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Capítulo decimoquinto

 

INFORMACIÓN

SINTESIS

 

 

 

 

 

La síntesis en la información -al igual que en los demás capítulos- es diferente a la suma de una parte de la tesis y otra de la antítesis, y esta diferencia es más acusada en esta síntesis de la información.

La crítica ha evolucionado hacia la complejidad y necesita un marco general, necesariamente con otros menores, teniendo en cuenta los cambios según el análisis previo de la antítesis. En este marco general debe estar la crítica de la crítica; también la evolución de los medios viejos y nuevos, pues varios de los problemas se originan en la incorporación de nuevas complejidades, varias de las cuales han derivado hacia el espectáculo o tiempo libre. La información en general y los medios de comunicación uno a uno son más que partes necesarias para la democracia global; tienen responsabilidades diversas, siendo la mayor las sociales. La información es esencial para la globalización, y sin armonía entre sus partes pierde su entidad.

Criticar es más que enumerar los errores ciertos o no. Incluye las soluciones prácticas o teóricas, posibles e imposibles. Si los errores son individuales, a los aciertos les pasa tres cuartos de lo mismo: la mayoría decide sobre los errores y soluciones posibles a dichos errores. Excluir críticas e ideas individuales es no saber y más si son colectivas. Poner los medios para que todos se puedan expresar y saber cuántos son es imperativo para evitar errores de bulto. Una idea genial excluida o un error pasado por alto puede dar como resultado una enajenación colectiva y la realidad se presentará tarde o temprano con sus muertos. Saber cuántos proponen o critican es fundamental; cientos de miles en manifestaciones ciudadanas pueden representar minorías diminutas o mayorías para gobernar. Los parlamentos nacionales son genéricos. Cuando se vota se hace por formaciones demasiado grandes. Es necesario para favorecer la estabilidad de la democracia, pero las complejidades del presente no caben en los partidos políticos: son ideológicos, económicos y emocionales, es decir todos los problemas. Los parlamentos y los gobiernos tienen que delegar poder en órganos democráticos, porque puede ocurrir que proposiciones trasversales entre partidos políticos sean mayoritarios y no se reflejan en las elecciones; los errores igual. Esta falta de medio para expresarse crea autoexcluidos, apáticos ante las votaciones. Una convicción fuerte sobre cualquier tema (hay muchos y va a más) que vaya contra el partido más afín puede ser abstención; también puede ocurrir lo contrario: que ciento de miles pueden salir a la calle para aplaudir a dictadores, siempre minoritarios. Es la falta de medios adecuados para la expresión general la causa de que las personas salgan a la calle como la única manera de oponerse a la mayoría política. Si la libertad de manifestación es parte de la esencia democrática y la democracia ha evolucionado hacia la complejidad y hacia la globalidad, este derecho de manifestación no cabe en el asfalto ni en los medios-embudos de comunicación. La imagen de los manifestantes fluctúa entre alegría o enfado, correctos o violentos, pero las imágenes tienen trampa: no caben todos en ellas. Todos no van alegres o enfadados, correctos o violentos. Sumado a todo lo anterior, que los sucesos son más interesantes para los medios da el resultado vicioso de miles rompiendo cristales o provocando a la policía, siendo decenas. En democracia sólo hay derecho a excluir a los asesinos, todos los demás son conocimientos necesarios para evitar los errores individuales. Los dirigentes que tengan miedo de estas manifestaciones -sean mayoría o no- y pretendan dividirlos acusándolos de violentos -no siéndolo- se salen de la realidad; y las organizaciones sociales que amparen a los que excluyen con su violencia camuflada en una manifestación cometen el mismo error. ¿Propongo la perfección? No, sólo el cauce mayoritario, el marco general para ayudar a las soluciones, la mesa donde poner los problemas. Estos seguirán, mejor tenerlos delante a la altura adecuada para examinarlos y dictaminar las posibles soluciones o medias soluciones.

Toda tesis tiene su antítesis, toda opinión su contraria, toda síntesis es una tesis. La mía es esta, que la información debe ser plural. Esto tan simple no se cumple siempre por el hecho de haber dos o múltiples medios de comunicación. ¿Por qué llegó el nazismo al poder democráticamente? La tesis nueva para la época de los medios de comunicación de masas como el cine y la radio no tenía su antítesis desarrollada: se daba por verdad las barbaridades, repetidas miles de veces. Orson Welles demostró con su Guerra de los Mundos que parte de los ciudadanos americanos no dudaron de un medio nuevo y se creyeron la llegada de los marcianos por muy irreal que pareciese: si la radio lo trasmitía sería verdad, debieron pensar. La tesis globalización es nueva, necesita de la antítesis para depurarse, y si está excluida en parte en los medios de comunicación no pueden ayudar para crear la síntesis- tesis. Algún dirigente mundial ha llegado a decir que habría que hablar con los antiglobales que no usen la violencia; dio por hecho que unos pocos son muchos; o que los antiglobales son contrarios entre sí cuando cualquier fuerza, acto, movimiento, justo o injusto, -y la globalización es justa- recibe la oposición múltiple de fuerzas contrarias: es la tesis (al digerir las oposiciones la que avanza con las vitaminas aportadas). Los excluidos son muchos y los medios de comunicación no difieren en la mayor la correlación de fuerzas entre ricos y pobres. Al no tener acceso a los medios la critica a lo global, a empresas globales o megaempresas, gobiernos nacionales, sociedad en general, incluidos los propios medios de comunicación. Si las críticas son buenas para un país lo son para todo los demás. Los contrarios son necesarios para no caer en errores de bulto. Estas críticas pueden ser por hambre, falta de libertad, por opinión, y al no tener los medios a su alcance de forma plena no se les oye lo suficiente; y se da por hecho que la globalización es verdad tal y como la presenta la tesis.

¿Cómo saber si las informaciones son verídicas, provocadas, están fabricadas, no se emiten, quien se excluye o le excluyen, o simplemente falsas, con sus interrelaciones constantes? A esta pregunta tan compleja solución igual. Hasta aquí la quinta habitación de esta casa global que le estoy enseñando a usted lector o lectora voluntaria. Le he puesto una venda en los ojos para que no viese desde el exterior la casa porque habría opinado que es pequeña o grande, fea o bonita o contrahecha. He preferido que empezara a conocerla desde dentro: primero la habitación dinero: como son y no deberían ser y como es. Después con el comercio, personas, grandes empresas: siempre igual, marcándole lo que no debería ser y la forma definitiva con vistas interiores por office o puertas de habitaciones contiguas, para al final preguntarle desde el exterior con jardín incluido: ¿qué tal mi casa global? Y con la información desde dentro y fuera y sin prejuicios pueda dar una opinión sobre ella en su totalidad. Pues bien, la solución de cómo resolver los problemas de la información se vislumbra desde la habitación de grandes empresas. Cada habitación tiene su función en esta casa y sus múltiples comunicaciones, controles internos, externos y por arriba. Esta es la solución; y controlados los desafueros en una parte, a los restantes les será más fácil hacer lo mismo.

Un laberinto inabarcable es el mundo. El físico antes era inhóspito, ahora lo es el psíquico, social, económico, político. Crece hacia la enormidad del espacio y lo diminuto de las células; moverse por él es cada vez más hacerlo por parajes pantanosos, obligándonos a ser aventureros de lo cotidiano. La información es un laberinto global con sus ramificaciones entrelazadas de prensa, radio, televisión, Internet, subdivididos en información, opinión, espectáculo, cultura. Los parlamentos nacionales son incapaces de seguir los avances de la medicina y legislan a remolque de la realidad. Todo en este mundo se ha hecho más complejo y la información es parte de él: transmiten los muertos o parte de ellos en el instante mismo del suceso a todo el globo o parte de él. Saber de la maldad con bombeos continuos proyecta subconscientemente sobre el ciudadano la impresión de no haber solución. Esta inadecuación entre la realidad y las imágenes es repetida en todo el laberinto de la información. Aturde esta complejidad, necesita ser regulada de forma global. Si los avances sobre las células madre representan que los aspectos morales pueden ser alterados y las leyes tienen que prevenir en lo posible estos cambios, la información sin ley también repercute sobre la ética de las personas y el marco necesario no debe retrasarse. El tiempo juega a favor de la maldad hasta la eclosión; prevenir los posibles fallos en el momento no es más que dar y recibir información. Lo más acertado es poner los medios al alcance de todos, la única manera de no fallar es abrir los cauces de la información de par en par: siempre habrá una o varias mentes preclaras que visualicen los errores, aunque sea por casualidad, como suele ocurrir siempre en la evolución humana.

La naturaleza crea mutaciones hacia la diversidad, los humanos las creamos hacia la uniformidad de las esencias y diversidad en todo lo demás. La democracia con su libertad, justicia, orden, educación e información es una mutación universal hacia la simplicidad, pero sus partes evolucionan hacia la diversidad creando mutaciones que afectan al resto de esencias. La información ha mutado: saber el ADN es malo y bueno para la libertad (un emigrante pasa la frontera con foto y ADN: un colchón para este, una red para el asesino). Ya no se puede matar. Sale en video, televisión, internet, acompañados con prensa, radio, el que causa la muerte ya no es un estadista o emperador. Carlomagno con cuatro mil quinientos muertos estaría sentado frente a Del Ponte. El asesinato -y más si es múltiple- presenciado por los que sobreviven es terror, pánico. ¿Cuántas guerras fueron ganadas gracias al terror que precedían a los ejércitos? En cambio, las imágenes de asesinatos presenciados desde el salón, transforma el terror en indignación y al héroe malvado en fantoche primitivo. Las cámaras sólo cogen partes de estas barbaridades, pero es suficiente para inmunizar a la mayoría: crea anticuerpos contra el terror. Globalogía es completar la mutación, darle a este poder de las imágenes su cauce, evitar en lo posible los excesos negativos, iluminar los muertos no emitidos y las trampas posibles acompañados por todos los medios audiovisuales, escritos o radiofónicos. Todos son necesarios para denunciar los muertos y retratar a los culpables directos, indirectos e instigadores de los actos. El asesinato sistemático de inocentes: uno, dos, tres, de niños, mujeres, hombres; por ejércitos, terroristas, individuos; sobre indefensos, soldados, atados; por estados: culpables, indefensos, encerrados. Es un crimen contra la Humanidad. Los medios de comunicación hacen de notario con imágenes y palabras en el momento de producirse o después. Los muertos no sirven para nada. Esta idílica imposibilidad total lo es ya en parte; intentar completarla sin esperar conseguirlo del todo por ser un absoluto es ayudar a la mutación de los medios que no es otra cosa que permitir que los críticos estén de guardia. Los dictadores tienen miedo de las imágenes e intentan controlarlas. Da igual, ya no es posible La Guerra de los Mundos; en todo caso la de los mini mundos. Los terroristas con ideas geniales, justas o necesarias, que le dan más valor a sus ideas que a un, dos, tres, muertos, se autoexcluyen: la mutación les pasará por encima, la idea más bella se marchita con sangre.

La globalización es la tesis y no la síntesis por no haber completado la dialéctica por sectores y conjunto de sectores; completar la evolución de la información es darle forma legal para controlar los excesos, evitar lagunas y potenciar los aciertos. El libre mercado no lo soluciona todo: una parte debe ser pública o impuesto social a los medios de comunicación para cumplir unos mínimos de justicia informativa; el beneficio será para todos incluidos los que dominan los medios. Estos son capaces de convertir lo serio en diversión, ésta en petardo, reírse de sí mismo, crear de la nada la diversión o la seriedad; pueden, saben y harán de este impuesto social un espectáculo legal, rentable, justo, serio y divertido.

Los periódicos tienen un defensor del lector. ¿Dónde está el defensor del espectador? ¿Y de los que participan de una u otra manera en las cadenas de televisión? ¿Cómo debería ser un locutor comunicando la queja o un debate con invitados a favor y en contra? ¿O para los primeros el presentador y para los segundos el debate? ¿Este debate sólo con periodistas especializados más el interesado o interesados? ¿Un espectáculo o charla aburrida para cumplir el servicio público? ¿Quién decidiría los casos? ¿En qué franja horaria? ¿Se apuntarían los indefensos para beneficio propio sin fin? ¿Y los provocadores para salir de cualquier manera? ¿En qué cadena: ¿públicas, privadas, grandes, pequeñas, todas? Demasiada complejidad para llevarlo a cabo sin una regulación mínima de las cadenas de televisión, que tengan en cuenta los excesos de violencia o sexo en horarios infantiles o en programas para ellos; limites estéticos con un código de estilo, porciones horarias para la autocrítica; no dejar a la buena de dios temas culturales: a la buena hora de las tres de la madrugada, evitar miedos a participar. Podría seguir enumerando regulaciones y no es este el objetivo. Ningún programa debe ser censurado previamente ni después. Cualquier prohibición es mala; el problema se presenta cuando un programa chabacano tiene éxito, las demás cadenas repiten el ejemplo y cambiar de canal es cambiar de barbaridad. Prohíben a los demás por falta de espacio o bandazos siguiendo la moda con el efecto fotocopia. Como insertar un defensor del espectador entre tantos anuncios con publicidad engañosa, echadores de cartas de todos los colores o productos fantásticamente presentados para estar en forma (sin controles de calidad, las denuncias se multiplicarían).

He aquí el problema: la televisión ha derivado de ser casi toda información para convertirse en casi todo espectáculo. Todo espectáculo es cultura con entrada voluntaria o ¡publicidad obligatoria! Esta cultura son productos que se compran y se venden. Las cadenas de televisión son escaparates deficientes para elegir los productos culturales, y todo producto debe tener control de calidad. Un sólo canal es una aberración, un monopolio que coarta la libertad; un espectáculo continuo y múltiple que excluye a sectores enteros por no ser rentables o no saber presentarlos; por tener el medio las esencias distorsionadas, también es una aberración ya que impide desarrollar temas diferentes. “Don Quijote le dijo a Sancho con la competencia hemos topado”. Si Cervantes viviese en estos tiempos se habría topado con la santa competencia. Competir a la baja en un mismo carril, el más corto, con curva sin hándicap de salida; penalizar esta ventaja de lo fácil para que todos tengan las mismas posibilidades haría de esta una competición justa. Esta regulación podría haber sido voluntaria, pero ya no, tendrá que ser por ley. Demasiados canales, satélites, cables en formas diferentes: en abierto, cerrado, cuotas, paquetes, muchas complejidades para ser auto regulado. Tanto públicas como privadas, las televisiones sin regular el comercio que emiten derivan hacia la ley de la selva: el comercio sin seguridad jurídica no existe o es una selva donde el más fuerte se come al débil. El comercio huye de los países sin seguridad jurídica, sabe que el más fuerte es uno y los demás somos presas.

Por desgracia Spielberg sólo hay uno. Tanto Indiana Jones como La Lista de Schindler son obras de un genio. Cinco mil millones de dólares fundidos en dos horas de televisión y sin embargo no hay suficientes horas en una vida para leer todos los libros geniales. El medio audiovisual en cambio son horas y horas de programación imposibles de rellenar con obras maestras (por dinero y por aburridas). ¿Propongo regular la mediocridad?: sí, para que salga la genialidad.

Lunes: cine; martes: magacín; miércoles: futbol; jueves: concurso; viernes: coloquio; sábado: teatro; domingo: libre, que para eso es fiesta. Las cadenas rotando; en una -los lunes-, cine, la demás basura; el siguiente lunes, otra cadena cine y vuelta a la basura las demás. Competir para hacer su obra de teatro la mejor, que luego se vende si le interesa a la competencia para reposición. Los componentes, el orden, horarios: con sentido lógico. Un buen horario, pactando los temas a elegir, que pueden ser estos o más, o sobrar alguno. Hay un veinte por ciento de telespectadores predispuestos a ver teatro, cine, deporte, etc. si a la afición previa se le suma un poquito de sal, ingenio. El veinte por ciento debe quedar atrás, y si no es así por demasiadas cadenas, por competencia excesiva o porque no tengo razón, que las mismas posibilidades tengo de acertar como los demás. En cualquier caso, no hay que tirar la toalla demasiado pronto. Una cosa es segura: cualquier obra, concurso, espectáculo, dirigido a un público afín hecho con profesionalidad, respetando todas las reglas que cada tema lleva consigo seguro que recibe el beneplácito de ese porcentaje, que es la base de cualquier éxito. Pretender la generalidad y más permanentemente es no llegar a los gustos de todos. Un ramo de flores múltiples es bello, un ramo de rosas, claveles u orquídeas es variedad, donde está el gusto.

Este orden sobre mínimos permitiría a la competencia sacar lo mejor en la mayoría de las cadenas y programas al respetar las reglas del comercio al mismo tiempo que la ley. Las reglas de todo arte mayor o menor son inherentes a cada espectáculo o debate, y en este caso añadiendo los factores que el propio medio impone. En un espectáculo circense los payasos gesticulan con todo el cuerpo, en pantalla con la cara. Estos cambios no afectan al sentido común de saber que el humor no se puede mantener; hay que subir la alegría y bajar a las penas para subir después. Como he mencionado anteriormente, las televisiones aprovechan cualquier circunstancia para sacar provecho comercial, y parte del impuesto social sería el defensor del espectador o participante, juntos o separados. Podría ser como el siguiente ejemplo:

 

EL SUCESO

 

Dieciocho heridos en el Aeropuerto de Barajas a la llegada de una artista famosa procedente del puente aéreo. Todo comenzó por la gran concentración de periodistas y fotógrafos que la seguían intentando que les atendiera: mientras caminaba por los pasillos la atosigaban, y al recibir una llamada por el móvil se paró en seco con consecuencias desastrosas: el cámara que iba detrás de élla la arrollo y cayó sobre su propia cámara, rompiendo el objetivo y clavándoselo en el ojo derecho. Los que iban inmediatamente detrás cayeron encima de los dos; los que estaban más lejos fueron acercándose en la creencia de que por fin había concedido una entrevista, y en su afán por conseguir alguna información empujaban más y más. Como consecuencia -aparte del cámara herido en el ojo-, otras dos cámaras, cinco periodistas de televisión, cuatro de prensa, la artista y cinco pasajeros que pasaban por allí resultaron con heridas de diversa consideración.

 

EL CASO

 

LA ARTISTA: Ha vendido algunas exclusivas de su vida privada. No quiere publicidad del caso por aparecer en mala situación y por la repetición de las imágenes en todas las cadenas con recochineo; ahora pide una indemnización al defensor del participante.

UN PARTICULAR: Se hace famoso provisional gracias a la desgracia de aparecer en posición desafortunada junta a la artista: pide indemnización al defensor del telespectador.

UN CAMARA: Graba la escena y la vende a una revista, cadena de televisión y programas de frivolidades con audiencias millonarias.

UN PERIODISTA: Compañero del cámara anterior, se encarga de completarlo con artículos y relatos del suceso con la mayor gracia que es capaz su profesionalidad.

 

JUICIO: PROGRAMA: NO TEATRAL

 

UN PERIODISTA: Moderador.

UN PERIODISTA: Fiscal del particular para que le defienda. No quiere participar del beneficio ni que sigan sacando las imágenes; tampoco del juicio.

UN PERIODISTA: Fiscal de la artista. Acusa a los medios de maltratar a su cliente. Intenta que no se repitan las imágenes de su cliente en el suceso.

LA ARTISTA: Participa, acusa y se defiende.

EL PERIODISTA: Se defiende. Estaba haciendo su trabajo. Acusa a la artista de vender exclusivas.

EL CAMARA: Se defiende y acusa a la artista de hacerse más famosa con el caso.

 

EL JURADO

 

UN JUEZ: (De lo Social).

UN REPRESENTANTE DE LOS CONSUMIDORES:

UN REPRESENTANTE DEL GOBIERNO SOCIAL:

EL PERIODISTA MODERADOR.

UN REPRESENTANTE DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN:

 

VEREDICTO: DIAS DESPUÉS

 

CULPABLE: Con indemnización si hubo abuso o recochineo para uno -o los dos- de todos los medios por sacar beneficio a costa de inocentes.

INOCENTE: Posible principio de otro juicio por pretender fama o dinero sin merecerlo.

 

Está claro que un equipo de personas de diferentes medios y organismos decide los casos para evitar la mayor cantidad de abusos posibles. Cualquier cambio en la situación anterior será bienvenido; más aún, imprescindible para ajustarse a la realidad, tanto del aspecto legal como del espectáculo; eso sí, no debe ser sólo espectáculo. Cada parte debe respetar su cometido: el moderador que modere, el jurado que juzgue y el veredicto que se cumpla.

Esta síntesis de la globalización y antiglobalización parece muy complicada y en parte lo es, pero la vida es así. Se necesita un mínimo de orden para evitar el abuso y al mismo tiempo que permita sacar el mayor provecho de tantas complejidades. Una de estas es internet: la mayor expresión del individualismo, competencia, desorden, plagio; con un problema de seguridad inherente que hay que corregir si queremos que se convierta en lo mejor con problemas y no con problemas y algunas ventajas de tipo informático e información, pero no de comercio, cultura, critica, política o social. El mercado no funciona bien con desorden. La cultura es amplitud, pero no vale todo. La crítica es correctora, no apología. Política es todo: si no se tiene la mayoría, contra ella no vale todo. La sociedad tiene sus alcantarillas conectadas todas a la vez a Internet. Está todo al alcance para perderse. El bosque no deja ver el árbol. ¿Se necesita un procesador de información? ¿Un dispositivo limitador de cadenas o portales?  Internet es global desde su nacimiento, todavía usa pañales y tiene que tirarlos para crecer; gatea por el mundo, arrastrando la libertad, progreso, comercio, democracia: necesita su antítesis para llegar a la síntesis vertebral.

¿A cuántos representan los que critican? ¿Cómo saberlo sin elecciones? La política es parte de la sociedad; saber del resto mediante elecciones es globalizar. Decía Hegel “Que no se sabe si no se totaliza”. Saber la totalidad para explicar el presente, enumerando las situaciones individuales y colectivas para dictaminar la respuesta global. La oposición a la globalización es múltiple por ser la sociedad así. Diversos sectores se oponen por factores transitorios, otros a favor, parte callan, y los que gobiernan deciden con su parte de razón. Todos son partes de un todo con sus intereses económicos, políticos, sociales, pero todos tienen en común -con sus excepciones- el deseo de transformar el presente imperfecto en un futuro más justo. Para Bacon “La filosofía es el conocimiento de las cosas por sus principios inmutables y no por sus fenómenos transitorios”. La democracia es la solución por tener el principio inmutable de que la mayoría sabe más que un ilustrado; y de que todas las partes juntas son más infalibles que una. Saber la posición de la sociedad sobre los problemas es la única manera de no equivocarse. Las apariencias engañan y parecen contradecir los principios. Las manifestaciones de los ciudadanos son siempre parciales; la diversidad cubre la realidad global y nos fijamos en posiciones concretas de grupos contrarios o partidarios de cosas múltiples que suceden cada vez con mayor rapidez. Esta aceleración de vértigo es en parte la que no nos deja ver la realidad. Para tener una visión desde la altura global es imprescindible la especialización de la generalidad. La globalogía es el estudio de la globalización partiendo de los principios democráticos. No hace falta por imposible saber de todo. Hasta extremos de especialización es suficiente con los principios inmutables de libertad, justicia, orden, todos dentro de la democracia. No estoy inventando nada, ya para Aristóteles “La totalidad del saber es la medida de lo posible sin tener la conciencia de cada objeto en particular”.         

El cauce para que la sociedad se exprese en su totalidad no podrá ser perfecto: aproximarse a ésta es el objetivo. Las elecciones generales, locales, regionales, sindicales, empresariales -con sus partes internas acorde con las reglas democráticas- son ya cauces donde la sociedad se posiciona, pero el mundo es global y las instituciones sociales de participación no. Pretender votaciones mundiales es una quimera de momento, aunque serian posibles (y además que nadie piense que la mayoría de las personas votarían a locos). La mayoría tiene más sentido común de lo que algunos ilustrados piensan. Y no sólo en el campo político están las lagunas -como he mencionado anteriormente-, también y, sobre todo, en lo social. La generalidad de las votaciones nacionales deja huecos abismales, demasiadas complejidades en evolución hacia la diversificación. La actualidad hay que gestionarla desde todos los lados posibles y todos deben tener los medios para participar, ya sea la crítica, medios de comunicación, grandes empresas; la libertad de las personas, el mercado en general, el dinero en particular, los avances tecnológicos para que la mayoría pueda beneficiarse y criticarlos si procede, educación, recursos, etc. Hay que legislar una porción del exceso de trabajo de los parlamentos políticos para ejecutar los proyectos mayoritariamente elegidos entre todos, con una justicia que se ocupe de los principios inmutables. La división de poderes es una de las bases de la democracia que hay que implantar en lo global, empresarial y social para que no haya partes excluidas con imposibilidad de hacerse oír, que puedan participar de alguna manera en su propio futuro. Hay que buscar el equilibrio, las zonas templadas de las cosas y el método que permite ese ejercicio; es una pirámide democrática partiendo de un estado mundial democrático, nacional, empresarial y social.

La sociedad está encorsetada para manifestar sus deseos, quejas, proyectos, critica. La calle como primera opción para ejercer el derecho de manifestación tiene dos límites. Primero: la espontaneidad se pierde por el deseo de cantidad: a más cientos, más presión a los gobernantes, pero menos individualidad; segundo: la cantidad no puede ser total. Así la elección de participar se rebaja a una encuesta sin cocinar. Si las encuestas fallan las concentraciones también, y en las dos direcciones, por defecto o exceso. Saber en un momento dado la opinión total de la sociedad sobre un tema es un trabajo arduo, a pesar de especialistas en este campo: la mejor encuesta no deja de ser eso, una encuesta. La opinión es volátil y los temas que denuncian los ciudadanos son cientos y contradictorios entre sí. Las manifestaciones son encuestas parciales distorsionadas por los límites de espontaneidad y cantidad. Si una manifestación fuese la mitad de las personas con derecho a voto sería más ajustada a la realidad (sin serlo del todo); los límites están claros, son un contra punto al poder o estatus quo: saber si son mayoría no es posible con esta forma de ejercer la libertad. Es un derecho fundamental que a veces hace temblar los cimientos de la sociedad, pero sólo eso. A veces -y en democracia los cimientos son firmes- si se mueven peligra la seguridad de los propios ciudadanos.

La segunda manera de participar son los medios de comunicación como la prensa -aunque los escritos tienen un límite de cantidad imposible de hacerlos crecer en unos cientos a miles- y desde el ciudadano corriente con cartas a la dirección, al intelectual con artículos, por muchas firmas que se adhieran. Son pocos para representar el sentir general de la sociedad: son síntomas, análisis, pero no la opinión de la mayoría. Internet es un bebé, hay que alimentarlo con potitos democráticos. La radio es el medio que más opiniones de particulares emiten y no es suficiente, al igual que las manifestaciones son encuestas parciales. La televisión por ser el medio masivo debería ser el que más participación tuviese y no es así. Por qué hay que buscarlo en el propio medio: encuestas aleatorias de ciudadanos corrientes para entretener. La mayor parte de los intelectuales envueltos en imágenes que valen más que mil palabras, sobre todo porque no dejan hablar ni pensar –leer un artículo es poder detenerse un instante y pensar en lo leído para continuar después-. Las informaciones u opiniones se amontonan unos detrás de otros son pocos y ocupan la pantalla como si no cupiesen; los segundos están contados con un regidor que hace de contable en el extremo del embudo. La sociedad así encorsetada no es libre.

Los votos en las elecciones nacionales son mandatos por cuatro años a representantes de formaciones políticas encargadas de las líneas generales de un país; las demás elecciones -sindicales, empresariales-son parciales, tanto el ámbito de participación como el sector en que se desarrolla. ¿Cuántos ciudadanos pueden opinar del hambre en cualquier medio en el mundo? Si desean justicia global: ¿dónde se expresan?; si les preocupan la libertad: ¿cómo pueden ayudar con su opinión a ser más para cambiar la situación a mejor? Impuestos, racismo, ecología. ¿Cuántas opiniones se necesitan para saber la mayoría si no es mediante votaciones secretas de la totalidad? ¿Y del trabajo, violencia, seguridad con encuestan que fallan para representarlos sin pedir permiso a la totalidad? Ni asamblea ni encuestas ni partidos representan a la mayoría en todo momento y sobre todos los temas. Aproximarse a la voluntad de la sociedad se consigue con votaciones generales sobre temas particulares. Referéndum es una solución, pero los temas y las opiniones son muchas y volátiles por campañas publicitarias, miedos u optimismos excesivos. La representación tal y como la conocemos en las democracias es lo mejor; ampliar por la base la democracia para acercarla a la realidad, para así saber cuántos somos y cómo opinamos sobre una amplia variedad de temas que nos preocupan y poder dar prioridad a los que la mayoría decida.

La sociedad tiene dentro la libertad como fuerza incontenible. Cientos de ONGs nacen como setas cuando la lluvia libertad riega los pueblos. Los ciudadanos se agrupan en organizaciones ecologistas para defender el planeta, se asocian para luchar contra las guerras; humanistas, antiterroristas, feministas luchan por la libertad de los demás; religiosos, consumidores, antiglobales desean el bien de los más necesitados. La sociedad está encorsetada individualmente y por grupos; los cauces de participación son tan escasos que la fuerza libertad se derrama sin poder ayudar a los pobres y a los ricos. Esta contradicción no lo es. La libertad de todos hizo crecer el bienestar de la mayoría, con los ricos más ricos. La libertad de todos y de todo tendrá consecuencias directas en el aumento de dígitos de sus cuentas. La sociedad es compleja y sencilla a la vez, con recursos individuales ilimitados; crear el cauce para que se exprese hará que salgan a la luz las soluciones a los problemas. El interés egoísta hace crecer la economía, hay muchos intereses -buenos o egoístas- y darle el cauce adecuado es progresar.

Un sistema válido para la totalidad y la individualidad, regulando lo colectivo para que no se impongan unos individuos o poderes sobre los otros: un Estado Social de Derecho ó Parlamento con Ejecutivo Social Democrático, ¿qué ámbito, forma, competencia tendría? ¿Quiénes participarían y quienes no? ¿Qué costaría y quién o quienes correrían con el hipotético costo? Muchas preguntas a las que intentaré dar respuestas sin pretender llegar a la solución definitiva en todos los detalles. Ello, en parte, por ser imposible y, en parte, por innecesario: imposible porque hay que tener conocimientos profundos en todos los temas (la solución definitiva saldrá de la aportación de todos); innecesaria, por ser suficiente con las líneas generales para visualizar el conjunto y ser trasladable parte del funcionamiento de las democracias políticas.

El ámbito del Parlamento Social sería el Estado o país. Lo ideal sería nacional y mundial, pero sin haber hecho los deberes políticos mundiales la única solución es empezar por donde nacen todas cosas: el país. Con el tiempo la necesidad obligará a las naciones a vertebrar los medios para que la sociedad mundial se exprese y pueda aportar lo que lleva dentro, que no es otra cosa que justicia, orden, progreso: democracia.

Definido el ámbito territorial, queda el social y, por todo lo expuesto anteriormente, es en este capítulo se desprende que es en los medios de comunicación: ¿por qué? La respuesta es sencilla: es el único lugar posible. Si los que más tienen deben pagar más y de forma progresiva, los medios de comunicación tienen todo el poder de comunicación, están obligados a pagar un impuesto social de información. Ya pagan impuestos económicos -se me dirá- y organizan programas de solidaridad para recaudar fondos para las ONGs: ¡sopa boba!, ¡que Dios se lo pague! El poder mediático ya tiene gastos, beneficios económicos y sólo beneficios sociales: si la información es poder -al igual que el dinero- y si por éste se pagan impuestos, por el de la información también. Parte de este beneficio de poder debe ser entregado a los más débiles para que no sean aplastados por desinformación, pobreza o falta de educación.

Todos los medios deben contribuir según tamaño y forma, públicos y privados. SI hay desajustes económicos y legales entre ellos es algo que se debe regular para que todos participen con las mismas cargas. Las campañas electorales para los parlamentos nacionales se desarrollan sólo en las cadenas públicas o privadas pagando: craso error, porque deberían ser gratis, entonces bajaría el costo de las campañas e igualaría parte de los desajustes. Debería igualarse el desajuste por publicidad cuando la hay en las cadenas públicas además de los ingresos del estado y por la aportación de las privadas de un impuesto social para que los partidos políticos sean vistos en todos los medios durante quince días. La palabra gratis suena mal, pero acaso cobran las personas normales cuando son utilizadas por los medios. Además, cualquier participación de los grupos sociales será vista por millones de telespectadores rellenando horas de la parrilla. Eso sí, la forma de participar debe ser regulada y pactada entre el parlamento social y los medios, tanto televisivos como los demás medios de comunicación. Cuando nos imaginamos un espacio electoral o de participación política de diez minutos, inmediatamente pensamos en un busto parlante lanzando argumentos bellos e imposibles. Sean diez minutos, cinco o una hora, ésta forma de participar debe ser una de un menú pactado para que los medios se beneficien a su vez de la participación social. El segundo plato del menú puede ser el defensor del espectador o un debate a dos, tres, cuatro. La gastronomía audiovisual es infinita, sólo deben tener los límites lógicos. Si se hace un debate con todos juntos y el moderador metiese cizaña, el resultado seria tortas, insultos volando con audiencias millonarias. No estoy en contra del espectáculo, un poco de pimienta hace el plato más sabroso, pero sin pasarse. La medida de los condimentos hará la comida social, amena, sabrosa y digestiva. Piensen y aporten platos al menú, desde entrantes individuales a postres múltiples.

Que la participación de los grupos sociales sea gratis es fundamental para no desviar de la función básica a los mismos. Los ecologistas no deben gastar demasiada energía en asuntos que los separe de su cometido, al igual que los demás. Cada uno a su tema, con un poco de cancha para poder comunicar y recibir críticas. La independencia respecto al Estado en asuntos económicos es básica para que el desarrollo libre de las ideas no se vea entorpecido. En todo caso, aparte de las subvenciones ya existentes a las ONGs y demás aportaciones etc., el Estado debería poner el lugar físico, un edificio para el parlamento social y poco más. Entre los medios gratis y las cuotas de afiliados debe ser suficiente para el funcionamiento de los grupos sociales.

¿Quiénes participarían y quienes no? Empezaré por los excluidos, son pocos y conocidos: los partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales. Ya tienen o deberían tener sus foros legales donde ejecutar y legislar. La conexión entre los excluidos y los grupos sociales es inevitable: las correas de transmisión son buenas mientras todo va bien, pero puede arrastrar al precipicio a los dos.

Deben participar cuantos lo deseen después de conseguir un mínimo de firmas a determinar, por ejemplo, diez mil; impedir la individualidad total y sin poner un veto imposible de saltar a un grupo social reducido, pero con fuerza de voluntad para ayudar a los más necesitados o para denunciar cualquier injusticia. Grupos éticos religiosos, defensores de la naturaleza y los derechos humanos, críticos de la sociedad y los que actúan con sus conocimientos y esfuerzo personal a paliar las deficiencias sociales en el mundo. Cientos de ONGs se merecen y deben tener un espacio mínimo donde exponer periódicamente los logros, proyectos y críticas, así como los controles a su esfuerzo. Las coaliciones entre unos y otros pueden ser total o parciales, pero individualmente pueden ser contrarios entre sí: un individuo puede estar afiliado o aportar dinero a varias organizaciones sociales que sean contrarias entre sí. Las elecciones sociales pondrán a cada uno en su sitio desde donde podrán negociar las mayorías para gobernar. La tendencia natural a la fusión para ganar y la disparidad múltiple que representa la sociedad es una disfunción a la hora de elegir un sistema que favorezca la gobernabilidad y la diversidad. Más adelante expondré la solución a este problema de representación para que todos puedan participar.

¿Qué competencias tendría este parlamento y ejecutivo social? La respuesta a esta pregunta es: descargar mediante descentralización a los parlamentos nacionales del exceso de trabajo en temas sociales, partiendo de un diez por ciento y aumentándolo según funcione con el tiempo. Esta cuota de poder es aproximada y cuando nombro temas sociales estoy refiriéndome a los medios de comunicación donde la sociedad se puede expresar. Los parlamentos nacionales se eligen para desarrollar programas políticos y se pasan los cuatro años solucionando los problemas que le obliga la actualidad, siguen a los acontecimientos sin dedicar la mayor parte del tiempo para lo que fueron elegidos. La complejidad del mundo actual es ingobernable desde un centralismo democrático. Si la solución para los problemas locales y regionales fuera la creación de sus parlamentos para actuar con rapidez sobre los problemas sociales hay que estar cerca de ellos. El parlamento social debe descargar al nacional de problemas sociales que se acumulan por la rapidez con la que nacen. Si los gobiernos nacionales tienen que delegar poder es por no poder con tanto trabajo; si además quien tiene poder tiende a aumentarlo y como la vida se hace cada vez más compleja llega un momento que hay que dividir para poder digerir. Los medios de comunicación son para los dirigentes políticos una atracción, pero también un quebradero de cabeza (¡les estoy ayudando!). En páginas anteriores expuse el ejemplo de la medicina: es imposible que los diputados estén al día de los últimos avances en genética. Legislar sobre estos asuntos es hacerlo por un periodo de tiempo muy limitado; los nuevos descubrimientos convierten las leyes muy rápidamente en obsoletas. Por mucho poder que deleguen, siguen aumentando. Nunca los que gobernaban tenían tanto poder como ahora: cualquier rey absoluto tenía un poder ínfimo, era absoluto sí, pero mínimo. Hoy la diversidad social, económica, política y la cantidad de personas es ¡quíntuple! a la de entonces y el poder gobierna sobre todos ellos, democráticamente, pero gobierna.

Parte de las competencias serían las reglas del juego en los medios de comunicación: horarios para proteger a los más pequeños de violencias gratuitas, límites de cantidad por excesivas o por exclusión de programas y personas, formas de tratar a las personas que aparecen en televisión. Cualquier tema social donde intervenga los medios, o deberían, como porcentaje de riqueza para donar a los países pobres e infinidad de temas menores, que los ciudadanos los sientes todos los días y que los políticos no tienen tiempo ni ganas de dedicarles un espacio en su agenda de trabajo. Legislar sobre la prensa, internet, radio, televisión, es decir, desde donde la sociedad recibe la información: aquí es donde el parlamento social debe tener la competencia. La sociedad, compleja como es, tiene que poseer un foro donde poder digerir tantos asuntos cotidianos que son los que hacen la vida más cómoda cuando están mínimamente resueltos. No es casual que los países donde los ciudadanos piensan que se vive mejor sean los más ricos y las personas tienen la libertad de plantearse temas de las mutaciones futuras, como la eutanasia, parejas de hecho, drogas, clonación, etc.

Luego están las críticas sobre los medios y sobre el resto de los temas. El parlamento debe tener competencia para criticar cualquier cosa, tanto la oposición como el ejecutivo social; éste, debe tener la posibilidad de proponer al parlamento nacional leyes o proyectos que considere oportunos: la propia participación en los medios de comunicación de los diputados sociales una vez elegidos, así como porcentaje de espacios para los subdiputados sociales. Todos deben participar en los medios de comunicación sobre la base de unos mínimos. Pongamos un diez por ciento de la programación y no a las tres de la madrugada; que económicamente no sea injusto para los medios de comunicación. Sería una pena que lo divertido de la diversidad se convirtiese en aburridas charlas sin espectadores. Los excesos son malos tanto para lo bueno como para lo malo.

Evidentemente deben tener competencias sobre su propia organización y la posibilidad de cambiar cuantas cosas favorezca el mejor desarrollo de todo lo que rodea a un gobierno y parlamento. Todo por delegación, cesión de los parlamentos nacionales creando con ello un ente completo con todas las competencias sobre los medios. La relación con los propietarios de los medios es cuestión de negociar, discutir, pactar porcentajes de poder por arriba y por abajo, para el buen desarrollo de este parlamento social. Que se convierta en el lugar donde la sociedad pueda explicar, proponer y criticar cualquier tema que le afecte y saber en cada momento qué lugar ocupa cada uno en las preferencias de la totalidad de los ciudadanos con derecho al voto. No valdrá el “salimos a la calle cien mil”, ni a nosotros nos votaron más por cuatro años para mil cosas. En cuanto a los porcentajes anteriores, que sea el diez o veinte por ciento de la programación no es lo más importante. Un programa-juicio del defensor del espectador puede y debe ser competitivo, ocuparía porcentaje del impuesto social si el medio lo considerase así; sin embargo, si el éxito fuese rentable, ¿porque no aumentar la cuota? Las empresas están para crear riqueza. La participación de la sociedad en los medios de comunicación es mínima y ponerles las condiciones para que se puedan expresar haría aumentar las posibilidades de éxito.

¿Qué forma tendría el Estado Social de Derecho? El judicial, lo que existe en la actualidad más las modificaciones acordes con la mutación: sería la raíz de este árbol democrático que de seguridad y legitimidad. El ejecutivo sería el tronco del árbol, con el mismo sistema que el nacional una vez elegido. El legislativo, las ramas compuestas de trescientos cincuenta diputados sociales –partiendo del ejemplo español-, con ramas pequeñas que seguro nacerían nuevas cada cuatro años, de trescientos cincuenta subdiputados sociales. Como se ve, sólo el parlamento cambia con respecto a las democracias políticas. Esta diferencia se debe por la necesidad de mayor pluralidad y, al mismo tiempo, que sea gobernable tanta diversidad. Todas las hojas son necesarias para aprovechar los rayos de la luz social.

La manera de explicar esta diferencia es mostrando la forma de elegir a los diputados y subdiputados sociales. Ante este problema pensé en varias soluciones: dos listas, una abierta para que los ciudadanos borraran a quien no le gustase del grupo social elegido, y otra por grupos, como para el senado español, con topes o reparto igual por provincias para favorecer la diversidad; y otras más. Pero la necesidad de simplificar el sistema de votación me hizo descartarlas. El lector y expertos en la materia tendrán otras formas si la elegida no tuviese el consenso necesario; seguro que otras sí. También cambiando parte de esta elegida que es la siguiente: todos los grupos que participen en una sola lista cerrada con dos casillas para cada uno, con un sí o un no por sufragio universal entre el electorado del país. El votante es libre de marcar cuantos sí o no le plazca, tanto por simpatía o afinidad como por antipatía por algún miembro del grupo social o por el grupo entero. El sí vale doble que el negativo a la hora del recuento. Podría darse el caso (improbable) de anularse entre ellos. Las primeras elecciones serían complejas por la cantidad de grupos, pero el tiempo haría reducir el número (aunque no demasiado por ser negativo para la función que deben desempañar el parlamento social); y para que sea así, los primeros dieciocho partidos sociales se repartirían los trescientos cincuenta diputados por el sistema proporcional a los votos recibidos (positivos menos negativos). El parlamento así elegido hará que los partidos sociales tengan que negociar para formar mayorías estables y poder nombrar al ejecutivo. La fusión excesiva entre grupos sería negativa cuanto que, al elegir dieciocho partidos sociales, si se creasen tres o cuatro con pretensión de dominar el hemiciclo se meterían en los dieciocho grupos menores al votar los ciudadanos de forma libre cualquiera de la lista. Agruparse de forma trasversal sin coger el abanico completo de las ideas, tanto ideológicas, económicas, éticas, etc. eso sí, previamente a las elecciones, podría negociarse para después de tal manera que tres o cuatro partidos sociales -medianamente afines-tuviesen de entrada posibilidades de ganar: eso moderaría las pretensiones de su posible futuro gobierno social.

Los que no consigan el cinco por ciento de los votos positivos emitidos, quedan fuera, eso sí, deben participar en los medios de comunicación de forma periódica: antes, durante y después de las elecciones, aunque mínimamente. Sin olvidar la exclusión por apología de la muerte o violencias: no se debe excluir a nadie, pero sí se pueden autoexcluir.

El resto -desde el puesto diecinueve al cinco por ciento de los votos emitidos- se reparten los trescientos cincuenta subdiputados sociales por el sistema proporcional. Con espacios en los medios de comunicación reglamentado por el parlamento social, más reducido que los ganadores, pero no aplastados. En las campañas electorales, todos: desde el cinco por ciento hasta el ganador o ganadores con el mismo tiempo disponible para exponer sus programas. Los que ganan no deben tener un plus de publicidad se lo tienen que ganar. Los subdiputados tendrán derecho al voto en el parlamento social sobre los asuntos esenciales, como por ejemplo cambiar las reglas del juego, participación mínima en el parlamento, pero no en los medios de comunicación donde tendrán la oportunidad de defender sus proyectos, críticas o actuaciones que realizan en favor de los más necesitados, así como pedir recursos para estos proyectos.

 El menú de participación en los medios debe ser amplio para que todos tengan la oportunidad de participar según los votos obtenidos en, unos casos y, de forma igualitaria, en otros. No hace falta trasladar los porcentajes de las elecciones de forma literal a los medios, pero sí medianamente. Esto dará problemas y denuncias, pero es inevitable, cualquier sistema es imperfecto, somos humanos: menos mal que para serlo no hay que ser perfecto.

El método elegido para la elección de los diputados y subdiputados sociales es el más sencillo: juntar la diversidad, la gobernabilidad y la simplicidad a la hora de votar. Era un punto básico del parlamento social desde el momento que pensé en él. El invento de los subdiputados es por la misma causa: cualquier método elegido eliminaba demasiados grupos o hacia imposible la gobernabilidad. Así el método elegido queda a mi parecer compensado, tanto la cantidad de ONGs que pueden participar y, al mismo tiempo, dar opciones para que mediante la negociación se puedan poner de acuerdo para gobernar la diversidad. El conjunto de la sociedad sabe distinguir las cosas esenciales cuando se les presenta de forma sencilla: uno puede votar una barbaridad; todos votaran lo más racional.

Las equis marcadas parecerán ingenuas por simple afinidad a una persona de un grupo social, u odio visceral, por otro. Algunos votantes marcaran a voleo, incluso se podrá obtener una psicología del electorado: que gana el sí positivistas, al contrario, los de la botella medio vacía. En cuanto al desconocimiento de tantos grupos sociales, ya se encargarán los medios de ofrecer la biografía de cada uno con propuestas de listas acorde con su ideología. Los colectivos sociales que no se sientan representados formaran grupos para participar, no me cabe la menor duda. Suponer de entrada que al ser un parlamento social ganarán por goleada los críticos de la sociedad -o los que están siempre moviéndose socialmente- es suponer demasiado. La mayoría no se equivoca cuando todas las partes de la democracia están en armonía relativa: será una expresión de racionalidad, no ganará un loco o locos agrupados. Y si un porcentaje elevado del electorado se decanta por posiciones digamos xenófobas, ahí está el parlamento nacional para darse cuenta de que el país tiene un problema para el futuro. De él depende tomar medidas contra la sinrazón o permanecer quieto hasta que le estalle el problema en las manos.

La libertad asusta cuando no se tiene y después no se puede vivir sin ella. El miedo a tantos grupos de presión en la calle y en los medios de comunicación reunidos en el parlamento social no es real. El peligro está agazapado detrás de personas o cosas, nunca al descubierto; mejor divisar el envite, aunque sea ensordecedor que permanecer apacible mientras debajo de nosotros se montan campañas y complots contra la sociedad o parte de élla. Difícilmente permanecerán callados grandes cantidades de seres humanos que estén pensando en actos negativos contra la sociedad serán detectados por fuera, es decir, por los demás y por dentro: algún miembro de la sinrazón se le iluminara la razón y denunciará el peligro por quince minutos de gloria o diez millones de razones económicas.

Como expuse en el capítulo de grandes empresas a cuenta del parlamento empresarial, esta síntesis necesita de profesionales que desarrollen todos los aspectos legales, cambiar partes fundamentales por equivocaciones de bulto o proponer correcciones que la mejoren; todos somos necesarios, cuantos más, menos posibilidad de error. La sociedad es muy compleja y al mismo tiempo lleva dentro todas las soluciones, sólo hace falta ponerles los medios para que se desarrolle. Los países más ricos no son los que poseen más materias primas, son los que más cantidad de ciudadanos pueden decir y hacer lo que desean sin cortapisas.

 

 

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