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Capítulo vigésimo cuarto

 

RECURSOS

SINTESIS

 

 

 

 

 

 

Si no partimos de la evidencia de que los recursos básicos son suficientes y la escasez es más por cuestiones políticas, económicas y sociales, nunca nos plantearemos cambiar las reglas de estas para adecuar los recursos a las necesidades de todos. Que el mal reparto de lo existente se debe más a falta de voluntad para solucionar el problema que a un fatalismo de la especie humana. Si algo define a los hombres es su racionalidad y racionalizar los alimentos disponibles debe ser un ejercicio diario y cotidiano. Podemos y debemos tener una vida siendo razonables con pequeñas locuras, pero vivir todos como locos inconscientes con pequeños lapsus de razón sólo tiene una consecuencia lógica: pagar un precio elevado en vidas humanas. Racionalizar los productos básicos para todos es una necesidad evidente, cosa que no ocurre por la manera de estar organizada la actual sociedad de consumo.

La voluntad se caracteriza por dar rodeos para encontrar la solución, curiosa semejanza con la democracia, cuya definición puede ser: que da rodeos periódicos para que los distintos partidos políticos se encarguen de solucionar los problemas de la sociedad. Si partimos de que hay recursos básicos para todos al sumar los que hay en acto a los que hay en potencia -gracias a la capacidad de los países ricos- sólo nos queda la voluntad para encontrar la solución. Sin esta es imposible buscar los conocimientos necesarios para la finalidad última que debe ser: erradicar el hambre. Y la decisión para ejecutar posibles remedios y ponerla en acción sir perder tiempo está a la espera sólo de la voluntad.

La contradicción de que unas cosas sean globales y otras no va contra la lógica. Hay que fusionar la necesidad de los pobres con la sobreabundancia de recursos de los ricos, de lo contrario se entra en contradicción con la esencia de la globalización. Esta síntesis no pretende otra cosa que demostrar la necesidad de buscar soluciones democráticas, de poner en marcha la voluntad; poner en evidencia la imposibilidad futura de la globalización si partes de esta se queda en el camino. La solución no es tanto dar respuestas a los problemas como plantear que hay problemas y la necesidad de resolverlos. La síntesis en este capítulo de recursos como en los demás no pretende arreglar el mundo con ideas perfectas, imposibles de ejecutar, sino dar pistas de por donde debemos caminar, reglas para que todos podamos participar en la búsqueda de soluciones.

Para cambiar tenemos que reformar las reglas, es decir las estructura del presente, sin lo cual difícilmente lo conseguiremos. Se necesita un gobierno mundial y sólo tenemos a la ONU. En concordancia con lo que propongo en el capitulo siguiente sobre esta organización, hay una necesidad de cambiar las estructuras económicas, políticas y sociales, y la ONU debe reformarse para que se convierta en una estructura política acorde con las funciones esenciales de las dos palabras: estructuras políticas. La definición de política es conocida por esto me centraré en estructura y para ello cito a Husserl: “Se dice por ello que una estructura está compuesta de miembros -más bien que de partes- y que es un todo más bien que una suma. Los miembros de un todo de esta índole están enlazados entre sí de tal forma que puede hablarse de no independencia relativa de unos con otros y de compenetración mutua. En la estructura hay, pues, enlace y función, más bien que adición y fusión”. La reforma de la ONU debe ir en dirección de las esencias de las estructuras, pues ahora adolece en demasía de adiciones y fusiones por escasa independencia económica y excesiva fusión a causa de los vetos.

La reforma de la ONU, imprescindible para cambiar la tendencia que ayude a eliminar la pobreza, debe tener en cuenta la estructura mencionada anteriormente y también el proceso de la Historia -según la cual- siempre es a mayor. Pero como hemos llegado al final del espacio posible sólo podemos globalizar las partes para perfeccionar el todo. Las estructuras del futuro deben tener en cuenta el espacio, el tiempo que es el mismo para todas las naciones y la cantidad porque, al estar todos en el mismo barco global, cambia la cualidad de lo que es a lo que debe ser la ONU del futuro.

El cambio de cualidad como resultado de pasar la educación, de una parte, de los ciudadanos de un país a todos tuvo consecuencias definitivas para que los países ricos se convirtiesen en lo que son en la actualidad. Esta evidencia que no se discute, es aplicable a la investigación: si no es básica y en todos los campos, nunca se convertirá en una pieza fundamental de la perspectiva de futuro. La tercera pieza que completa la triada es la ecología. Tres partes de un todo en perspectiva que tiene dentro todos los recursos para las futuras generaciones. Los recursos disponibles no son nada sin la sistemática educación de todos los niños y niñas de un país, y la ecología como defensa del medio ambiente, pero sobre todo como necesidad de cuidar los recursos futuros del planeta, es imprescindible que cambie de cualidad para conseguir recursos después de salvar plantas y animales. La cantidad de recursos que gastamos en proteger el planeta debe pasar de partes a un todo, debe convertirse en un esfuerzo sistemático con vistas a una generación. La analogía con la educación es tal que no hace falta inventar nada, sólo el cambio lógico que representa analogía y fotocopia. El nombre de Ecología General Básica es lo que mejor define mí propuesta para que coincida en el futuro, salvar el planeta de la destrucción ecológica y disponer de los recursos suficientes para todos.

El parecido entre ciclos educativos y los distintos niveles necesarios para proteger el ecosistema es fácil imaginárselo: la división entre flora-ciencia y fauna-letra o al revés; premios y castigos, con multas y subvenciones; notas buenas para los que progresan adecuadamente en el Kioto e insuficientes para los demás. Las asignaturas para los primeros ciclos de esta Ecología General Básica deberían ser entre otros: prevención sistemática, archivo igual de todas las semillas, prevención de fuegos, desertización, repoblación, adecuación de todo ser vivo al medio más adecuado, etc. Los ciclos superiores deberían incorporar investigación, mecanización, perspectiva, etc.  

Implantar un sistema de esta envergadura sólo es posible teniendo la suficiente visión de futuro; imaginarse el resultado final posible y poner los recursos suficientes a disposición de la ciencia para que esta encuentre los resultados acordes con lo imaginado, es decir, perspectiva. La inversión necesaria sería tan grande que sólo puede implantarse de forma progresiva, pero teniendo como final una generación. Invertir en futuro sin ver claro los resultados: otra analogía con la educación. Diferente es en cambio la analogía entre ecología y los gastos sin ver los resultados de forma clara que todas las naciones han realizado en el pasado cuando invertían en energía petrolera, carbón, armas e industrias pensadas, en general, para salvaguardar su independencia, pero en otros muchos como forma de dominación y conquista. Hoy no es estrictamente necesario disponer de petróleo para ser una potencia económica e independiente; sin embargo, en el futuro el país que tenga resuelta su ecología tendrá ventaja, y aunque la globalidad en ecología es un paso imposible de evitar, el país que primero de el golpe seguro que dará dos veces antes que los demás se den cuenta del filón en recursos disponibles que hay debajo de sus pies.

Una asignatura obligatoria de todos los gobiernos es el empleo, y si a los profesores y profesoras no se les puede pedir resultados de toda una vida escolar para saber si el Estado debe seguir gastando en educación, de igual manera los empleos ecológicos deben ser con perspectiva de futuro para salvaguardar la independencia de la especie, sin tener claro el resultado final. Los puestos de trabajo que se mantienen en la actualidad en sectores que no son básicos para el estado del bienestar ni en cualquiera de las tres perceptivas de futuro: como la educación, investigación y ecología; son puestos de trabajo que pueden pasar al sector privado si las empresas son públicas. Y si son privadas con déficit, mejor no subvencionarlas por no ser rentables económicamente; deben ser sustituidas o reconvertidas: son un gasto superfluo. Los gobiernos harían bien en crear un sector público ecológico, pero teniendo presente que no estoy proponiendo miles de cuadrillas plantando árboles manualmente, apagando fuegos de mala manera o previniendo otras catástrofes naturales sin medios. Todo lo contrario, porque si algo hemos aprendido en el presente es que la mecanización es imprescindible. Puesto de trabajos sencillos sí, pero serian más los puestos con necesidad de conocimientos específicos, técnicos múltiples para realizar trabajos complejos, con mucha variedad de medios técnicos y también con la necesidad continua de investigar en nuevas maquinas –que valdrían para otros sectores después- para los nuevos proyectos.

Las asignaturas de esta Ecología General Básica deben ejecutarse de forma sistemática -no me cansare de repetirlo- y con la rapidez que permitan los recursos. Una medida, código o asignatura que afecta a casi toda la ecología es que lo que se plantee esté acorde con el medio, adecuar la repoblación vegetal o animal a las circunstancias, mejor: repoblar en la medida de lo posible lo que se extinguió en cada zona.  La repoblación debe ser sistemática en el tiempo y todos los años deben aumentar los alumnos-árboles.

En cuanto a la desertización de grandes zonas como África el problema es grave. Sugiero la solución, aunque el precio económico es imposible de pagar mientras los países ricos no se conciencien del problema. Al problema de África se le debe atacar por los bordes, es decir, repoblar-mantener una franja de equis kilómetros africanos y otra franja de equis kilómetros en Europa. El desierto ya ha saltado el Mediterráneo y si no le atacamos sistemáticamente en todo el espacio de terreno que se pueda cultivar, repoblar o proteger en esos kilómetros el desierto avanzará, cuando de lo que se trata es que retroceda y con mi propuesta se puede conseguir.

Ya sé que parece de ciencia ficción, pero el problema es grave y en varias décadas más el problema se presentará de forma irresoluble. Poner los medios adecuados y que den resultado necesita tiempo; hablar de ciencia ficción es la única manera de centrar el problema. Prevenir es sinónimo de futuro, por eso la tesis global ya ejecuta varios archivos de semillas. Los países ricos están realizando este diccionario de la flora planetaria, pero mientras no sea total, las pérdidas futuras pueden ser nefastas. Pasar de salvar partes a salvar todo o casi, es un cambio de entidad que está al alcance de las economías occidentales. Aplicar el sistema de archivo de forma sistemática es imprescindible. Con los incendios pasa lo mismo: la prevención debe ser total, hay que cuadricular (“metafóricamente”) con cortafuegos todo bosque viviente para impedir que cualquier incendio -provocado o no- arrase una cantidad excesiva. Cuando se queman cien mil hectáreas de bosque, es como si cien mil niños se quedaran sin colegio de por vida. Todo gasto en apagar o impedir un incendio revierte a la sociedad. Gastemos más en sistemas modernos de aviso, en bomberos preparados y en estructuras sociales en las zonas que lo requieran para que los incendios no se produzcan, y si ocurre, que las consecuencias sean asumibles.

El parecido de todo lo expuesto sobre la ecología a la educación es tan grande que no me resisto a insistir en que todo gasto en esta perspectiva será devuelto con creces en el futuro.  Los países ricos lo son por tener a todos los niños y niñas en el colegio, y los países pobres que se preocupan de que esto sea así terminaran siendo ricos. La analogía me inclina a creer que los recursos económicos empleados en ecología serán devueltos en recursos económicos, sociales, políticos, sanitarios, vidas, paz, etc.

Estas ideas -como las demás de esta capitulo y todas la de esta libro- pueden ser realizables o no, pero el hecho de proponer soluciones a problemas desde la distancia del que no puede ejecutarlas no quiere decir que no sea posible: el director de cine francés Truffaut ya existió, y demostró que se puede escribir de cine, diciendo como había que hacerlo y luego ejecutar lo que proponía. No hace falta un Truffaut para todo y menos para asuntos tan globales como los expuestos en esta dialéctica, que son soluciones genéricas, con las necesarias incorporaciones de todos para proponer y ejecutar las soluciones que sean posibles y que a todos nos beneficiaran: demostrar no es ejecutar.

Es verdad que la mayor concentración de recursos está en las mentes humanas, pero de nada sirve sin los cauces para expresarlas. Además, las ideas salen por lo general en bruto, hay que regarlas y entresacar las mejores y dar tiempo al tiempo para que florezcan y den sus frutos. No hay que descartar ninguna idea por principio, pues ha veces, de ideas descabelladas a priori salen frutos exquisitos. También al revés, pero entresacar las buenas de las malas es un trabajo de la crítica universal, cuyos intermediarios son los medios de comunicación.

Las ideas que voy a exponer a continuación son para la posible ejecución en los países pobres, por sus propios gobiernos, por tratados con países ricos, por la ONU, por los posibles GE, por todos, pero sobre todo por las ONGs. Las grandes obras en infraestructuras de todo tipo ya las expuse en el capitulo segundo, el del comercio. Estas soluciones son para problemas concretos, como el agua. Quizás el problema del agua, cuya solución no depende por lo general de un sólo país y desde las ONGs tampoco sea posible, tampoco la ONU ha demostrado capacidad para ejecutar soluciones; y como alguien tiene que dar respuestas a este problema, aunque sea en forma teórica, me permito la osadía de exponer una solución en principio descabellada.

El problema de escasez de agua en el norte de África se puede solucionar con trasvases –no soy ajeno a los problemas sociales que los trasvases causan- desde Europa y de África central. Otras fórmulas serían desaladoras, ósmosis, pozos. Todos con dependencia del dinero, sólo es dinero, pero el precio sería prohibitivo; sin contar con el costo en negociaciones. Mejor sería un árbol de tubos con la función invertida, un oro incoloro en acueductos partiendo de las copas de una Europa húmeda, donde los excedentes y excesos por riadas tuviesen la posibilidad de encauzarlas y vender el agua a un precio de 1 euro el metro cúbico, por ejemplo. Pasarían por estrechos y mares, cuencas de ríos hacia el Estrecho de Gibraltar o Italia. Las distintas ramas de sabia incolora irían juntándose o no, sobre los pantanos de los ríos europeos que pagarían 2 euros por metro cúbico cuando la necesidad así lo requiera. La que no se utilizase seguiría el camino de África, incorporándose más ramas de tubos de las distintas cuencas, dependiendo siempre de los excedentes o excesos de agua caída y por el ahorro.  El sistema provocaría ahorro, pues el egoísmo de ganar más provocaría el tener ideas para ahorrar y así poder aportar más agua, más beneficios. Los tubos formarían un tronco o dos, en Italia y España, de cuyo tronco saldrían raíces de acueductos cada vez más pequeños, hasta llegar al consumidor final que desembolsaría un precio irrisorio, que no gratis, para evitar despilfarro. La diferencia del precio al comprar y vender el agua iría acumulando excedentes de dinero, a lo que se debería añadir o restar -dependiendo del resultado- subvenciones mundiales, solidaridades múltiples e impuestos varios; pues este árbol de agua en tubos lo debe hacer y mantener alguna empresa global, que se forraría vendiéndola a un céntimo el litro de agua en África. Cada grifo daría lugar a la posibilidad de crear un mercado: casas, negocios, gasolineras y centros comerciales con ocios incluidos. El costo de la puesta en marcha es un riesgo, pero las empresas viven de eso, de riesgos, ¿o no? Además, no lucharían por los mercados, todo lo contrario, los crearía de forma sostenida acorde con el sistema del parlamento y gobierno empresarial; que para poder votar hay que mantener las acciones de forma sostenida en el tiempo.

La siguiente idea para trasladar recursos a los países pobres no es una obra faraónica, sino pequeña, ideal para las ONGs. Esquemáticamente se puede definir como unidad de solidaridad: una caseta con pozo de agua, una escuela casa de salud, un centro sanitario con pozo y tienda de comida gratis: una unidad de solidaridad portátil con todo. No es tan difícil de realizar un sistema de módulos acoplables y fáciles de trasladar, con un coste reducido por la cantidad gracias a las múltiples ONGs que podrían usarlas. Si “Médicos sin fronteras” montase un centro de salud y acompañase esta función con educación, alimentos, agua, información, etc., completaría el sistema, y una vez pasado el aprieto por catástrofe sanitaria se podría convertir en una unidad de solidaridad permanente. Hay ONGs para todos los gustos y casi todas podrían utilizar el mismo sistema reduciendo los costes de fabricación.

Otra idea: silos para todo. El invento antiguo para almacenar cereales es un buen arquetipo para aplicarlo a todos los recursos. Y dirá la tesis global -y con razón- que ya existe, pues que es el FMI o el BM, sino un silo de dinero. Otra cosa es si está lleno, medio lleno o vacío. De todas las maneras habría que llenarlos y rellenarlos continuamente y de todo, empezando por comida, ideas, herramientas mentales clasificadas como en un diccionario para coger un puñado cuando un problema se presenta. Silos públicos y privados, unidades de solidaridad, medicinas, etc. Un silo que se vaya llenando por bondad, por excedentes, por intereses, por castigos, porque sí o sí o ley, por fastidiar, por bondad individual y colectiva; excedentes para mantener los precios, intereses del dinero disponible, castigos o multas, porque sí voluntario u obligatoria subvención o ley del 0,7%, por fastidiar, y en vez de tirar tomates para protestar por el bajo precio, tirar tomates al silo.

Silos agrupados por sectores para no juntar tomates con medicinas, por especialización de ONGs, por países; pero también unificación o concentración. Hay demasiadas Organizaciones No Gubernamentales o entes privados y públicos en los mismos campos de acción, dentro de un mismo país, y aunque la concentración no debe ser excesiva, sí convendría que se uniesen para tener más fuerza y disponer de más recursos y de los productos en cualquier momento gracias a una buena rotación. Colaboración imprescindible entre todos para favorecer el bien común, que es el objetivo de toda ayuda a los países pobres. Cientos de silos modernos para solucionar imprevistos naturales y humanos.

Las ideas anteriores -como la siguiente referida a las franquicias- son ideas individuales más o menos realizables sobre campos de actuación pequeños. La mayor debería corresponder al deseable Gobierno Mundial (GM) y también a las Empresas Globales (EG o EDD), aspectos desarrollados en el capítulo cuarto, al igual que el de la Información con el Parlamento Social (PS), en el cual los partidos sociales deberían ser el cauce, donde las ideas múltiples a través de la representación democrática salieran a la luz para que se expandiesen por el globo y poder ponerlas en práctica. Tanto el capítulo de la Educación como este de los Recursos son capítulos cojos, pues la parte mayor -como he mencionado anteriormente- corresponde a las estructuras futuras que se deben crear si queremos de verdad globalizar el planeta. La globalogía o síntesis consiste en esto, en globalizar las partes, en democratizar los sectores para dar consistencia al conjunto. Los recursos son suficientes por lo que hay y por lo que en potencia puede o debería haber. Demostrar esta evidencia es el objetivo de toda esta dialéctica.

La necesaria concentración –aunque no excesiva- para participar en las elecciones sociales haría que las ONGs se convirtiesen en verdaderas empresas de solidaridad, y la evolución lógica haría que se convirtiesen en franquicias con todos los eslabones de la cadena del comercio; que en el caso de empresas privadas o públicas pudieran regalar un eslabón. En cambio, en las franquicias de solidaridad seria al revés: un eslabón de gastos y todos los demás para los necesitados. La esencia de estas franquicias sería la bondad en vez del egoísmo; unidas por ideologías o campos de actuación -más que por países-, aunque los parlamentos sociales debieran tener en principio un ámbito nacional. La concentración de algunas de estas ONGs o partidos sociales les haría competitivas si llegase el caso –aunque la distancia que la separa de las grandes empresas es mucha de momento- para poder crear infraestructuras y negociar con gobiernos de países pobres en plano de igualdad, es decir, de democracia a democracia. Una competición en principio desigual por tamaño, por valores, y por las subvenciones que éstas tendrían. Pero las excepciones existen, y explotar esta discriminación positiva –una excepción dentro de la excepción que representan las empresas globales- mientras haya tantas necesidades no parece injusto.

Estas empresas de solidaridad, ONGs, franquicias, partidos sociales, o como quieran llamarles, tendrían capacidad para disponer de silos propios, unidades de solidaridad, de recursos financieros,  infraestructura para trasladar recursos, de los medios de comunicación para comunicar las actuaciones realizadas y los futuros proyectos que el voto universal en las elecciones sociales sancionaran para realizarlas si así lo decide la mayoría; también con otros partidos sociales que tendrían que negociar para ser gobierno (como menciono en el capítulo de la información). El funcionamiento interno debe ser democrático, por tanto, un parlamento empresarial dentro de un parlamento social, dependiendo todos de las transferencias de un parlamento nacional. Tendrían tanto poder como ya lo tienen las grandes empresas y gobiernos nacionales de países pequeños. Y tanto poder sólo es posible manteniéndolo a raya con la división de poderes, que es una pieza imprescindible. Además, está el poder de los medios de comunicación para favorecer las criticas de forma trasversal. Este poder, a su vez, debe ser democrático para que todos puedan votar y castigar o favorecer las actuaciones de todos.

Los recursos que estas franquicias tendrían en sus manos posibilitarían solucionar los problemas del presente y poner las bases para globalizar de verdad el planeta. Son muchas las carencias y los millones de humanos que se mueren de hambre y merecen poner recursos a su disposición y ninguna con mayor capacidad que las ideas de todos. Las franquicias sociales tendrían la capacidad de llegar a acuerdos con gobiernos: millones de telespectadores con poder de escrutar, exponer, sentenciar, criticar, castigar y favorecer las ideas y actos correctos.

Los espectadores de los distintos hándicaps tienen múltiples necesidades, derechos y obligaciones. Hay que comportarse con un mínimo de respeto y no romper lo ajeno; derechos como poder participar, aunque sólo sea de espectador, ya que es un derecho universal poder participar del festín. Todos los pesos extras (impuestos) de las diferentes carreras o hándicaps, deben acabar en los espectadores pasivos y activos con menos recursos y los poderes públicos de las distintas organizaciones democráticas deben garantizar que así sea. Es un derecho el que los dueños de los espectáculos se muevan por el interés personal o colectivo, pero tienen obligaciones globales que respetar y son los poderes mundiales los que deben poner las reglas: regular un peso extra por ventaja para cada competición, una justicia que castigue al tramposo, y los órganos que ejecuten las decisiones mayoritarias.

 

 

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