La globalización aplasta al individuo, todo es gigantesco, desde lo que se tiene que estudiar pasando por la vida cotidiana; cada vez más compleja con objetos infinitos que se pueden comprar o no, pero no dominar. Así como los medios de comunicación con poderes infinitos como las megas empresas en las que se trabaja, estas además luchan entre ellas. Estamos impotentes para ayudar a los que no tienen nada para comer, y no poder luchar contra los poderes en general al no tener los medios democráticos en los que apoyarse, un griego dijo: “Dadme un punto de apoyo y conquistare el mundo”. Tritura a los dirigentes político, impotentes ante el poder del dinero que los corrompe y terminan en el banquillo de los acusados, entregando el honor de gobernantes para la eternidad.
Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump. Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las crisis suaves permiten a los listos poder evolucionar mientras que en las graves perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...
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