GRANDES EMPRESAS
SINTESIS
Las empresas nacen, crecen y mueren al igual de los seres vivos. Nacen por la voluntad o necesidad de uno o varios socios. La mayoría de las veces el parto de la empresa o negocio es difícil: escasa financiación, preparación escasa, dificultad para encontrar el lugar adecuado, hacerse un hueco en la economía de la zona o sector. Otras veces el negocio es nuevo, un riesgo que asume el propietario convencido de la bondad de su decisión. Como los bebés humanos, están indefensos: entre papeles, tiempo, dinero invertido y competidores dispuestos a bajar precios para mantener la cuota de mercado. A diferencia de los padres, el estado rara vez se ocupa de ellos; alguna subvención o créditos a bajo interés. La mayoría de las veces los deja en un charco de agua como renacuajos. La vida es dura y el que sobreviva estará preparado para seguir: es lo que deben pensar los administradores. Hay otra forma de nacer, pero esta no tiene gracia: crear un clon mayorcito o alquilar una placenta-estado.
En la evolución de una empresa -como en el ser humano- hay eslabones perdidos, mutaciones en el tiempo a menor y a mayor para bien o para mal. Primero crecen en volumen de negocio y personal hasta dominar todos los conceptos del negocio en un espacio-tiempo determinado. Una empresa de confección mutación y media atrás podía llegar a diseñar, producir, vender y llegar a la cúspide fabricando los propios tejidos, con cien, doscientos, cuatrocientos empleados entre todas las secciones. Una de estas empresas ideó un cambio en la entidad y subcontrató la producción; luego el corte, diseño, forrado de botones, tintes, modelismo. Mutó a empresa madre con hijos subcontratados: diez hermanos oficiales y cien o doscientos haciendo meritos: más volumen de dinero con menos riesgo. Algunos habrán llegado al límite de las posibilidades mientras se está produciendo la última mutación, esto es: empresas madres con partes subcontratadas incorporando el volumen total de las ventas a través de las franquicias de tiendas propias y ajenas. Grandes marcas de ropa con miles de tiendas, diseño, producción y rotación en propiedad. De mil millones han pasado a cincuenta mil, cien mil... Al sumar las ventas de las tiendas están mutando hacia la totalidad de la producción-venta y globalidad del planeta. Antes se movían entre provincias estados, dentro de un país; ahora están en todos los países. Las leyes que debían cumplir ya no les alcanzan. Millones de prendas circulan en barcos, aviones; desde países pobres que producen a países ricos que compran. Subcontratan todo y recaudan las ventas: producen a una y los cobran a cien. Los inadaptados a este feroz progreso no es una parte, es casi el todo; no hay capacidad para más: están monopolizando el planeta sin leyes a su nivel. La globalización vuela tan alto que no tienen proximidad con los más necesitados. La solidaridad nace de la proximidad y los que dirigen las empresas globales están en el séptimo cielo. La empresa debe ser la fuerza de la humanidad, no la cabeza.
La solución está en los límites: comprar a noventa días y cobrar en una semana es utilizar el dinero del productor. Hay que eliminar los noventa días o un porcentaje de la rotación para el que produce, así como un sueldo acorde con las ventas finales para los trabajadores del tercer mundo o infraestructuras para el país. No se debe subcontratar todo; de hacerse, parte de los beneficios finales deben ser para las empresas subcontratadas, y los trabajadores, en general, deben recibir un plus de beneficios: a más beneficio empresarial, más salario. En la actualidad cuando la empresa va mal no se quedan sin plus, se quedan sin empleo.
Partir del cincuenta por ciento para la economía pública y privada. El que se decante hacia una u otra dependerá de la derecha o izquierda y de circunstancias: hay situaciones en las que conviene más pública y países en la misma época la privada. Escorarse mucho hacia un lado es negativo; como siempre las zonas templadas son más eficientes, a pesar de no percibirse el beneficio de forma inmediata. Lo mejor, un equilibrio inestable. Ahora bien, la economía pública y privada deben tener conexiones, de tal manera que algunas empresas públicas se pueden dedicar a temas consideradas exclusivas de las empresas privadas, y éstas a la pública; también monopolios públicos a la economía y empresas privadas con un monopolio. Los controles internos, externos y trasversales sobre las empresas contrarrestarán las desviaciones. Una empresa privada con un monopolio privado no tiene por qué ser malo: duplicar esfuerzos en redes de muy alto costo es despilfarrar; mejor eliminar la competencia a nivel nacional o mundial y meterla dentro de la empresa, entre partes del monopolio privado.
Los trabajadores deben tener sueldos fijos más variables, así como los directivos: a mayor beneficio, mayor sueldo. Para visualizarlo mejor nos vamos al lado contrario: un monopolio público que debe ser siempre público: me estoy refiriendo a las Fuerzas de Seguridad, Policía Municipal, etc.; todos los trabajadores deben cobrar una parte mayor fija y otra menor variable, para potenciar al mejor: a igual trabajo igual salario. Si un policía pone más multas, más salario: se lo imaginan; pues no, depende. Cuando digo beneficios me estoy refiriendo a un coctel de beneficios, a saber: multas, delitos, coste, velocidad media de vehículos, etc.: cada profesión tiene su coctel, más grandes o pequeños. Hay que tender a reducir el coctel sobre la parte más pequeña de una empresa; no es lo mismo una ciudad de cinco millones que otra de veinte mil. Hay que dividir por barrios o sectores dentro de la policía municipal, por ejemplo. Coctel de beneficios con restas por desequilibrio: muchas multas y poca velocidad media de los vehículos igual a menos beneficios; muchos delitos, más altos costes y muchas multas de tráfico igual a más desequilibrio: menos sueldo; a más armonía más sueldo. El coctel reducido a pocos trabajadores para favorecer el trabajo en equipo con un buen equilibrio entre ellos y las funciones bien desempeñadas: más sueldo. También puede ser coctel general, más parcial; las combinaciones son múltiples y son los jefes junto con los sindicatos los que deben negociar el sistema. Que prime el trabajo bien hecho, rápido, lo más barato posible y mayor sueldo. Todo se puede medir, y si no hay manera de hacerlo se recurre a la receta democrática.
Una empresa privada con un monopolio privado al igual que otras posibilidades entre públicas y privadas, con los controles por arriba, internos y sociales; con la política sindical descrita anteriormente incluidos los directivos, puede ofrecer precios bajos, servicios dignos y sueldos altos. Y además con el reconocimiento social que se merecen, más las ganancias superiores, gracias al orden interno que tarde o temprano los ciudadanos apreciarán.
Hay coyunturas económicas en las que conviene más economía pública o al revés, y países con la misma problemática coincidiendo con otros países o no, ¿cuál elegir? Si, además, en unas épocas conviene tener controlada la red eléctrica, el carbón o cualquier otra energía, y en otras la informática, comunicaciones, etc. ¿Cuál puede ser la fórmula que se pueda aplicar de manera general? Propongo una, no tiene por qué ser la única o la mejor: perspectiva. En la economía privada prima el beneficio a corto plazo, con razón o sin ella es así, no le interesa o no puede esperar veinte años a recoger los beneficios de una buena educación pública para todos, aunque la necesiten para tener muchos trabajadores bien preparados en este presente tan tecnificado y más que será en el futuro. Es el Estado el que se ocupa de esta perspectiva con resultados espectaculares. Alguien ha escrito que no hay país rico que no tenga a todos los niños y niñas en la escuela, ni país con muchos analfabetos que sea rico; esta receta es aplicable a la economía pública, dependiendo de circunstancias particulares de cada país. Los Estados deben vender las empresas públicas que no interesen -desde un punto de vista de futuro- y comprar las que estén en crisis o crear nuevas empresas que con los años traigan beneficios múltiples. No es fácil saber cómo será el mundo dentro de veinte o treinta años, pero ya sabemos hacia donde nos dirigimos, y en esa línea es donde el sector público debe perder dinero. Hay varios sectores con indicios claros de futuro, me voy a referir sólo a uno: el cambio climático.
El cambio climático, agujero de ozono -la contaminación en general- es el efecto del progreso. Esto va a más. Invertir en ecología sólo traerá gastos ahora y dinero después. Corta fuegos, desbrozar, vigilantes, bomberos, prevenir, concienciar, investigar, multar, repoblar, recolectar: graneros de empleos del presente para un futuro mejor; empleos sin cualificar no del todo: trabajos manuales y mecanizados. Las últimas técnicas para impedir fuegos de miles de hectáreas. Aterra pensar que una sola persona descuidada o malvada sea capaz de provocar tantos desastres ecológicos. Perder dinero ahora es igual que pagar a maestros y maestras. El futuro será de los van al colegio y de nosotros si nos tomamos en serio esta perspectiva. Aquí es donde el Estado tiene responsabilidad: miles, cientos de miles de empleos públicos para el futuro, y como contrapartida directa, menos paro.
Producción, manipulación, distribución y venta: los cuatros eslabones básicos del comercio. Si una empresa domina los cuatro obtiene una cadena completa: un monopolio que ahoga a la competencia. Si produce o domina las compras por la rotación de los productos -comprar más caro es tener más dinero los noventa días- y las ventas la tiene asegurada por publicidad y tiendas en propiedad, etc., se pueden permitir el lujo de perder dinero en uno de los eslabones y eliminar a la competencia: una isla de pérdidas (Navegador de Bill Gates) en un océano de ganancias. El regalo hunde a la competencia. Si hay muchas empresas que se dedican a lo mismo y construyen cadenas de monopolios individuales se eliminan unos a otros o luchan en segmentos de ventas diferentes: distintas marcas de ropa para sectores diferentes de población dependiendo del poder adquisitivo, cultural o edad.
La obligación de los que mandan es hacer disminuir las desviaciones de la competencia, suprimir monopolios legales o tapados como los descritos anteriormente; los legales pueden ser reconvertidos, sean públicos o privados con los controles adecuados. En cambio, los tapados distorsionan el mercado y no hay otra solución que ponerles límites a la cadena completa para que la verdadera competencia haga bajar los precios. Legislar para impedírselo, darle la opción de soltar la producción o la venta -o que se conviertan en monopolios controlados- es la solución de futuro.
Las aberraciones en el mercado son múltiples, todas no se pueden eliminar, pero las que se detecten hay que combatirlas. Emplear a un trabajador sin contrato es competencia desleal entre empresarios. Permitir o ayudar a que se instalen infinitas superficies descomunales no favorece el comercio. Todo tiene sus límites, a menos que se legisle una discriminación positiva a favor de los perjudicados: los pequeños comerciantes o países. Esto si ayudaría a la competencia.
La competencia comercial debe ser lo más justa posible, las leyes deben favorecerla y limitarlas para que los participantes no se eliminen unos a otros, incluso antes de empezar: desde el momento que una empresa domina una cadena, elimina a la competencia y el precio del producto sube. El problema está en descubrir las distorsiones y no es fácil porque están camufladas detrás de: fidelizar, marca, libertad total de horarios, precios muy bajos, subcontratas sin fin. Poner límites no significa ahogar a las empresas mediante leyes para todo, de lo contrario caeríamos en el otro extremo: la economía planificada, y tanto una como otra es negativa.
¿Qué papel juegan los sindicatos en la gran empresa global? O habría que preguntar: ¿cuál debería ser? Puesto que empresa global es igual a sindicato global, esto no es suficiente. Antes de llegar al futuro conviene repasar el pasado para saber desde donde partimos. Es indudable que los sindicatos arrastran desde años problemas de filiación escasa, poca participación de los trabajadores en las estructuras internas, cuotas pequeñas y dependencia del Estado para mantener las negociaciones permanentes con los empresarios. (Donde este último caso ocurre, los empleados están mejor representados en los países con sindicatos indefensos al estar a expensas sólo de las cuotas la situación del trabajador está peor). En un mundo cada vez más complejo, las negociaciones se eternizan por la variedad de temas a tratar y posturas encontradas, repitiéndose los conflictos años tras años, (convenios, muchos convenios en miles de empresas y sectores).
Agotada la lucha por el descanso dominical, la jornada de ocho horas y la renuncia expresa a ser dueños de la producción por la mayoría de los trabajadores, ha dejado a los representantes de los trabajadores en sindicatos de servicios. La resistencia para aceptarlo ha provocado el nacimiento de sindicatos menores con el propósito de atender las necesidades de trabajadores especializados. Estos sindicatos más pequeños tienen más poder de convocatoria y de hacer daño con las huelgas a las empresas: mil maquinistas de tren paran a la empresa; treinta y nueve mil de varias categorías profesional juntas, no. Esta disfunción repetida multitud de veces en una empresa y de empresas diferentes hace daño a los sindicatos de clase, en teoría más fuerte, pero en la realidad más débiles.
No aceptar la realidad de que la mayoría de los trabajadores quieren más tiempo libre, que es igual a más calidad de vida y el no querer ser dueños futuros de las empresas; el ataque directo de la patronal, dividiendo a los sindicatos de clases hasta límites aberrantes, con contratas múltiples, filiales, contratos precarios, etc. Estos trabajadores no luchan por sus intereses laborales y los sindicalistas con conciencia de clase son incapaces de movilizarlos, al menos que se vean en situaciones desesperadas.
Las grandes luchas del pasado que hizo derramar sangre para conseguirlos son eso, pasado; el tiempo presente y más el futuro exige nuevas metas que no necesitan sangre sino decisión, habilidad, oportunidad, renuncia. La renuncia parcial a la lucha de clases para conseguir convenios totales dentro de una empresa mastodóntica; por sectores, los restantes; tomar la decisión dolorosa de renunciar a compañeros, que no lo son por ser insolidarios; tener la habilidad de ofrecer soluciones a los trabajadores que luchan para no trabajar los domingos; encontrar maneras para que contratos eventuales se conviertas en indefinidos. Aprovechar el momento más oportuno para exigir a la patronal estas medidas: no pedir aumento de sueldo si disminuye el porcentaje de contratos temporales. Que fácil parece, pero fue más duro las ocho horas y el esfuerzo que representaba las cuotas a los sindicatos era elevadísimo ya que el sueldo daba para comer y poco más; ahora, en cambio, el sueldo es hipoteca, ocio, coche, etc.
La empresa ha mutado, y la demostración es la cuadratura del círculo que representa el que en un litro de leche se ganen un céntimo y gracias a la rotación ganan más o igual financieramente, y cada año que pasa suman al céntimo de leche pasado la del presente. En las relaciones laborales las empresas han sufrido una mutación parecida y los sindicatos deben hacer lo mismo, con una condición: ganarles en justicia, democracia, competencia, orden y progreso. Las grandes empresas no están interesadas en estos conceptos mayores, los trabajadores sí, y los sindicatos se deben de poner delante para que sepan que hay otras maneras de vivir en una sociedad tecnificada al máximo; que no hay derecho a vivir agobiados por contratos cortos, jornadas largas, ser autónomos sin autonomía, depender de una empresa madre y ser tratado como bastardo.
La mutación cuesta dinero, como no, si además hay que desenvolverse entre intereses, plazos, sueldos. Las empresas a lo que realmente se dedican es a mover dinero-plástico, lo demás son maquinas o subcontratados. Los sindicatos deben aprender a moverse en este mundo. Así, con el diez por ciento de afiliación no hay nada que hacer, al igual que con las cuotas de seis euros al mes. Un seguro de vehículo cuesta treinta euros; es como si aseguráramos el contenido de una casa (¿y el sindicato el continente?); cambiamos de coche cada cinco años y de empleo también. Por tanto, un seguro del continente no, del contenido sí. Treinta euros para asegurar la vida laboral es la cuota mínima para que un sindicato tenga la suficiente liquidez para poder luchar por los intereses de los trabajadores; liquidez a aumentar con los intereses bancarios: hay que aprovechar las mismas armas que la empresa. Los trabajadores deben saber que todo cuesta y asegurarse el futuro no puede ser barato.
Treinta euros de cuota o menos, o más, a la carta, tanto de cuota como la forma de relación con el sindicato. De servicio: cuotas a cambio de estos. De clase: cuota a cambio de servicio y participar en la organización. Un sindicato misto, controlado por los afiliados de clase, pudiendo participar los de servicios en todo lo demás, como votar; dos sindicatos en uno con vasos comunicantes: a mayor cuota, más sueldo en caso de huelga, al igual que los otros servicios. Un sindicato atractivo para los trabajadores, con todos los servicios relacionados con el trabajo actual; con formación continua, información, convenios, vigilancia de las leyes laborales, seguridad e higiene y cualquier otro que directa o directamente repercuta en el bienestar de los trabajadores. Un sindicato que tienda a unificar a todos los trabajadores en un sólo convenio, de una misma empresa si esta es grande y compleja, no para ser sindicato único, sino para tener afiliados en todas las categorías y profesiones.
Un sindicato fuerte con capacidad de ofrecer servicios imposibles por los pequeños, por volumen de caja de resistencia, formación, etc. Con representantes comerciales que visiten los domicilios de los trabajadores para venderles los servicios e informarles de los asuntos que les conciernen; o a través de Internet. El centro de trabajo sólo debe ser uno entre otros, el lugar donde se desarrolle la acción sindical. Convencer a los trabajadores con poder: los que son capaces de suspender la actividad de la empresa para que se afilien, para ofrecerles más y mejores servicios. Hacer asumir a los afiliados en general que los convenios deben ser globales, de todos los estamentos de la empresa, con sueldos dispares entre un trabajador sin cualificar y otros con una especialización extrema. Ofrecer a los trabajadores formación total, mediante convenios con los gobiernos y financiación compartida, centros propios de formación continua donde los parados -o no- puedan perfeccionar la profesión o cambiar a otra con más futuro: cobrando un sueldo mientras esto ocurre si el trabajador está en paro. El sueldo de la persona que esté en el paro debe ser un coctel: mayor la parte del estado; otra parte menor del sindicato; otra más, dependiendo de la cuota de afiliación; y una más, dependiendo del factor de actividad en la formación para ayudar a los más activos en el reciclaje. En definitiva, unos sindicatos que liberen a los trabajadores que así lo deseen de responsabilidades sindicales, al ser estas cada vez más complejas.
La globalización tal y como se presenta son empresas descomunales con sindicatos diminutos. Es malo que el poder no tenga enfrente su contrapoder. Los empresarios han creído saber que dividir y excluir a los sindicatos les beneficia y no se han dado cuenta que perder trozos de humanidad asfixia el espíritu y los hace más pobre de mente y riqueza. El desarrollo fue consecuencia de dividir el poder absoluto gracias a la democracia para que la burguesía pudiera prosperar. Dividir el poder global es igual a riqueza global y ellos que son los más ricos. Desde lo alto de la vertebración se darán cuenta que serán mucho más ricos.
La globalogía no es mitad y mitad de la globalización y antiglobalización: es un marco general por arriba y por abajo, con otros en medio, como las relaciones entre los empresarios y trabajadores. No es suficiente con sindicatos globales, tienen que ser más fuertes para lo que les espera. El futuro les exige cambiar la esencia actual por otra que les permitirá intervenir en las grandes empresas globales. Se tienen que preparar para el futuro porque los propios sindicatos son partes de este, y su intervención es imprescindible para crearlo y que nazca global.
No hace falta decir toda la tesis, ya se encargan los medios de comunicación de exponerla y la antítesis es tan grande como persona que critique la globalización. En cambio, esta síntesis es mi tesis sobre la globalización y para que tengan una visión general debe ser completa. Esto lo expongo por si calculan la diferencia entre las tres posturas.
Podemos determinar hacia dónde va el mundo, en cambio un individuo puede ir en dirección contraria a él. Una persona es imprevisible, muchas son previsibles; la persona más inteligente puede cometer un error de bulto, tanto personal como profesional, sin embargo, a la mayoría le es imposible cometer este error. Siempre habrá quien se de cuenta del fallo y lo hará saber. Los errores graves de la humanidad ocurrieron porque el que lo denunció no tenía poder, o al poder no le interesaba y si muchos denunciaron el error. El que mandaba los ponía en orden, es decir los eliminaba o lo intentaba con toda la fuerza de la que disponía. El que esta solo se convierte en egocéntrico, mira alrededor y se da cuenta que todo le rodea y termina creyéndose el centro de él: si es muy ilustrado y tiene poder caerá en el despotismo. Dijo Aristóteles: “El conocimiento se refiere a lo general en tanto que el error alcanza a lo particular”. La precipitación por conseguir los objetivos empresariales crece más y más, al igual que los beneficios o productividad. Los objetivos múltiples, todos para reducir costes y aumentar los beneficios, ciegan la razón y la voluntad es la que los lleva en volandas. La voluntad de crecer y crecer sin oír las voces discordantes de la mayoría precipita los errores. Mientras en democracia se resuelven, en la soledad no se perciben. Las empresas, entre más globales, grandes en personal, beneficios, inversión y activos, más distancia con los empleados o clientes (y no digamos con los no clientes).
Las empresas globales no son un error en la evolución humana (salvo que estén controladas de forma individual en vez de por un grupo colegiado); los fallos individuales son parte del ser humano, los colectivos se resuelven gracias a la democracia: la participación de todos elimina el error individual. En la vertebración del mundo las empresas globales son necesarias como lo son la columna, cabeza y corazón. No podemos estar sin brazos o piernas para poder caminar al futuro; hay que moverse con armonía general y con la fuerza motriz en sintonía con el resto del cuerpo. La globalogía es poner en orden este desorden de partes desarrolladas en exceso, mientras otras se quedan atrás. No se trata de retroceder, sino de hacer avanzar las partes excluidas para darle armonía al conjunto: una cabeza que dirija el conjunto, con el corazón de todo el cuerpo social y la fuerza de las articulaciones globales.
Cuando un poder ejecutivo y democrático delega poder en una persona de su confianza, se queda sin él. El presidente de una empresa pública, semipública o privada, cuando recibe este poder tiende a quedárselo y aumentarlo (al menos que sea un ente autónomo con toda la esencia y en armonía). Las empresas públicas y privadas tan grandes económicamente como países disponen de recursos múltiples: esto es poder y el poder tiende a ser absoluto sin contrapoderes. Bill Gates tiene la cadena completa; se puede legislar para que suelte un eslabón, pero también se puede convertir en una empresa democrática: empresa global es igual a empresa democrática global. La democracia es la solución. Esto, repetido hasta la saciedad, es lo que voy a desarrollar a continuación referente a las empresas. No es una solución perfecta, la democracia es así, puede que me equivoque gravemente o cometa errores de bulto. Las cantidades y las formas de los organismos tendrán que desarrollarlos juristas, abogados, etc., a pesar de estos fallos que a priori voy a cometer creo que en lo básico es acertada. Tampoco me he caído del árbol ayer y se que todo está inventado. Expongo parte de un todo para visualizar la solución.
J. J. Rousseau propuso en el Contrato Social que “A países pequeños le vendría mejor una democracia y a los grandes dictadura”. Se equivocó porque vale para todos. En cambio, para las empresas es la medida exacta, sólo hay que darle la vuelta a la frase: a empresas pequeñas, dictadura; a grandes, democracia. Un empresario con un empleado -o cien- es un dictador, lo dirige todo; en cambio, una empresa global con un volumen de negocios como el producto interior bruto de un estado necesita un poder ejecutivo, legislativo y judicial. A continuación. expongo la forma que tendrías estos poderes.
El Ejecutivo lo formaría el que ganara en las elecciones empresariales. Podría ser un accionista mayoritario o varios en coalición o mixtos: accionistas y un sindicato o varios. Las posibilidades son muchas, pero en la práctica se reduciría a dos, cuatro y poco más, tendiendo siempre que el sistema favorezca la gobernabilidad sin excluir del todo la diversidad. El juego democrático provoca la moderación. Así, sindicatos extremos no tendrían posibilidades; y accionistas enfrentados con los trabajadores igual: la tendencia al centro seria lo normal. Las funciones y composición del ejecutivo hay que buscarlas en la experiencia de las democracias. Al igual que el poder judicial ¡necesito un constitucionalista!, y como no lo tengo, sólo algunas observaciones. Las empresas tienen sociólogos, comités disciplinarios, etc. Con la creación de estas empresas de derecho o democráticas, les será fácil la reconversión y adaptación, y así poder llegar a tener obviamente una constitución empresarial.
Legislativo: tamaño, de cincuenta a cien Diputados Empresariales y la composición sería por cada mil trabajadores un diputado; por cada mil millones de euros un diputado. Se crearía la Empresa de Derecho por Ley, cuando se llegara a cincuenta diputados, bien por cantidad de trabajadores o por volumen de actividad de la empresa. Para las que no llegasen, una opción sería la voluntaria: empresas que por su cuenta decidiesen que sería más rentable, ser empresa democrática que seguir como en la actualidad.
Las elecciones serian: una acción un voto, un trabajador un voto; aquí se necesita una cocina convalidación: dividir el número total de acciones entre número total de trabajadores para saber cuantas acciones vale un voto partiendo de la base de que hay más acciones que trabajadores. Así el parlamento empresarial estaría compuesto a priori al cincuenta por ciento entre trabajadores y accionistas. La composición definitiva después de votar sería compleja, ya que trabajadores muy cualificados, ejecutivos o por ideología, votarían al partido o coalición de accionistas y no a los sindicatos; estos serían votados por los trabajadores y accionistas disconformes con la Dirección o, simplemente, coaligados con los trabajadores para en un futuro ganar y dirigir la empresa. Como en cualquier democracia los resultados serían más o menos previsibles (eso sí, con la experiencia de varias elecciones). Todos los trabajadores votarían, tanto los fijos como los eventuales, y todos los accionistas; así como votar dos veces por los accionistas que fuesen al mismo tiempo trabajadores, y estos sí tuviesen acciones de la empresa. Los restos o fracciones se sumarian: si un trabajador tuviese una acción, esta fracción seria su voto, con valor equis. Con respecto a las empresas filiales, si el cincuenta y uno por ciento pertenece a la empresa madre votarían, y las subcontratas y demás posibilidades deberían ser el propio parlamento empresarial el que tendría el poder de incorporarlos. Se admiten sugerencias: se necesitan sugerencias.
Como se ve, los sindicatos cambian de entidad: se convierten en partidos; lógicamente sólo para las empresas con parlamento. Las huelgas serian innecesarias o contraproducentes: ¡se les podría llamar huelgas políticas! Un inciso serio decir: que las mutaciones no eliminan nada anterior, por tanto, los sindicatos deberían estar presentes en las empresas democráticas para defender a los trabajadores que de cualquier forma que se haga siempre habrá una minoría de excluidos que necesitan ser defendidos.
Los dueños o accionistas también serian diferentes, cambian de entidad, pero menos. Podría darse el caso de un accionista con el dos o el tres por ciento que asociado a un partido sindical atrajese hacia esta plataforma votos de otros accionistas más pequeños, convirtiéndose en oposición, con opción de ganar y desbancar al dueño actual; que sería en principio un ganador lógico, pero estaría presionado para hacerlo bien por la cuanta que le tiene. De todas las maneras, la situación actual de que con el cinco o diez por ciento de las acciones se presida una empresa global es una contradicción; no así de forma democrática. Los casos en que el presidente tiene el veinte, treinta, cincuenta o más porcentaje de acciones es claro que sería ganador por la cantidad de votos que valen sus acciones. Como he dicho al principio, la democracia provoca moderación, y todos los accionistas y los trabajadores constituirían partidos empresariales o coaliciones moderadas para tener posibilidades de ganar y nombrar al ejecutivo.
El funcionamiento de este parlamento sería análogo a los parlamentos nacionales: elegidos por cuatro años; votar a quién será el presidente, éste nombra el gobierno y así sucesivamente. Otro inciso es necesario. Puesto que una OPA, que es sinónimo de hostil, o cualquier otro cambio brusco de las acciones cambiarían la composición del parlamento, hay que decir que cambiar de entidad una pieza original hacen recolocar todos las demás. Así, para tener derecho a votar tendrían que ser acciones mantenidos por un tiempo: empresas grandes es igual a grandes proyectos; grandes proyectos son igual a inversiones mantenidas en el tiempo. El parlamento empresarial tendría sus comisiones: estrategia comercial, investigación, laboral, seguridad e higiene, etc. Cuando se tratase de nuevos proyectos -y para evitar el espionaje industrial-, plenos reducidos y secretos para evitar fugas de información. Las sesiones deben ser grabadas. Las empresas globales tienen recursos de sobra en este tema ya que disponen de miles de cámaras de seguridad. Usar unas cuantas en el parlamento es un gasto asumible por la empresa global y democrática.
Las votaciones como en el parlamento nacional: mayorías simples para los temas normales, absolutas cuando se trate de asuntos más importantes, y de dos tercios o mayorías cualificadas para los temas que afecten a la estructura de la empresa: fusiones, ventas, OPAS hostiles o no, ampliación de capital, etc. Esto es importante, incide en lo mencionado anteriormente, pues una ampliación de capital puede dar como resultado una mayoría distinta en las siguientes elecciones.
Las funciones del legislativo serían sobre todos los aspectos de la empresa, desde los sueldos a los trabajadores al reparto de beneficios a los accionistas, pasando por los proyectos y organización; también productividad, investigación, etc. Todos los problemas encima de la mesa para solucionarlos. No es bueno que los problemas se pudran, tiene efectos colaterales nefastos en el tiempo, incluso mayor que los problemas en sí.
Las campañas electorales no tienen por qué ser complicadas: Las empresas globales tienen muy desarrollado los sistemas informáticos. Ya es hora de aprovechar las nuevas tecnologías para votar, es la solución por estar los trabajadores situados en distintos centros de trabajo de la misma ciudad, en distintos países y continentes. El control, tanto del parlamento como de las votaciones, por cámaras de televisión; más los clásicos en la democracia; más cualquier otro de las nuevas tecnologías como la informática.
La pregunta implícita es: ¿cuánto cuesta la conversión en empresas democráticas? La respuesta es imposible de cuantificar. Se podría hacer un cálculo aproximado, pero es más fácil restar a esta equis sin despejar el costo actual de las empresas en asambleas de accionistas, juntas, consejos de administración, sueldos de los representantes empresariales encargados de negociar con los sindicatos los convenios y demás; personal altamente especializado con sueldos elevados, más los gastos de la parte sindical; más los gastos de los representantes de los trabajadores que se dedican enteramente a labores sindicales con sueldo a costa de la empresa. Las negociaciones de los sindicatos y la patronal se parecen en muchos casos al juego del gato y el ratón donde el ratón tiene casi siempre las de perder: haber quien resiste más o a un juego de póker con faroles incluidos, ofreciendo poco y pidiendo mucho, que al final termina en un regateo por un porcentaje de subida salarial minúsculo y que sin embargo puede dar al traste meses de negociaciones e iniciar una huelga con pérdidas millonarias para las dos partes. Cuanto mejor serían unas reglas preestablecidas en un foro permanente, donde cada año se negociase el convenio tal y como en los parlamentos nacionales se negocian los presupuestos para el año siguiente. La suma de todos los gastos de una empresa de derecho no será tan elevada como en la actualidad son las negociaciones, y si lo fuesen, el beneficio en clarificación y orden representaría a la larga un bien para la empresa.
Desde fuera las empresas democráticas serían atractivas, sin dobleces, con transparencia para negociar con ellas, como los estados de derecho, donde los tratados se cumplen a pesar de cambios de gobiernos. Las inversiones acudirían por la seguridad y la eficacia que sin duda resultaría de unir la democracia con la empresa. Si los países democráticos son los más ricos es por dar la oportunidad a todos de participar. No excluir a pequeños accionistas y a los trabajadores en la toma de decisiones en la empresa dará el mismo resultado: riqueza democrática. La competencia para gobernar la empresa mediante las elecciones daría como resultado un ejecutivo de empresa con el acicate de la oposición donde el invento ilegal seria descubierto por el oponente de manera rápida: en ello le iría el poder ganar las próximas elecciones. Una empresa más justa desde abajo hasta la cúpula, pues el trabajo bien hecho traería recompensa en sueldo y ganar las próximas elecciones: una empresa ordenada donde todos sabrían a qué atenerse, incluidas las otras empresas.
Comentarios
Publicar un comentario