EDUCACIÓN
TESIS
Siempre ha habido ricos y pobres, de la misma manera que unos aprovechan
los estudios y otros no. Dicho de otra manera: unos multiplican las
posibilidades, mientras que los demás desperdician cualquier conocimiento que
se les ponga delante. Nunca ha habido tanta y buena educación para la mayoría.
Esta obviedad es irrefutable, y por ello los países que dominan el presente son
sociedades en las que todos -o casi- han empezado los estudios desde muy
pequeños. Pero es desde la individualidad con voluntad para avanzar en donde
radica la fuerza de la educación. No sirve de nada el que todos tengan los
mejores profesores si individualmente no prestan la atención debida. Sólo existen
entidades individuales, los universales son términos que dan una imagen de
perfección. Todos los niños en colegios públicos, queda muy bien, pero al final
sólo unos cuantos llegaran a saber todo lo que esos colegios pueden dar de sí.
En cambio, la voluntad de unos padres para que estas posibilidades sean mayores
para sus hijos -tanto en cantidad como en calidad- hará que prefieran colegios
privados con grados múltiples de posibilidades, tanto en especialidad como en
perfección, que dependerán en la mayoría de los casos de sus posibilidades
económicas.
Traspasar estas contradicciones nacionales a globales es simplemente un desvarío,
una imposibilidad manifiesta. Si unificar un aula de veinte niños y niñas es
imposible, unificar el globo en educación es ir saltando de error en error, de
curso en curso, ciclo a ciclo, hasta llegar a la universidad, multiplicado por
diferencias económicas, sociales o políticas, así como nacionales, culturales,
etc. Es un desvarío total. Ahora bien, cada país debe poner un mínimo
dependiendo de sus posibilidades, un denominador común y dependiendo de la
voluntad individual de cada niño y niña más la de sus padres, permita que una
parte llegue efectivamente a una meta, que puede ser muy perfecta o no, a
expensas del poder económico de la familia y también de los recursos especiales
que el gobierno de esa nación ponga a disposición de esos padres con voluntad
extra.
Todas las personas somos diferentes; a unos nos interesa muchísimo
vestirnos bien, a otros tener el mejor coche o comer exquisito, otros prefieren
una casa reluciente y no un coche o ropa a la ultima. Unos padres prefieren que
sus hijos tengan la mejor educación posible, aunque tengan que renunciar a
otras cosas y no les importa ese esfuerzo, y para estos casos los gobiernos
deben poner los medios, es decir, la posibilidad o libertad de elección entre
colegios públicos y privados, con un grado de diversidad elevado para que estos
padres tengan realmente opciones a elegir. Los mejores científicos, abogados o
cualquier otra profesión de futuro salen en su mayor parte gracias a la
voluntad individual y no colectiva. Grandes hombres fueros hechos a sí mismos,
mientras que la mayoría desperdiciaron unos tras otros los recursos que padres
y estados pusieron a su disposición. Mientras esto sea así, la única solución
es seguir el camino emprendido por los países que más bienestar tienen:
aumentar los mínimos dependiendo de los recursos disponibles al mismo tiempo
que aumentar las posibilidades individuales de libertad para que cada familia
tenga la oportunidad de mandar a sus hijos e hijas al colegio que le plazca.
La complejidad del presente exige la especialización y nada hay mejor
que dedicarse a las cualidades innatas que cada individuo tiene al nacer,
ampliadas con la educación. No es casualidad que haya familias especializadas
en campos determinados de actividad, pues el niño lo mama desde el nacimiento.
Es lógico que a familias con uno o varios miembros con carreras económicas le
sigan los hijos y, en muchos casos, superen a sus padres. Lo contrario sería -aparte
de imposible- un despilfarro, pues pretender que cualquiera tuviese las mismas
posibilidades de dedicarse a cualquier profesión exigiría un esfuerzo ímprobo
ya que lo aprendido desde la cuna no tiene precio. Es por tanto lógico que los
hijos de los caballos ganadores (como la síntesis define al dinero) sean en
potencia potros económicos y ganadores. Si lo que se quiere es avanzar por el
sendero del crecimiento económico, la obligada especialización del presente
hace que la única solución sea la de más posibilidades de elección para los
padres porque ya se encargarán éstos -en la medida de sus recursos- de preparar
a sus hijos e hijas para coger la antorcha de su profesión, sea financiero,
comerciante o futuro propietario de una empresa global.
Las costumbres cambian, toda la sociedad es consciente de ello, no
podemos seguir como siglos atrás; la educación debe ser un vehículo en el que
quepamos todos para avanzar en el intrincado mundo que nos ha tocado vivir (como
siempre simplificar es errar). Si los Fórmula-1 son un despilfarro, sólo lo es
en apariencia, pues las innovaciones pasan con los años a los modelos de series.
De igual manera no debe haber un sólo vehículo educativo sino muchos, para que
las personas en general encuentren un modelo adaptado a sus posibilidades. De
todas formas, esto es pasado en parte. Estamos inmersos en un mundo tecnificado
que nos permite con la ayuda de los medios -sean de comunicación clásicos o
modernos- que los centros educativos estén al día en casi todos los campos.
Internet permite que las universidades con menos recursos tengan acceso a los
proyectos punteros de otros países o universidades de elites. También tienen
partes negativas, las cuales debemos asumir. Así, presenciamos -no en vivo,
sino a través de los medios de comunicación- vehículos último modelo a los que
no tenemos acceso económicamente. Tenemos que adaptarnos a un mundo en el que
vemos todo, todo está al alcance de todos y no podemos tener de todo.
Lo natural es que los mejores preparados en cualquier especie sobrevivan
y transmitan a sus descendientes sus genes. Los humanos hemos corregido este
principio gracias a la razón. La educación general para todos los ciudadanos es
la base para que las diferencias no se hagan insalvables, y más ahora con las
nuevas tecnologías, que nos ayudan en los estudios pero que también hay que
aprenderlas. El mundo desarrollado es cada vez más complejo. Pero no podemos
olvidar que la naturaleza tiene sus principios inalterables que -aun corregidos
con raciocinio- no se pueden eliminar, y así como los débiles desaparecen en la
naturaleza animal, en el ser humano crea una división diferente entre unos y
otros. Si la frase “siempre habrá ricos y pobres” sigue vigente ahora y en el
futuro, habría que añadirle: preparados y menos preparados. Es imposible que el
cuerpo social al completo sea puntero en las nuevas tecnologías, la división -por
más desagradable que resulte es incuestionable-, por lo que la división natural
permanece, aunque de otra manera.
La cantidad de recursos de las democracias ricas para con la educación
de sus poblaciones son inmensas, pero no infinitas. Optimizar los recursos en
armonía con la libertad de centros es el trabajo y la obligación de estos
países. Esto, que parece sencillo así en teoría, en la práctica es un esfuerzo
considerable, tanto en la cuestión económica -sólo hay que fijarse en el
porcentaje del PIB dedicado a la enseñanza de los países ricos- como de
preparación del profesorado, centros educativos, estudios, planificación,
investigación, etc.; en definitiva, todo lo que representa la educación para un
país. Imagínense lo que representaría un hipotético gobierno mundial, la ONU, o
algo similar en el futuro, aunque sólo fuese en líneas generales. Plantearse
una educación global y la síntesis, parece que va por ese camino, es imposible
por muchos recursos que se empleen. Aparte de la falta de libertad democrática
de muchos países con los que simplemente no se puede planificar nada, con países
que, si son democráticos, y sobre todo la unificación de las diversas culturas;
aun admitiendo claro está, que sería sólo en ponerse de acuerdo sobre las
cantidades de dinero a repartir, lo demás ni me lo planteo. Es cada país el soberano
para decidir la cantidad de recursos que se dedica a cada sector de la sociedad
y a los países con pocos recursos, ayudándoles dentro de las posibilidades
económicas y vigilando dichas ayudas. La globalización es un camino que se hace
al andar, parafraseando a Machado, no pretendamos dar un salto a lo desconocido,
pues lo más probable es que tropecemos no hacia delante, sino hacia tras al
intentar coger impulso.
La realidad es la que es y no nos engañemos con utopías peligrosas y sí
paso a paso. Si partimos de la actualidad que es la mejor situación de todos
los tiempos -y no sólo en la educación-, los pasos de futuro deben ser pocos,
seguros y racionalizando todos los recursos, tanto económicos como sociales. Evitar
pasos en falso al pretender una escolarización general. O acaso los países
pobres con parte de los niños aportando riqueza a sus familias pueden impedir
este desarreglo con el simple incremento de ayudas económicas. ¿No tendrían que
hacer primero los deberes democráticos, así como el control económico para
evitar despilfarros por corrupción etc.? Es decir, vertebrar la sociedad para
luego solucionar el problema del trabajo infantil. No es lo mismo hablar de
países ricos que de los pobres. Los primeros ni necesitan que se les diga lo
que tienen que hacer ya tienen en sus respectivos países quienes lo pueden
solucionar o las críticas para corregir los errores; los que están en vías de
desarrollo sostenibles o no, ya saben de la importancia de una población bien
preparada. El que reciban créditos ventajosos para arreglar deficiencias es
función del FMI y BM, y el hecho de que tengan que pagarlos les obliga a
racionalizarlos y, por supuesto, controlar los proyectos so pena de no ser
acreedores en el futuro de nuevos créditos. Si eliminamos los países que son
dictaduras y los que ni se plantean corregir el déficit democrático para el
futuro, sólo nos queda un puñado de países pobres, algunos de solemnidad, que
lo único que pueden hacer es gestionar el hambre.
¿Cuál es la mejor manera de ayudar en cuanto a la educación se refiere
para que estos países salgan del subdesarrollo? Esta pregunta no tiene una
respuesta educacional, ni global, ni utópica, de solución completa de todos los
desarreglos que padecen, porque la educación es una parte del futuro; futuro
que no tienen si no se empieza por el principio, que no es otra que la
económica. Cuando se critica que la globalización beneficia a los países ricos
y que con los recursos que consiguen gracias a las materias primas de los
países pobres no aportan las cantidades suficientes para el desarrollo de
estos, incurren en un error: los países pobres no pueden dejar de serlo de la
noche a la mañana, necesitan tiempo. Y en cuanto a que si dedicasen el uno por
ciento del PIB -o algo parecido- de los gastos militares en educación y contra
el hambre en los países pobres, el problema estaría solucionado. El error viene
de suponer que con unos miles de maestros y unos cientos de colegios ya está
solucionado el problema. Esto es una simplificación, pues lo necesario para
llevar a la practica una escolarización en un sólo país, aunque sea pequeño, es
bastante más y la demostración no cabria en esta tesis, ni sumando el espacio
de la antítesis y síntesis. Es decir, simplificar una solución es errar, como
dije al principio. Se necesita mucho más del uno por ciento del PIB de los
países ricos. Es muy fácil ver el problema y pensar: esta es la solución y en
paz. Todo problema complejo necesita un buen planteamiento y las herramientas
adecuadas para encontrar una solución, que no es otra en este caso que seguir
los pasos razonables que han llevado a los países ricos a serlo. Cualquier
error simple, mal planteamiento general o mala ejecución, da como resultado una
solución fallida.
Si los países ricos que poseen en sus sociedades la flor y nata de los
pensadores actuales no han encontrado una solución para la educación global desde
hace décadas es porque la realidad se impone, es muy tozuda y suponer que es
por una voluntad negativa el no haberlo realizado es suponer una maldad a sabiendas:
una hipótesis fuera de toda realidad.
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