Los dirigentes mundiales tienen que darse cuenta, que saber es asomarse a lo desconocido para estar al tanto y en parte asumirlo. Es un valor humano saber y el que no quiera saber de objetos y sujetos va perdiendo trozos de humanidad. Excluir es no saber: cerrar puertas y muchas puertas cerradas dan seguridad pero asfixia el espíritu humano. La mente es un universo en expansión y las puertas cerradas son agujeros negros que se tragan mundos interiores y deja la mente deforme, inconexa y con lagunas siderales. Los poderosos y los dirigentes, juntos, separados o mezclados, deben poner las bases para crear la vertebración con la ayuda de los antiglobales, ya que la sociedad es la suma de las mentes y excluirles es no saber, el resultado sería incoherente. La vertebración necesita de todos, organizaciones centrales y periféricas con autonomía relativa, es decir democracia. No tener cabeza es malo, pero tener fuerza y poder sin cabeza es un peligro.
Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump. Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las crisis suaves permiten a los listos poder evolucionar mientras que en las graves perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...
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