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Capítulo sesto

COMERCIO

SINTESIS

 

 

 

 

 

La síntesis es libertad, y excluirla es no saber, cualquier proyecto político, económico o social no puede llevarse a cabo sin ella; impedir o cercenar parte importante de libertad está predestinado al fracaso porque el tiempo ha dado la razón a los que lucharon por conseguirla. La globalización es una tesis por no haber pasado la depuración de la antítesis, demasiados excluidos sin voz, ya sean económicos, políticos o sociales. Las críticas son libertad; ellas corrigen, depuran, avisan. Para eso se inventó la democracia. Ser libres, poder criticar, ofrecer un proyecto para recibir el visto bueno de la mayoría y volver a empezar. La globalogía es la síntesis del presente; la síntesis es democracia que es libertad. En este marco político, social y económico, el mercado es una parte de él que necesariamente debe reproducir el marco general. Las mercancías deben circular libres por el planeta con los controles necesarios: que sean exportaciones o importaciones no importa. Las fronteras se deben convertir en sanitarias y policiales -si no estuviesen inventadas habría que hacerlo-; deben ser una red para los asesinos, ladrones, traficantes, y un colchón para el resto. El mundo es grande y muchas cosas por hacer; grandes proyectos que no pueden llevarse a buen término sin las megaempresas. Son necesarios billones como países enteros: así lo requieren las cosas por hacer. Pero la libertad de las empresas debe reproducir el marco general democrático.

 Que circule la comida por el globo no es necesidad, es el deber por hacer de todos, y esta obligación es mayor para los que más tienen. La globalogía es hacer posible que circule por todos los rincones, poniendo los medios, tanto económicos, políticos y sociales. Pero con esto no basta. Crear mercados es agua, luz, gasolina, carreteras, casas, tiendas y todo lo demás. Comida y objetos no circulan por el aire casi sin soporte -como el dinero o la información-; se necesitan infraestructuras y éstas, para llevarse a cabo, necesitan dinero, medios técnicos y personas. Sobrando éstas, con buena preparación técnica y dinero es cuestión de decisión y voluntad. ¿Cuánto más ricos serán los ricos en un mundo erguido?  Millones de clientes se les mueren de hambre. La síntesis es ensamblar la obligación con la necesidad.

La información, la cultura, el ocio, todo debe circular libre como los alimentos y los demás objetos, sea dinero, personas, energía o critica: todo en conjunto, con sus partes dependientes e independientemente. El movimiento de mercancías tiene, crea, lleva consigo distorsiones que son múltiples: subvenciones, aranceles, dumping, monopolios, excesos de competencias, virus, etc. Eliminar éstos es el objetivo, sin esperar conseguirlo del todo, pero si regularlo constantemente según la necesidad. Es esta función de los parlamentos. Así, mercado global es igual ha parlamento global. Si no sólo no se puede evitar el movimiento de comida y lo que hay que hacer es aumentarlo. Los virus circularán como “Pedro por su casa”. Conclusión: movimiento de comida global es igual a vacuna global. Este arquetipo del marco general hay que implantarlo en las partes: así, empresa global es igual ha parlamento de empresa global. Si la información circula por el globo, para que todos tengan la oportunidad de criticar: la información global es igual ha parlamento social global.

El monopolio es malo y la competencia buena, esta verdad absoluta no lo es, al igual que no existe el absoluto. Los monopolios son necesarios en temas puntuales y la competencia tiene límites: de igual manera que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro. Comerciar es comprar y vender -la diferencia es beneficio- y si no hay o es excesiva, crea aberraciones. El comercio mundial tiene que ser controlado en sus límites. No se trata de regularlo excesivamente, encorsetarlo por todos los lados desde el parlamento nacional, supranacional o mundial, o encerrarlo económica, ecológicamente, etc. Es en la medida de las cosas donde está la justicia. La competencia es buena en un noventa por ciento, por ejemplo, el diez restante son limites que no se debe traspasar.

Claro que es bueno que los países pobres abran sus mercados, no tienen solución si no lo hacen, la libertad va unida al mercado; no hay mercado sin libertad (relativa), ni esta sin mercado. El problema se presenta cuando el país pobre no tiene libertad o el mercado que llega de fuera no es libre, es un monopolio, una empresa global sin competencia. O el país pobre tiene libertades políticas, pero no economía suficiente, (no tiene las mínimas infraestructuras), o nada de nada, que por desgracia los hay. He aquí la vertebración necesaria para facilitar la creación del mercado global.

       La economía se inicio con los fenicios. Movimiento y comercio son sinónimos nacieron juntos. La expansión del comercio por el Mediterráneo fue por necesidad y crearon el libre mercado. ¿Pero era libre? ¿Los suministros y barcos eran fletados por particulares o por los que gobernaban? En el segundo caso serian públicas; una vez instalados en una costa, ¿el comercio era entre particulares o el que mandaba lo dominaba todo? Esto último sería comunismo, justo o injusto.

Marx se equivocó en eliminar de su teoría el egoísmo, como he dicho al principio; no se pueden amputar partes humanas: se crean aberraciones. Esta es la explicación al derrumbe de los sistemas comunistas; comercio y libertad no se pueden separar y menos amputar. Economía pública y privada son análogas a comercio y libertad; puede y debe haber oscilaciones pendulares derecha izquierda, nunca eliminar la una a la otra. La exclusión de la economía privada ya la conocemos, la de la publica podríamos llegar a saberlo y el resultado sería análogo. Si una empezó y acabó sin libertad, la otra, que empezó sin libertad tal como la conocemos en el presente, acabará con ella. Los empresarios hablan de la cultura del riesgo cuando se refieren a la economía, pero ellos no arriesgan, van a lo seguro. ¿Los fenicios tenían empresas que arriesgaban barcos para conquistar nuevos territorios? ¿Colón descubrió las Américas con dinero público? ¿Las joyas de la Reina Isabel eran privadas? ¿Qué empresa arriesgó tres barcos para la travesía incierta? La vertebración de los Estados Unidos -la unión del Este con el Oeste construida por la Unión Pacific- fue realizada con dinero público mediante expropiación forzosa de los terrenos sin indemnización a los indios ¿Quiénes se beneficiaron del esfuerzo realizado por fenicios: la reina católica o los dueños de las tierras expropiadas? En primer lugar, los ricos, que se hicieron más ricos aún; en segundo, tercero o cuarto lugar, los pobres, y esto fue así por hacerse a lo bestia. Hoy tenemos la historia para saber que excluir es no saber. Los países pobres necesitan infraestructuras: vertebración económica. ¿Quién está en disposición de arriesgar los barcos del presente para que los ricos sean más ricos sin hacerlo a lo bestia y beneficiar a los ciudadanos de estos países? Le reitero a los ricos que excluir es no saber, excluir a millones es perder billones. Un estado enano es el sueño del rico, por tener la visión a ras del suelo: erguido se tiene mayor perspectiva, es más completa.

Un estado, ni enano ni omnipresente, la medida justa y cambiante según las circunstancias aconsejen. Una economía pública mundial. Un porcentaje de los kilos de la desventaja puestos al caballo del dinero que participa en la carrera económica; un hándicap en el que participan, además del dinero como ganador, la riqueza en general, las grandes empresas públicas y privadas etc.  La tasa “Tobin” es un buen principio, sería suficiente, no se trata de iniciar la vertebración con unas infraestructuras faraónicas en un país pobre –más adelante, en esta síntesis del comercio pondré un ejemplo-. Los países pobres son muchos y necesitan muchas cosas. Lo primero es separarlos económicamente: países pobres totales, menos pobres, en vías de desarrollo, economías emergentes, etc. Segundo, políticamente: democracias completas, sin completar, las que respeten los derechos humanos o casi, las que no los respeten, países corruptos donde el dinero no llega al necesitado etc. Estas infraestructuras no son negociables si no cumplen lo principal, a saber: democracia y derechos humanos. Los que no los cumplan que esperen a ver los resultados porque seguro que se darán cuenta y evolucionarán para poder recibir inversiones en el futuro.

Delimitada a quien va dirigida la vertebración por obligarnos la necesidad y de justicia general, llegamos al cómo hacerlo posible, no siendo la capacidad económica el problema pues hay suficiente para realizarlo. ¿Por dónde comenzar? ¿Colegios, centros de salud, carreteras? ¿Qué país? ¿Con empresas públicas o privadas? Lo primero, un centro de planificación de infraestructuras para saber dónde, el qué, quién lo ejecuta, medios, coste y, por supuesto, control: éste debe estar configurado al inicio de cualquier actividad.

¿Empresas públicas mundiales? Pues no, quizás algún caso concreto (como por ejemplo construir colegios o centros de salud, algunas empresas distribuidoras de agua o energías y, en todo caso, más adelante). Mejor dinero público, más ONGs que sean democráticas en su funcionamiento interno, y así poder participar en el control del dinero haya donde se gaste (por estar ya presente en el lugar); o que sean ellas las que realicen las funciones de empresa públicas. Construir colegios en un país pobre debe tener plusvalía. No sólo se debe construir sino también enseñar cómo se hacen los ladrillos y demás. La suma de capital público mundial más ONGs para construir colegios y enseñar. Es un modelo para repetir en sanidad: crear una seguridad social en pañales, pozos de agua, reparto de comida etc. Estas funciones, que ya realizan estas asociaciones, hay que elevarlas a categoría global; no hay que cambiarlas a públicas y sí coordinar el laberinto de ONGs.  Dependiendo del país, estas infraestructuras pueden ser con el costo compartido entre todos, partes o sólo mundial. No es igual un país sin nada, que otro con gastos -aunque sean poco- en sanidad, educación etc. La toma de decisiones y ejecución de estos proyectos tan complejos, no lo son si participan en ellos las ONGS. Estas son múltiples, aportan dinero, personas preparadas, ganas y lo más importante, experiencia en donde sólo ellas las tienen. La globalogía no es un colectivismo, es descentralizar el poder en entes autónomos donde el individuo pueda desarrollar la capacidad de intervenir con orden y en libertad. En contraposición del egoísmo positivo que no se puede amputar, el ser humano también dispone de generosidad para ayudar a los más necesitados, por el simple hecho de hacerlo y las ONGs es el lugar adecuado para aprovechar esta bondad. Sin olvidar nunca que la manera de funcionamiento interno debe ser democrática, como los partidos políticos, sindicatos y empresas.

Pero esto sólo es una parte mínima de las infraestructuras y en muchos casos ya son realidad, la parte del león en cuanto al desarrollo global debe estar compuesto por dinero público realizado por empresas privadas. Ni que decir tiene que los controles deben ser múltiples: ONGs en las zonas de actuación de las propias empresas, gobiernos de los países de estos y de los países donde se ejecuta la acción: ni un euro sin control. Carreteras, puentes, trenes, hospitales, puertos, aeropuertos, energía, luz, teléfono, etc. Y por supuesto agua. Una inmensa tarea con igual cantidad de dinero para realizarla. Si yo fuese el dueño de una empresa me frotaría las manos pensando en los beneficios futuros. El agua es un caso especial. Resulta paradójico que en los países ricos el agua embotellada sea tan cara como la gasolina. Que se sepa, el refinado del agua es más barato que el del petróleo y no paga un impuesto del cincuenta por ciento, más o menos, (en algunos países) a no ser que el petróleo sea depurado como el agua. Bromas aparte -por no decir otra cosa peor- es inconcebible que no llegue agua a las zonas desérticas en acueductos y convertirlas en vergeles. Con subvenciones globales y la técnica actual debería llegarse a un precio irrisorio o gratis a cambio de tierras para construir, por ejemplo. Todas estas actuaciones no se pueden realizar si el país necesitado no cumple los deberes democráticos y de derechos humanos; también el deseo de ser ayudado. Y por supuesto que los controles -en los que debe participar si no hay demasiada corrupción- campeen a sus anchas por el país.

Queda otra forma de actuar globalmente en los países pobres: la empresa privada con capital privado. ¡Algo bueno tiene, que las empresas se hayan hecho tan mayores! Han llegado a la mayoría de edad, pueden actuar por su cuenta, pero deben hacerlo con respeto a la ley, de no ser así deben correr el riesgo de pasar por los tribunales internacionales. Pero por si la tentación es irresistible -aparte de los controles interiores- hay que aplicar todos los anteriores: control global nacional del país de origen, país en el que se desarrolle la acción. Además, las infraestructuras que se hagan en un país pobre deben estar en la lista de prioridades, del centro de planificación global, o al menos que no estorben. Hay que tener en cuenta la diferencia de potencia entre una empresa global y un país pobre, puede llegar de diez contra uno o más: billones contra millones de pobres. Les sería muy fácil a la empresa controlada por uno o varios (sic) hacer firmar cualquier cosa a un dirigente de estos países.

El costo no tiene por qué ser enteramente público global, depende de la riqueza del país. En casos de pobreza absoluta, es decir, si no tienen para pagar las deudas o los intereses de esta (riqueza), cómo se van a meter en gastos extras. En el caso de empresas privadas y capital igual el costo puede ser sufragado con terrenos para construir casas, negocios o contratos para operadores telefónicos, energía etc., es decir, pagar en especias; los impuestos, en cambio, para construir colegios, hospitales, etc.

Por supuesto los tres sistemas pueden estar interrelacionados: ayuda humanitaria, dinero público y privado. Las cosas por hacer son muchas y todos los esfuerzos son pocos. Pero una visión global de la situación actual reduce las posibilidades más de lo deseado ya que a los países totalitarios sin posibilidad aparente de cambios próximos, más dictaduras menos férreas, más países con democracias formales y sólo formales, más democracias con partes de su entramado de poder corruptos reduce su número y lo hace digerible para la cantidad de dinero -circulando o no- que hay disponible. Ya es hora de que las empresas boten barcos. La travesía será larga, el beneficio interesante, las tormentas son inevitables, aunque se pueden hundir algunos, pero el riesgo es aventura, las grandes empresas y el dinero son impetuosos, también miedosos, pero como he dicho han llegado a la mayoría de edad: no hay nada como salir al mundo para fortalecerse.

El ejemplo de cómo debería ser esta vertebración podría ser Sudáfrica, reúne varias condiciones adecuadas para vislumbrar los resultados. En primer lugar, la necesidad de ayuda, consolidar la joven democracia al igual que su economía y, de rebote, a la mayoría de la población. En segundo lugar, la lejanía del bienestar occidental, y otras consideraciones colaterales como su población multicolor, un personaje histórico que ha traspasado su tolerancia personal a la mayoría de los ciudadanos. La esperanza de un mundo multicolor justo, necesario e inevitable, se dan en Sudáfrica. Ingredientes que en un país rico supuestamente son más fáciles de resolver.

Una obra faraónica no es la solución, política y económicamente es imposible.  Vertebración lógica: poner ladrillos uno a uno con un plano en la mano según las directrices de un arquitecto global. Unir, comunicar Sudáfrica con Europa es el fin. Lo primero que habría que hacer es darle la vuelta al plano y, en vez de empezar por Europa, hacerlo por Sudáfrica resolviendo sus problemas de comunicación por carretera, trenes aeropuertos. Infraestructuras imprescindibles para el desarrollo integral del país para que el comercio circule. Está demostrado que al construir dos carriles en cada dirección donde antes había uno la carretera o autovía se llena de automóviles. La serie puede seguir siendo válida mientras la cantidad de población le siga.

 En el caso de Sudáfrica esto es en parte correcto: la población es grande, pero el tamaño de la República es mayor. Esto plantea serias dificultades a la hora de proporcionarles unas autovías dignas de tal nombre. Hay setecientos kilómetros desde Ciudad de El Cabo a Oranjemund por la costa Atlántica. Para en el futuro y siempre buscando la costa se desdoblará la carretera actual que pasa por Spring Bok para entrar en Namibia pasando por Luderitz y Swakopmund (con las reservas protegidas, estén donde estén). El tamaño lleva ya implícita la dificultad y esta se multiplica con respecto a la costa Índica, aunque la cantidad de población y ciudades proporcionaría un comercio seguro al unir ciudades no bien comunicadas entre sí. Hay que insistir en la necesidad de que la autovía pase por la costa, ya que el turismo es una fuente de riqueza múltiple que puede allanar partes de las dificultades y no me estoy refiriendo sólo al tamaño.

Desde Ciudad de El Cabo hasta Maputo, Mozambique, habría dos mil kilómetros -el costo mejor no lo piensen, de momento- para comunicar las ciudades de Mossel Bay, Port Elizabeth, Mdantsane, Durban -la mencionada Maputo- para en el futuro atravesar Mozambique. Dos mil kilómetros son muchos, al igual que los negocios que se podrían poner en ellos.

África necesita además una vertebración interior y las distancias se repiten, al igual que los problemas. Sólo desde Ciudad de El Cabo a Gaborone pasando por Bloemfontein, Kimberley, Soweto, Pretoria y Lobatse, serian otros dos mil kilómetros uniendo ciudades y aprovechando lo que sirviera de las carreteras actuales. Esto no sería suficiente. África necesita además que esté comunicada transversalmente. Propongo un triangulo imperfecto cuyo eje: desde Ciudad de El Cabo con las dos autovías en la costa, se unieran estas con otra trasversal, formando ligeras parábolas: la primera sería en el centro Kimberley, izquierda Spring Bok, derecha Durban; la segunda Gaborone en el centro, con Luderitz y Maputo.

La vertebración en la actualidad de un país son más que carreteras, pero como muestra es suficiente para imaginarse el resto. Sudáfrica podría pagar ella sola estas infraestructuras con sólo su potencial turístico y si la hipoteca se la avalamos los países ricos -si somos tacaños y no le ayudamos directamente-, las empresas construirían los equipamientos necesarios con ayuda del Gobierno Sudafricano en dinero o con concesiones de terrenos para edificar y con los impuestos que les corresponderían por los beneficios. También completar el sistema educativo y sanitario.

Las posibilidades son múltiples, las ganancias para las empresas billonarias, para Sudáfrica la única solución de futuro cercano. Si el resultado fuese positivo -del que no tengo ningún género de duda- sería una avalancha ascendente hacia Europa con rupturas de regímenes dictatoriales, hechos pedazos por la perspectiva de libertad y riqueza. Poner piezas sueltas de un puzzle africano, una foto modelo con todos los ingredientes de la globalogía. Ninguna pieza del puzzle que no sea democrática y respete los derechos humanos. Abrir los mercados sí, pero con una competencia lógica entre los países ricos y pobres; entre empresas mastodónticas y las nacionales que se ayuden mutuamente para que sea más justa la sociedad en su interior. Con orden en el comercio africano y Sudáfrica como motor principal, el progreso de esta sería a una pieza más en el engranaje global.

El comercio es libertad, y para ejercerla se necesita orden: condición imprescindible. Abrir de par en par las puertas económicas de países pobres es como entrar en una casa donde todo está por hacer, sin distinguir entre comedor o cocina, recibidor o servicio, dormitorios o salón. Hay países con el edificio a medio hacer, sin ventanas ó puertas. ¿Qué clase de mercado puede encontrar una empresa si no se construye primero el edificio?

Al pura sangre del dinero le cuadra bien el hándicap de la síntesis, a esta del comercio le vendría mejor una carrera de cuadrigas: es más pesado que el dinero, transporta mercancías y cuando se rompe una o varias se llena todo de animales locos o género muerto con bichitos vivos. Algunos dueños de cuadrigas usan el látigo, no para que corran más sus neuronas, sino para liárselo al cuello del competidor; o poner pinchos en el eje de las ruedas para que no se les acerquen. Un hándicap de cuadrigas es lo que se necesita, porque a más caballos y género, más rapidez. La silla son las reglas: legislativo; un director de carrera: ejecutivo; un juez, justicia. Un peso extra por participar: a mayor peso, más impuestos sociales y más control, ya que el dueño de una cuadriga puede comprar al juez y al director de carrera, así como al legislativo entero y hacerse dueño de los terrenos donde participan. Y mientras tanto transmiten la carrera por televisión, que por casualidad también es suya. Hay muchos dueños de cuadrigas con el mismo instinto: se necesitan controles externos, internos y trasversales.

 

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