PERSONAS
ANTITESIS
Los dirigentes mundiales, ricos y poderosos les encantan las justificaciones. Cuando no aciertan en las previsiones económicas echan las culpas a factores ajenos a su voluntad no aceptan que las previsiones deben tener un componente mixto, económico y social: prevenir lo imprevisible también es prevenir. ¿Por qué se construyen los puentes y las casas que permiten las oscilaciones en caso de terremotos si no es algo corriente? La economía se les escapa de las manos y la culpa se la echan a los pobres por no hacer los deberes, por no aumentar la productividad, por no tener flexibilidad en el empleo (lo más grave no es el componente económico sino el social). No prevenir las consecuencias de las grandes hambrunas por sequía o inundaciones, por acciones políticas o económicas, terremotos, ciclones; imprevisibles sí, pero que casualidad, los puentes y casas de los ricos no se caen con los terremotos, la de los pobres sí. Justifican todo: no pueden dirigirse a los países ricos todo ser humano que lo necesite, tanto por culpa de la naturaleza como por motivos políticos. Sus palabras favoritas son siempre las mismas: “no puede ser todos a la vez, de momento, es que, si no, no hay trabajo para todos, crean desorden, se hace lo que se puede”. Un mínimo de perspectiva en sus previsiones sería suficiente para imaginar las consecuencias de no ayudar a millones de personas; o si se sabe y no se pone remedios, en cualquier caso, tanto por saber y no poner los remedios, como por ignorancia, existe la culpa por falta de previsión; justificar que no puede ser al mismo tiempo que el apelotonamiento de dinero es tal que no lo pueden ocultar; vanagloriarse de haber empresas con el poder económico de países enteros y justificar que parte de ese dinero circula por los mercados financieros sin tener que pagar impuestos mientras comunican que si los pobres se dirigen en masa a los países ricos matarán la gallina de los huevos de oro (o pedir tiempo, poco a poco). ¿Y el hambre qué? El problema es al revés, poco a poco se va pudriendo la solución. Hay otra más grave que las anteriores, en muchos casos no lo dicen a las claras, o son los medios afines los que se dejan llevar por la conciencia colectiva de los instalados en el bienestar: decir que muchas culturas juntas crean desorden, que pueden invadir a los países ricos, que no se adaptan o integran culturas diferentes. Todo esto y más, desprende un tufo racista. ¿Cuál es el país más poderoso? A una pregunta tan sencilla respuesta igual: el país con más cantidad de inmigrantes (y que se sepa no están invadidos). Las invasiones las realizan los poderosos, los que saben más -nunca los pobres-, tanto económica como culturalmente. Decir que la llegada de inmigrantes a un país trae consigo delincuencia es no haber aprendido nada en siglos: la pobreza es delincuencia, las cárceles están siempre llenas de hambre.
Los pobres, al dirigirse a los países ricos no llevan en su fardo escaso malas intenciones, todo lo contrario, les rebosan ganas de trabajar, luchar, adaptarse, libertad; todos los componentes adquiridos por la Humanidad en siglos. En vez de abrirles las puertas, los ricos y poderosos se las cierran o las entreabren pillando a miles en medio: alimento de hienas traficantes que los explotan aprovechando la estrechez del paso. No hay derecho a las cuotas de entrada. ¿Qué se creen? ¿Acaso son dioses para decidir quién sí y quién no? Sólo desean trabajar, aunque sean en los peores oficios, que para ellos son los mejores al ser los únicos. Todos iguales ante la ley: esa es la justicia, al igual que el dinero y las mercancías; lo demás sólo tiene una palabra: injusticia.
La tesis globalización es nefasta, ha conseguido dividir al Mundo en dos: pobres y ricos, y ha subdividido aquél a limites inhumanos, difícilmente soportable para cualquiera que tenga sensibilidad. En primer lugar, los ricos no lo son, son híper-ricos, y los pobres simplemente se mueren; los unos se pueden marchar de vacaciones a cualquier parte, los otros no pueden salir de su país; los primeros tienen la mejor educación disponible, los segundos nada. Norte-Sur, incluidos y excluidos. Las subdivisiones son múltiples: países ricos con millones de personas sin hogar, trabajo, sanidad y peor aún, sin medios para denunciarlos. Con el desarrollo de las telecomunicaciones múltiples, los excluidos no tienen una simple cadena de televisión para expresarse. Se da la paradoja de que montar un canal de televisión local o nacional es cien veces más barato que hacer una buena película, la cual se queda inservible a las dos horas de ser emitida; en cambio la cadena permanece. A pesar del precio irrisorio de ésta, los excluidos no disponen de ninguna para exponer sus necesidades.
No todos los ricos son iguales, las descripciones anteriores pertenecen a la élite, un diez por ciento por ejemplo en los países ricos. Esto también es otra subdivisión de ricos y pobres. Mientras la élite multiplica los beneficios sintéticamente los empresarios “normales” tienen que trabajar, crear empresas, producir, pensar: crear, en definitiva; compiten en un mercado aberrante. Si tienen que pedir un crédito se enfrentan a un monstruo bancario. Poner una tienda es un riesgo grave, le pueden poner diez franquicias alrededor en cualquier momento: han creado una endogamia. A los ricos y empresas gigantescas no se les puede hacer la competencia, ni entrar en su círculo. ¿Cómo iniciar un negocio de futuro en el tiempo si ellos ponen las reglas y el árbitro? La élite se queda sola, se reproduce, fusiona constantemente y los demás sólo pueden luchar sin futuro o inventar aberraciones para seguirles.
Decir: que no pueden hacer un mundo mejor para la mayoría suena a disculpa. Cambiar o unir las legislaciones de los países para permitir la libre circulación de las personas para que puedan trabajar donde quieran es un esfuerzo demasiado pequeño para suponer que no pueden. Es fácil mentalizar a la mayoría de que la libertad es sinónimo de progreso; si encima es verdad y con los medios de que se dispone hoy en día mejor sería decir que no quieren. Están encerrados contando el dinero-poder, o han creado otra cuadratura del círculo y son presos de un círculo vicioso: más poder, más dinero, empresas más grandes, más poder. Dicho de otra forma: el ordenador donde tienen los datos se les ha salido de madre y ha creado un virus-bucle, reproduciendo el dinero y no son capaces de pararlo.
Venden la globalización como si fuese un mundo idílico (quizá sea un fallo profesional al estar toda la vida vendiendo); han llegado a la perfección, y si para vender bien hay que creer en el producto, ellos creen a ciegas. Los antiglobales no queremos el producto por no necesitarlo porque tiene un defecto grave de fabricación y es muy caro. Nos acusan de estar en contra del progreso, de ser una masa contradictoria, de no entender. De lo que si nos pudieran acusar y con razón es de no querer comprar este producto: deseamos otro, una globalización de verdad, no esta que es una chapuza.
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PRUEBA DEL ALGODÓN
Empresa de T.T. global necesita cubrir un puesto de mayordomo de forma eventual por vacaciones de éste. Las funciones serían: pasar el algodón por las personas. Se ofrece contrato en práctica y el perfil del candidato sería joven sobradamente preparado y con experiencia.
El mayordomo provisional tiene experiencia y está sobradamente preparado, así que pasa el algodón por la esencia de la democracia, sufragio universal y no necesita más para saber si la globalización de las personas pasa la prueba; el algodón lo tiene que tirar de lo sucio que sale: no hay democracia global. A continuación, hace lo mismo con la competencia y su esencia, favorece el comercio; aquí el joven tiene una duda a saber: si el movimiento de personas favorece el comercio. ¿Por qué no permiten que circulen por el globo? Si favorece el que los salarios sean más bajos ¿Por qué no ayudan a que las personas sean libres?; el algodón da asco y huele fatal pero no sabe a qué. Por un momento piensa que le han puesto una trampa: un trabajo de un mes y tiene que complicarse la vida, pero quiere hacer méritos para que la llamen otra vez. A continuación, coge dos algodones, uno para la competencia y otro para el orden; para las esencias, favorece el comercio, y autoridad que garantice los deberes y derechos sociales. Si la circulación de las personas favorece el comercio y la autoridad global no existe, ¿qué impide que los pobres circulen por el globo? Si la autoridad global no existe y circulan el dinero y las mercancías, ¿porqué no las personas? El mayordomo provisional se pone nervioso, pero lo sigue intentando. Esta vez una micro-prueba: coge un algodón para la competencia y su favorece el comercio al mismo tiempo que lo pasa por el país más poderoso y le sale el algodón: casi todos son inmigrantes. Entonces, ¿por qué no circulan los inmigrantes por todos los países? El joven con los mismos ingredientes hace una mini-micro-prueba: coge una década; los años noventa del mismo país y le sale el algodón: veinticuatro millones de nuevos inmigrantes y un crecimiento del Producto Interior Bruto del seis por ciento. ¡Y no dejaron entrar a otros tantos millones de personas! ¿Los ricos no quieren ser más ricos? Llegados a este punto con todos los algodones hecho un asco y mal olor, y como el mayordomo lo que quiere es progresar, pero no puede porque es injusto el trabajo por el desorden, pide la cuenta.
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