(Una página
de la síntesis del capítulo Recursos de Globalogía)
El problema de escasez de agua en el norte de África se puede solucionar
con trasvases –no soy ajeno a los problemas sociales que los trasvases causan-
desde Europa y de África central. Otras fórmulas serían desaladoras, ósmosis, pozos. Todos con
dependencia del dinero, sólo es dinero, pero el precio sería prohibitivo; sin
contar con el costo en negociaciones. Mejor sería un árbol de tubos con la
función invertida, un oro incoloro en acueductos partiendo de las copas de una
Europa húmeda, donde los excedentes y excesos por riadas tuviesen la
posibilidad de encauzarlas y vender el agua a un precio de 1 euro el metro cúbico por ejemplo.
Pasarían por estrechos y mares, cuencas de ríos hacia el Estrecho de Gibraltar
o Italia. Las distintas ramas de savia incolora irían juntándose o no, sobre
los pantanos de los ríos europeos que pagarían 2 euros por metro cúbico cuando
la necesidad así lo requiera. La que no se utilizase seguiría el camino de
África, incorporándose más ramas de tubos de las distintas cuencas, dependiendo
siempre de los excedentes o excesos de agua caída y por el ahorro. El sistema provocaría ahorro, pues el egoísmo
de ganar más provocaría el tener ideas para ahorrar y así poder aportar más
agua, más beneficios. Los tubos formarían un tronco o dos, en Italia y España,
de cuyo tronco saldrían raíces de acueductos cada vez más pequeños, hasta
llegar al consumidor final que desembolsaría un precio irrisorio, que no gratis,
para evitar despilfarro. La diferencia del precio al comprar y vender el agua iría
acumulando excedentes de dinero, a lo que se debería añadir o restar -dependiendo
del resultado- subvenciones mundiales, solidaridad múltiples e impuestos
varios; pues este árbol de agua en tubos lo debe hacer y mantener alguna
empresa global que se forraría vendiéndola a un céntimo el litro de agua en
África. Cada grifo daría lugar a la posibilidad de crear un mercado: casas,
negocios, gasolineras y centros comerciales con ocios incluidos. El costo de la
puesta en marcha es un riesgo, pero las empresas viven de eso, de riesgos, ¿o
no? Además, no lucharían por los mercados, todo lo contrario, los crearía de
forma sostenida acorde con el sistema del parlamento y gobierno empresarial;
que para poder votar hay que mantener las acciones de forma sostenida en el
tiempo.
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