B. ¡el callado! se volvió a traicionar: el señor representante del Dios del Mercado habló y dijo: ¿No creen Sr. Presidente y Ministro Diminuto que el Gobierno debe controlar la Masa Monetaria para poder tener la inflación bajo control?  Y le contestó el Sr. presidente.

-No es tarea del Gobierno la cantidad de la Masa Monetaria que circula, como sabe es competencia del B.C.

Diminuto Segundo se infló gracia a la ayuda inesperada de su jefe y asentía mirando a B. (resurrección). Da igual quien manda, en realidad es el Gobierno quien nombra al presidente del B.C. pero el enfrentamiento me despertó y mi cerebro empezó a pensar, ya no sentía la soledad en medio de tantos diminutos. Si la masa de 1 B pasó a 4 B y el PIB continuó con 8 B reales y 16 B contando los virtuales, quiere decir que la masa 3 B es un problema diminuto. Como el señor B. se marchó cuando le llevaron la contraria, esperábamos con impaciencia el desenlace, bueno yo esperé el desenlace porque al mirar a mi alrededor no vi a ningún periodista, y me dieron ganas de gritar ¿pero a quién? 

Me habían creado un vacío entre todos los diminutos e inicié un éxodo entre mesas con la doble intención de encontrar caras amigas y comprobar si las mesas sin dioses interpuestos funcionaban mejor, seguro, pensé, que el problema de Diminuto Segundo fue el exceso de dioses a su alrededor que le distorsionaban la realidad. Y así era, o por lo menos lo parecía, ya que en la mesa dos Diminuto Tercero alias “justito” entre los colegas, departía con sus secretarios sin ningún problema, el hablaba y los demás asentían incluidos los consejeros con algún zángano que otro que no paraba de dar vueltas, el Ministro de Justicia al igual que A. sufría de ignorancia pues no se enteraba de nada de lo que le rodeaba. Me pareció excesivo continuar tan cerca de los dioses representados y decidí continuar el éxodo hacia la mesa tres donde Diminuto Cuarto se encargaba del Ministerio de Medios de Comunicación. La casi ausencia del señor de los medios en su mesa me pareció digno de tenerlo en cuanta, el que D. representante del Cuarto Poder delegara en un diminuto su campo de acción lo rehabilitaba a mis ojos.  Miré hacia tras con la esperanza de observar la mesa uno sin que ellos se dieran cuenta, gran error, el vacio tenía ojos y dos de ellos eran del señor D., pensé, estará preocupado por haberme acercado a su mesa, el que no tenía ninguna preocupación era Diminuto Cuarto que continuaba con la comisión sin ningún problema. Me estaban echando, lo sé, pero lo hacían como saben hacerlo los diminutos, con insinuaciones, fomentaban el que me sintiera a disgusto y cogiera la puerta y dijera hasta luego Lucas. El éxodo por las mesas me dio tiempo a pensar en la situación y como no estaba dispuesto a salir corriendo, no podía contar con los compañeros y las cámaras itinerantes también me habían abandonado, decidí que por si acaso no lograba reproducir los acontecimientos, pondría en marcha mi grabadora diminuta (que asco) que siempre llevo en cima. Por qué el servicio de seguridad no me echó a empujones lo interpreté como si las primeras imágenes del congreso donde un servidor aparecía me sirvieran de salvoconducto. Puesto que me convertí en el objeto en el que los dioses y semidioses descargaban su actividad controladora, me propuse hacer que el paro no fuera con ellos y lo primero que hice fue girar hacia la mesa cinco y luego a la mesa seis, ingenuidad por mi parte, ya que entre tantos semidioses y ayuntes de semidioses me tenían controlado tanto o más que a cualquier diminuto del pabellón. Y en ese preciso momento me salvó el tiempo, por megafonía anunciaron que se interrumpía el congreso para comer, ya estoy salvado pensé, y mientras picaba un poco pensaba como pasaría la tarde trabajando, haciendo parecer que no lo hacía, al rever de los vagos que trabajan. Y A. apareció a mi lado para cortar el soliloquio y al mismo tiempo acelerar las pulsaciones de mi pobre corazón. Atracción fatal es lo que empecé a pensar a partir de ese instante, yo intentaba desaparecer del abecedario y la A. no me dejaba. Hola le dije. ¿Se puede saber a que estamos jugando? le pregunté y me dijo: “esto no es un juego” y se marchó.

El señor A. no tenía razón para meterse con un servidor, ninguna prueba podía esgrimir. ¿Me atacaba a mí y no a mi trabajo? Si ya nos rendimos delante de A. ¿por qué no podemos transmitir o escribir? Que hambre me estada dando los pensamientos, me apetecía pastel o tarta de postre y me dirigí hacia el bar haber si encontraba sitio. De todas las maneras pensé: como ya he sido presionado por A. tantas veces, quiere decir, que ya tengo menos posibilidades de sufrir su acoso. Tal vez fui presionado por el señor A. por ser éste ¡brujo! ¿Quién le pondría el brujo? No lo recuerdo, parece como si viniese del fondo del tiempo.  Se parecía a un deseo auto cumplido: pensaba que el jefe de prensa era un brujo y me sucedían brujerías. No alcanzaba a ver si tenía mesa para comer, así que continué divagando mientras aparecía la mesa. La próxima vez que me encare con el señor A. le voy a preguntar: ¿ha dejado de hacer brujerías? ¿Es usted el jefe de prensa, yo soy la prensa no me reconoce? ¿No tendría dentro un diminuto que registraba mis actos? ¡Tenía un diminuto dentro creado por el brujo! Estaba desvariando, no tenía ningún diminuto dentro y ni existía realmente el brujo. La próxima vez le diré al señor A. que me garantice que no es un brujo y daré por terminada esta cuestión.

Me sentía vigilado en todo lo que hacía, cualquier roce se me hacían huéspedes, como cuando tropecé con un guardia jurado y me preguntó o confirmó: “está grabando” y le dije que estaba llamando por teléfono, se marchó tal cual, pero la duda me siguió. Pedí la vez para comer y me marché otra vez a dar una vuelta por el pabellón, no aguantaba estar esperando al mismo tiempo que miraba los corros a los que ni me atrevía a acercarme. Le había cogido gusto a  mis  pensamientos y decidí que en el recorrido para hacer tiempo los reiniciaría, cuando me encuentro delante de la capilla a los representantes juntos, diminutos también, casi me meto en la boca del lobo por estar abstraído; giro y disimulo, hago como que me gustan las cosas diminutas que se me ofrecen en las tiendas, y vuelvo a girar y me acerco al otro servicio que ya no necesito  usar, y me encuentro en  la cafetería contraria; me paro un momento y me digo: que estoy haciendo si lo que quiero es disimular lo estoy haciendo fatal y si lo que deseo es pensar también; paso entre las mesas vacías de las comisiones, que están rodeados de paneles y casi ni se veían y me acerqué de nuevo a la cafetería haber si ya tenía mesa. El recorrido fue corto por culpa de no hacer caso a ningún diminutos que me encontré por el camino: diminutos normales para que, a los delegados que eran más diminutos de lo normal tampoco, a los mandos intermedios con sus portafolios pegados sería como rellenar el expediente y los ordinales estaban confesándose a los dioses y sus representantes, interpreté,  que al estar apelotonados no podría ni acercarme; solo me quedaba el pueblo llano, los normales, trabajadores silenciosos, podría haber intentado un mini relato costumbrista con los normales, pero estaba allí para transmitir un congreso diminuto y esperaba encontrar argumentos para llenar un buen programa de TV. o en su caso una buena crónica al día siguiente.

Me tocó una mesa compartida por simpatizantes del Partido Diminuto y me arrinconé para pasar desapercibido mientras comía y rumiaba mis próximos movimientos.  Coles de Bruselas  fue mi único plato, no había ya ni tarta o un buen pastel para el postre así que pedí un café y seguí con mis pensamientos sin hacer caso al runrún de la mesa; me aburrían de tal manera que recosté la cabeza en la viga que tenía en la esquina de la mesa y dirigí la mirada al fondo del pabellón donde con tantos diminutos no veía a ninguno –encerrado en un mundo diminuto, me dirigí al parque con puertas y luego a mi casa que había perdido una habitación, salí en busca de respuestas y me dijeron que no, pregunté si había  aeropuerto y me dijeron que si, en el aeropuerto no había aviones, pregunte y pregunte, y  un vecino me dijo que solo podía preguntar con frases cortas, frase diminutas, móviles chatos ¡chacho! ¡chacho! - “Despierte que ya se ha reanudado el congreso”. Me quedé dormido gracias al sopor del ambiente, tenía que aguantar toda una tarde y se me estaba haciendo muy larga. Salí de la cafetería en dirección de la mesa uno o mesa de los dioses en suspensión por la cantidad de ellos que sobrevolaban para comprobar si todo seguía como antes de comer. 

Todo continuaba igual en la comisión de economía, la troika presidía directamente el debate con los dos diminutos escuchando y el brujo en movimiento. Todo esto es intuición ya que casi no podía ver nada por la acumulación de diminutos que parecían muy interesados por las diosas palabras representadas, bustos como carteles detrás de los oradores cuando conectan con las noticias en campaña electoral,  salvo en el detalle que no eran tan guapos y los que me tocaron en suerte no tenían el semblante de estar escuchando nada interesante. Recurro a las grabaciones para entresacar el tema que trataban en ese momento y salió lo siguiente.

-Se pueden evitar los ciclos económicos repartiendo los riesgos, los nuevos productos financieros deben de ir en esa dirección y el que las hipotecas de macedonia fracasaran no quiere decir que estuviesen mal planeadas, sino que tuvieron la mala suerte de encontrarse con dirigentes normales que no estaban a la altura de algo nuevo, que necesitaban de rodaje, claro que sí, pero estos problemas se pueden solucionar si quien gobierna es verdaderamente diminuto. El movimiento continuo en las bolsas confirma que se puede crecer sin parar a partir de un impulso inversor, que la economía real es ya menor que la virtual, por tanto, el Gobierno debe incidir en esta dirección si quiere contar con nosotros.

Estas palabras fueron pronunciadas por el señor D. no Diminuto Primero ni Segundo, tampoco por el señor B. que era el que debería haber hablado, pero el Dios del Mercado tiene una mano invisible para hacer que D. se ponga en lugar del presidente, incluso puede hacer que sustituyan al mismísimo Dios. El Partido Diminuto ha vuelto a caer en la trampa de querer apagar el fuego con más fuego, pero tal vez no sea culpa suya, solo estaban en el lugar adecuado para ser utilizados por la mano invisible del mercado, que no contentos con el fracaso del movimiento perpetuo económico a base de mantenerse en el aire gracias a cualquier impuso primero, pretenden seguir en el error utilizando a los diminutos como pantalla. 

Desde la noche de los tiempos hay inventos imposibles de lunáticos que creyeron poder saltarse la segunda ley de la termodinámica. Qué pena me debían de dar los diminutos si no fuera por que están arriba del escalafón político. ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación, cuando fue el cisma que no vimos y que nos ha separado de la realidad, donde estaban los críticos para denunciar los desvíos?  No se trata de criticar cuando los problemas no tienen solución, se trata de denunciar los abusos cuando todavía son diminutos. De nada sirve denunciar cuando ya no hay remedio. ¿Cuándo fue la primera vez que nos vendieron un invento sencillo que no se para nunca gracias al primer impulso? ¿Cómo no nos dimos cuenta de que nos estaban mintiendo? Medias verdades, medias soluciones envueltas en celofán como regalos que no sirven para nada, pero se agradecen incluso más que los necesarios. Nos vendieron el crecimiento perpetuo y lo compramos sin darnos cuenta de que tenía dentro un demonio.

Dimití de intentar un acercamiento a la mesa uno y me quedé definitivamente con el Vicepresidente Segundo y Ministro de Justicia e Interior, que pasó casi toda la mañana presidiendo la mesa dos sin un representante celestial excepto cuando le visitaron los señores B. y D. Visita que duró poco ya que el representante del Cuarto Poder se marchó llevándose al señor B. Sin el interpretador del Diseño Inteligente por sus ausencias continuas y sin el Dios ¡breve! del Mercado, Diminuto Tercero debió tener una mañana apacible salvo por los ruidos y tumultos que acaecieron, pero hay que reconocer que Diminuto Tercero tiene los oídos preparados para no enterarse de lo que no le conviene. La buena relación de Diminuto Tercero con las deidades y sus ausencias fue proporcional a la acumulación de semidioses en la mesa uno y la no buena relación de Diminuto Segundo con uno por lo menos. El Ministro de Justicia es fiel al mini abecedario empezando por el señor A. ¡el brujo!, al ¡cajero! señor B., a C. la ¡duda! inteligente, al ¡pinganillo! señor de los medios, y a Diminuto Primero, pero no a Diminuto Segundo o cualquier otra letra o número que quieran imaginarse: Diminuto Tercero es fiel a partir de quienes detentan más poder que él.

Tal como me había imaginado los días antes del congreso diminuto, no podría atender a todo a la vez, así que contando con las grabaciones si es que podía ser, decidí acercarme a la mesa dos con la intención de saber, más o menos por donde estaban, que temas habían tratado y los que les quedaban por tratar, con la intención de palpar sobretodo el ambiente de la mesa, la composición y las caras de los personajes para informar y en todo caso, para el artículo o  artículos que ya tenía pensado escribir cuando acabase el congreso. Después de todos los líos de la mesa uno, decidí que con otear el ambiente me valdría y esa era la intención, pero solo eso, pues no pude acercarme así que con mi diminuta grabadora en macha rodee las mesas con la intención de aprovechar el mínimo descuido para colarme lo más cerca del Ministro de Justica. Mientras se presentaba la oportunidad les recuerdo lo que todos sabemos del personaje, ya saben que le pusieron ¡justito! por lo oportuno que fue a la hora de apuntarse a la moda diminuta. Decidió creer en los diminutos. Era un dirigente del Gobierno anterior y la afinidad con Diminuto Primero debió de haber sido desde el principio de la creación del partido, pues era y es un charlatán y con experiencia religiosa, manipulador de los medios al estar siempre alabando a los que le criticaban, sin ser esto un problema, si no fuese por los interminables minutos que empleaba para decir gracias a los subordinados por hacer buen el trabajo. La impostura desaparecía porque de los subordinados nadie se acordaba después de una hora de charla y sí, de lo bueno que era el señor pre diminuto tercero, que siempre quiso ser primero y al final no ha sido ni segundo. La similitud de personalidad con Diminuto Primero podría hacer que este perdiera el puesto de papagayo sin importar el ordinal. Las muchas capacidades de Diminuto Tercero le dan opción de quitarles el puesto al señor D. y al mismísimo Dios de los Medios ¡dios! Casi nada le es imposible al Ministro de Justicia e Interior.

En el deambular entre las mesas me encontré con un colega –creía que me habían dejado solo, pero me equivoqué- del que no tenia buenos recuerdos, pero me alegró el poder saludar a un ser humano después de estar rodeados de diminutos. La aparición del brujo hizo que los malos recuerdos del compañero se me aparecieran al instante y comprendí la tenaza que se cernía sobre mi trabajo. En el fondo no me importó ya que poco puede hacer quien ya no puede ofender y pude visualizar el lado oscuro de brujo, mejor dicho, del señor A. Es demasiada redundancia juntar brujo y oscuro, aunque me encanta y por eso lo he repetido. Las intenciones del colega se las pueden imaginar, quería que me marchara o mejor para él y el brujo, que rectificara, y que de todas las maneras nadie me iba a creer, ya se encargarían ellos de crear otra realidad, que reescribirían la historia con otras imágenes donde los diminutos aparecerían como dios manda y si quería comprobarlo solo tenía que buscar en el móvil: www.diminutosenlared.  No les han ocurrido a ustedes que entre más le empujan hacia donde no quiere ir más interés ponen en llevar la contraria a los empujones por cabezonería, gusto por llevar la contraria, por fastidiar. Cualquiera de las razone o todas hicieron que me entrara una mala uva, que decidí que al día siguiente domingo entraría en el congreso para enterarme de discurso de despedida de Diminuto Primero. No pensaba asistir de zombi más tiempo del que llevaba, pero el brujo y el colega oscuro me aclararon la mente o me la oscurecieron, no sabía cómo demonios (perdón) iba a ser capaz de entrar al día siguiente. 

Aprovechando que el jefe de prensa estaba cerca le hice un quiebro para adelantarle y fisgonear en la mesa uno donde la reunión de deidades continuaba, o eso parecía porque la defensa de la posición estaba defendida como si hubiesen puesto un autobús. El señor A. realizaba una defensa que sentía en el cogote, que aburrido debe ser estar tan pendiente de los movimientos de un servidor que lo único que intentaba es hacer bien su trabajo. Desistí otra vez y continúe con el Vicepresidente Segundo que hace poco más de un año no era ni diminuto, pero si dirigente de unos de los partidos ahora apelotonados, ninguneados y clasificados de normales. 

El Ministro de Justicia e Interior fue el encargado por el anterior gobierno de privatizar los medios de transportes de viajeros: metros, trenes, compañías aéreas, aeropuertos y estaciones. Y de paso privatizó la vigilancia convirtiendo a los Policías en cuasi policías. Como las personas no son paquetes que pueden ser vigilados por guardias privados se les colaron terroristas que colocaron paquetes y volaron al público, y el ministro salió indemne del atropello. Diminuto Primero que no era todavía diminuto sino telepredicador le llamó cuasi imbécil.  Diminuto Primero debió darse cuenta de la veta que había encontrado y en vez de callarse le fue acusando por unos días de todo lo ¡cuasi! que encontró en su contra. La acusación de mentiroso por parte del pre Diminuto Primero a su actual Vicepresidente Segundo no fue cuasi, las imágenes de justito diciendo “no privatizaré” que el telepredicador se encargo de repetir hasta la saciedad terminaron de hacer mella en él y aunque no dimitió quedó reducido a mero florero. Al igual que poseer una virtud entraña poseerlas todas, el ser mentiroso y manipulador van incorporados al Sr. Ministro de Justicia: El espectáculo de millas corriendo en el túnel donde ¡justito! estuvo de fantasma toda la noche y los bomberos tuvieron que soportar estoicamente por si se producía un impacto súbito, no fue nada comparado con el bochorno de tener que aguantarle una eternidad dándoles las gracias a los bomberos.

Por tercera vez intenté acercarme a las mesas, esta vez a la dos y no me dejaron, por lo que seguí disimulando con el móvil mientras grababa lo que recordaba del personaje; como la moda de ir hablando por la calle se ha impuesto, seguí haciéndome el zombi móvil y pasé inadvertido para los diminutos,  el brujo, secretarios y consejeros. No querían que me acercara a una mesa, pues bien, no me acerqué y continué con el pasado de Diminuto Tercero que para eso lo tiene, no como los otros diminutos que se los están creando desde hace un año. Diminuto Tercero miente tan bien que sus antiguos compañero de partido creían que era un moderado cuando en realidad era un radical, por eso les sorprendió que se pasara a los diminutos y hay quien le acusó de topo y quien le dijo directamente tránsfuga, pero se quedó definitivamente como ¡justito! al ser nombrado Ministro de Justicia. No fue el único que se cambió de bando, pero sí el más aparatoso por el poco tiempo que empleó en pasar de normal a diminuto y la recompensa del ministerio. Debe ser que los asuntos morales van así, que dependen de la práctica: a menor uso más rapidez para recoger los frutos, y debe ser un principio que afecta al conjunto de las inmoralidades. Pero lo que no le pude aguantar fue su: “¡siempre he sido diminuto!”. 

Abstraído como estaba con el pasado del Diminuto Tercero me encontré frente a Diminuto Primero y sin darme cuenta le pregunté -debe ser defecto profesional- por la deriva del congreso y con un dedo silenciando sus palabras me dijo: espero que B. sepa dónde nos lleva. No tuve tiempo de hacer otra pregunta porque A. se había adelantado y gracias a la cara de no buenos amigos que puso renuncié. No tengo la culpa de ser periodista y en consecuencia pregunto, si yo fuese fontanero le preguntaría (perdón) por las cañerías, pero no es el caso.  Aprovechando la cercanía del brujo intenté otra vez hacerle un quiebro y me dirigí a la mesa dos, creí saber que no podría controlar todas las mesas a la vez, y puesto que los representantes terrenales de lo celestial estaban ocupados vigilando la mesa uno dejaría huecos por donde pudiera tener éxito mi intentona de aproximación a la mesa dos. Pues no. A veces pienso que el brujo es menos que brujo y otras que tiene posibilidades de subir un escalón o dos y llegar a ser un dios más. ¿Qué dios le vendría bien, a cuál desbancaría? Al Dios del Mercado sin mercado creo que no, al Dios de los Medios seria como ser un dios de segunda, no le veo capaz de poner en tela de juicio el Diseño Inteligente ya que no duda en fastidiarme todo el tiempo. ¿Qué nos queda? El Dios con mayúsculas o que se invente una brujería fusionada con jefatura de prensa y pinganillo conectado con la bolsa. ¿Se podría crear un nuevo dios con esas características? Renuncié nuevamente a saber cómo iban las comisiones, me centré en el pasado de justito, y como el pasado diminuto del Ministro de Justicia e Interior es de un año, repasaremos las leyes que ha elaborado y que han entrado en vigor desde entonces.  

Si algo distingue las leyes diminutas es que estas son retroactivas, retiran derechos adquiridos, son leyes para la menor (diminutos) y no para la mayor (normales). El Partido Diminuto y el Ministerio de Justicia en particular ha reformado la Ley de Justicia Universal y desde hace un año los delincuentes pueden pasar de país en país y la justicia no. Ha implantado tasas para denunciar y no ha tenido la prudencia ni la sabiduría para excluir a los que no tienen recursos. Ha aumentado las penas a quienes fueron sancionados con otras leyes, que los recursos derogaran (espero). Que fortaleza demuestra la justicia cuando a un condenado se le aplica una ley posterior. Para implantar justicia el ministro no ha tenido templanza para aguantar las buenas leyes de sus anteriores y se ha dejado llevar por lo que son más radicales aun que el. No tengo fe en justito ni esperanza en que pueda cambiar a mayor. ¿Dónde está el amor y la caridad de quien puede escoger entre tantos dioses, y elegir al que mejor pudiese ayudar a los más necesitados? 

Hay que reconocer que al Vicepresidente Segundo y Ministro de Justicia e Interior la moda diminuta le viene apropiada a su carácter y el mote de ¡justito! le define bien por marcar la diferencia con lo normal. No se sabe a quién se le ocurrió y seguro que ahora es un diminuto –pero quien no es hoy día un diminuto de pro- que disimula, o no, puede ser que la ocurrencia de X. al definirlo ¡justito! saltara a otros cinco seis veces y al llegarle el rebote a quien le dio el primer impulso, no reconociese la idea y sea inconsciente de que fue el primero en crear el movimiento perpetuo. La verdad es que justito es capaz de actuar de forma diminuta sin esfuerzo, esté en la situación que esté, debe ser que lo tiene interno y no necesita la consciencia para actuar así, puede ser que cuando dijo el Sr. ministro que siempre había sido diminuto lo pensaba de verdad.

Decidí abandonar definitivamente al Vicepresidente Segundo y Ministro de Justicia e Interior por dos razones, la primera porque ya estaba cansado de intentar llegar a él y a su mesa, era imposible enterarme de lo trataba su comisión y lo segundo, que estaba cansado de justito y le dejé en  mitad de su función. El Interior de su ministerio lo abandonaré a su suerte, y si hay por ahí algún normal, que se imagine lo que quiera, que acertará, siempre y cuando piense mal. Y para más inri en vez de intentar llegar a la mesa tres contigua a justito me dirigí (si me dejaban) a la mesa cuatro donde Diminuto Quinto estaba desarrollando la comisión de trabajo y sin un dios que le molesté, a pesar de tener la capilla a dos pasos.

Y efectivamente el Ministro de Trabajo Diminuto Quinto estuvo cerca de la capilla y sin histriones que le molestasen, o ese fue mi impresión las veces que divisé la mesa cuatro, es verdad que siempre estuve pendiente del brujo y los señores con mayúsculas que se habían posicionado en la mesa uno, pero puedo jurar que no vi ni un dios cerca de Diminuto Quinto, al igual que no puedo encontrar su pasado. Diminuto Quinto ha nacido hace un año con el Ministerio de Trabajo bajo el brazo, y todos los intentos de saber dónde estudió y los cargos que había desempeñado antes de apuntarse a la moda diminuta fueron infructuosos. Entre los periodistas se creó una dinámica de búsqueda para soltar un titular y quedó exento por falta de pruebas, y cuando otro asunto diminuto ocupó las portadas nos olvidamos del diminuto desconocido.  El desconocido que presidió la mesa cuatro acompañados de sus secretarios de estado, un subsecretario, un par de consejeros, varios asesores y una silla vacía, tiene una edad que no sabría decir y unos rasgos tan normales que si no fuese porque no tiene nada que ver con las ideas sería declarado persona no acta para ser ministro. 

Como no estaba dispuesto a fracasar en el intento de llegar a la mesa cuatro: la comisión de trabajo que presidia Diminuto Quinto y antes de que el brujo apareciera desaparecí, me dirigí a la escalera más próxima y subí al piso primero buscando a compañeros y técnicos para comentar los acontecimientos de congreso. El primer piso había quedado desangelado al desaparecer parte de los paneles para separar las mesas de las comisiones, incluso las propias comisiones que estaban previstas en la planta se habían suspendido, aumentaba la sensación de vacío los escasos técnicos de imágenes y sonido que quedaban, así como la desaparición de la mayor parte las de cámaras. El ambiente parecía distendido y por un momento me figuré que podría pasar un rato hablando con los compañeros de profesión, teniendo en cuenta que no había ningún dios pagano a la vista y estaba convencido que no harían el esfuerzo de subir los escalones, tal vez algunos ayudantes del brujo si los subiesen, pero sin voluntad, no así los diminutos convencidos que como todos los creyentes están dispuestos a subir lo que se les ponga por delante. Y ocurrió que un técnico que no conocía de nada se me acercó como si me conociera de toda vida y dándome una palmadita en la espalda me dijo: “Creí que te habías marchado y habías olvidado la chaqueta”. Y se marchó tal cual. Cogí la indirecta y la chaqueta con una cinta de video camuflada en un bolsillo e inicié la salida con el firme propósito de no pararme por vicio en ninguna mesa que se me cruzase por el camino. Me detuve un momento y pensé: este sí que es un compañero y cogí otra vez el teléfono,  le conecte el auricular y pensé en seguir haciendo el paripé de tener una conversación, cuando se me ocurrió hacer una llamada de verdad y así poder disimular con mayor facilidad;  con una mano ocupada sujetando el móvil mientras miraba la pantalla –no se para qué- y la otra mano sujetando la chaqueta que no me atrevía a ponérmela por si daba el cante inicié la bajada de las escaleras. Debería decir con quien hablé, pero a quien le importa y además no me acuerdo de nada de lo que hablamos, tan pendiente estaba de no tropezar con el brujo que debía parecer un zombi actual y como tal me equivoqué, y en vez de ir directo hacia la salida giré hacia la derecha y pasé por las tiendas de los diminutos, luego por la capilla y más tiendas y me encontré en la otra escalera de subida al primer piso; dudé si disimulaba y subía las escaleras pero me dije: van a pensar que estoy disimulando e inicie la recta en dirección de la escalera de salida. Cuando me acercaba a la cafetería en la que no había comido me paró un comensal y no se le ocurrió otra cosa que preguntarme por la siestecita que me había echado, no pensaba contestarle, ni le habría mirado de lo pendiente que estaba de mirar la pantalla, pero la aparición del jefe de prensa y ex director de la campaña para las elecciones del Partido Diminuto por el horizonte tapándome la poca escalera que divisaba, hizo que intuitivamente contestara al diminuto comensal y le pregunté si estuve mucho tiempo dormido y si dije algo que no debía mientras que los demás comían. No puedo responder lo que me dijo porque le dejé con la boca abierta al descubrir que el brujo se había tragado lo del móvil, la conversación y hasta la chaqueta que le debió parecer normal, y bajé las escaleras con una alegría espectacular hasta que el vigilante jurado de la puerta me paró y me dijo que le entregara la acreditación, solo, y me marché, pero volveré, pensé. 

La tarde parecía que acababa antes de lo que el reloj decía por culpa de un cielo encapotado que me pareció luminoso al poder salir del ambiente anterior. El trayecto a mi casa fue una sucesión alterna de imágenes de los acontecimientos del día por las ganas de confirmar todo lo vivido en la cinta que no me atrevía ni a tocar y una inquebrantable voluntad de volver que me inundaba el corazón. Como tenía hambre me preparé un bocadillo enorme (normal) de atún con pimiento morrón y empecé a visualizar el material clandestino. Después de un rato de estar viendo y escuchando el discurso de Diminuto Primero me estaba entrando sueño de lo aburrido que me resultaba, además de haberlo presenciado encima tenía que soportar ver mi propia imagen que pululaba entre los diminutos. Decidí visualizar las imágenes de la mesa cuatro, las imágenes del principio para saber cómo se había desarrollado la comisión y así continuar con el trabajo que tenia grabado mientras jugaba al gato y al ratón entre las mesas con el brujo. Ya tendría tiempo después de visualizar todo el congreso hasta que salí de allí o hasta cuando hubiesen grabado. 

Me dispuse a observar las imágenes de la mesa cuatro desde el principio de la comisión a pesar de la curiosidad que sentía por saber cuánto antes como reaccionaron a los acontecimientos de la mesa uno, así que decidí ver la película: ¡Diminuto V! de corrido para enterarme adecuadamente de lo que se trató en la mesa del diminuto desconocido, y digo de corrido como intención pues ya comprobaran que la curiosidad es poderoso caballero, como otros.  El realizador mantuvo una larga toma con un ángulo amplio en la que se podía observar por los márgenes las mesas contiguas y los pasillos y como me imaginaba todo se desarrollaba de manera normal hasta que el señor B. pasó a la mesa contigua arriba a la derecha en las imágenes. Y digo normal porque el que el señor C. participase en la película Diminutos V de figurante un par de veces lo consideré en un principio normal hasta que la repetición me hizo dudar y retrocedí para observar en detalle como el interpretador del Diseño Inteligente se alimentaba de lo cotidiano   para eliminar las dudas interpretativas. Rebobiné para seguir al representante del Dios del Mercado el todopoderoso Sr. B. y pude ver el revuelo que se armó cuando se marchó a la mesa dos. Durante unos instantes todo siguió igual hasta que la toma se achica y ya solo puedo ver los participantes en la mesa cuatro. La imagen vuelve a crecer y se observa a varios consejeros como pasan continuamente notas de B. para A. que se le amontonan mientras está grogui. El señor B. da un puñetazo en la mesa dos, justo cuando aparece el señor D. en la mesa dos y empiezan  primero a cuchichear luego a gesticular de forma ostensible que da a entender que B. tiene un cabreo de mucho cuidado; B. parece A. por la forma de gesticular si no fuese porque B. lo que hace es echar la bronca a todo lo que se mueve a su alrededor, y empieza a poner al público en contra de los periodistas de la mesa uno, pero el público no se enteraba, la ausencia efectiva de A. retrasó las consecuencias de la hiperactividad del señor B. –tengo que reconocer mi sordera e ignorancia de lo que pasaba  a mi alrededor,  justito y A. no son los únicos que no se enteran de lo que pasa cerca-. El amontonamiento en la mesa uno se observa perfectamente y hay que agradecérselo al operador de cámara que hace un trabajo enorme (gracias). El plano se achica otra vez, como si el brujo no fuese solo contra mí sino contra todos, y parece como si el técnico tuviese que obedecer órdenes que deja de cumplir a la mínima oportunidad. No necesito más para sacar las conclusiones oportunas, a saber: que el Dios del Mercado tiene un representante que debe mejorar adecuadamente las distintas complejidades de la que está compuesto: B. tiene más de dos caras.  D. no sabe estar quieto. A. es un diminuto que ejerce. C. sabe empujar como el que más y mis compañeros sufrieron las embestidas y se macharon en volandas gracias a la concurrencia de fuerzas afines; y en definitiva que a mí no me echaron por pura casualidad, al estar en el momento preciso y en el lugar adecuado, es decir muy cerca de los señores B. y D. que se dedicaban a cuchichear mientras los demás le hacia el trabajo sucio, y yo sin enterarme. Qué pena.

Ahora comprendo el desorden creado en la mesa uno y que acerté a estar en el conflicto por casualidad. Los deberes del congreso lo tenían cogidos con alfileres como los malos estudiantes y Diminuto Segundo descosió los pespuntes del traje para celebrar el año victorioso, y los dirigentes del Partido Diminutos y sus aledaños no fueron capaces de estar a la altura suficiente para mirar los acontecimientos con humildad o comprender que no se pueden tener marionetas y que ejerzan de seres vivos o al revés, seres humanos que se comporten como marionetas.  

Volveré más adelante como ya referí al principio de la cinta cuando empieza el congreso diminuto, pero antes debo contarles de una vez las palabras que Diminuto Quinto pronunció al principio de la comisión de trabajo, que por culpa de los desordenes en los márgenes de la imagen no he podido relatar. El ministro inició un discurso antiguo, pues relató lo legislado en el año diminuto en relación con su ministerio y estas palabras que siguen son una parte de las propuestas de ley que salieron a delante. 

-Este gobierno diminuto ha realizado las leyes sobre trabajo más importante en varios siglos y lo hemos hecho en solo un año, vean ustedes: El contrato de trabajo “minijob” para todo, un contrato a nuestra medida y que nos identifica. El contrato “0 horas” para que el empresario tenga un trabajador a su disposición en cualquier momento. El contrato basura tipo FORD (para Fomentar Obreros con Recursos Diminutos) para que los normales pasen a ser diminutos.

En la grabación salen los elogios que recibe el ministro después de las anteriores palabras y el aplauso de los secretarios, subsecretario, consejeros, asesores y ayudantes que se apuntaban a las felicitaciones, fuesen de la mesa cuatro o no, pues pude observar que varios zánganos estaban especial mente dotados para aparecer en los momentos como ese. Como el ministro no necesita más aduladores no agregaré ningún elogio más a dichos contratos, pero si criticar el tono despreciativo de un consejero con respecto al contrato tipo FORD: “así no pensaran en otra cosa que en el trabajo para poder sobrevivir”. Me deprimía por momentos así que aceleré la cinta para cortar al Ministro y continué con el Secretario de Estado de Empleo que pronunció la buena nueva para los próximos años con respecto a los  contratos que tienen pensado poner en práctica, estás son sus palabras.

-Pondremos en marcha el contrato “Dron”: drones diminutos podrán desarrollar el reparto de paquetería por todo el espacio. Este proyecto será experimental, si el resultado es satisfactorio lo ampliaremos a otros campos de la actividad económica. El proyecto del un nuevo contrato llamado “bastardo” por algún gracioso anormal que se ha enterado antes de tiempo, será para que los trabajadores de las empresas madres y franquicias sean tratados de forma adecuadamente diminuta. Y el último contrato de trabajo que pondremos en circulación en breve será nuestra obra maestra: ¡el contrato diminuto por minuto!

Dios mío, el futuro se presenta pequeño y si un filósofo de cuyo nombre no me acuerdo dijo que “cada ser se esfuerza por perseverar en el de forma indefinida” tuviera razón, es seguro que el Partido Diminuto nos conduce a la insignificancia, y en esa línea se condujo el Secretario de Estado de Empleo cuando a continuación de los proyectos de los nuevos contratos, también señaló lo que tienen pensado con respecto a los derechos de los trabajadores. 

-La eliminación paulatina de contratos indefinidos o normales para que sean residuales o diminutos. Se fomentará la no afiliación a los sindicatos para los normales que sobrevivan.  Los diminutos que estén apuntado a un sindicato deberán darse de baja, si no lo hacen voluntariamente se les perseguirá con un diminuto cobrador de la deshonra. Los representantes sindicales no deben comer puesto que no trabajan, mientras que los representantes empresariales sí. 

-Los contratos de trabajo serán revisados y firmados por el representante del Dios del Mercado, el Excelentísimo Sr. B. Los contenciosos y conflictos serán resueltos por B. Las sentencias definitivas serán dictadas por B.

Decidí tragarme el informe completo procurando no devolver el bocadillo y así una vez pasado el mal trago podría terminar de hacer la digestión, el secretario continuó así.

-Ordenanzas futuras de obligado cumplimiento para todos. Apunten: Los dioses se han manifestado gracias a los rezos, y han  comunicado que el Gobierno decrete una ordenanza adecuada a todos los ciudadanos de bien y  esta secretaría a reunido de forma desinteresada toda la información y  han dictaminado: que en el trabajo no se podrá tomar café, llamar por teléfono (asuntos propios), fumar, comer, beber, twittear y solo se podrá usar una vez el W.C., esta ordenanza está pensada para los contratos diminutos por minutos, minijob, bastardo, 0h, contratos tipo FORD, indefinidos diminutos o de ocho horas anormales (perdón) normales.  

El Secretario de Estado de Empleo tiene malicia en el video y me estoy contagiando de tanto diminuto (perdón) anormal, la gracia de Diminuto Primero es alargada y el secretario no tiene luz propia, luz que nos va a falta a todos si sigue adelanta la ordenanza que tienen preparada y el apagón definitivo cuando cambien los contratos y el señor B. sea quien decida. ¿Puede el señor B. hacer tantas cosas a un tiempo? ¿Tendrá ayudantes diminutos que ejecutarán sus órdenes estrictamente? Y si es así. ¿Estos ayudantes con tanto poder no se ahogarán en él o se creerán más B. que el propio B.? ¿El señor C. habrá aportados sus dudas inteligentes a estos proyectos?  Si la respuesta es afirmativa es que el señor C. tiene pocas dudas en su diseño. Y el señor D., ¿dónde estaba? ¿No es el representante del Dios de los Medios el encargado por velar por los derechos a la información de la mayoría? ¿Por qué no filtró las intenciones de precarizar más aun la vida de los trabajadores? No quise continuar con la comisión de la mesa cuatro, Diminuto Quinto es neutro, un transmisor, un repetidor, un loro que repite la cantinela de B.; la aportación del Ministro de Trabajo a la humanidad ha sido rectar y nos queda aguantar la división, espero que no tenga más conocimientos matemáticos porque de ser si, las soluciones saldrían negativas.

Este Gobierno diminuto está aportando diversidad en el desenvolvimiento de la vida cotidiana de los trabajadores gracias a los contratos de trabajo, al ponerles en multitud de situaciones diferentes, los que sobrevivan se habrán convertidos en unos expertos en la inseguridad e inexpertos en planificación. Planificación, eso es lo que necesitaba para poder colarme al día siguiente en el congreso de Partido Diminuto. Intenté pensar en Diminuto Quinto y su mesa tranquila y no había manera, solo era capaz de alimentar la obsesión de cómo poder entrar en el congreso sin acreditación y teniendo en cuenta que mi cara no sería bien recibida. El problema era la entrada,  el muro que tenía que saltar y recordé una manera simple de pasar las barreras: hacerlo por la puerta principal disimulando naturalidad o no disimulando; creo que la manera más frecuente de pasar un muro es haciendo un túnel, pero esta no procede; sobornar a un guardia es una manera casi segura pero no tenía tiempo ni estomago y a esas horas como iba a contactar con el que estuviese dispuesto  a corromperse, o con el que no hiciese falta hace el esfuerzo, mejor pensar en otra; hay un territorio que tiene un muro que lo atraviesa de punta a punta y una  de las maneras de saltárselo son las grietas  que éste tiene y las personas que quieren atravesarlo se achuchan como ratas, no se puede comprender como de la otras parte no detectan  las grietas; los muros se pueden pasar por arriba, pero este caso se parece al del túnel, no procede, que pena el lugar elegido por el Partido Diminuto, si hubiesen elegido un estadio o un espacio cercado hubiera tenido más posibilidades; volviendo al soborno de un guardia también recuerdo que  una de las manera de entrar es contactar sin más con los guardias, estos, después de años de vivir gracias al muro han establecidos unas reglas propias que incluyen a sus contrarios, a los que suministran las partes deficitarias de sus recursos para que la diferencia entre los bandos no acabe con el trabajo de los dos; otra manera es parecer que soy un vigilante, pero donde encontraba un traje y placa, tampoco me serbia; sin planificar también sale bien a veces, pero puede ser fatal y lo que perseguía era no fallar de ninguna de las maneras.

Al no encontrar la solución para entrar en el congreso al día siguiente domingo,  me puse a  planificar la estancia dentro del auditorio, porque una vez dentro tenía que disimular y la chaqueta fue lo primero que pensaba  usar, con permiso del gran compañero que dejé dentro del congreso y al que me gustaría volverle a ver, para devolvérsela y darle las gracia, pero antes la necesitaba para pasar inadvertido  mientras que Diminuto Primero se dirigía a sus correligionarios en el discurso de despedida; el móvil era imprescindible así como mi pequeña grabadora, esta no tendré problemas en hacerla pasar, puesto que tengo que entrar  siendo lo que no soy, y si es así, para que van a buscar un utensilio diminuto acorde con el trabajo que no ejerzo; aprovechando la afición de los asistentes por los regalos diminutos pensé que podía utilizar mi colección de regalos que venían dentro de huevos, colección que guardaba en varias cajas de zapatos y que derramé  en la cama para buscar banderitas de colores y cualquier cosa que me pudiera colgar de la chaqueta, seguro que encontraba recuerdos interesantes que podría utilizar, quien me iba a decir que podría darles más de tres utilidades;  tenía  que desfigurar mi cara, o taparla con un gorra, gafas o cualquier cosa que me hiciese parecer  diminuto. No encontraba la solución a mis problemas y lo dejé a medias y me dije: lo pensaré mañana y me puse otra vez a visualizar la cinta desde el principio para encontrar más desordenes en el congreso de celebración del año en el poder del Partido Diminuto.  

Las apariencias engañan,  por eso no dejaba de darle vueltas a las imágenes del discurso de Diminuto Primero y no encontraba nada anormal, excepto el desorden del atril, pero no descubría nada  que no lo hubiese presenciado en directo, es decir, unas interrupciones alimentadas de chuletas que aparecían en el atril, pero el truco no lo percibía, el brujo es muy brujo o tiene buenos ayudantes o es un buen subalterno: el jefe de prensa debe tener mucha responsabilidad pero después de lo vivido en el congreso, pienso que el señor B. tiene mucho más que decir en este tema. Y aquí está el problema, el representante del Dios del Mercado ni gesticula. Cuando el plano de la imagen se amplía se perciben movimientos por los bordes, paro la imagen y ahí está. Evidente, como un buen mago los dirigentes del Partido Diminuto centraron la atención en su líder, y lo demás quedó a oscuras, no nos interesaba nada que no estuviese en el atril y su entorno, creíamos que estábamos en un congreso y era un circo o teatro donde asistíamos a una comedia que derivó por momentos en vodevil. Los consejeros multifunción pululaban por los bordes del público, cerca de las escaleras, cafeterías, capilla y las tiendas diminutas de las que salían y entraban de continuo y no hay que unir más datos para suponer la conexión entre esas partes del auditorio y el atril. Diminuto Primero fue telepredicador y la troika disimulaba muy bien, como he podido comprobar, así pues, he sido actor en una representación que he chafado por momentos y en la que he participado de manera involuntaria. ¿Porqué lo han complicado tanto? ¿El carácter teatral del líder fue la causa? O los dioses se fijaron en él como el mejor candidato para interpretar una comedia para tenernos entretenidos. Si cuando no eran ni casi oposición realizaron una campaña electoral modélica, ¿por qué ahora no han sabido tratar el tema de la imagen? Si ganaron las elecciones por mayoría absoluta gracias al trabajo de su director de campaña el señor A., ahora que está en el poder debía sentirse satisfecho. El Partido Diminuto y el Gobierno deberían sentirse en plenitud de facultades al igual que el brujo.  ¿Cómo no han sabido comportarse como ganadores magnánimos? ¿Tan difícil es cambiar de registros cuando algo sale bien? Y si es así ¿Cómo han organizado un congreso tan chapucero?

Estas preguntas son innecesarias, pero no las voy a eliminar para que ustedes comprendan la situación. Nada más terminar de visualizar parte de la cinta, decido descansar y pongo un programa de la televisión y me veo como el chivo expiatorio del mal funcionamiento del congreso, más aún, el congreso fue perfecto según van pasando los minutos y mi cara de sorpresa va evolucionado a otros registros, soy el contrapunto de un congreso maravilloso en los que unos cuantos gamberros quieren sabotearlos, soy el cómplice que utiliza la profesión del periodismo para atacar al Gobierno, con, según ellos, intenciones espurias. Salgo en las imágenes gritando sin gritar y pateando sin patear, y parece que solo hago lo primero de los dos. Tenía un problema para entrar a la mañana siguiente en el congreso del Partido Diminuto, mi cara de presentador es demasiada conocida, haber como disimulaba para pasar la puerta y permanecer el tiempo necesario para poder dar una versión diferente del todo va bien. 

Pero debo seguir con una reposición de la película:   Diminuto V el ¡sin historia! y casi sin comisión para mí, por culpa del brujo y compañía; no debieron de dar importancia a la cámara que se encargaba de los trabajos de Diminuto Quinto, pensando que no recogía lo que acontecía en la mesa uno, el brujo fue aquí poco hábil (gracias).  Y después de visualizar varias veces la cinta llegué a la conclusión que el diseño inicial era que los señores del abecedarios incompleto habían montado unas rotaciones para tener bajo control las mesas, que se les chafó, sin que nadie tuviera más culpas que ellos. Una vez acabado el discurso de Diminuto Primero, los corros y la visita a la capilla, y antes de comenzar las comisionen los representantes de los dioses, el interpretador y el brujo, rotan por las mesas dándoles notas a los consejeros, asesores y ayudantes que se quedan cerca para dárselas a continuación a los diminutos que presiden las mesas. No tienen tiempo de poder controlar nada, pero el agobio que debieron sentir lo percibo en las imágenes, solo Diminuto Segundo abstraído gracias en su disputa con el señor B. pasa olímpicamente de las notas que le pasan y que los periodistas fuimos incapaces de percibir.

En toda la convención tienen una importancia especial los consejeros multifunción: asesores que aconsejaban, ayudantes que asesoraban como si fuesen consejeros,  consejeros  puros y consejeros que ayudaban  con funciones superiores a tres, a saber: consejero acomodador de diminutos, consejeros específicos de áreas, consejeros regidores para aplaudir, consejeros que hacían de asistentes para el  brujo, consejeros vigilantes de periodistas; la continuación de la serie es innecesaria, solo le puede decir que vi a más de uno hacer de todo,  igual que  me fijé en  los que no hacían nada; las distinción de unos y otros era nula, solo gracia a las imágenes he podido comprender que tenían un trabajo fundamental para que el congreso funcionase, y como el congreso  fue una chapuza la responsabilidad es de los consejeros: demasiada funciones. Consejeros controladores descontrolados podría ser la disfunción.  Y pensando en el día de mañana, podría aprovecharme de esta disfunción y colarme entre consejeros con notitas en los bolsillos, no dejaba de pensar en la mañana del domingo cuando la noche se me echo encima y debía descansar: buenas noches.

Buenos días, este corresponsal y periodista en fuga, debe pedirles perdón por las tribulaciones de la noche anterior: en la búsqueda de una posible salida del problema para poder seguir transmitiendo el congreso diminuto, hice cábalas absurdas que voy a desechar excepto algunos adornos diminutos que debo ponérmelos de forma visible para parecer un diminuto normal. Las soluciones a los problemas dependen de plantear bien los datos, trabajar, relacionar, sopesar y excepciones como este, en que el problema se soluciona simplemente con una llamada de un amigo que me despertó preocupado por haberme visto en los medios. Lo peor de lo que me dijo fue el suicidio político de Diminuto Segundo, al parecer, contestó de forma inadecuada a las preguntas de los periodistas al terminar el congreso y los todopoderosos dioses están intentando que desaparezcan las respuestas, no me sorprende y como me lo esperaba lo único que le deseo a Diminuto Segundo es suerte, será bueno para los normales. El amigo me resolvió casi todos los problemas para entrar en el congreso extraordinario con una solución teatral, me propuso que antes de entrar pasásemos por casa de un amigo en común y me disfrazase de diminuto, tampoco necesitaba hacer la actuación de mi vida, así que decidí hacerle caso además de que me propuso varias soluciones con respecto a la documentación. Los periodistas expulsados debieron entregar las acreditaciones, pero no todos fueron tan panolis que nada más ser exigidos se las entregaron y otros ni siquiera fueron expulsados simplemente desertaron. No solo había formas de entrar como periodistas también como simples diminutos descontentos. Creíamos que la masa diminuta era uniforme, pero debemos acercarnos siempre a los individuos para conocer las imperfecciones de la vida, ¿que sería vivir sin una arruga, un defecto, una imperfección en cualquier superficie?; la masa diminuta tenia imperfecciones que humanizaban el dibujo, y con un diminuto normal me era suficiente para entrar por la puerta principal y disimular con mis cachivaches.

Me aconsejaron que no sobreactuara, ni abusara con el  atuendo y con poco disfraz de cara y pelo más la chaqueta que no era de mi estilo pero que insistí en llevarla, era suficiente para no parecer el que era el día anterior; que no me preocupase, que al escenario al que me exponía era de pocas personas cercanas y que no esperaban la actuación para criticar, y que  un rato de preparación no me convertía en actor, que aplicase el refrán: allí donde fuere hiciese lo que viere.

Me tuve que dar prisa para llegar al auditorio cuando abriesen las puertas y se congregase la mayor cantidad de diminutos posibles, y con la cantidad de deberes desde que me levanté, llegué justo a tiempo, mis amigo me ayudaron todo lo que pudieron pero me dejaron lejos del escenario, casi me expulsan del coche con un: “vete andando que van a reconocer este vehículo periodístico”. Los compañeros expulsados estaban concentrados en la puesta de entrada y no pude dejar de mirar de reojillo y buscar al dueño de la chaqueta al que no era capaz de quitármelo de la cabeza para agradecerle parte de atuendo que, llevada, pero no insistí, como me aconsejaron debía actuar de forma natural y entre los concentrados había compañeros que podían reconocerme por la forma de andar, o eso presentía, que me miraban y disimulaban como yo.  Entré como si tal cosa, los vigilantes jurados no podían atender a las acreditaciones, los tornos, las caras, y la discriminación necesaria para encontrar una aguja entre tanto diminuto les era imposible. Tampoco era su trabajo, para encontrar reporteros camuflados ya estaban los consejeros dentro preparados para recibir a todos con buenas palabras, pero se les notaba, la experiencia me lo dictaba, que buscaban periodistas, caras conocidas de normales, caras o una cara, la mía, la que había salido por los medios, la cara amable de presentador que había pasado a traidor. Menos mal que desistí de juntarme con ellos, hubiese sido imposible disimular y lo que hice fue seguir el rio de diminuto y colocarme donde me dijeron; como un corderito, cambiada de dirección sin saber el escenario final, si sería estupendo, inadecuado o sería el lugar para poner fin al silencio por caer cerca del brujo, o un dios menor. Pero una vez llegamos a la capilla nos dejaron libres, no podíamos retroceder hacia el bar más cercano, que se lo habían apropiado la organización, pero el resto era ya campo abierto para poder posicionarme, cosa que me alegró al mismo tiempo que me provocó cierto nerviosismo por la responsabilidad. 

Decidí que el poco tiempo que me quedaba para que empezase el discurso de Diminuto Primero daría una vuelta hasta el otro servicio, por necesidad, y así comprobé que habían vuelto a poner el escenario como al principio, con la fila uno preparada para acoger a la troika representante y algunas filas de asientos, y lo demás diáfano, para que todos los asistentes escucháramos las palabras del jefe como nos viera en gana. Fácil lo que se dice fácil no me resultaba, pero tengo que reconocer que empezaba a tener experiencia en deambular entre diminutos sin que nadie se fijara en mí, debía de ser como esa gota de agua que es imposible de detectar en un mar menor: todos apelotonados éramos una masa normal. Después de usar el servicio me miré en el espejo, como para reconocerme y no vi a nadie, a nadie reconocible y menos a mí: me hicieron un buen trabajo esa mañana. Los accesos a la primera planta estaban cerrados y pude comprobar que algunas cámaras seguían allí, pero debían ser de la organización del Partido Diminuto, así como algunos periodistas afines que transmitirían el evento por los medios. Decidí a mi pesar retroceder a la capilla, donde me dieron la libertad, no quería acercarme a la fila  que tenían a los dioses en la cabeza, en el bolsillo y  en el pinganillo, que curiosamente tenían cerca una zona delimitada para los periodistas y ya sabíamos que precisamente  a los que menos querían los dioses eran a los verdaderos periodista, y la forma de ejecutar estos designios era tener al enemigo  cerca, los asientos tan cerca del peligro me parecieron trampas demasiado simples.

El auditorio se puso a aplaudir la llegada de Diminuto Primero, sus ministros y los señores A. B. C. D., que formaron un corro delante del escenario justo entre el atril y la primera fila de asientos. Las pantallas dispuestas para que todos pudiésemos observar de cerca la escena era la única opción que tenia, así que me puse a observar las pantallas y comprobar cómo los consejeros invisibles para la pantalla y para los incautos nos rodeaban como a un rebaño, con unos acercamientos esporádicos hacia algún diminuto para comprobar que toda marchaba bien; los acólitos de A. no tenia uniformidad y puedo jurar que alguno vi que parecía ovejero, pero los diminutos mientras aplaudían no tenían por qué dudar de las intenciones del Partido Diminuto, que precisamente era el motivo de su aplauso,  del regocijo y la emoción por parte de casi todos los presente. Mientras los parabienes, saludos, colocación de ministros y los representantes de los dioses ocupaban sus asientos, en la pantalla desapareció el señor A. Lógico, era el jefe de prensa, pero no me dio buena espina, me sentía rodeado por todas partes incluso por donde no me podría imaginar. Supuse que el atril necesitaba su presencia y había desaparecido para chuletear el discurso o bien comprobar que el costillar estaba correcto, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando me lo encontré detrás de mí. No se preocupen no me reconoció a pesar de que mi corazón parecía una locomotora, hice la estatua y el destino decidió. Ya sabíamos que el atril tenía truco, pero lo que no sabíamos era la conexión entre el atril y la capilla, imposible de todas las maneras inimaginables que el brujo pudiese llegar desde el escenario a mi posición sin un túnel que comunicase la casa de dios con el foco de todo el congreso, la posibilidad de magos en el escenario ya fue una opción que los compañeros barajamos; debía haber una trampilla  en la capilla que por desgracia no teníamos acceso a ella,  con una salida-entrada que diese acceso al escenario. ¿Los asistentes al congreso no se daban cuenta de que el señor A. pasaba a su lado casi al mismo tiempo que aparecía en la pantalla?,  ni uno se dio cuenta, el aturdimiento de ser partidario los había hechos diminutos de verdad, la vista la perdían por momentos y el oído con tanto aplauso no les debía funcionar con normalidad porque la voz del brujo se podía oír perfectamente detrás de mí, pero claro, el brujo nunca habló en público, nadie sabía cómo era su tono y deje particular, y él, ya se preocupaba de desaparecer de las primeras filas y la preferencia por los aledaños del poder era parejo a los bordes de los concentrados, su lugar preferido donde poder actuar, la sombra, la zona oscura, la invisibilidad por estar todos pendiente del presidente mientras él podía estar pendiente de los demás.

No pensaba moverme lo más mínimo, la pantalla me daba la información necesaria, mi grabadora recogía todo lo que yo no pudiese ser consciente y la puerta bajo mis pies debía estar cerca, y no pensaba marcharme de allí sin saber por dónde, no se para que, no sé qué podría hacer con esa información pero me daba igual, tenía que saber por dónde salía el señor brujo y si de rodilla en forma de penitencia, rectando, de pie y si acompañado. Mientras estos pensamientos pasaban por mi cabeza el triunvirato controlador estaba en su posición y el Sr. Presidente Diminuto Primero se disponía a iniciar el discurso de despedida después de que el Ministro de Justicia e Interior ¡justito! dijera las palabras de bienvenida e indicase que el presidente se dirigía a los presentes. Tengo que anotar que el ministro se sentó justo en el lugar de Diminuto Segundo, el cual había desaparecido como el brujo y el auditorio no lo echaría de menos. Por tanto, la situación ya la conocen: Diminuto Primero delante de atril, enfrente los representantes y detrás todos los ministros menos uno. 

-Gracias compañeros, gracias por vuestra presencia en este congreso que clausuramos hoy, gracias a todos por el esfuerzo realizado este fin de semana, gracias queridos diminutos, a los ministros y secretarios por el trabajo en las comisiones, a los ayudantes y consejeros, a los invitados y a los señores que tengo enfrente que tanto le debemos, que sería de nosotros sin el A. B. C. lo entendéis.

Diminuto Primero siguió en la línea del sábado por la mañana y se debió confundir al leer al mismo tiempo que añadía la muletilla de un buen orador, el error que era evidente no tuvo en el auditorio ninguna consecuencia como era de prever, pero no detrás de mí, yo si noté el corazón del brujo, el respingo que dio y su desaparición, miré con miedo y no pude saber cómo, que mala suerte. Diminuto Primero siguió con su discurso.

-No gracias, les tengo que decir a los normales que estorban y empujan a los diminutos, que hacen ruido para que no se nos oiga. No necesitamos comportamientos antiguos ni a los partidos que respaldan a cualquier energúmeno. No tenemos que hacer caso a nada de lo que se nos oponga, solo tenemos que seguir las directrices que los dioses se encargan de proveernos. Este congreso para celebrar nuestro primer año en el poder no ha sido perfecto, pero lo que si sale es un Partido Diminuto fuerte, unido, y con unos deberes para los próximos tres años.  Gracias a las comisiones tenemos las directrices para saber en lo que emplear nuestro esfuerzo y son estos: De la ponencia económica sale como proyecto liberalizar la economía tanto como esta lo permita, sin más ordenes que la de seguir lo que el señor B. representante del Dios del Mercado tenga a bien transmitirnos. De la ponencia de las administraciones públicas sale la orden de que estas sean pequeñas, rápidas, eficientes y con pocas regulaciones.

El Sr. presidente se dirigió a la concurrencia con palabras añejas: lo de liberar a tope la economía no merece comentario, el meterse con los contrarios es muy antiguo, todos los que llegan al poder lo utilizan. En cambio, Diminuto Primero no es consciente de las incoherencias y volvió a unir administraciones pequeñas con eficientes, uniéndole lo de rápidas y terminando con que tengan pocas regulaciones. Se puede se pequeño y eficiente, pero en una sociedad compleja, la Policía, por ejemplo, como puede actuar con rapidez para proteger a la inmensidad social de unos pocos delincuentes y si se le añade lo de poca regulaciones: nos daría una Policía con la orden de proteger sin más, la simplicidad de llevar al extremo el argumento diminuto demuestra su imposibilidad, la Policía necesita ser regulada por arias, espacios, tiempos, éticos, etc. El jefe (por decía algo), que nos gobierna no le importa que las incoherencias anulen su propio argumento y si es consciente de ello le da lo mismo. El jefe continúo con el discurso con palabras grandilocuentes, estas que transcribo.

-Vamos a cambiar la historia con la ponencia política que sale de este maravilloso congreso, lo entendéis, vamos a reformar la Democracia para que ésta se adapte al mercado: solo dos mandatos, ocho años para gobernar, el mercado cambia continuamente y se adapta a la realidad y la política no debe ser menos; los que nos gobernaban permanecían años y años en el poder, aunque se turnasen, cuando llegaba uno no se iba y claro la realidad económica marchaba por caminos distintos, sin contar con el abuso de permanecer más de ocho años en una poltrona. 

Diminuto Primero pretende pasar a la historia adaptando la Democracia al mercado y la medida concreta es delimitar los mandatos presidenciales, pretende quitar la ambición al que está gobernando, modificando su esencia que sería como cambiar su cualidad.  La comisión política se han sacado de la manga que los presidentes de gobiernos futuros sean cojos de ambición el último mandato, ¿qué relaciones externar podrán asumir si no van a permanecer para ser responsable o tomar más impulso para poder volver a ganar?, ¿qué relaciones internas se crearan en los partidos cuando su máximo jefe ya no mande y el poder es intrínseco en un partido político?  El Partido Diminuto propone para el futuro romper la continuación de las carreras políticas recortándole el tiempo, proponen que sean más diminutos, cambiando la cualidad al reducir la cantidad de poder. ¿Si cambian la sustancia de poder, los próximos ¡diminutos! se podrán oponer al señor B. de turno al encontrarse en situación de debilidad y sin poseer la continuidad pasional para la acción? ¿Qué acción intencionada podrán mantener y no digamos a distancia? 

Del congreso extraordinario sale un próximo Estado diminuto y fuerte dirigido por un diminuto ¡qué futuro!  ¿Se coló el señor B. por el espacio que dejó la diminuta precursora del Estado pequeño, y ahora el intruso pretende introducir un objeto nuevo: secuenciar mal el tiempo en el poder de los que manden en el futuro para que en los tiempos sin ambición pueda el mercado ocupar posiciones públicas? ¿Se manifestará algún día el Dios Padre omnipotente del mercado para decir basta y reponer las reglas? Disociar la moral de la economía es abrir la puerta a la injusticia y los normales tenemos que revelarnos. El congreso del Partido Diminuto tuvo otras comisiones interesantes aparte del de la economía, la de justicia y trabajo, por desgracia no pode simultanear más, ni me hubiesen dejado. Tal vez si desde un principio hubiese tenido el aspecto que tenía cuando Diminuto Primero clausuró el congreso hubiese podido ejercer de espía, pero dejemos las opciones que no sirven y sigamos con el discurso del Sr. presidente del Gobierno que después de las palabras grandilocuentes para ser más diminutos siguió con estas otras.

-Crearemos el marco neutral donde los diminutos puedan proseguir sus diversas concepciones de la buena vida.

 Repasando la cinta de mi grabadora compruebo que Diminuto Primero recita de memoria chuletas de A. o de B.,  desde lejos no se apreciaba la discontinuidad de las frases, también es verdad que el agobio de los diminutos contiguos, los aplausos y lo murmullos de detrás de mí, que debía ser norma general por la cantidad de consejeros que pululaban por la espalda de los que prestábamos atención al escenario, no me permitieron detectar la diferencia entre cuando hablaba suelto y cuando el corsé  le impedía ser un buen predicador. Comprueben las siguientes palabras y díganme si pueden ser dichas por nuestro Sr. presidente.

 -Los diminutos somos la vestidura decente de la vida, las ilusiones placenteras para hacer dulce el poder y liberar a la obediencia.

Para un dirigente que se considera menos que normal no suena bien las palabras anteriores, en cambio las que continúan si son de él, comprueben.

-Iniciamos hace un año la dinastía diminuta. Os lo dije, que llegaríamos al poder y pondríamos en marcha el futuro para cambiarlo a mejor, no es por casualidad que mi nombre de guerra sea Diminuto Primero, lo entendéis, claro que lo entendéis, vosotros si sabéis, lo diminuto se impondrá y vosotros lo veréis. 

Los congregados no me dejaban oír con tantos si es y el tono mitinero o más bien de predicador de Diminuto Primero hacia mella en el público, después de las chuletas anteriores que no debió de entender, las últimas palabras fueros suyas, de eso no tengo la menor duda al igual que ustedes si son normales. Cuando el discurso transcurría por estas lindes al agobio que sentía se añadía una sensación de sordera y aturdimiento por estar rodeado de diminutos –no había otra posibilidad-, que, hacia mella en mi entendimiento, menos mal que la mini grabadora de las que saco parte del discurso de despedida están recogida nítidamente a pesar del ruido. El discurso finalizaba y los partidarios entre los que me encontraba rodeado se les notaban cada vez más eufóricos, no estaba seguro si serían capaces de aguantar tanta ilusión. Diminuto Primero terminaba el discurso con euforia, desatado y las consecuencias las iba a sufrir un servidor si no acababa de una vez el aumento del optimismo que se contagiaba a todos los presentes. Estos fueros sus últimas palabras.

-Un diminuto para cada tiempo, un tiempo sin normales, todos somos diferentes, todos debemos ser diferentes pero diminutos. El tiempo de los normales se ha acabado. Empieza una nueva era donde todos seremos guiados sin peligro por el sendero de la verdad y la tranquilidad. Nos os preocupéis, el Partido Diminuto y un servidor de ustedes y nuestros amigos los dioses velaremos por vuestro futuro, vuestra seguridad, vuestra paz y nada ni nadie podrá arrebataros esta verdad.

Diminuto Primero siguió hablando, dando las gracias o eso parecía porque los aplausos, vítores, parabienes y todas las felicitaciones que se daban unos a otros, no permitían ver ni oír nada con claridad. Solo me quedaba mirar las pantallas para observar el comportamiento de los endiosados y ministros, quería tener un recuerdo de lo que la grabadora y el móvil no podrían captar y estaba seguro de no recibir de regalo ninguna chaqueta adicional.  Lo primero fue ver al señor A. por fin, era normal en el, que apareciera en ese momento y me alegré profundamente al verlo lejos de mi espalda, no pensaba quitarle un ojo. El jefe de prensa del Partido Diminuto me había desconcertado durante el congreso y si al principio pensé que el cargo era simplemente por el éxito de la campaña electoral del que fue su director, después no sabía qué pensar; ambivalente, mezcla de habilidad al mismo tiempo que torpeza, no sé cómo pudo tener tanto éxito en la campaña. El brujo estaba en el escenario hablando con el señor C., de este señor no tenía ninguna duda, sí las tenía del Diseño Inteligente, pero ya no: evoluciona, llegué a comprender las tribulaciones del señor C., no es fácil estar al día del último diseño. He subestimado al señor D. que  cuchicheaba en el escenario con el otro representante, a pesar del ruido y el alboroto o quizás por eso, siempre lo vi en público cuchicheando y la culpa la tiene el pinganillo, esta prótesis debe tener consecuencias; creo que el señor D. tiene más poder del que parece, pero el propio poder en sí, le impide que se desenvuelva adecuadamente, espero de verdad que no tenga éxito en el manejo de todos los datos que le llegan. El pinganillo, como les dije hablaba con el señor B., el representante del Dios del Mercado, el señor B. quiere ser el primero pero solo es B., quiere controlar todo y no sabe de la paradoja de las clases; el peligro de B. esta dentro de B. y la demostración de su no poder es que le estaba estudiando a través de la pantalla, no puede controlar todo y haré todo lo que esté en mi mano para que siga así. En cambio, los ministros estaban todos apelotonados, formaban un corro y a su alrededor giraban los delegados, consejeros, asesores, ayudantes y algunos diminutos de base que conseguían llegar para saludarlos. Se inicio un agujero negro incipiente para poder saludar, pero el escenario no permitía que las fuerzas que este movimiento genera se desarrollasen y empezose a apelotonar los diminutos en un extremo y fue el momento de pensar en que si por un momento no participaba de la avalancha podía quedar expuesto como masa individual y decidí salir por la misma puerta que había entrado. Era la hora de salir pues una parte de la masa diminuta había decidido salir a pesar de que se anunciaba un aperitivo para todos los presentes, y yo no estaba para copas ni canapés, era mi oportunidad y me marché.

La salida fue más fácil que la entrada, la seguridad había desaparecido de la puerta y pude disfrutar de la libertad.  La satisfacción de sentir el sol de una mañana de domingo primaveral, el aire fresco, la sensación de haberlo conseguido al mismo tiempo que el saber que podía descansar, me dieron ganas de quitarme la chaqueta, los pelos añadidos y pasarme una toallita por la cara para poder sentir todos los placeres que se me acumulaban. Pero no todo fueron buenas sensaciones, fuera no había nadie, eché de menos a los compañeros protestones, pude imaginarme que les pasó, pero no estaba es ese momento para deprimirme ya me pondría en contacto con ellos para saber cómo podría ayudar y de paso que me contaran como se vivió el congreso desde fuera. La buena sensación que a pesar de todo me embriagaba era por el deber cumplido, y no estaba dispuesto a renunciar a ella por nada del mundo, así que me dirigí a mi casa para descansar toda la tarde y noche del  domingo y a la mañana siguiente pondría en claro las notas, escritos, las grabaciones de la diminuta  y del  móvil; con toda esa información tenía suficiente para realizar una serie de artículos en los que pensaba transmitir todo lo ocurrido, lo que se vio y lo que no se vio para que todos sepan cómo se las gastan estos diminutos que han creído que son los primeros en tener el poder. 

Ocurrió hacer un año. El partido Diminuto ganó por mayoría absoluta. El año me ha parecido eterno y la cantidad de dioses que me imaginaba nada más empezar la transmisión del congreso se han multiplicado el fin de semana pasado. Han pasado tres días desde que salí del auditorio y las sensaciones desde fuera del congreso al mismo tiempo que las de dentro que llevo incorporado, más todas las notas y grabaciones que estoy transcribiendo me indican que el problema de este país es un cuento de nunca jamás. Un cuento, es lo que la mayoría del país sabe del congreso del partido en el poder. Es imposible que la mayoría se crea que el congreso fuero un éxito de organización y que los resultados de las comisiones beneficiaran a todo. Hay dos realidades o mejor hay una realidad y una ficción y la que estoy contando es la real. Los medios de comunicación son ya un juguete del pinganillo, “El duda” no duda de mi culpabilidad. El cajero concedió una entrevista y dijo que el Dios del Mercado acatará las directrices que el Gobierno ha marcado para los próximos años.  El brujo a desaparecido de la escena, lo que me da a entender que esta de tras, delante o al lado, de todo lo que pasa.

En estos tres días he intentado en varias ocasiones contactar con el cámara sin chaqueta y no hay manera de dar con él, al igual que les di las gracias a los amigos que me ayudaron para la actuación teatral, diminuta (esta con razón) pero tiene su merito y no quiero que quede en el olvido. Tengo que relatar que las informaciones que me han transmitidos los compañeros son de resignación, como: ya se cansaran estos diminutos de maltratar a la prensa y cuando nos necesiten ya nos vengaremos. Pero me temo que no hay vuelta a tras, por lo menos de forma inmediata. Las palabras de mis jefes de prensa son de ánimo, me están pidiendo con urgencia que les mande el primer artículo, y me hago el remolón simplemente porque quiero que todos tengan un mismo criterio, un orden, una impronta general y por las dudas que me genera tantas prisas sobre unos artículos que no serán del agrado de los que detentan el poder, el cual, no sé hasta dónde llega. A mis jefes del medio audiovisual les estoy dando largas, ni siquiera les he cogido el teléfono, les reenvié mensajes con disculpas que han sido de todo tipo, hasta les he dicho que he cogido una conjuntivitis, mentira, la verdad es que no deseo estar en presencia de quienes a las primeras de cambio me dejaron solo ante los semidioses, y tuve que hacer malabarismo para permanecer en el congreso. Lo que sale estos días en los medios no es el mundo que he conocido el fin de semana pasado, y si aparezco por allí aparecería como un loco, friki, sordo y bizco al no coincidir la realidad diseñada con la realidad a secas. Solo espero que la mayoría del país comprenda la deriva en la que se ha metido hace un año, al dar la mayoría absoluta a un partido que nació de la nada a causa de la crisis; había otras salidas o tal vez no, pero espero de corazón que dentro de tres años una nueva mayoría rectifique, y en la creación de esa mayoría emplearé mi tiempo, en el medio que me lo permita y si no es así ya me buscaré la vida, no es la primera vez que la prensa está en primera fila de un conflicto: en pos  de una sociedad más justa y normal trabajaré. 

Saqué tres copias en limpio de los Diminutos y guardé en un pendrive una copia por seguridad. Envié por E-mail al periódico lo que me habían pedido, la misma historia, pero en porciones, y llamé a un amigo para decirle que por fin había terminado y le propuse quedar para tomar unas copas. Como no tenía nada que hacer y con la satisfacción  del trabajo  realizado en mis manos me dio hambre y me dirigí a la cocina para prepararme algo, mire por aquí, abrí por allá; tenía varias opciones y la  que mejor me convenía para la salud, es decir una buena comida se necesitaba tiempo e ingredientes que no debía tener, así que decidí prepararme otro bocadillo de atún con pimientos, por ahorrar tiempo y lata que estaba a medias desde el domingo. El fin de semana pasado me iba a pasar factura gastronómica, mejor dicho, factura sanitaria. Con tanto pensar en los malditos diminutos, el hambre, y sabe dios que más mi trabajo estaba hecho un asco, puse un periódico viejo encima para que se secara un poco y terminé de preparar el bocata, lo puse en un plato, abrí una cerveza, me senté y cuando le fui a dar el primer mordico sonó el timbre de la puerta.

Era la Policía. Después de dar todos los datos de rigor y documentos habidos y por haber me comunican que se tienen que llevar el ordenador. Sin orden judicial les digo que ni hablar, les dio igual, empezaron a manipular la memoria buscando el escrito que había envidiado y lo borraron, cogieron las copias, el pendrive, la cinta de video, el móvil, y la grabadora diminuta que esta por allí (que mala suerte), y me dejaron todo hecho un asco. Sin haber correspondencia entre los documentos que yo les entregué para justificar mi existencia y los documentos judiciales que no me habían querido ni podido entregar porque no los tenían, tuve que aguatarme y sin rechistar, porque a la mínima que pedía papeles uno de los policías se me acercaba para quitarme las dudas. La Policía me interrogó sobre un posible cómplice en el congreso y les contesté con una subida de hombros: y yo que sé, fue mi respuesta. Sabemos, me dijeron, “que has tenido ayuda desde dentro del congreso, por tu bien, díganos quien es o denos una pista para averiguarlo nosotros, no hace falta que nos diga el nombre solo una pista y le entregamos como nuevo todo este trabajo que nos llevamos”. Lo de reponer es un decir porque el destrozo era descomunal sin contar como estaría el ordenador, pero daba igual. La amenaza siguió con: “de todas las maneras seguiremos preguntando en su entorno para que nos den información y si usted, no nos ha dicho toda la verdad volveremos a por usted y olvídese del trabajo, adiós”.

Me dejaron la chaqueta y estaba seguro de que sabían de su existencia, estaba claro que habían leído la historia diminuta, porque la cinta de video no tardó en ser encontrada. En la banda ancha de Internet se habrán instalados diminutos para cantar. La duda que me corroe es si también me tienen controlado por los teléfonos y si los amigos están en peligro, es posible que alguna conversación telefónica les haya puesto sobre la pista. De lo que estoy seguros es que los amigos no me han traicionado, me   pasé los últimos días hablando con ellos y que casualidad, en cuanto envié los artículos a la redacción se presentó la Policía  en mi casa. Tengo además que olvidarme del dueño de la chaqueta, no puedo ponerlo en peligro, es el único nexo con él; y si la Policía no es tonta, debe saber tirar de un hilo para llegar al que por nada del mundo quiero que sepan quién es, que suerte el no saberlo. Después del sofoco, me senté al ordenador y que por suerte funcionaba y consulté las redes sociales y estaban lleno de diminutos que se preocupaban por otros diminutos, seguro que había agujas pero entre tanta paja no encontraba nada normal,  solo  escribían los quejicas y no tienen derecho a quejarse  al revés, se sienten tan débiles que no se fían de nadie, los diminutos necesitan cada vez más espacio para su desenvolvimiento y  visitan las fuentes donde emanan las cosas pequeñas para seguir creciendo. Y mientras leía los comentarios diminutos pensaba: será posible una rebelión por un suceso insignificante como una subida   diminuta de un billete de autobús.  


FIN


Madrid a 1 de septiembre del año 2014.






 Frases y escenas falsas

 -Los funcionarios, diminutos, por favor, para que no estorben.

-Todo diminuto debe buscar un enemigo “normal”

-La oposición pregunta los miércoles y el presidente contesta lo que le da la gana el miércoles, menos mal y sin rechistar. 

-Se acuerdan cuando el partido de derecha venido a menos preguntó por A. y le contesto que B., y de igual manera el partido de izquierda al preguntar por C. le dijeron que D. Diminuto Primero sigue la corriente que le marca la A.

- “Merkel copia a Riegan”: B. copia a T.

- “No hay mucho islam sino poco cristianismo” Merkel =B.

Dialogo entre el narrador y el jefe de prensa en el descanso del congreso.

¿Cómo permitió usted que un dron se introdujera en el mitin de la segunda precursora?

- ¿Quién?

La segunda diminuta, si M. 

-La sorpresa fue para todos.

¿La cara de M. mientras contemplaba el teledirigido era el fiel reflejo de su alma o M. estaba al otro lado del espejo?

-No le comprendo.


DEDICATORIA:

Le doy las gracias a las letras A.B.C.D. por su amabilidad y sencillez no exenta de su dificultad, por haberme permitido abusar de ellas en esta obra. A las mayúsculas espontaneas decirles que me hubiera gustado darles más trabajo y a las ausentes les pido perdón. Gracias también a los queridos ordinales por su implicación en este trabajo, sin ellos los diminutos no podría haber existido. Los ordinales que brillan por su ausencia tenían que ser así y no les pido perdón.


 








 


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Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un  monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump.  Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las  crisis suaves permiten a los listos  poder evolucionar mientras que en las graves  perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...

Europeos, japoneses, canadienses. . .

Europa debe seguir el camino emprendido por sus fundadores.      Los límites geográficos son como las fronteras de los cinco países fundadores: permeables. Europeos: invitemos a Japón, Corea del Sur, Canadá etc. Para que soliciten su incorporación a la Unión. Todos los que cumplan las reglas europeas deberían entrar en Europa, que debería llamarse como a ustedes les parezca.      Europa con muchos esfuerzos hace los deberes democráticos, si el resto del mundo no se asocia democráticamente en organizaciones supranacionales, los europeos no debemos ni podemos esperar.      Giscard d'Estaing no tenía razón cuando dijo que "En algún momento Europa debía completar su expansión" Fue un error dar marcha atrás en la constitución europea, ya no importa, los países del norte de África y los países de la antigua Unión Soviético no han sabino o podido crear una Unión Europea a su imagen y semejanza.       No es fácil crear un ser vivo...

MUERTE, TERROR Y MUTACION

o Articulo enviado al periódico El País en el año 2004. Al no ser publicado y puesto que el tema desarrollado en el no lo había escrito en Globalogía hasta ese momento, en el libro aparece modificado en el capitulo La Síntesis Se Cumplirá Por. Aquí está tal y como debió ser publicado.  Los terroristas han creído encontrar en el medio audiovisual, la manera de crear terror. Pero el secuestro, el asesinato, la violencia gratuita sobre indefensos, al unirse a la imagen tiene consecuencias negativas, que no han previsto.  La muerte no sirve para nada. Si el asesinato de un justo es una perdida para la Humanidad, la ejecución de un asesino confeso es matar conocimiento y perder al mismo tiempo la referencia de lo que no se debe ser. Estaríamos mejor si Martin Luther King siguiera vivo así como los hermanos Kennedy. Pero también si Hitler y Mussolini como representantes de la Maldad no hubiesen muerto al final de la II Guerra Mundial, y sí de viejos en una celda. Los asesinos individuales...