El monopolio es malo y la competencia buena, esta verdad absoluta no lo es, al igual que no existe el absoluto; los monopolios son necesarios en temas puntuales y la competencia tiene límites: de igual manera que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro. Comerciar es comprar y vender, la diferencia es beneficio y si no hay o es excesiva crea aberraciones. El comercio mundial tiene que ser controlado en sus límites, no se trata de regularlo excesivamente, encorsetarlo por todos los lados desde el parlamento nacional, supranacional o mundial; encerrarlo económica, ecológicamente, etc. Es en la medida de las cosas donde está la justicia; la competencia es buena en un noventa por ciento por ejemplo, el diez restante son limites que no se debe traspasar.
Otra vez gracias a Joyce por el once. Cincuenta y siete temas verbales y otros. Aparece un monstruo antiguo. Es grande, fuerte, analfabeto, ataca a los débiles, se hace amigo de los fuertes, enviste a los vecinos y le es suficiente para comunicarse con ciento cuarenta caracteres. El Berlusconi descrito por Umberto Eco se ha transformado en Donald Trump. Para visualizar el monstruo hay que superponer la cara de Mussolini y Trump. Si Mussolini fue el drama, Trump será el vodevil. Los pucheros de Donald Trump como signo de fantoche primitivo. Un año de primarias para un vasto país: pasado perfecto. Un año de primarias con autopistas: presente imperfecto. ¿Cómo adecuar las reglas al presente entre un pato cojo y un sin pato? ¿Por qué las grandes crisis generan monstruos? Las crisis suaves permiten a los listos poder evolucionar mientras que en las graves perecen y los que están en los márgenes por hábiles, rápidos, brutos, grandes o diminutos sobresalen y eng...
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