DIALÉCTICA
DINERO
TESIS
La tesis globalizadora es inatacable. Nelson Mandela ha dicho con razón “que llegará como los inviernos”. Referente al dinero ha llegado ya; se mueve sin fronteras por los mercados financieros, naciones, empresas y particulares. Hay mucho dinero en pocas manos, y parte viaja de bolsa en bolsa creciendo las bolsas de los mismos: ¡vaya por dios! Pero todo movimiento tiene sus picos: espuma de olas necesarias, pero parte de las ganancias se gasta creando y aumentando mercados con sus empleos correspondientes. Siempre han sido pocos los que tenían mucho, coincidiendo poder y dinero. Ahora el dinero es poder en si mismo, pero no perfecto: unos ganan y otros pierden, o unas veces se gana y otras se pierde en el juego continuo de las bolsas. Es por tanto un factor de progreso, pues nunca tantas personas vivían instaladas en el bienestar y alguna culpa de esto debe tener la libertad del dinero. Es cierto que se genera riqueza sintética: se multiplican las ganancias sin invertir en producción al especular continuamente, pero siempre ha habido especuladores; tal vez sea mejor así, que se concentre en el dinero y no en inmuebles o productos, monopolizando ganancias a costa de subir los precios de casas y productos. El dinero en cambio es inocuo y no todo el que se mueve es especulativo. Las olas o mareas de riquezas se dirigen también a inversiones productivas y no sólo a países ricos, también a los que están en vías de desarrollo e incluso pobres, pero con una condición: que les garanticen seguridad jurídica; si se invierte mil, que se puedan recuperar más las ganancias, y todo ello sin decisiones arbitrarias de los dirigentes políticos. Los países receptores de estas inversiones pueden progresar gracias a este flujo de riqueza a sus empresas; por añadidura estos países tienen que hacer bien los deberes económicos y políticos puesto que la competencia ente ellos para atraer las inversiones les obliga a respetar unas reglas de juego, que es otro motivo de progreso.
Este movimiento continuo une a personas, empresas y naciones, por el interés egoísta en muchos casos, pero el egoísmo es también un factor humano que no se puede amputar, y ya sabemos lo que ocurre cuando se elimina a escala nacional: si todo es de todos -pero nada es mío-, para que voy a preocuparme. Puede haber muchas personas no egoístas, pero en general el egoísmo de tener cosas hace esforzarse, luchar e imaginar. Cualquier parte humana no se puede amputar aun a propia voluntad, pues ello crea aberraciones. A fin de cuenta todos necesitamos dinero y progresar es que más personas puedan vivir mejor. Por lo tanto, la globalización del dinero es un bien en general con defectos individuales, un bien mayor general y un mal menor particular.
El dinero es la avanzadilla del futuro en el presente, y como todo pionero es impetuoso, aventurero, un trotamundos activo, brusco y dinámico; la punta de lanza del mercado, arrastrando tras de sí intercambios de mercancías y, consiguientemente, de personas. El afán de riqueza de los pueblos hace romper tabúes, costumbres atrasadas que se rompen gracias a la posibilidad de progresar y de tener objetos para consumir. Este deseo de progreso estimula el movimiento de nuevas democracias, ya que las personas normales no son tontas, se dan cuenta -a pesar de censuras totales de información- de que riqueza y democracia van unidas; identifican vivir mejor con libertad y ¡hacen bien!, pues repartir lo que hay es repartir miseria, no así participar en beneficios futuros. Los ricos seguirán siéndolo y cada vez más, pero una parte siempre irá a los más necesitados y estos tienen la posibilidad de salir del ostracismo de pobreza sin libertad. Dinero y globalización no se pueden separar, es inevitable, se complementan con problemas. Eso sí, nada es perfecto. La riqueza no llegará al ciento por ciento de las personas, al igual que la globalización en general no podrá impedir que haya zonas oscuras donde no llegue las riquezas, democracia, orden, justicia, en definitiva, progreso.
Comentarios
Publicar un comentario