De cómo la mala frecuencia
de los semáforos puede influir en el
ánimo de los conductores, la salud
planeta y el quebranto de la lógica.
Si damos por hecho que los
Ayuntamientos y la Dirección General de Tráfico están de acuerdo en la
aplicación por ordenador de las distintas frecuencias de tiempos de todos los
semáforos de las ciudades, deberían explicar cual es el objetivo último de
introducir a los conductores en un Gran hermano. Si es para que no se aprendan
de memoria los semáforos de su itinerario habitual y sorprenderles, para que vivan un tiempo en la incertidumbre o
para
que busquen y no encuentren rutas
alternativas mientras son observados por los que decides las frecuencias. No es
igual si la frecuencia del rojo y verde del semáforo es de un minuto cada uno
que de quince segundos: los primeros
aburren y los segundos estresan; cuarenta segundos para el rojo y quince para
el verde en una gran ruta norte-sur en hora punta da un atasco del copón en
Colón; Todos los semáforos de una gran avenida simultáneamente en verde es una
invitación a pisar el acelerador, en cambio todos en rojo es una invitación a
guasear con el móvil del maldito programador semafórico; deben saber quien no
conduzca ni sea pasajero que del todos en verde a todos en rojos hay infinidad
de frecuencias, en días indistintos, en horas igual. La cantidad de frecuencias
tan diferentes incluida la de ir parando en todos los rojos, da como resultado no saber la hora de salir de casa con el
desorden sicológico por la quiebra de la lógica.
Si se aumenta el tiempo de
la frecuencia del rojo: crece el tiempo de los trayectos, el gasto en combustible y disminuye la salud
del planeta; con un verde en frecuencia de quince segundos el conductor se
convierte en un acelerador estresado que desprende partículas al espacio; a
partir de cuarenta segundos con un semáforo en rojo los concursantes involuntario
de esta realidad-ilógica tienen varias alternativas: Guasear, llamar, programar
(es un decir) el GPS, mirar, maldecir y el
silencio de los corderos.
La Dirección General de
Tráfico y los Ayuntamientos pueden tener otros
objetivos además del Gran hermano
citado como por ejemplo: aumentar el tiempo que pasan los automovilistas en la
calzada para dar la impresión de que la
crisis ya pasó, favorecer aplicaciones anti
atascos de móviles para los más
enterados, el aburrimiento del personal para que deje el coche por la salud
mental de los conductores y la descontaminación de las ciudades, por fastidiar.
Este diseño inteligente y
patoso de todo un entramado de semáforos de una ciudad ha convertido los cruces
y calles complejas en desordenes, donde había un orden lógico para que en el
cruce la circulación fuese fluida. Han creído diseñar un todo inteligente con
la suma de las partes deformes: una aporía inversa.
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