PERSONAS
SINTESIS
Debajo del movimiento de las personas, dinero y mercancía está la libertad, (no son partes es esta). Al igual que el agua del jardín o la viga de una casa, sin agua no hay jardín, ni casa, ni libertad. La libertad no cambia ni se transforma o divide, al igual que el hombre es una entidad indivisible (si deja de ser racional no es hombre). Todo lo que rodea de cerca al ser humano, como el agua, justicia, democracia, no están compuestas por partes divisibles. Si se elimina el hidrógeno del aire el resto mata: la democracia sin división de poderes no existe. La libertad está unida al hombre como éste a la democracia, y ésta a la justicia que lleva a la libertad. La armonía entre todas garantiza el progreso económico y social. Si un eslabón de la cadena se rompe o no existe, la armonía se pierde y las partes restantes se convierten en aberraciones.
Lo que se ve de la libertad son cualidades y accidentes. No es lo mismo libertad política, que económica o social. La libertad política va unida a lo social, pero no siempre a la economía, y ésta, unida a lo social, con o sin política. Democracia y dictadura -que son contrarios- pueden tener puntos de conexión. En algunas dictaduras pueden circular las personas y trabajar sin libertad política; en la democracia se puede circular, trabajar y opinar. Sin embargo, si eliminamos un factor, cambia la entidad: así, dictadura sin trabajo -aunque se pueda circular- es una aberración; y una democracia sin trabajo o que no se pueda circular, se convierte en dictadura. Esta aberración de poder opinar y no trabajar, circular y no votar, o no circular sin trabajar no son partes de la libertad (es ésta).
¿Cómo podemos tener libertad sin comida, trabajo para poder comer y no poder opinar o circular sin trabajo? ¿Qué resultado puede esperarse si una parte es libre y otras no? Democracia es no aplastar a la minoría. Esta minoría es parte del total, y excluirla es eliminar la democracia, del mismo modo a lo que ocurre con la libertad.
La síntesis globalogía es pasar las contradicciones nacionales a la totalidad, estudiarlas y dar respuesta global. ¿Es suficiente la libertad global? Esta pregunta sencilla de hacer y responder es compleja de solucionar, pero una cosa es segura: la libertad como esencia del ser humano tiene poder, fuerza individual y colectiva, tiende a realizarse, no hay puertas cerradas que se resistan a la libertad. La historia de la Humanidad es la sucesión interrumpida de puertas cerradas que se abren, por las buenas o por las malas: de nosotros depende si seguimos acumulando libertad detrás de las puertas cerradas o las abrimos. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de que nos lleve por delante y, mientras esto ocurre, acumulamos cadáveres por la estrechez del paso. La Maldad trabaja para la libertad: ésta la utiliza, se sirve de ella para abrir la puerta, hace ricos a costa de muertos; traficantes de humanos buscan la forma de aumentar los beneficios, sin importarles la mercancía, y menos que se les pudra por el camino o los pille la puerta e impidan cerrarla.
La globalización ya existe en parte y es trasversal: unos sí, otros no, cosas que sí, otras que no, en parte o en todo. La televisión salta las fronteras y llama a los sin libertad ofreciéndoles un oasis alucinante; el móvil pasa los ríos sin mojarse, aunque el propietario perezca en el intento; el dinero y las mercancías circulan, la información también. La puerta Internet es un río caudaloso que llega al mar-libertad con muchos residuos: es un móvil-televisión que ha pasado el río-frontera; es una autopista de libertad con fuerza individual y colectiva. El objeto o parte de él, que ha llegado a ser global, sujeta la puerta para que no se cierre: ayudan, instan, planean, informan a los demás como pasar con precio o sin él. Dinero llama a dinero, no hay puertas que se resista al comercio, y menos a la libertad.
Es curiosa la fe que tiene la tesis global en la fuerza invisible. El libre comercio soluciona los problemas sin saber cómo. Esta verdad absoluta no lo es por no existir el absoluto, repito lo mismo para explicar cosas distintas: abusar de lo bueno termina no siéndolo. La democracia es el absoluto del presente por ser, como dijo Churchill, “el sistema menos malo”. Aplicar la fuerza invisible al movimiento de las personas es la solución. (Sin fe ciega en el, saber que no lo soluciona todo) y acompañarlo con las infraestructuras: fijar en los países pobres mediante el entramado económico global la mayor cantidad de personas: la libertad hará el resto. Si el país más poderoso del mundo son casi todos inmigrantes, ¡quiero ser poderoso! Estados Unidos, en la década de los noventa del siglo pasado aumentó su población un diez por ciento: veinticuatro millones de inmigrantes, con un crecimiento económico del seis por ciento anual del Producto Interior Bruto aproximadamente. ¿Creció tanto por los inmigrantes? ¿O llegaron por el crecimiento económico? Como tenían más paro al principio de la década que al final, es fácil suponer que la respuesta es afirmativa a la primera pregunta.
El crecimiento económico llegó de múltiples factores y uno de ellos fueron los millones de nuevos consumidores, que acostumbrados a no tener nada empezaron a vivir, trabajar, gastar. Si hacemos un análisis comparativo con un país más pequeño como España- cogiendo los datos totales, no pudiéndolo hacer de otra manera al no coincidir los dos países en multitud de factores-, nos da que el crecimiento económico anual de Estados Unidos superó los cien billones de pesetas, es decir: cada año creció más de una España entera, mientras que el aumento de su población en toda la década fue poco más de la mitad de la población de España. ¿Cuánto de ese crecimiento económico se debió a los inmigrantes? Ya sé que el análisis no es ortodoxo, que las cifras no coinciden exactamente con la realidad, que es sólo una intuición (aunque a veces ésta es la única forma de saber). Por si acaso voy a poner el ejemplo más pequeño: un sólo inmigrante. Este se dirige a un país rico y encuentra trabajo, le hacen un contrato -sin él la distorsión es pérdida para el Estado y para los nativos, más adelante lo explicaré- y gana 10; el empresario paga 3 de Seguridad Social. No le contrata por amor al arte, le gana 10; no produce en el aire, hay gastos variables a los proveedores de 10; la empresa está ubicada en algún sitio: alquiler o amortización, teléfono, luz agua, etc. 10; impuestos, pagas extras, vacaciones al trabajador etc. 10: total 53, pongamos 50. Es tan variable como empresa que se elija. A Marx esto lo descolocó y cogió el “Plus Ultra” a lo desconocido. El inmigrante cobra 10 y manda a su familia 3, gasta 7 pero produce 50. El país que exporta personas se queda con las migajas -a pesar de ser una miseria, suele ser el sector más floreciente-. Los ricos sin embargo nunca pierden (impedir la libertad a millones es perder billones). Se me dirá ¿y el paro qué?, porque si no hay trabajo para todos cómo se va a recibir a más parados, más adelante lo desarrollaré. Sólo un apunte: si a nivel global la empresa pública tal y como se conoce generalmente es prematuro, a nivel nacional no es así, tiene mucha responsabilidad.
Las distorsiones de no hacer un contrato de trabajo a los inmigrantes tienen un coste económico para cualquier país: economía sumergida de la que no se cobran impuestos, agravios comparativos entre empresas legales e ilegales, competencia desleal, distorsiones laborales por no tener todos los trabajadores los mismos derechos y obligaciones. Un coste social: los nativos se dividen entre partidarios y detractores, con papeles o sin ellos, cuotas o no cuotas; polémicas fatuas sin ir al meollo de la cuestión que alimenta los bajos instintos de algunos ciudadanos, que dejan de serlo para convertirse en traficantes de carne humana al aprovecharse de personas sin papeles que no se pueden defender.
No más distorsiones. Toda persona es un ente completo incluidos sus documentos de identidad y sus contratos. Si una parte o varias la eliminamos creamos disfunciones. Gobernar es -entre otras cosas- prevenir aberraciones, hacer que el dinero pague impuestos globales, que las empresas luchen por el mercado con reglas iguales para todos, que quien no tiene trabajo que cobre un mínimo para comer, mantener la educación de sus hijos al igual que la sanidad. Todas las personas con papeles y contratos: es la única forma de eliminar problemas laborales, económicos, sociales y particulares. Como huir después de presenciar sucesos, que los inmigrantes no pueden denunciar por si la policía les pide papeles, viajar de noche para no ser vistos, matrimonios de conveniencias para conseguir documentación: infinidad de actos aberrantes que se eliminan con la simple entrega de un papel.
La tesis globalización ha caído en la trampa universal repetida periódicamente por las culturas: una parte de la elite llega a saber casi todo, se da cuenta que la mayoría no le sigue, se siente muy ilustrada y termina siendo déspota ilustrada: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. ¿Cómo va a saber más la masa? La democracia ha demostrado que no se equivoca casi nunca, que la mayoría tiene más sentido común que una minoría exquisita, sabrá menos sobre cosas complejas, pero distingue a la legua la ética, la justicia, la libertad. La élite puede tener una intuición acertada, pero también equivocada: si tiene poder para ejecutarla puede crear un Holocausto. La mayoría no, la Historia está ahí para demostrarlo: cuando la democracia falló fue por tener una parte de su esencia distorsionada. Las partes de la democracia son democracia, no se pueden eliminar ninguna, so pena de cambiar la entidad.
Hay que volver a retomar la Historia, una vuelta por elevación, la democracia nacional a la global. ¡Qué miedo da la libertad! El movimiento total de personas por el planeta asusta a los instalados, piensan que van a comportarse como pirañas, que van a tomar la Bastilla. La paradoja es que lo pueden llegar a realizar, si el mal-libertad sigue acumulando muertos detrás de las puertas. Estudiar los hechos históricos desde antes, mientras y después del nacimiento de la democracia, nos da la visión de lo que sintieron los protagonistas: sus miedos previos, hechos acontecidos, el resultado final. Todo coincide con los miedos actuales. No hay que dejar pudrir los problemas, tenemos más recursos que entonces, también más poder, (que es igual a poder causar más muertos, pero tenemos la historia). Aprovechar los errores pasados es la causa de la evolución; saber es bajar del árbol en el momento adecuado. La experiencia anterior lo dicta, quedarse quieto es hambre, bajarse tarde es cambiar de árbol cuando sus frutos están podridos.
Barcos repletos de inmigrantes. Aviones con pasajeros en las ruedas. Camiones llenos de congelados humanos. Ríos lleno de espaldas mojadas. Estrechos acumulando cadáveres. Fronteras repletas de llamadas desesperadas. Aeropuertos llenos de hipotecas para el futuro. Tripulantes negreros. Empresarios preparados para estudiar los dientes. Policías cobrando por acercarse a las puertas entreabiertas. Traficantes cobrando antes y después del paso. ¿Nos quedamos quietos, esperamos eternamente o saltamos? Los signos están claros, la libertad no puede esperar, nos estamos corrompiendo, demasiados gusanos están haciendo su trabajo. Necesitamos la vacuna-libertad, aire fresco para llenar los pulmones de justicia global, que el corazón bombeé riqueza a las articulaciones para podernos poner de pié y en orden. La globalogía es la receta democrática para el mal global, los únicos principios activos capaces de sanar las partes del cuerpo que tienen enfermo a la totalidad. Cuando nos curemos seremos libres, habremos llegado a la globalización.
Que hacemos las personas mientras el dinero corre el hándicap de los mercados financieros y el comercio la de cuadrigas: pagar la entrada al espectáculo sin la cual no habría carreras. Todos queremos participar dependiendo de nuestras posibilidades. La élite en los palcos de autoridades, las clases altas en tribuna, las medias en los fondos, los que no caben, pero no se lo quieren perder, tele pago, y los menos afortunados en abierto: televisión gratis con pago en especie, publicidad. Si individualmente no quieren verlo, que no lo vean. A nadie se le puede obligar a participar en el bienestar. A los espectadores nos encanta el espectáculo, cada vez hay más afición para participar de protagonista, estos también envejecen, necesitan recambios. Por los videomarcadores se recrean los momentos más interesantes y las trampas. Éstas hacen pitar al respetable enfadados con las malas artes deportivas y los puede castigar con menos apuestas al tramposo; el juez puede anular la carrera y los boletos y hacer que pague los platos rotos el tramposo. Con reglas justas y asientos cómodos para todo el espectáculo merece la pena si los protagonistas se hacen billonarios que importa, si todos participamos de alguna manera en el bienestar.
Comentarios
Publicar un comentario