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Capítulo vigésimo

 

EDUCACIÓN

ANTITESIS

 

 

 

 

 

En una sociedad de universales la tesis sólo sabe de individualidades, coge una parte de la razón y la otra la desprecia; coge el nominal cuando el valor real es el efectivo. Globalización es un universal y universalizar la educación se contrapone a nominalismo: parece que están en la Edad Media cuando se decía que los universales son únicamente términos en el lenguaje. Los que ostentan el poder proponen y ejecutan la globalización para los ricos y los pobres que esperen, que más les da, si piensan que siempre habrá ricos y pobres. No será que detrás del individualismo se esconde otras razones y se ocultan detrás de las apariencias, como pedir más tiempo a los pobres. Una constante en los partidarios de la globalización está en pedir más tiempo, ya sea para el comercio, para la libertad o para la educación; lo que oculta es falta de ganas, voluntad, además de interés, avaricias y poder de manipulación. Si la universalización de la educación ha sido posible en todos países ricos, decir que el individuo es la base para la educación es no decir nada: ya se sabe que el todo está compuesto de partes y hacer que parezca imposible una propuesta es poner un velo al problema en sí.

Los ricos y todos los que de alguna manera ostentan el poder se creen innatos, por eso todas las manifestaciones de la tesis globalizadora son siempre en el sentido individual. Les propongo a todos los padres de la tesis dinero que metan a sus hijos e hijas en un colegio único y privado. Por lógica si son innatos deberían salir todos economistas de prestigio, especialistas en circuitos financieros y, con el tiempo, con una cantidad de Premios Nobeles descomunal. Pero imagínense que el colegio es malo, con desorden, padres que no se preocupen por falta de voluntad, tiempo o todo junto. O peor aún, un colegio con un buen nivel académico, con un costo adecuado más todo lo bueno que se pueda imaginar. Entonces saldrían al mundo de los adultos con sus carreras relucientes, con una ideología más o menos predeterminada, unas creencias igual, sean culturales o religiosas etc.; pero el mundo es multicolor, con ideologías varias, creencias religiosas distintas, culturas múltiples. Saldrían a un mundo que no existe: especialistas en economía e ineptos en personas. Los partidarios de la tesis -no se lo creen ni ellos que sean innatos- lo ocultan, pero tanta insistencia en colegios privados les delata. Si los hijos de los ricos y poderosos fuesen innatos, para qué atiborrarlos de tantos idiomas, masteres, etc. Es decir, lo adquieren con la educación y así el problema de los países pobres con relación a la educación se reduce a una cantidad de dinero

Todo se reduce a unificar una clase. ¿Si unifico una clase, unifico el mundo? ¡Qué barbaridad! ¿Pero una clase de cuarenta alumnos o de veinte? Otra vez reducido todo a dinero. Según el informe PISA del año 2004, Polonia aprovechó mejor que nadie el dinero disponible en educación, mientras los EE. UU. fueron los peores. ¡Que despilfarro! En el mismo informe, los chicos y chicas de 15 años de Finlandia eran los mejores (de media, claro). Para lo cual, sistemáticamente cogen a los peores de las clases y se ceban con ellos, impidiendo que los problemas se inicien en los primeros años, haciéndoles repetir curso cuando todavía hay solución. Optimizar los recursos suena a empresa global, a economía de países ricos, pero no a educación global. Nos hacen creer que casi todo es cuestión de dinero; y digo nos hacen creer porque es sólo la apariencia: lo que pretenden es convencernos de que es imposible por cuestiones políticas, económicas, sociales, culturales. Pero al mismo tiempo la única solución que la tesis global propone es que los niños y niñas más listos o padres y madres con recursos económicos sobrados se gasten grandes cantidades en colegios privados. Para los pobres, colegios públicos con pocos recursos y muchos niños. Salir con la carrera de economía especializado en finanzas internacionales o globales desde uno de estos colegios o universidades públicas se convierte en una heroicidad, una excepción a la regla (siempre las hay). En cualquier momento pueden presentar a un estudiante o doctor en cualquier disciplina que se hizo a sí mismo gracias a unos padres, a una beca escasa, etc. Si cuando el mundo era más simple un sólo científico podía deslumbrarnos y ahora son equipos complejos, pretender que en el futuro las excepciones serán la regla general carece de fundamento.

Una clase de veinte alumnos es un desorden de cuarenta más; con un profesor rígido o dictatorial las notas de los alumnos suben. Cuando los profesores son grandes comunicadores de su ciencia, los alumnos también sacan buenas notas. Deberían ser todos simpáticos y rígidos, buenos comunicadores de su saber y, al mismo tiempo, con autoridad. Aquí está el problema: queremos héroes pagándoles poco para que enseñen a cuarenta. Al que destaca en este desorden se le llama innato. ¡Será en el desorden!  Los que tienen unos padres con estudios y tiempo además de voluntad, lógicamente sacan buenas notas gracias a ellos y no al desorden sino a pesar de él: también son innatos. Tome nota la tesis global de que, si la clase de cuarenta la compara con un país subdesarrollado y pone a un héroe de jefe, seguro que sus alumnos ciudadanos sacarán varios aprobados y un notable seguro en progreso. Y siga tomando nota, pues si la clase fuese de veinte y ricos y se instalase el desorden en clase sólo uno tendría posibilidades de sobresalir en el caos. Como demuestra el antes citado informe PISA, siendo los EE. UU. el país más rico, el porcentaje de sobresalientes era mínimo. Pedir igualdad para todos los niños no es sinónimo de clonar a toda la clase; unificar una clase o país es poner unos mínimos para todos con reglas iguales. La diversidad inherente al ser humano necesita unas reglas para todos. Y si estos pocos gastos en educación crecen por ser la economía lo suficientemente grande las clases desde pequeños hasta mayores deben ser con pocos alumnos y nunca en desorden: un máximo de orden en una clase siempre dará un mínimo de genialidad, otro mínimo de negatividad y una mayoría con buena nota.

La diversidad es parte de nosotros: si cogemos un grupo de alumnos y los unificamos en una clase por creencias religiosas estamos unificando contra natura. Si en este supuesto ¿supuesto? colegio Darwin no existe, ¿de mayores en la universidad estudiarán ciencias? ¿Si el supuesto fuese del socialismo real (pasado) saldrían preparados en razón y sin pasión? Cortarles las alas antes incluso de que empiecen a volar lo que se consigue es que eliminen partes del conocimiento (se eliminan posibilidades). Dice la tesis que hay que caminar paso a paso, que se hace camino al andar. Así sigue la frase de Machado y cómo quieren que anden en el futuro de mayores los alumnos si lo que tienen que hacer es precisamente aprender a caminar. Que pretende la tesis: que se dirijan a un lugar concreto, predeterminado por una ideología, que salten y no anden por una imposible eliminación darwiniana. ¿Qué no hagan camino al andar? Que sigan el trazado económico o cualquier otra profesión de los padres. La solución es sencilla: colegios públicos para casi todos, con buena educación en base a recursos suficientes sin eliminar posibilidades. Todos juntos, niños y niñas, con uno mínimos de posibilidades para ser piloto de un Formula-1, como dice la globalización o cualquier otro modelo inferior. Si el mundo es diverso nada mejor que prepararlos para él con una porción de complejidad.

Los que sostienen la tesis global y piensan que mucho de innato debe de haber en el hecho de que los más ricos son siempre más listos, les propondría una prueba imposible, pero fácil de intuir el resultado y es la siguiente: cojan un millón de bebés de la Casta de los Intocables de la India y los intercambian por otro millón de bebés de las más acaudalados de los EEUU -con Premios Nobel incluidos- e imaginen cual sería el resultado veinticinco años después; es fácil de imaginar que los niños ricos que hubiesen sobrevivido a las penurias seguirían siendo la casta más pobre y, quizás con alguna excepción, atribuible a cualquier motivo, mientras el millón de la India se habrían convertido en Intocables americanos. Tenía razón Darwin, lo adquirido no se hereda salvo en una pequeña porción, por eso de unos padres muy altos, hijos un poco más altos; como hay muchos casos de varias generaciones con los dos congéneres de altura razonables. ¿Dónde están los humanos de tres o cuatro metros? ¿Si las neuronas son físicas donde están los súper humanos inteligentes? La tesis dirá: heredan más neuronas y sobre todo más perfección; pues no, el resultado sería el mismo. ¿Dónde están esos humanos con la cabeza desproporcionada si una de las cosas que nos separa de los seres irracionales es la cantidad de masa cerebral? Al final todo se reduce a dinero y quien lo tiene -y mucho- lo despilfarra. Encima no consiguen que sus hijos sean casi todos superdotados e impiden que los pobres puedan progresar gracias a una educación global por falta de recursos que se pierden en el Norte rico, mientras el pobre Sur pierde millones de posibilidades.

En cuanto a los medios de comunicación en relación con este capítulo sobre la educación, esta antítesis tiene poco que añadir a lo expuesto en el capitulo quinto. Si la información es poder y todo poder está en la zona rica, pretender convencer a la tesis que reparta información-poder con los pobres es una tarea de titanes. Los medios educan a los pobres a consumir, pero no a estudiar. Si la realidad que sale por la televisión es una realidad de opulencia y con tragedias de los desafortunados del Sur éstos sólo ven una salida ir a la zona Norte. No transmiten el esfuerzo, la evolución de la sociedad a base de estudios y trabajo. Los medios de comunicación aportan poco y estorban mucho. Cuando tengan una educación general suficiente podrán sacar provecho de internet (por ejemplo), pero primero habrán de aprender a leer y escribir. La tesis quiere construir la casa empezando por el tejado.

El tema tecnológico es análogo a la información. Hay que empezar la casa por los cimientos: primero comer, luego libertad, educación y después tecnología con o para aumentar los conocimientos. Este orden se repite en todos los temas, por lo que la tecnología -o el traspaso de ella- a los países pobres no debe ser un factor de separación sino de unión. Pero la tesis global sigue en la creencia de un mundo dividido entre ricos y pobres y busca la justificación en la tecnificación. Defiende un estatus sin importarle que la realidad no sea un estado permanente: si así fuese estaríamos subidos en los árboles. Si todos los animales de una especie son básicamente iguales los ricos pretenden que la tecnología abra una fosa más de separación entre los humanos, una subespecie sin posibilidades. En educación la tecnología de los países ricos tiene poco que aportar a los pobres, no así en otros campos. En educación primaria lo que necesitan son escuelas, maestros, recursos básicos de los que hay suficientes; después si, el trasvase de ciencia es un paso más hacia la igualdad.

Los medios de comunicación y la tecnología tienen poco que aportar a los más necesitados (incluso nos aprovechamos de ellos). ¿Cuántos vivimos de los muertos como mercancía informativa? Pero no quiero seguir por este camino para depurar las imperfecciones de la tesis global, ya hay bastante donde buscar como en los recursos disponibles del mundo desarrollado. Sólo hablando de dinero, hay organizaciones sociales, artistas e intelectuales, etc. que llevan décadas demostrando que con un 0,7%, tasa Tobin ó un 1%, del gasto militar se habría, no ya solucionado la educación, sino todos los problemas importantes de los países del Sur. Lo han dicho por activa y por pasiva: da igual, la tesis o no sabe o no contesta o contesta ¡Utopía!

Despilfarro de comida, despilfarro sanitario, tecnológico y social. Añado social porque el mayor despilfarro es tener millones de seres humanos sin preparación, esto en la zona rica; en los países pobres el desperdicio humano se cuenta por miles de millones, el mayor Producto Intelectual Bruto desaprovechado por falta de ganas, interés, miopía, inoperancia intelectual. Cuando la tesis global oye que hay que donar el uno por ciento del PIB de los países ricos a los países pobres se le obturan los sentidos y balbucean justificaciones. Con lo fácil que es sumar: uno más uno es dos; un principio inalterable, dirá la tesis que me he superado en la simplicidad; pues no, así de simple se resuelven los problemas. Cuando se habla de ayudar a los países pobres no se debe entender ayudar a todos a la vez, sino de uno en uno: se coge al mejor preparado y se les proporciona las condiciones, los recursos y se ejecutan los proyectos necesarios para que desaparezca de la lista pobre y bingo, ya está en la lista de ricos; los problemas se resuelven por los bordes externos. Decidir cual, lo necesario, el tiempo, más todo lo que no he mencionado es una decisión de la ONU (o debería serlo).

El hecho de ayudar a uno no significa dejar de proporcionar a los demás las ayudas actuales. Hay más argumentos sobre lo anterior que podría enumerar, pero creo que es suficiente para comprender que la ayuda a los países pobres es urgente para que de una vez inicien con la educación, que es la causa, que los llevará al fin de su desafortunada situación. Cualquier otro apartado como infraestructuras, tecnología, información, etc.; no valdría de nada a los pobres si antes no empiezan en una escuela a leer y a saber que uno más uno es dos.

Las Naciones Unidas tienen bastante responsabilidad en todo lo anterior, pero la ONU es en cuanto a recursos un fiel reflejo de los países que aportan dichos recursos, por tanto, los esfuerzos que hace o deberían hacer hay que achacárselos a los países ricos. No es el foro adecuado para decidir -aunque debería serlo- y todos los esfuerzos que hace bienvenidos sean, pero no son suficientes. Dentro de dos capítulos, esta antítesis o antiglobalización se ocupará de la ONU en general y no sólo sobre la educación.

La realidad que representa la tesis es nefasta, una realidad imposible de cambiar, pero analizando el problema de la educación por partes como es el propósito de esta antítesis se va descubriendo o demostrando que no es así. Demasiado hincapié en las posibilidades individuales cuando educar es enseñar la complejidad universal; y si somos seres sociales, enseñar en un entorno parcial de la sociedad es ir cojo al colegio, para salir hecho un paralítico social. Una apariencia de imposibilidad que se reduce a dinero para no aportar recursos y dejar pasar el tiempo haber si por casualidad se resuelve. Y desde luego el empeño que pone los partidarios de la globalización, tesis o derecha política en la educación privada o libre elección de centros educativos. La tesis propone desde la infancia a la universidad una división en dos: ricos y pobres, Norte y Sur. Donde se ha visto que una sociedad triunfe sin un centro, una clase media potente que abarque el 60, 70 ó el 80% de los ciudadanos.

La relación entre educación buena o muy buena para unos pocos y mala o nula para todos los demás: educación privada para los primeros y pública para los demás es una respuesta lógica por parte de la tesis. La tesis es coherente consigo misma en este sentido, como la elección de profesiones y la pronta separación de los caminos para elegir una carrera. Todo tiene la lógica de impedir que las cosas cambien para que los que tienen todo lo sigan teniendo y los que nada tienen que sigan así. Pero la relación entre las dos opciones es negativa ya que se basa en una separación cuando la mentalidad del niño aun no está formada. ¡Que elección es esta! Elegir significa tener por lo menos dos opciones; los pobres no tienen ninguna y los padres ricos, si no tienen colegios públicos de calidad, tampoco. Sólo opciones entre privadas y como estas se reducen por motivos de riqueza, proximidad a la vivienda, ideología, etc. En realidad, sólo una minoría tiene posibilidad de elegir. Por tanto, la reciprocidad entre educación pública y privada que presenta la tesis global no vale, no es real para poder corregir el presente a mejor. La verdadera elección se presenta cuando el estudiante llega a la madurez, cuando es capaz de analizar su situación personal, su entorno más próximo al mismo tiempo que analiza el mundo que le ha tocado vivir; que tiene capacidad de proveer un futuro próximo con varios caminos en perspectiva -fáciles unos, complejos otros-, donde los gustos y la capacidad pueden coincidir o no. Para llegar a la mayoría de edad con esta libertad antes tiene que madurar a base de una educación completa, compleja, pero no excesivamente especializada. Ésta es después, una vez elegido el camino a seguir y cuando el esfuerzo es menos esfuerzo. La relación de colegios públicos y privados debe ser del 90 y 10% a favor de la pública. Es suficiente con un diez por ciento del total para los colegios y universidades privadas. Es decir, un diez por ciento aproximadamente a repartir entre élites, religiosos y nuevas fórmulas educativas. Que no se crea la tesis global que los partidarios de otra globalización no saben que siempre es bueno experimentar, que puede haber caminos no transitados donde encontrar soluciones donde no parece posible. La libertad de elección es una posibilidad buena e imposible de prohibir, pero es la menor; la mayor es propiciar que la formación llegue a todos para que luego puedan elegir el camino.

Claro que esta elección es para los países ricos para los pobres esta libertad es nada. Parece que la tesis quiere que el coche global funcione con un motor económico, sin dirección educativa y sin gasolina para comer, y por eso no ponen las piezas para el motor económico en los países pobres y sí créditos a bajo interés, a pagar con lo que no tienen. El coche global debe ser local y completo, cualquier pieza defectuosa es un coche inservible. Lo que vale para el cuerpo humano vale para un país entero, al igual que lo bueno y necesario para una clase de alumnos es bueno y necesario para una sociedad.

Es claro y evidente que si la tesis lo que quiere es globalizar el planeta tendrá que globalizar un país pobre, esto es igual a proporcionar independencia económica, libertad y educación, entre otros. No vale por tanto la tesis, es sestaría a sabiendas, la economía de estos países es un problema que tienen que solucionar los países ricos y las excusas para no resolver el problema de la educación son eso: excusas. Y sigo poniendo como ejemplo el coche global. Esto se ve muy bien y se comprende: este coche global hay que empezarlo por algún lado y nada mejor que por la educación. Cualquiera de las otras piezas se puede suministrar en días: comida a través de ONGs, infraestructuras económicas en cinco años; en cambio el aprendizaje es lento, es una generación: un árbol al que hay que regar todos los días. De empezar por algún lado es por este, por trozos, completo, por un país, por todos, aunque sólo fuese educación infantil.

Ya se sabe que un problema es un problema y parece de entrada imposible cuando no se tiene la preparación adecuada para resolverlo, pero cuando los recursos de toda índole son suficientes, un problema global como la educación para todos no debe recibir de entrada una respuesta de tipo que se necesita tiempo, recursos o cualquier otra escusa. Cuando un estudiante con recursos académicos se enfrenta a un problema lo resuelve poniéndose a la obra. Es de justicia proporcionar a los más necesitados una salida de futuro, con un orden lógico, primando la democracia para ayudar a la juventud mundial a competir en una globalización con reglas justas.

 

 

PRUEBA DEL ALGODÓN

 

 

 

El mayordomo está en educación para pasar el algodón, pero tiene un problema de recursos, tiene cinco algodones y no le da para la prueba, así que decide coger sólo democracia y pasarlos por las cinco sustancias: división de poderes, sufragio universal, mandar por un tiempo, no aplastar a las minorías e información. Como una cosa es pasarlo por un país rico y otro muy distinto por el globo pobre, decide optimizar los recursos de tal manera que primero los pasa por los países ricos y después -con el mismo algodón- lo pasa a los países pobres. A priori sabe que la segunda vez que pase el algodón puede estar deteriorado, con mal olor y con cantidad de porquería, pero aún así decide hacer la prueba. Ya intuirán lectores que a los que no tienen nada cualquier cosa les parece un mundo y, como no pueden elegir, aceptan esta prueba amañada (aunque ni falta que les hace saber cómo saldrá el algodón). Sólo confían en que el mayordomo transmita los resultados, para que los ricos aprendan en dos páginas los suspensos de doscientos años por no aportar recursos suficientes a la educación global.

Coge el primer algodón y lo pasa por la división de poderes a los colegios de los países ricos y, como ningún poder debe predominar sobre los demás, los escolares ricos heredarán el poder y lo aumentarán. El equilibrio de poderes futuro ensucia el algodón. Sucio como está, al pasarlo por los pobres globales, el mayordomo lo coge con mucho cuidado. La división de poderes ha dejado el algodón con un cociente de limpieza cero y un resto rico.

El mayordomo se lava las manos y coge otro algodón para pasarlo por sufragio universal y como no todos los votos-alumnos en las escuelas de países ricos valen lo mismo -al no ser libre y secreto el descubrir quién será más inteligente- el algodón sale opaco. Y como en los países pobres no están todos en la escuela y los que están no valen lo mismo, no son libres. No es un secreto que los únicos que serán inteligentes son los que huyan, el algodón opaco como estaba ha terminado en el fondo de algún océano al huir con exceso de equipaje.

El tercer algodón es para mandar por un tiempo: en democracia, cuatro años y en la vida, una generación. Y como los estudiantes no se cruzan con los silvestres, el algodón termina endémico. El mayordomo coge este algodón y lo pasa por los países silvestres, y como el problema educativo es el mismo que ha deteriorado el algodón, éste termina sin vida, sin democracia y con una generación más, perdida en favor del poder endémico.

El mayordomo coge el penúltimo algodón y se dirige a realizar la prueba a la sustancia democrática: no aplastar a las minorías, y como una minoría aplasta a la mayoría con colegios privados para pocos ricos y públicos para muchos pobres, el algodón sale torpe, aunque era puro y le crea una impureza que daña a los niños. Pues bien, si en los países ricos niños y niñas van al colegio y casi todos los que dan clases son maestras, se pierde un diez por ciento de maestros vocacionales. El algodón con tantas impurezas cruzadas no está en condiciones de probar como está la educación en la pobreza, donde las niñas están aplastadas, los niños sin colegios y los padres sin trabajo.

El mayordomo coge el quinto y último algodón para saber cómo está la información sobre la educación. El resultado de la prueba da que padres con posibilidades envían a sus hijos e hijas a los mejores colegios informados a priori y los pobres con la misma información a los peores. El algodón sucio de rencor debe pasar la prueba a la información global sobre educación y no detecta los problemas pues el apagón informativo sobre lo que sucede lo impide; el mayordomo lo quiere pasar por la educación y lo tiene que usar para sanar (por haberle sobrevenido cualquier enfermedad).

 

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