ONU
ANTITESIS
Los vicios cuando no se corrigen, no sólo aumentan con el tiempo, sino
que contagian a los objetos que los rodean. Así, para esta antítesis, un juicio
sobre la ONU es un juicio negativo. La suma de muertos a causa de las guerras
en diez años antes de la creación de la ONU y la suma en sesenta años después es
superior a la primera. Parece lógico por la diferencia de años, pero si se
analiza bien los años previos a 1945 da como resultado que fueron con mucha
diferencia, los años más negros de la Humanidad. No sirve de referencia poner
como ejemplo que la ONU ha impedido la III Guerra Mundial, estaríamos arreglados
si no la hubiera impedido. Los muertos en guerras declaradas o no y las
masacres dentro de países que estaban representadas en la ONU con veto incluido
son incontables, pero más atroz es si se pudieran contar las vidas que se han
perdido por no hacer nada. A los dirigentes mundiales en estos 60 años hay que
cargarles en el debe, el no haber puesto remedios cuando los había. La
Organización de las Naciones Unidas nació para impedir catástrofes entre
naciones y los 60 años son otros tantos conflictos no resueltos o resueltos
mal.
En vez de nacer la ONU gracias a los pueblos y naciones libres, fue
creada desde la óptica del poder. Quizás era la única solución, pero saber que
no se sabe es el principio para acertar. En vez de esto, los dirigentes de las
potencias ganadoras de la II Guerra Mundial más 50 estados menores, crearon un
ente con un vicio: un veto imposible de vetar. ¡Que ridículo, crear un objeto
con vida propia y sin muerte periódica para poder contrarrestar! Si no
funcionaba como en un principio se pensó debió abolirse, y si no fue así pues
peor aún. El porqué se creo así es sencillo para esta antítesis: de las cuatro
potencias con derecho de veto, Francia era una potencia destruida, Inglaterra
una potencia empobrecida, la URSS una potencia dictatorial y los EE. UU. una
potencia sin límites. De un cóctel con estos ingredientes salió un veto
imposible de tragar. Ante cualquier problema que surgía la solución la impedía
el poder sin límites: o era buen momento para ejercer de dictador o no tenía
riqueza para responder o, simplemente, no tenía capacidad de actuar. La
combinación podía variar, pero el resultado era siempre el mismo. Con objetivos
contrapuestos difícilmente se llega a acuerdos; con recursos contrapuestos,
intereses, políticos, etc. no se pueden solucionar los problemas.
Se pudo hacer mejor y, en todo caso, ante las dificultades de maniobra
de la organización se debería haber puesto las soluciones. El mundo era de
estas potencias con veto; los recursos de los que disponían, económicos,
tecnológicos y de influencia en general sobre los demás países era suficiente
para -una vez sentados en la mesa de la ONU- coger el toro por los cuernos y
solucionar cosas. Pero en vez de esto seguro que pensaron en ellos y sólo en
ellos: vieron la posibilidad de convertirse en jugadores de ventaja, en una
partida de ajedrez con infinidad de peones y cuatro damas con capacidad
solamente de ahogar al contrario con el veto. A la partida se sumó China, fue
un buen momento para cambiar las reglas y no se hizo. Sí se pudo hacer mejor
desde el principio y, cuando hubo la oportunidad, no se hizo. Es de cajón que
los beneficios para las potencias creadoras de la ONU habían sido buenos; o eso
debió pensar. Hago hincapié en el hecho de que las cuatro y luego cinco
potencias con veto tenían el poder y que las demás naciones no podían proponer
soluciones, ni oponerse a las propuestas inadecuadas y, si lo hacían,
terminaban en la papelera. Eliminar el veto es la única solución
En estos 60 años el mundo ha estado en guerra y la ONU, o no supo o no
pudo poner remedios. Guerras bajo cuerda entre satélites de las potencias,
guerras étnicas dentro de estados democráticos y dictatoriales, guerras frías
que congelaban propuestas, guerras múltiples que llevaría a esta antítesis a
ser interminables. Las excepciones -que las ha habido como la Guerra del Golfo
o Afganistán- son eso, excepciones a la regla. El caso de la Guerra de los
Balcanes es la prueba de que la ONU no soluciona los problemas. En este caso
fue la OTAN.
Si hacemos un repaso por los principales órganos de la ONU y comisiones
dependientes de estos se comprueba que los errores de funcionamiento se
convierten en irreparables a la hora de actuar, dando como resultado actos
fallidos sin correcciones posteriores en el tiempo. El primero de todos, que el
Secretario General no es nombrado democráticamente entre los Estados miembros.
Los países ricos y poderosos imponen a la persona que les conviene. No es el
fallo más grave, pero es la cúspide de toda la organización: el más visible y,
al mismo tiempo, el más vulnerable. La Asamblea General está vacía de poder,
los votos de todos no pueden contra uno sólo del Consejo de Seguridad. Da lo
mismo ganar por mayoría simple, de dos tercios o por 190 a 1. El control del
Consejo de Seguridad repercute por arriba en la AG y por abajo en el CES, CAF o
TIJ. En teoría, mucho campo donde poder actuar la ONU; en la práctica, en nada.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) no ha conseguido trabajo
para todos, pero si trabajos inestables y ha permitido que se eternice en el
tiempo el trabajo infantil: el suspenso es evidente. Como la OMS: el SIDA progresa
en los países pobres y la organización no impone unos mínimos de salud para
todos. Las peleas continúas de los países pobres contra las empresas
farmacéuticas son peleas que pierden siempre los primeros: son entre David y
Goliat, y la excepción es la referencia. La FAO es la encargada de la
alimentación. Nada que decir porque en el capitulo anterior está todo dicho, al
igual que UNESCO en relación con la educación. ACNUR, la organización encargada
de los refugiados, se ha encargado de eso, de organizar los campos de
refugiados y no de prevenir. El AIFA, la encargada de la energía atómica, ¿qué
ha hecho para evitar que IRAK -sin armas de destrucción masivas- sea atacado y
Corea del Norte -que sí las tiene- en cambio no lo sea? Mejor un tupido velo y
no dar pistas.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) se eterniza en negociaciones
sin llegar a un acuerdo para crear un mundo donde la paridad entre movimiento
de personas y mercancías sea real. Y las tres últimas organizaciones de las que
voy a hacer referencia son arquetipo del porqué la ONU tiene un defecto desde
su creación: el Tribunal Penal Internacional no está ratificado por todos y -lo
más grave- no lo está por varios de los que tienen veto: ¿hasta cuándo? El
Fondo Monetario Internacional, ¿qué fondos tiene si los que más deben aportar
ni siquiera pagan las cuotas de la ONU? Si no hay fondos, no es un fondo, ni es
monetario, ni es internacional: es nada. Y, por último, el Banco Mundial. La
palabra banco lo dice todo: un banco es quien presta dinero a quien tiene más
para responder del préstamo, y se han pasado décadas prestando dinero a quien
no tiene. Las presiones de los ciudadanos libres han obligado a condonar
créditos de países pobres que se concedieron con un criterio de: despido
procedente a cualquier director de banco. Se me dirá que hay países pobres que
tienen recursos, que, aunque pobres pueden responder a estos créditos echando
mano de otros recursos. Más o menos es como si un ciudadano con problemas para
llegar a fin de mes se presentara a un banco y pidiera un crédito para
devolverlo del uno al veinte con la nomina de cada mes y que los diez días
restantes los pasara como pudiera y el director se lo concediese. Los pobres lo
que necesitan es un trabajo digno, lo demás será dado solo; y quien dice un
trabajo, dice infraestructuras etc.
El Proyecto Milenio o el Protocolo de Kioto no se sabe cómo acabarán,
pero las perspectivas no son buenas, los recursos para cumplirlos no llegan y
las decisiones para cumplir Kioto brillan por su ausencia en los países que son
precisamente los que más contaminan. Precisamente cuando más democracias hay en
el planeta y se llega a un acuerdo de mínimos razonables -que ya es algo- la
ONU no tiene poder para imponer su cumplimiento. Esto demuestra que el problema
de la ONU es grave y la solución pasa por reformas, pero estas deberían ser
mucho mayores de las que se anuncian. Haciendo un repaso somero, no encuentro
la respuesta necesaria en estas reformas para que cambie la tendencia de estos
60 años de vida de la ONU.
Las reformas propuestas por la tesis anterior y que el Secretario
General Kofi Annan quiere que se aprueben en septiembre del 2005 son: que pasen
de 15 a 24 los miembros del CS, sin mencionar si se pretende la eliminación del
veto, esto es proponer nada. Crear una comisión de Derechos Humanos similar al
CS - ¿con vetos? -; reformar el CES - ¿con qué referencias?, ¿las anteriores? -;
transparencia de la Secretaria General - ¿sólo aquí?-; que las aportaciones de
los países ricos lleguen al 0,5% del PIB para el año 2009 y del 0,75 para el
año 2015. ¿Dónde está la autoridad necesaria para negociar y hacer cumplir
estos objetivos, que ya de por sí son escasos? Luchar contra la corrupción en
los países pobres. ¿Si se elimina la
corrupción donde no tienen casi de nada se soluciona el problema? Que fácilmente
se solucionaría los problemas de Haití. Luchar contra el SIDA: bonitas palabras
que al no tener recursos económicos y autoridad suficiente son palabras vacías.
Y, por último, crear un fondo para favorecer la democracia. ¿Desestabilizando
dictaduras desde dentro con propaganda? ¿Pagar a partidarios para que se
organicen como oposición donde de entrada no se pueden organizar? Las
incongruencias son interminables para este último proyecto y para los demás.
Reformar la ONU para que dé respuesta a los problemas del presente y del
futuro pasa por crear un denominador común entre todas las naciones, y no hay
otro más justo que la cantidad de personas. La democracia se basa en el sufragio
universal y la ONU lo que tiene que hacer es caminar en esta dirección. Los votos
por países en la Asamblea General no son verdaderos -si bien es cierto que
países pequeños tienen el mismo valor que los grandes y esto provoca que las
potencias se nieguen a respetar una votación por países en la Asamblea General
o el CS-; los votos deberían ser en relación a la cantidad de personas, como un
sufragio universal concentrado. De esta manera los votos serían reales con
respecto a la cantidad de personas en cada país. El denominador común de un
ciudadano, un voto, es lo más justo; y si esto no es posible todavía la ONU
podría estar compuesta por una representación lo más parecido a lo anterior.
Sin duda sería complicado, pero seguro que la mayoría de los representantes en
la ONU se pondrían de acuerdo sobre los problemas básicos. Suponer que una
representación justa de casi mil personas de todo el mundo votaría con
criterios absurdos o imposibles es no creer en la democracia. Cuando en un foro
todos participan en libertad, siempre salen acuerdos razonables.
PRUEBA DEL ALGODÓN
El mayordomo -en un último intento para demostrar que la justicia,
competencia, orden, progreso y democracia no pasa la prueba del algodón, decide
hacer la prueba a lo bestia.
Coge todos los algodones y se dirige al país más grande -es decir, a China-
y le responde que allí no, que se dirija a otro lugar. Con la confirmación de
sus temores se dirige al país más poderoso, y en los EE. UU. le contestan que
allí tampoco. Mosqueado el mayordomo por tener que hacer la prueba a pesar de
saber la respuesta se dirige a Rusia y la contestación es: ¡adivinan! que se
dirija a Inglaterra y Francia.
191 lugares donde pasar el algodón y el mayordomo no encuentra el lugar
donde ir, pues al intentar pasar el algodón por Corea del Norte, China le
contesta que por ahí tampoco, y al intento de hacer lo mismo con Israel, los EE.
UU. le dicen que ni hablar. Huelga que lo intente con otros lugares. Cinco
esencias imposibles de confirmar por culpa de cinco vetos imposibles de
eliminar.
El mayordomo impertinente del principio se ha convertido en un
prejubilado sin esperanza. El mundo no es democrático, ni justo, ni tiene orden
y el progreso es nulo por la falta de competencia de los que deberían tenerla.
Y en estas el mayordomo se despide con un hasta siempre.
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