ONU
SINTESIS
“Pienso, luego existo”, la frase de Descartes del Discurso del Método es
la mejor referencia para entender la síntesis y, más concretamente, la de este
capítulo sobre la ONU o Gobierno Mundial. De entrada -como decía Descartes y
partiendo del yo existo- todo lo demás está expuesto para ser confirmado o
negado; con una observación fundamental, tanto Descartes como la mayoría de los
filósofos están obsesionados con el absoluto. El absoluto no existe -y menos en
un proyecto político-, sólo la democracia es el absoluto del presente y futuro
precisamente por no serlo. Como dijo Churchill “La democracia es el sistema
menos malo”. Repito en esta página lo mencionado ya en esta dialéctica por lo
importante de la frase y la relación con la obsesión de encontrar un absoluto
por parte de muchos –no sólo filósofos- para resolver cualquier problema, en
sentido amplio. Descartes tenía razón para mí a la hora de plantearme la
propuesta de esta síntesis y para quien la lea. Todo lo expuesto necesita ser
confirmado o negado. Esta propuesta no es la solución, ni el absoluto, sólo es
un proyecto de hándicap. Las reglas de una competición, que de entrada para ser
justa, debe tener unos pesos extras a quienes más tienen y que cada parte de la
que está compuesta la competición esté en armonía con el conjunto.
Toda esta síntesis sobre la ONU es un proyecto de hándicap dividido en
dos partes: una primera reducida sobre lo que debería ser la ONU, y otra mayor
sobre lo que se puede hacer al no ser posible el ideal anterior.
La idea platónica como idea perfecta es un horizonte no desdeñable;
indica el camino, la luz donde dirigirse, pero sin caer en la tentación de
pretender llegar a esta meta. Con estas premisas, la ONU o Gobierno Mundial
para el futuro de la Humanidad, debería ser, no un gobierno, sino un estado con
todos los componentes, es decir, ejecutivo, legislativo y judicial; con
participación de partidos cuya base sería ideológica. Como esto es una utopía,
una solución es rebajar las pretensiones, un paso intermedio que facilitase el
camino.
Traspasar las composiciones de los parlamentos nacionales a la ONU. Lo
fácil seria reducir a un diez por ciento estos parlamentos con la composición
ideológica en cada momento; dado que saldría un parlamento mundial
excesivamente grande, la solución sería reducirlo al cinco por ciento. En el
caso de España, el partido que gobierna nombraría tres diputados y la oposición
dos; o cualquier otra solución que equiparase los diferentes tamaños de
parlamentos, para que hubiese equidad relativa entre todos. De esta manera el
Gobierno Mundial tendría una base ideológica y cambiante, y facilitaría la
representación de los ciudadanos de forma indirecta. Problemas, muchos:
partidos pequeños que no tendrían cabida; países no democráticos que no podrían
participar y funcionar por ideología cuando a nivel internacional prima
sobremanera el propio país, sobre el bien común general. Soluciones: el tiempo.
Sería una medida provisional para llegar después a unas votaciones mundiales y
universales. Este proyecto reducido no necesita más para ser entendido por
todos. Platón decía que “una mesa de madera no es la mesa ideal”. Esta ONU que
propongo no es la mesa ideal, sino la de madera y como todos ustedes tienen en
sus pensamientos la ONU perfecta, sólo es necesario que todos participemos para
que se pueda realizar la ONU de madera. No hace falta más para que todos
sepamos qué ONU seria la ideal.
Como no es posible lo anterior, propongo lo que sí se puede hacer, pero
necesito, necesitamos un arquetipo, una referencia, una analogía, algo que
exista y que se le parezca, que haya resuelto parte de los problemas, visitar
un vagón tecnológico o biológico. En este caso un vagón social que exista, que
el parecido sea lo más ajustado posible; necesitamos la forma ideal, el árbol
democrático imperfecto que al acercarnos a él se presente más imperfecto, pero más
“claro y distinto”, como decía Descartes. Necesitamos un arquetipo y este
arquetipo es un ser social vivo: la UE.
La Unión Europea nació con seis, creció a diez, luego a doce,
seguidamente a quince, y en estos momentos somos veinticinco países. Se
engendró con la fusión del Acero y el Carbón hasta hoy que somos UE. En unos de
los pasos intermedios se llamó Comunidad Económica Europea y dentro de dos años
tendremos una Constitución –si Francia, Holanda, etc., no la bloquean, cosa que
no debe preocupar porque ya hubo pasitos para atrás para coger impulso-. Un ser
vivo que ha pasado de dos células a pluricelular, pues la UE en la actualidad
es una multitud de organismos políticos, territoriales, sociales, económicos,
etc., todos en crecimiento, dando forma a un ente que será completo cuando
tenga cabeza para centralizar las decisiones.
El parecido de la UE con un ser vivo, con una empresa y con la
democracia es evidente, como describí en el capítulo sobre la Tecnología. Y al
igual que todo ser vivo, la evolución no es constante, ha veces la creación de
órganos sigue vericuetos ilógicos vistos desde la creación final. Por eso los
tropiezos europeos no me preocupan ya que tiene dentro la vida misma: la
democracia.
Lo que me interesa del arquetipo europeo para esta creación o reforma de
la ONU es precisamente que la Unión Europea es un ser social vivo, imperfecto,
que con los problemas se fortalece al mismo tiempo que se expande; por fuera
territorialmente y más; por dentro con órganos cada vez más perfectos y con
nacimientos de otros nuevos. Habría sido más fácil crear la ONU con estas
premisas; ahora en cambio hay que rectificar la creación de un ente con partes
muertas como los vetos. Es un buen reto y toda esta dialéctica es esto, un reto
global, y este capítulo de la ONU el armazón general, la columna vertebral que
soporte todo el entramado. Pero esto será el fin imperfecto. El reto de este
capítulo es la creación de uno o varios factores vivos para que desde dentro
crezca y transforme a la ONU. La Unión Europea me sirve como referencia,
arquetipo, analogía, para encontrar factores que pueda introducir y haga
evolucionar al ente en una nueva o retocada ONU.
Introducir factores vivos es lo que creo que se debe hacer. Estos
cambios en la estructura actual de la ONU tienen que ser cambios mínimos,
añadir cosas, quitar y reformar otras; quitar estorbos y añadir factores vivos
para que la fuerza de la evolución social obligue a reformarlas; reformas
continuas hechas entre todos por la necesidad de las nuevas situaciones que se
darán en el tiempo.
Esta es la propuesta:
Secretario General: igual. Secretaria General: igual. Asamblea General,
votaciones: igual, por mayoría simple o cualificada de dos tercios. Asamblea
General, composición: igual, 191 países, pero los países pequeños y pobres en
vez de 5 representantes con un voto, 2 representantes con 2 votos (uno por
población y otro por riqueza). Estos países deben sumar 75, 76 ó 77 y los
representantes 155, el resto hasta los 955 actuales: 800 divididos en dos, 400
por cantidad de población y 400 por cantidad de riqueza. Es decir: 155
representando a los más pequeños, con un mínimo de 2, y el resto, 800 entre los
demás países. Todos los representantes son votos, no como ahora que cada país
tiene 5, pero el voto es uno.
Si dividimos 6000 millones de almas entre 400 representantes nos da 15
millones de personas. Los países que tengan menos población ya están
representados entre los 75, 76 ó 77 –los restos no es función de esta tesis
resolverlos, seria eterna-, los restantes países se repartirían los 400
dependiendo de la población. Con cambios en el tiempo: factor vivo. Para
visualizar mejor como quedarían repartidos los 400 representantes sólo hay que
sacar la cuenta de los que tendría China: 86 más o menos.
Si le damos el valor de 6000 millones a todo el Producto Interior Bruto
Mundial y lo dividimos por 400 representantes, no dará la cifra conocida de
personas: 15 millones, cuyo valor sería el equivalente en el PIB Mundial. Los
países pobres que no lleguen a esta cantidad de riqueza ya tienen un
representante por población y otro para compensar por la no riqueza (una
discriminación positiva). Como ejemplo para verlo mejor diré que los EE. UU.,
como país más rico, por población tendría 20; por riqueza se aproximaría a los
86 de China como país más poblado.
Los 955 representantes en la ONU seria factores vivos, pues cambian
constantemente a mayor, además seria elegidos por el gobierno de turno en los
países democráticos –para no hacer demasiados cambios-, con lo cual la
composición cambiaria continuamente -incluida la mayoría ideológica-
dependiendo en cada momento si hay más o menos gobiernos de derecha, centro o
de izquierda. En cuanto a equiparar población y riqueza, hay que ser lógicos, los
impuestos los pagarían los países ricos y -quitando a China como representación
del país más poblado y no democrático- el resto de los países con mayor PIB son
democracia. Serian por tanto representantes puestos por gobiernos que
dependerían de sus electores, que castigarían o premiarían en las urnas según
las decisiones que tomen en la ONU, además de los asuntos internos etc. Y en
cuanto a los países más poblados y sin democracias, lo mejor es decir que en la
Asamblea General de la ONU con 955 representantes en total se necesitarían más
de 318 para bloquear las mayorías cualificadas de 636 representantes. Hagan
cálculos haber si sumando todos los países no democráticos -incluido China-
llegan al bloqueo.
Ser más rico tiene premio con esta propuesta y como la mayoría de los
países más ricos son democracias, el premio recae de forma indirecta en los
países democráticos. Un acicate para que se conviertan en democracias los
países pobres que no lo son o que intenten ser más ricos; y difícilmente lo
conseguirán si no tienen una estructura política, económica y social en armonía,
que provoque el crecimiento económico. Y con respecto a la población con
cambios continuos por las emigraciones o simplemente demográficas, la ONU
tendrá que exigir patrones lógicos, al igual que con el PIB.
Equiparar personas con riqueza no es la primera vez que lo hago. En el
Parlamento Empresarial puse como necesidad la paridad entre empleados y
acciones, que daría como resultado de entrada mayoría al accionariado. Todo lo
contrario que en el Parlamento Social, que también de entrada se supone que
ganarán los críticos en las elecciones. Pero esto es sólo a priori, y en este
Parlamento Mundial u ONU pasaría lo mismo: ganaría la población, pero sólo es
eso a priori. Las votaciones universales traen sorpresas y cambios, y las
votaciones en la ONU no serán una excepción. La mayoría de los ciudadanos
libres no aceptarán de buen grado, que sus gobiernos voten en la Asamblea
General de la ONU proyectos descabellados.
Asamblea General, competencias: igual que ahora, más añadir poder real
para cobrar a los países ricos, por encima del país 77 en pobreza, claro está.
Poder real para poder llegar y sobrepasar el 0,7% del PIB como contribución a
la ONU de estos países. Poder para crear un impuesto por velocidad de rotación
del Dinero “Tasa Tobin” o parecido. Poder crear un Centro de Planificación de
Infraestructuras para que las ficticias, aún Empresas Democráticas de Derecho
pudiesen participar en el desarrollo futuro sin lesionar los intereses de los
países pobres. Con lo cual, la AG debería tener competencias para crear las
reglas de estas EDD. Competencias para imponer el funcionamiento efectivo de la
Corte Penal Internacional como control vertical, y, por último –aunque seguro
que me he dejado algo importante en el camino y todos deben participar para
corregir los errores de bulto que habré cometido- el control trasversal de los
Parlamentos Sociales.
Lo último es complicado, sólo está en mi mente y ahora en este libro. Como
los Parlamentos Sociales deben ser creados en el marco nacional o país, hasta
que no sean una realidad la ONU debe tener unas competencias con respecto a los
Medios de Comunicación que sería la primera piedra de un futuro PSM. La ONU debe
poder imponer unos mínimos de competencia en los medios. Que haya muchos no es
garantía de libertad ya que tenemos ante nosotros la globalidad, pero no
podemos digerirla (sólo partes y estas deben tener el todo): la ONU debe
garantizar este derecho, aunque sea de forma parcial.
En resumen, que los cambios en la Asamblea General sean pocos y añadir
factores vivos para que la evolución provoque cambios continuos; como es la
economía en constante evolución y la población con los mismos parámetros. Cada
cierto tiempo habría que cambiar los porcentajes de representación económica
400 y los 400 por población, incluso los 155 de países más pobres y pequeños.
Es cierto que la representación de los países ricos quedaría más acorde a la
realidad por la cantidad de impuestos que deberían pagar y así los ricos
pagarían más y votarían más; los países más poblados tendrían mucha
representación y, si son ricos, mucho más; y los pobres recibirían los
impuestos y proyectos decididos en un foro que no se los negarían por la
evidencia de sus necesidades. Sin olvidar que, si los países democráticos son
más y los más ricos son democracia, la Asamblea General quedaría representada
por una mayoría democrática hecha con criterios no democráticos puros.
Y este proyecto de la ONU llega al punto crucial, el Consejo de
Seguridad con cinco vetos. Estos tienen que desaparecer, son factores muertos
que impiden cualquier acuerdo. Voto es democracia, veto lo contrario. Se puede
discutir eternamente sobre las esencias de los votos y vetos o sobre la
necesidad de los vetos al ser creada las ONU, la dificultad de eliminarlos, la
creencia por otras propuestas de que aumentándolos sería bueno, disminuir su poder
obligando a ser dos los vetos para bloquear. Insisto, votos es consustancial
con la democracia y vetar es lo contrario. Las encuestas en la mayoría de los
países dan un resultado claro: los ciudadanos están por la eliminación de los
vetos en el CS. La mayoría no se equivoca nunca, y si en lugar de encuesta
fuese unas votaciones, con una buena campaña para que los ciudadanos estuviesen
bien informados el resultado sería más claro. La totalidad cuando es consultada
en libertad detesta las distorsiones, los errores de bulto, los proyectos
imposibles y en consecuencia elije lo mejor y posible.
Consejo de Seguridad: quitar los vetos y añadir nueve miembros, igual a
la propuesta del Grupo de Sabios. Es buena la solución de aumentarlos a 24. Daría
como resultado que las votaciones sobre asuntos importantes por dos tercios
tendrían que votarlos 16 miembros del CS y el bloqueo llegaría con 9 votos
nacionales. La composición muy parecida a la actual: 16 permanente y 8 rotando
cada dos, cuatro años, elegidos por la Asamblea General. Hay que hacer hincapié
en que los 16 permanentes deben ser los países más ricos del planeta y los más
poblados; la suma -independientemente de que fuesen más los más poblados o
ricos- daría una mayoría del planeta: las decisiones que tomasen tendrían una
mayoría detrás de más de tres mil millones de almas.
Sería bueno que los perdedores en el CS, incluso uno, tuviesen la
oportunidad de exigir a la Asamblea General una votación para ratificar la
mayoría por dos tercios del Consejo de Seguridad. Poder exigir votar a la AG cuando
se presentase un problema grave, con posturas encontradas, sin soluciones y
posibles acusaciones de influencias de unas potencias a otras, o a países
terceros, miembros del CS. Insisto, los perdedores deberían poder exigir una
votación por mayoría de dos tercios de la AG. De esta manera se evitarían
suspicacias y quedaría patente que la mayoría cualificada del planeta está de
acuerdo con las decisiones del CS, o su negativa, prevaleciendo la AG.
En cuanto a las competencias: igual, menos la dependencia que del CS
tienen los organismos como, CAF, CES ó TIJ. Estos como los demás deben ser
independientes, al igual que ministerios de un gobierno normal. No sería exacto,
pero se le parecería mucho.
Es duro quedarse en minoría, pero es la base de la democracia, que exige
para ganar, no sólo proyectos adecuados y no demasiados rechazos, también
negociar. Democracia y negociaciones son primos hermanos; negociar y llegar a
acuerdos sobre fines comunes entre varios o coaliciones es una constante en
cualquier país democrático y la ONU no debe ser una excepción.
El Consejo de Seguridad así formado no representaría el factor muerto
actual. Los vetos son el problema y al eliminarlos obligaría a las potencias a
explicar sus posturas y convencer; provocaría permanentes y variadas guerras
internas en el CS: todas de palabras (cualquier otra variable ya las tenemos).
Sería la guerra por otros medios: democracia. La analogía con la Comunidad
Europea o Unión Europea -o como se llame en el futuro- es patente. Durante
cincuenta años Europa ha sufrido, no sólo la ampliación de 6 a 25, ha sufrido
infinitas negociaciones, pasos en falso, para atrás, para adelante,
desviaciones, atascos. El Consejo de Seguridad tiene que aprender a sufrir, a
negociar durante días interminables sobre puntos y comas; de acuerdos que por
momentos parecen irresolubles; a ceder para que todos ganen algo; perder lo
mínimo cuando no se tiene razón. La vida es dura, unas veces se gana y otras se
pierde, pero que sería de la vida sin la incertidumbre.
El resto de los órganos de la ONU debe seguir un parecido con el CS
propuesto, sin depender de él y con similar poder; así todos los órganos
principales tendrían una similitud con los ministerios de los gobiernos nacionales;
con la última palabra, no del Consejo de Ministros o presidente, sino de la
Asamblea General. Estos órganos serian: Economía y Hacienda, Comercio,
Ecología, Alimentación, Derechos Humanos, Educación, Sanidad, Infraestructuras,
BM y FMI, así como los OIT, AIEA, OACI, AID, VIT, ONUDI, OMI, Centro de
Estudios, etc. Todos con veinticuatro miembros, y las votaciones igual que en
el CS: mayoría simple y por dos tercios para lo más importante o reglas
generales; con la posibilidad o derecho de provocar una votación en la Asamblea
General cuando la necesidad lo obligue.
En estos órganos de la ONU se debería seguir una doble vía a la hora de
su elección: por una parte, los 16 países más ricos y poblados no deberían
estar presentes en todos los órganos, al igual que los 8 restantes por rotación,
de tal manera que en órganos concretos convendría que participasen los países
más interesados en el tema concreto. Por ejemplo, es absurdo que -si de lo que
se trata es de ayudar, investigar y aplicar la sanidad en países con déficit
sanitario- no estén varios de estos países en el OMS. No hay peligro de que
provoquen un desorden pues la AG tiene siempre la última palabra y, en cambio,
son los países que saben más del tema, simplemente por cercanía.
He mencionado varias veces que la Asamblea General tendría que votar los
955 miembros en muchas ocasiones y en el presente la AG se reúne solamente en
septiembre de cada año y en asuntos excepcionales. Creo que deberían reunirse
más y buscar la equiparación con los demás parlamentos. Y una reflexión sobre
las votaciones: ya es hora de usar los inventos. Si tenemos coches es para
viajar en ellos; si ya existe el fax, votemos por él, y quien dice fax dice
internet o teléfono. La AG tiene que votar mucho, es un vicio votar y crea
dependencia.
Unas de las cosas que mejor ha realizado la Unión Europea es crear unos
fondos de compensación para las regiones más deprimidas, zonas donde el PIB no
llegaba a la media de la UE. Esto ha creado cohesión económica entre todos los
países al ayudar a los que participaban con desventajas claras. La ONU debe
seguir estos pasos y crear fondos para gastar en países deprimidos
económicamente, pero en lugar de ser aplicados por los gobiernos recetores de
las ayudas como en la UE, en muchos casos, deberían ser los órganos de las
Naciones Unidas, pues mientras que los países miembros de la UE tienen todas
unas estructuras ordenadas, los países que recibiesen de estas ayudas no
tendrían estas estructuras tan perfectas.
Si los problemas se solucionan
por los bordes, Europa encontró el código de entendimiento al entrar los países
que estaban en el borde externo y mejor preparado, pasando al borde interno donde
necesitan ser ayudados para mantener la cohesión. Los países pobres no tienen
capacidad para ejecutar dichos proyectos, y si los tienen pueden desaparecer
los recursos por el desorden en sus estructuras, siendo la corrupción sólo uno
de ellos. No es por casualidad que los países que llaman a las puertas de
Europa sean múltiples, todos quieren participar de la mayor zona de libertad,
con un mercado unido donde los que más tienen ayudan a los que llegan para con
el tiempo ayudar a los siguientes. Pero Europa no debe ser sólo ejemplo de
mercado, la analogía o arquetipo para la ONU deber ser general.
Los padres de la actual Europa pensaron en el comercio como factor de
unión para que no se repitiesen las guerras entre sus estados, pusieron la
primera piedra y crearon un eslogan: “comercio para la paz”; y su poder ha
aumentado con el tiempo en comparación con “átomos para la paz”, defenestrado y
basado en el terror. Comercio para la paz ha resultado todo un éxito. La ONU
debe coger lo positivo de la UE que es mucho. En cuanto al comercio o libre
mercado, el silogismo de Aristóteles viene perfecto: si el comercio es
libertad, favorecer la libertad es favorecer el comercio. Libertad y comercio
son sinónimos. Sobre esta lógica he creado la paridad entre el poder del
comercio y el poder de los ciudadanos. Los dos tienen dentro la evolución y,
además, están unidas de tal manera que quitar estorbos al comercio favorece la
libertad y viceversa. La ONU así reformada tendría que rectificar continuamente
ya que el comercio aumenta y los votos decididos por la riqueza, necesitarán
correcciones, al igual que los votos de la población. Seguro, que llegado el
momento de un retoque necesario algún país propondrá mecanismos más justos para
la representación, y, retoque a retoque, se perfeccionará el organismo, pasarán
muchos años, pero se hará.
Puede haber otras formas mejores de crear un organismo mundial o retocar
la actual ONU, pero yo no he encontrado otra –imposibilitada la idea platónica
de un gobierno mundial elegido democráticamente entre todos-, sólo este sistema
de eliminar los vetos de la ONU y al mismo tiempo poner las bases para que se
perfeccione con el tiempo. Las dificultades de que esta u otras reformas
parecidas lleguen a buen puerto son grandes. El que posee el poder no suele
soltarlo, y los países ricos tienen todo el poder del mundo, pero los
ciudadanos libres tenemos el poder de votar y de convencer. Creo que esta
propuesta no es del todo utópica; seguro que millones de personas han pensado
algo parecido, y en todo caso, cuando sea conocida sumará adeptos o se sumará
esta propuesta a otras, que seguro las hay. Tampoco hay que aplicar estas ideas
tal y como están sólo lo esencial. He dudado varias veces sobre la posibilidad
de que esta propuesta fuese posible ejecutarla y siempre he llegado a la misma
conclusión; sería nefasta si se aplicase tal y como la he pensado, y si de algo
tengo miedo es de cometer errores de bulto, errores que no se aprecien al
principio y con el tiempo son holocaustos seguros. Siempre me ha saltado la
duda, pero al mismo tiempo he sabido la solución: todos no nos equivocamos, uno
o varios sí. La solución la tenemos todos. Esta síntesis sobre la ONU y todas
las anteriores de esta dialéctica, necesitan pasar por la antítesis del mayor número
posible de contrarios a ella. Si pasa la prueba con incorporaciones básicas de
síntesis sucesivas no quedarán errores graves; de ahí la importancia del
capítulo cinco de la Información. El mundo es muy complejo y sólo los canales o
autopistas de la información pueden encauzar los proyectos, las críticas de
todos para no equivocarnos. Las soluciones últimas están ahí fuera en todas las
personas.
Esta síntesis de la ONU, de llegar a realizarse no serviría de nada, si
las partes de lo que está formado la sociedad en su conjunto no se globaliza.
Como he mencionado en otros capítulos, esta Globalogía es globalizar las partes
para dar consistencia a la sociedad en su conjunto. La vertebración social,
económica y política por países no es suficiente para unirse en un futuro
gobierno mundial. La globalización es precisamente la ruptura de este marco y -al
formarse otro mayor- en este caso la evolución es a la totalidad física del
planeta. El nuevo marco no sólo es mayor y total, sino que las partes que en el
conjunto de un país son pequeñas, al transformarse y unirse a otros países
cambia de entidad. El ejemplo de las empresas globales lo indica. No es lo
mismo la mayor empresa nacional que mundial: el cambio es brutal. Las empresas
globales en un marco global sin reglas internas que coincidan con el conjunto
serían verdaderos depredadores pululando en busca de víctimas propiciatorias.
El ejemplo de los medios de comunicación es superior aún pues toda la sociedad
depende de los medios para las interconexiones que faciliten las propuestas, a continuación,
las críticas y, por último, las síntesis.
Como síntesis de toda la dialéctica diré que la Globalogía es un orden
vertical, con todas las partes necesarias y un control trasversal. Más claro,
una división de poderes vertical (Montesquieu) que de entrada todas las partes
son necesarias como método para acertar (Descartes), y una vigilancia
trasversal de todos a través de los medios. O más real: un orden por arriba
como la creación de la UE, con todos los países europeos con sus economías,
sociedades y órganos internos acorde con la democracia, sin vigilancia
trasversal adecuada (trabajo por hacer). O más concreto: la orden a un
periodista para que haga un artículo en un tiempo determinado y tamaño, con
todos los temas a su disposición de entrada, pero sólo uno ganará, y la critica
trasversal de los lectores.
FIN
DE LA DIALÉCTICA
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