El señor Rajoy pretende cambiar de tapadillo el sistema electoral proporcional por el mayoritario.
En el sistema mayoritario el ganador se lo lleva todo (EEUU) y por tanto la lista más votada gobierna, en cambio en el sistema proporcional, con sus distintas variables de penalización por mínimos que se suman a las listas más votadas, es un imperativo para que se produzcan pactos cuando no se consigue la mayoría absoluta. En el Partido Popular llevan décadas con la cantinela de la lista más votada, pero nunca han propuesto cambiar la ley electoral por un sistema mayoritario, les encantan crear la duda sobre la legitimidad de los pactos entre dos partidos que no han ganado en buena lid, pero tienen aproximación ideológica. En España el sistema proporcional que es preconstitucional estaba pensado para que las mayorías absolutas fuesen excepciones, en cambio la realidad ha sido muy tozuda y nos ha proporcionado casi una igualdad entre mayorías absolutas y relativas. Este error, a mi entender, se ha convertido en acierto ya que las mayorías absolutas continuas convierte a los presidentes o primeros ministros en soberbios y las mayorías simples continuas en pasteleos (la sensación de los electores en el tiempo) por la necesidad de pactar. El señor Rajoy pretende cambiar de tapadillos este equilibrio imperfecto por uno mayoritario sin mayorías.
Las próximas elecciones del 20 de diciembre se presentan con unas variables con respecto a las anteriores debido a la incorporación de Podemos y sobre todo de Ciudadanos. Así, las encuestas a primero de noviembre dan un triple empate entre el Partido Socialista Obrero Español, Ciudadanos y P.P. cuando a los encuestados se les preguntó: ¿Qué partido desea que gane?, por tanto con el sistema D’Hondt en la mano el 21 de diciembre nos vamos a encontrar con un parlamento fragmentado y con repartos de escaños desigual, debido a las circunscripciones electorales. ¿Cómo debemos digerir la próxima tarta parlamentaria?: con la ideología. Jamás desaparecerán las ideologías, son un vector para caminar: derecha izquierda, arriba abajo, buenos y malos: lugares comunes para poder visitar lugares complejos no para maniqueos inmóviles.
Salga la tarta como salga, la única manera de formar un gobierno estable será creando un bloque ideológico y ahí sí, el partido más votado deberá salir de la primera casilla para formar gobierno, lo demás sería crear pinzas contra natura o gobiernos en minorías expuestos a cruces de votaciones negativas y censuras constructivas imposibles.
Después de una política de derecha europea y española, con la austeridad como vía para salir de la crisis causada por: todo terreno es edificable y una desregulación financiera desde el centro económico mundial, la única manera de compensar los desequilibrios entre ricos y pobres, público y privado es el equilibrio socialista.
El socialismo es la síntesis del presente: el capitalismo puro (todo privado), con su antítesis comunismo (todo público), se fusionan en el presente en una síntesis socialista o socialdemócrata con un 50/50 de la economía pública y privada. El excesivo desequilibrio a favor de lo privado causó la crisis y para rematar la faena, la salida tortuosa de la austeridad que la derecha europea ha impuesto ha aumentado la crisis. No es necesario el equilibrio perfecto pero un 40/60 a favor de lo privado deja indefenso el poder político frente al poder económico.
Por todos los motivos expresados anteriormente, la mejor opción el 20 de diciembre es el PSOE, reúne todos los ingredientes desde la lógica general, pasando por un líder Pedro Sánchez que es fruto de un partido renovado y una centralidad que le da la posibilidad de crear en torno a él, un bloque ideológico hacia su derecha o su izquierda dependiendo de la decisión del electorado.
Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump. Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las crisis suaves permiten a los listos poder evolucionar mientras que en las graves perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...
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