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Capítulo decimonoveno

 

EDUCACIÓN

TESIS

 

 

 

 

 

Siempre ha habido ricos y pobres, de la misma manera que unos aprovechan los estudios y otros no. Dicho de otra manera: unos multiplican las posibilidades, mientras que los demás desperdician cualquier conocimiento que se les ponga delante. Nunca ha habido tanta y buena educación para la mayoría. Esta obviedad es irrefutable, y por ello los países que dominan el presente son sociedades en las que todos -o casi- han empezado los estudios desde muy pequeños. Pero es desde la individualidad con voluntad para avanzar en donde radica la fuerza de la educación. No sirve de nada el que todos tengan los mejores profesores si individualmente no prestan la atención debida. Sólo existen entidades individuales, los universales son términos que dan una imagen de perfección. Todos los niños en colegios públicos, queda muy bien, pero al final sólo unos cuantos llegaran a saber todo lo que esos colegios pueden dar de sí. En cambio, la voluntad de unos padres para que estas posibilidades sean mayores para sus hijos -tanto en cantidad como en calidad- hará que prefieran colegios privados con grados múltiples de posibilidades, tanto en especialidad como en perfección, que dependerán en la mayoría de los casos de sus posibilidades económicas.

Traspasar estas contradicciones nacionales a globales es simplemente un desvarío, una imposibilidad manifiesta. Si unificar un aula de veinte niños y niñas es imposible, unificar el globo en educación es ir saltando de error en error, de curso en curso, ciclo a ciclo, hasta llegar a la universidad, multiplicado por diferencias económicas, sociales o políticas, así como nacionales, culturales, etc. Es un desvarío total. Ahora bien, cada país debe poner un mínimo dependiendo de sus posibilidades, un denominador común y dependiendo de la voluntad individual de cada niño y niña más la de sus padres, permita que una parte llegue efectivamente a una meta, que puede ser muy perfecta o no, a expensas del poder económico de la familia y también de los recursos especiales que el gobierno de esa nación ponga a disposición de esos padres con voluntad extra.

Todas las personas somos diferentes; a unos nos interesa muchísimo vestirnos bien, a otros tener el mejor coche o comer exquisito, otros prefieren una casa reluciente y no un coche o ropa a la ultima. Unos padres prefieren que sus hijos tengan la mejor educación posible, aunque tengan que renunciar a otras cosas y no les importa ese esfuerzo, y para estos casos los gobiernos deben poner los medios, es decir, la posibilidad o libertad de elección entre colegios públicos y privados, con un grado de diversidad elevado para que estos padres tengan realmente opciones a elegir. Los mejores científicos, abogados o cualquier otra profesión de futuro salen en su mayor parte gracias a la voluntad individual y no colectiva. Grandes hombres fueros hechos a sí mismos, mientras que la mayoría desperdiciaron unos tras otros los recursos que padres y estados pusieron a su disposición. Mientras esto sea así, la única solución es seguir el camino emprendido por los países que más bienestar tienen: aumentar los mínimos dependiendo de los recursos disponibles al mismo tiempo que aumentar las posibilidades individuales de libertad para que cada familia tenga la oportunidad de mandar a sus hijos e hijas al colegio que le plazca.

La complejidad del presente exige la especialización y nada hay mejor que dedicarse a las cualidades innatas que cada individuo tiene al nacer, ampliadas con la educación. No es casualidad que haya familias especializadas en campos determinados de actividad, pues el niño lo mama desde el nacimiento. Es lógico que a familias con uno o varios miembros con carreras económicas le sigan los hijos y, en muchos casos, superen a sus padres. Lo contrario sería -aparte de imposible- un despilfarro, pues pretender que cualquiera tuviese las mismas posibilidades de dedicarse a cualquier profesión exigiría un esfuerzo ímprobo ya que lo aprendido desde la cuna no tiene precio. Es por tanto lógico que los hijos de los caballos ganadores (como la síntesis define al dinero) sean en potencia potros económicos y ganadores. Si lo que se quiere es avanzar por el sendero del crecimiento económico, la obligada especialización del presente hace que la única solución sea la de más posibilidades de elección para los padres porque ya se encargarán éstos -en la medida de sus recursos- de preparar a sus hijos e hijas para coger la antorcha de su profesión, sea financiero, comerciante o futuro propietario de una empresa global.

Las costumbres cambian, toda la sociedad es consciente de ello, no podemos seguir como siglos atrás; la educación debe ser un vehículo en el que quepamos todos para avanzar en el intrincado mundo que nos ha tocado vivir (como siempre simplificar es errar). Si los Fórmula-1 son un despilfarro, sólo lo es en apariencia, pues las innovaciones pasan con los años a los modelos de series. De igual manera no debe haber un sólo vehículo educativo sino muchos, para que las personas en general encuentren un modelo adaptado a sus posibilidades. De todas formas, esto es pasado en parte. Estamos inmersos en un mundo tecnificado que nos permite con la ayuda de los medios -sean de comunicación clásicos o modernos- que los centros educativos estén al día en casi todos los campos. Internet permite que las universidades con menos recursos tengan acceso a los proyectos punteros de otros países o universidades de elites. También tienen partes negativas, las cuales debemos asumir. Así, presenciamos -no en vivo, sino a través de los medios de comunicación- vehículos último modelo a los que no tenemos acceso económicamente. Tenemos que adaptarnos a un mundo en el que vemos todo, todo está al alcance de todos y no podemos tener de todo.

Lo natural es que los mejores preparados en cualquier especie sobrevivan y transmitan a sus descendientes sus genes. Los humanos hemos corregido este principio gracias a la razón. La educación general para todos los ciudadanos es la base para que las diferencias no se hagan insalvables, y más ahora con las nuevas tecnologías, que nos ayudan en los estudios pero que también hay que aprenderlas. El mundo desarrollado es cada vez más complejo. Pero no podemos olvidar que la naturaleza tiene sus principios inalterables que -aun corregidos con raciocinio- no se pueden eliminar, y así como los débiles desaparecen en la naturaleza animal, en el ser humano crea una división diferente entre unos y otros. Si la frase “siempre habrá ricos y pobres” sigue vigente ahora y en el futuro, habría que añadirle: preparados y menos preparados. Es imposible que el cuerpo social al completo sea puntero en las nuevas tecnologías, la división -por más desagradable que resulte es incuestionable-, por lo que la división natural permanece, aunque de otra manera.

La cantidad de recursos de las democracias ricas para con la educación de sus poblaciones son inmensas, pero no infinitas. Optimizar los recursos en armonía con la libertad de centros es el trabajo y la obligación de estos países. Esto, que parece sencillo así en teoría, en la práctica es un esfuerzo considerable, tanto en la cuestión económica -sólo hay que fijarse en el porcentaje del PIB dedicado a la enseñanza de los países ricos- como de preparación del profesorado, centros educativos, estudios, planificación, investigación, etc.; en definitiva, todo lo que representa la educación para un país. Imagínense lo que representaría un hipotético gobierno mundial, la ONU, o algo similar en el futuro, aunque sólo fuese en líneas generales. Plantearse una educación global y la síntesis, parece que va por ese camino, es imposible por muchos recursos que se empleen. Aparte de la falta de libertad democrática de muchos países con los que simplemente no se puede planificar nada, con países que, si son democráticos, y sobre todo la unificación de las diversas culturas; aun admitiendo claro está, que sería sólo en ponerse de acuerdo sobre las cantidades de dinero a repartir, lo demás ni me lo planteo. Es cada país el soberano para decidir la cantidad de recursos que se dedica a cada sector de la sociedad y a los países con pocos recursos, ayudándoles dentro de las posibilidades económicas y vigilando dichas ayudas. La globalización es un camino que se hace al andar, parafraseando a Machado, no pretendamos dar un salto a lo desconocido, pues lo más probable es que tropecemos no hacia delante, sino hacia tras al intentar coger impulso.

La realidad es la que es y no nos engañemos con utopías peligrosas y sí paso a paso. Si partimos de la actualidad que es la mejor situación de todos los tiempos -y no sólo en la educación-, los pasos de futuro deben ser pocos, seguros y racionalizando todos los recursos, tanto económicos como sociales. Evitar pasos en falso al pretender una escolarización general. O acaso los países pobres con parte de los niños aportando riqueza a sus familias pueden impedir este desarreglo con el simple incremento de ayudas económicas. ¿No tendrían que hacer primero los deberes democráticos, así como el control económico para evitar despilfarros por corrupción etc.? Es decir, vertebrar la sociedad para luego solucionar el problema del trabajo infantil. No es lo mismo hablar de países ricos que de los pobres. Los primeros ni necesitan que se les diga lo que tienen que hacer ya tienen en sus respectivos países quienes lo pueden solucionar o las críticas para corregir los errores; los que están en vías de desarrollo sostenibles o no, ya saben de la importancia de una población bien preparada. El que reciban créditos ventajosos para arreglar deficiencias es función del FMI y BM, y el hecho de que tengan que pagarlos les obliga a racionalizarlos y, por supuesto, controlar los proyectos so pena de no ser acreedores en el futuro de nuevos créditos. Si eliminamos los países que son dictaduras y los que ni se plantean corregir el déficit democrático para el futuro, sólo nos queda un puñado de países pobres, algunos de solemnidad, que lo único que pueden hacer es gestionar el hambre.  

¿Cuál es la mejor manera de ayudar en cuanto a la educación se refiere para que estos países salgan del subdesarrollo? Esta pregunta no tiene una respuesta educacional, ni global, ni utópica, de solución completa de todos los desarreglos que padecen, porque la educación es una parte del futuro; futuro que no tienen si no se empieza por el principio, que no es otra que la económica. Cuando se critica que la globalización beneficia a los países ricos y que con los recursos que consiguen gracias a las materias primas de los países pobres no aportan las cantidades suficientes para el desarrollo de estos, incurren en un error: los países pobres no pueden dejar de serlo de la noche a la mañana, necesitan tiempo. Y en cuanto a que si dedicasen el uno por ciento del PIB -o algo parecido- de los gastos militares en educación y contra el hambre en los países pobres, el problema estaría solucionado. El error viene de suponer que con unos miles de maestros y unos cientos de colegios ya está solucionado el problema. Esto es una simplificación, pues lo necesario para llevar a la practica una escolarización en un sólo país, aunque sea pequeño, es bastante más y la demostración no cabria en esta tesis, ni sumando el espacio de la antítesis y síntesis. Es decir, simplificar una solución es errar, como dije al principio. Se necesita mucho más del uno por ciento del PIB de los países ricos. Es muy fácil ver el problema y pensar: esta es la solución y en paz. Todo problema complejo necesita un buen planteamiento y las herramientas adecuadas para encontrar una solución, que no es otra en este caso que seguir los pasos razonables que han llevado a los países ricos a serlo. Cualquier error simple, mal planteamiento general o mala ejecución, da como resultado una solución fallida.

Si los países ricos que poseen en sus sociedades la flor y nata de los pensadores actuales no han encontrado una solución para la educación global desde hace décadas es porque la realidad se impone, es muy tozuda y suponer que es por una voluntad negativa el no haberlo realizado es suponer una maldad a sabiendas: una hipótesis fuera de toda realidad.

 

 

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