Sostener que una acción es siempre mala o siempre obligatoria, sean cuales sean las consecuencias. Matar a un inocente es malo, o que uno tiene que decir siempre la verdad.
Al contractar esta entrada con el consecuencialismo, término que fue acuñado por Elizabeth Anscombe en su artículo “Modern Moral Philosophy” para exponer un género de absolutismo moral según el cual algunos tipos de acciones (p. ej., matar intencionadamente a un inocente) son malos en toda circunstancias (E.O.); se modera la entrada “absolutismo moral” ya que para Anscombe lo importante eran las consecuencias del acto la que determinaban si la acción era mala. Con lo cual podría darse este caso: no matar puede quitar vidas después.
Según la deontología los actos son correctos o incorrectos en sí mismos. Si al matar a un inocente salvásemos dos vidas, también es incorrecto.
Con la rigidez de la entrada “absolutismo moral” su contraria “consecuencialismo” y la más moderada “deontología” que criterio utilizaríamos para juzgar los casos no de inocentes sino de culpables acaecidos recientemente como las muertes de Ben Lande y Gadafi. Los culpables definen mejor las entradas anteriores al llevar a estas a su extremo. ¿Salvará vidas la muerte de Ben Lande a consecuencias del comando americano en Paquistán o la muerte de Gadafi a manos de los rebeldes libios? Sinceramente creo que no. Siempre abra culpables y es mejor encerrarlos para observarlos y estudiarlos. ¿Quién? no ha reflexionado sobre errores propios o aciertos, veinte años después y comprender mejor en la distancia de los años que en el momento de los actos. Pues en esos casos se necesita la reflexión por confesión de los culpables para conocer las causas que motivaros sus actos de barbarie, actos que a veces ni ellos mismos sabrían explicar en su momento por estar embriagados de poder o de odio. Matar al culpable es matar conocimientos. Estos dos personajes encerrados primero y luego en juicios de verdad nos habrían dado la oportunidad de presenciar en acción a dos fantoches primitivos, ya lo eran en vida y con los años habría evolucionado a peor. O al revés, se abrían arrepentidos y nos hubieran dado la oportunidad de comprender un pozo oscuro. Que desgracia no tener la oportunidad de saber. Habrían pasado miedo los masoquistas. Disfrutado los sádicos y cuanto nos habríamos divertido con sus fantochadas.
El “absolutismo moral” es correcto para juzgar los casos de muerte por no tener marcha atrás, para lo demás sobra el absoluto. La deontología admitiría algunas excepciones o dudas, no así para mí. En cuanto al consecuencialismo o utilitarismo son un cajos de sastre, cabria cualquier cosa y en son de salvar vidas podrían desencadenar muertes a mansalva si fuese útil para un bien “futuro”.
Al contractar esta entrada con el consecuencialismo, término que fue acuñado por Elizabeth Anscombe en su artículo “Modern Moral Philosophy” para exponer un género de absolutismo moral según el cual algunos tipos de acciones (p. ej., matar intencionadamente a un inocente) son malos en toda circunstancias (E.O.); se modera la entrada “absolutismo moral” ya que para Anscombe lo importante eran las consecuencias del acto la que determinaban si la acción era mala. Con lo cual podría darse este caso: no matar puede quitar vidas después.
Según la deontología los actos son correctos o incorrectos en sí mismos. Si al matar a un inocente salvásemos dos vidas, también es incorrecto.
Con la rigidez de la entrada “absolutismo moral” su contraria “consecuencialismo” y la más moderada “deontología” que criterio utilizaríamos para juzgar los casos no de inocentes sino de culpables acaecidos recientemente como las muertes de Ben Lande y Gadafi. Los culpables definen mejor las entradas anteriores al llevar a estas a su extremo. ¿Salvará vidas la muerte de Ben Lande a consecuencias del comando americano en Paquistán o la muerte de Gadafi a manos de los rebeldes libios? Sinceramente creo que no. Siempre abra culpables y es mejor encerrarlos para observarlos y estudiarlos. ¿Quién? no ha reflexionado sobre errores propios o aciertos, veinte años después y comprender mejor en la distancia de los años que en el momento de los actos. Pues en esos casos se necesita la reflexión por confesión de los culpables para conocer las causas que motivaros sus actos de barbarie, actos que a veces ni ellos mismos sabrían explicar en su momento por estar embriagados de poder o de odio. Matar al culpable es matar conocimientos. Estos dos personajes encerrados primero y luego en juicios de verdad nos habrían dado la oportunidad de presenciar en acción a dos fantoches primitivos, ya lo eran en vida y con los años habría evolucionado a peor. O al revés, se abrían arrepentidos y nos hubieran dado la oportunidad de comprender un pozo oscuro. Que desgracia no tener la oportunidad de saber. Habrían pasado miedo los masoquistas. Disfrutado los sádicos y cuanto nos habríamos divertido con sus fantochadas.
El “absolutismo moral” es correcto para juzgar los casos de muerte por no tener marcha atrás, para lo demás sobra el absoluto. La deontología admitiría algunas excepciones o dudas, no así para mí. En cuanto al consecuencialismo o utilitarismo son un cajos de sastre, cabria cualquier cosa y en son de salvar vidas podrían desencadenar muertes a mansalva si fuese útil para un bien “futuro”.
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