Utilizan un rigorismo imposible de ejecutar, como decirle siempre a un cojo, que cojo eres o a un ciego, que ciego estás; la verdad por delante, pero la verdad del dinero es el interés y la de los países pobres es el hambre. El dinero además es endogámico, son pocos los que lo tienen en cantidad y no quieren compartirlo, los extraños no son bienvenidos; se encierran en su mundo diminuto como orejeras nacionalistas y se asusten ala primera argumentación en contra. Nada hay más miedoso que el dinero: tienen miedo de la inseguridad jurídica, de impuestos altos, de un estado grande, que los empleados sepan las cuentas de su empresa, de empleos fijos, de colegios públicos, sanidad, pensiones públicas. El dinero sólo ve a trabes de un canuto largo de interés corto. No ve lo cercano, como colegios públicos de calidad con intereses a más de veinte años, y así todos los niños informatizados. No tienen perspectiva.
Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump. Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las crisis suaves permiten a los listos poder evolucionar mientras que en las graves perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...
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