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Capítulo vigésimo sexto

 

ONU

ANTITESIS

 

 

 

 

 

Los vicios cuando no se corrigen, no sólo aumentan con el tiempo, sino que contagian a los objetos que los rodean. Así, para esta antítesis, un juicio sobre la ONU es un juicio negativo. La suma de muertos a causa de las guerras en diez años antes de la creación de la ONU y la suma en sesenta años después es superior a la primera. Parece lógico por la diferencia de años, pero si se analiza bien los años previos a 1945 da como resultado que fueron con mucha diferencia, los años más negros de la Humanidad. No sirve de referencia poner como ejemplo que la ONU ha impedido la III Guerra Mundial, estaríamos arreglados si no la hubiera impedido. Los muertos en guerras declaradas o no y las masacres dentro de países que estaban representadas en la ONU con veto incluido son incontables, pero más atroz es si se pudieran contar las vidas que se han perdido por no hacer nada. A los dirigentes mundiales en estos 60 años hay que cargarles en el debe, el no haber puesto remedios cuando los había. La Organización de las Naciones Unidas nació para impedir catástrofes entre naciones y los 60 años son otros tantos conflictos no resueltos o resueltos mal.

En vez de nacer la ONU gracias a los pueblos y naciones libres, fue creada desde la óptica del poder. Quizás era la única solución, pero saber que no se sabe es el principio para acertar. En vez de esto, los dirigentes de las potencias ganadoras de la II Guerra Mundial más 50 estados menores, crearon un ente con un vicio: un veto imposible de vetar. ¡Que ridículo, crear un objeto con vida propia y sin muerte periódica para poder contrarrestar! Si no funcionaba como en un principio se pensó debió abolirse, y si no fue así pues peor aún. El porqué se creo así es sencillo para esta antítesis: de las cuatro potencias con derecho de veto, Francia era una potencia destruida, Inglaterra una potencia empobrecida, la URSS una potencia dictatorial y los EE. UU. una potencia sin límites. De un cóctel con estos ingredientes salió un veto imposible de tragar. Ante cualquier problema que surgía la solución la impedía el poder sin límites: o era buen momento para ejercer de dictador o no tenía riqueza para responder o, simplemente, no tenía capacidad de actuar. La combinación podía variar, pero el resultado era siempre el mismo. Con objetivos contrapuestos difícilmente se llega a acuerdos; con recursos contrapuestos, intereses, políticos, etc. no se pueden solucionar los problemas.

Se pudo hacer mejor y, en todo caso, ante las dificultades de maniobra de la organización se debería haber puesto las soluciones. El mundo era de estas potencias con veto; los recursos de los que disponían, económicos, tecnológicos y de influencia en general sobre los demás países era suficiente para -una vez sentados en la mesa de la ONU- coger el toro por los cuernos y solucionar cosas. Pero en vez de esto seguro que pensaron en ellos y sólo en ellos: vieron la posibilidad de convertirse en jugadores de ventaja, en una partida de ajedrez con infinidad de peones y cuatro damas con capacidad solamente de ahogar al contrario con el veto. A la partida se sumó China, fue un buen momento para cambiar las reglas y no se hizo. Sí se pudo hacer mejor desde el principio y, cuando hubo la oportunidad, no se hizo. Es de cajón que los beneficios para las potencias creadoras de la ONU habían sido buenos; o eso debió pensar. Hago hincapié en el hecho de que las cuatro y luego cinco potencias con veto tenían el poder y que las demás naciones no podían proponer soluciones, ni oponerse a las propuestas inadecuadas y, si lo hacían, terminaban en la papelera. Eliminar el veto es la única solución

En estos 60 años el mundo ha estado en guerra y la ONU, o no supo o no pudo poner remedios. Guerras bajo cuerda entre satélites de las potencias, guerras étnicas dentro de estados democráticos y dictatoriales, guerras frías que congelaban propuestas, guerras múltiples que llevaría a esta antítesis a ser interminables. Las excepciones -que las ha habido como la Guerra del Golfo o Afganistán- son eso, excepciones a la regla. El caso de la Guerra de los Balcanes es la prueba de que la ONU no soluciona los problemas. En este caso fue la OTAN.

Si hacemos un repaso por los principales órganos de la ONU y comisiones dependientes de estos se comprueba que los errores de funcionamiento se convierten en irreparables a la hora de actuar, dando como resultado actos fallidos sin correcciones posteriores en el tiempo. El primero de todos, que el Secretario General no es nombrado democráticamente entre los Estados miembros. Los países ricos y poderosos imponen a la persona que les conviene. No es el fallo más grave, pero es la cúspide de toda la organización: el más visible y, al mismo tiempo, el más vulnerable. La Asamblea General está vacía de poder, los votos de todos no pueden contra uno sólo del Consejo de Seguridad. Da lo mismo ganar por mayoría simple, de dos tercios o por 190 a 1. El control del Consejo de Seguridad repercute por arriba en la AG y por abajo en el CES, CAF o TIJ. En teoría, mucho campo donde poder actuar la ONU; en la práctica, en nada.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) no ha conseguido trabajo para todos, pero si trabajos inestables y ha permitido que se eternice en el tiempo el trabajo infantil: el suspenso es evidente. Como la OMS: el SIDA progresa en los países pobres y la organización no impone unos mínimos de salud para todos. Las peleas continúas de los países pobres contra las empresas farmacéuticas son peleas que pierden siempre los primeros: son entre David y Goliat, y la excepción es la referencia. La FAO es la encargada de la alimentación. Nada que decir porque en el capitulo anterior está todo dicho, al igual que UNESCO en relación con la educación. ACNUR, la organización encargada de los refugiados, se ha encargado de eso, de organizar los campos de refugiados y no de prevenir. El AIFA, la encargada de la energía atómica, ¿qué ha hecho para evitar que IRAK -sin armas de destrucción masivas- sea atacado y Corea del Norte -que sí las tiene- en cambio no lo sea? Mejor un tupido velo y no dar pistas.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) se eterniza en negociaciones sin llegar a un acuerdo para crear un mundo donde la paridad entre movimiento de personas y mercancías sea real. Y las tres últimas organizaciones de las que voy a hacer referencia son arquetipo del porqué la ONU tiene un defecto desde su creación: el Tribunal Penal Internacional no está ratificado por todos y -lo más grave- no lo está por varios de los que tienen veto: ¿hasta cuándo? El Fondo Monetario Internacional, ¿qué fondos tiene si los que más deben aportar ni siquiera pagan las cuotas de la ONU? Si no hay fondos, no es un fondo, ni es monetario, ni es internacional: es nada. Y, por último, el Banco Mundial. La palabra banco lo dice todo: un banco es quien presta dinero a quien tiene más para responder del préstamo, y se han pasado décadas prestando dinero a quien no tiene. Las presiones de los ciudadanos libres han obligado a condonar créditos de países pobres que se concedieron con un criterio de: despido procedente a cualquier director de banco. Se me dirá que hay países pobres que tienen recursos, que, aunque pobres pueden responder a estos créditos echando mano de otros recursos. Más o menos es como si un ciudadano con problemas para llegar a fin de mes se presentara a un banco y pidiera un crédito para devolverlo del uno al veinte con la nomina de cada mes y que los diez días restantes los pasara como pudiera y el director se lo concediese. Los pobres lo que necesitan es un trabajo digno, lo demás será dado solo; y quien dice un trabajo, dice infraestructuras etc.

El Proyecto Milenio o el Protocolo de Kioto no se sabe cómo acabarán, pero las perspectivas no son buenas, los recursos para cumplirlos no llegan y las decisiones para cumplir Kioto brillan por su ausencia en los países que son precisamente los que más contaminan. Precisamente cuando más democracias hay en el planeta y se llega a un acuerdo de mínimos razonables -que ya es algo- la ONU no tiene poder para imponer su cumplimiento. Esto demuestra que el problema de la ONU es grave y la solución pasa por reformas, pero estas deberían ser mucho mayores de las que se anuncian. Haciendo un repaso somero, no encuentro la respuesta necesaria en estas reformas para que cambie la tendencia de estos 60 años de vida de la ONU.

Las reformas propuestas por la tesis anterior y que el Secretario General Kofi Annan quiere que se aprueben en septiembre del 2005 son: que pasen de 15 a 24 los miembros del CS, sin mencionar si se pretende la eliminación del veto, esto es proponer nada. Crear una comisión de Derechos Humanos similar al CS - ¿con vetos? -; reformar el CES - ¿con qué referencias?, ¿las anteriores? -; transparencia de la Secretaria General - ¿sólo aquí?-; que las aportaciones de los países ricos lleguen al 0,5% del PIB para el año 2009 y del 0,75 para el año 2015. ¿Dónde está la autoridad necesaria para negociar y hacer cumplir estos objetivos, que ya de por sí son escasos? Luchar contra la corrupción en los países pobres.  ¿Si se elimina la corrupción donde no tienen casi de nada se soluciona el problema? Que fácilmente se solucionaría los problemas de Haití. Luchar contra el SIDA: bonitas palabras que al no tener recursos económicos y autoridad suficiente son palabras vacías. Y, por último, crear un fondo para favorecer la democracia. ¿Desestabilizando dictaduras desde dentro con propaganda? ¿Pagar a partidarios para que se organicen como oposición donde de entrada no se pueden organizar? Las incongruencias son interminables para este último proyecto y para los demás.

Reformar la ONU para que dé respuesta a los problemas del presente y del futuro pasa por crear un denominador común entre todas las naciones, y no hay otro más justo que la cantidad de personas. La democracia se basa en el sufragio universal y la ONU lo que tiene que hacer es caminar en esta dirección. Los votos por países en la Asamblea General no son verdaderos -si bien es cierto que países pequeños tienen el mismo valor que los grandes y esto provoca que las potencias se nieguen a respetar una votación por países en la Asamblea General o el CS-; los votos deberían ser en relación a la cantidad de personas, como un sufragio universal concentrado. De esta manera los votos serían reales con respecto a la cantidad de personas en cada país. El denominador común de un ciudadano, un voto, es lo más justo; y si esto no es posible todavía la ONU podría estar compuesta por una representación lo más parecido a lo anterior. Sin duda sería complicado, pero seguro que la mayoría de los representantes en la ONU se pondrían de acuerdo sobre los problemas básicos. Suponer que una representación justa de casi mil personas de todo el mundo votaría con criterios absurdos o imposibles es no creer en la democracia. Cuando en un foro todos participan en libertad, siempre salen acuerdos razonables.

 

 

 

  

PRUEBA DEL ALGODÓN

 

 

 

 

El mayordomo -en un último intento para demostrar que la justicia, competencia, orden, progreso y democracia no pasa la prueba del algodón, decide hacer la prueba a lo bestia.

Coge todos los algodones y se dirige al país más grande -es decir, a China- y le responde que allí no, que se dirija a otro lugar. Con la confirmación de sus temores se dirige al país más poderoso, y en los EE. UU. le contestan que allí tampoco. Mosqueado el mayordomo por tener que hacer la prueba a pesar de saber la respuesta se dirige a Rusia y la contestación es: ¡adivinan! que se dirija a Inglaterra y Francia.

191 lugares donde pasar el algodón y el mayordomo no encuentra el lugar donde ir, pues al intentar pasar el algodón por Corea del Norte, China le contesta que por ahí tampoco, y al intento de hacer lo mismo con Israel, los EE. UU. le dicen que ni hablar. Huelga que lo intente con otros lugares. Cinco esencias imposibles de confirmar por culpa de cinco vetos imposibles de eliminar.

El mayordomo impertinente del principio se ha convertido en un prejubilado sin esperanza. El mundo no es democrático, ni justo, ni tiene orden y el progreso es nulo por la falta de competencia de los que deberían tenerla. Y en estas el mayordomo se despide con un hasta siempre.

 

 

 

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