ONU
TESIS
Cuando se critica a la ONU por su escasa influencia sobre los conflictos
pasados o nula actuación para resolver los del presente, no se comprende que la
ONU tiene un problema de fondo debido a las condiciones en las que estaba el
mundo cuando esta se fundó. Sería un juicio justo si la Organización de las
Naciones Unidad hubiese tenido desde el principio una composición democrática,
y al no ser así, hay que ser coherente con las posibilidades con las que nació
y con lo realizado después de 60 años. Teniendo en cuenta todos los factores,
el resultado final para esta tesis es positivo.
1945 representa un tiempo difícil para el mundo, con una guerra mundial
que acababa, secuelas profundas y países divididos en bloques; países que
habían perdido la guerra, países que, aun siendo aliados para ganarla, tenían
profundas divergencias en la forma de Estado. De hecho, la división más
profunda era que unos pocos países tenían consolidadas las democracias, como
los EE. UU. o Inglaterra y la URSS, con China después, regímenes dictatoriales consolidados
también; otros países menores eran democracias, pero la mayoría, por la derecha
o por la izquierda, eran dictaduras. En esta situación, la ideología no primaba,
como tampoco lo hace en la actualidad después de 60 años en la Asamblea General
de la ONU, y si, la situación de poder sobre zonas de influencias que llevaron
a la guerra fría. En ese espacio-tiempo fue creada la mayor organización
mundial. Era normal que resultase un ente viciado y las críticas deben
comprender la situación para poner en la balanza y que, a pesar de los
problemas acuciantes que todas las naciones padecían, se pusieran de acuerdo
para crear la ONU. Se dice que en tiempo de crisis no conviene hacer mudanzas: pues
bien, el cambio de reglas mundial se realizó justo al final de la mayor crisis
global.
La pregunta imposible es obvia. ¿Qué hubiese sido del mundo sin la ONU?
La respuesta es clara, a pesar de no poder ser confirmada: si de la Primera a
la Segunda Guerra Mundial pasaron poco más de veinte años, sesenta años después
no ha habido la tercera y lo más importante, las agresiones de unos países a
otros han sido mínimas (aunque las agresiones internas sobre las poblaciones o
etnias sí han causado en estos 60 años millones de muertos). A pesar de lo
anterior, como haber en la cuenta de la ONU, la respuesta es clara: mejor con
la ONU que sin ella. No es fácil gobernar el mundo, aunque sea mínimamente y el
diálogo de sordos que se ha representado en la Asamblea General o en el Consejo
de Seguridad durante décadas y sobre diversos asuntos era dialogo, no nos
confundamos: hablar con alguien sin llegar a acuerdos, siempre es mejor que
tirarse cosas (sic) y acordar después el intercambio de cadáveres y
prisioneros.
La creación de la ONU fue gracias al esfuerzo de las potencias ganadoras
de la II Guerra Mundial, la mayoría con democracias, pero la mayor parte del
mundo y de los estados fundadores eran dictaduras. Si la división se hiciese por
población con China incorporada, la relación de personas que vivían en libertad
y sin ella era aplastante a favor de los sin libertad. En esta situación se
hizo lo posible o más. Necesariamente tuvieron que inventar un sistema que
impidiera el arrinconamiento de algunas naciones importantes como la URSS o los
EE. UU. por si se quedaban en minoría, habiendo sido ellas las principales
bazas para ganar la guerra. El veto era necesario para impedir que la mayoría
de las dictaduras impusieran cosas imposibles o peores sobre las pocas
democracias; también para compensar a la URSS por el esfuerzo en la guerra e
impedir que se quedase aislada defendiendo su régimen político. Se negociaba o
discutía de todo y no se llegaba a acuerdos, un dialogo de sordo si; y menos
mal, porque de cualquier otra manera los bloques antagónicos de occidente y el
este europeo hubiesen podido estallar en mil pedazos.
A pesar de los problemas se creó un principio de gobierno mundial, con
un Secretario General, una Asamblea General, con votaciones por mayoría
cualificadas –el parecido con una democracia era grande-, un Consejo de
Seguridad, donde -aquí sí- el veto de las cinco potencias (incluida China) como
miembros permanentes han bloqueado propuestas de castigo o realizar objetivos
lógicos, legales o éticos. Los demás organismos internos de la ONU como el CES,
CAF, TIJ, etc., han dependido de las votaciones del CS. A pesar de que lo
realizado por la ONU no ha sido lo que debía, es justo decir que mejor esta
democracia imperfecta que ninguna.
Las carencias son muchas, pero hay que reconocer que los aciertos
también: el TPI ha juzgado a criminales de guerra, la FAO ha realizado
proyectos, así como la OMC está negociando en la actualidad nuevas reglas para
que el comercio beneficie a todos. El BM o el FMI ha concedido créditos blandos
a países en vías de desarrollo que de otra manera no hubiesen podido financiar
y condonados muchas veces estos créditos por haber sufrido estos países
catástrofes naturales difíciles de soportar ya de por sí. Enumerar los logros
de la ONU en estos 60 años es imposible, al igual que enumerar lo que no ha
podido solucionar; ningún ataque nuclear a consecuencia -paradojas de la vida-
del “Átomos para la Paz”. La cantidad de servicios a los refugiados o los
gastos en educación a través de la UNESCO; los errores o falta de medidas para
atajar el SIDA, el trabajo infantil; los desplazamientos por masacres étnicas
como Darfur, Ruanda, etc., tienen su contrapeso con los aciertos en la Guerra
del Golfo o la de Afganistán, donde se consiguieron unanimidad para atacar a
dictaduras sangrientas. La Guerra de IRAK por estar cerca en el tiempo y
expresar el error más clamoroso, no anula lo realizado por la ONU en 60 años.
Si la cantidad de democracias en 60 años desde la creación de la ONU ha
aumentado de forma considerable la ONU es culpable de contribuir a este
beneficio. Algunas cosas habrán hecho bien la ONU cuando los países
democráticos son mayoría en la actualidad, por supuesto que el empeño americano
por exportar su sistema cuenta y la fuerza de la Libertad en los países con
dictaduras hizo el resto. El contagio, la imitación al ver, sentir, participar
continuamente en una Asamblea General donde los votos cuentan –en principio
igual-, es el principio del conocimiento democrático. Se aprende por imitación
sin saber el significado y luego se consolida lo aprendido al ser consciente de
que la repetición de una palabra o un hecho coincide con la realidad. Pues bien,
no duden que la concentración de todos los países en un foro de “sordos” ha
provocado la imitación, y los dirigentes políticos y sus ciudadanos han
evolucionado con el tiempo al darse cuenta de que es un espectáculo hablar,
escuchar y votar. El balance por tanto de la ONU -desde esta tesis particular-
es positivo y las partes oscuras son trabajos por hacer. Hay que clasificar los
problemas del presente y futuro, olvidémonos por un tiempo del pasado y
pensemos en este futuro: quedan pocos países con dictadores imposibles, la
mayoría son razonables y saben en su fuero interno y en la mayoría de sus poblaciones
que el futuro pasa por la evolución que han tenido los países democráticos. El
tiempo, más pronto que tarde, confirmará esta tesis.
En la actualidad el Secretario General -Kofi Annan- presenta una serie
de reformas basadas en el Proyecto Milenio, recomendaciones de 16 sabios,
encuadrados en el Grupo de Alto Nivel sobre Amenazas, Retos y Cambios. Quizás
sea el momento ideal –junio del 2005- de proponer cambios significativos en la
organización. Annan no va a tener fácil tocar el equilibrio imperfecto de 60
años; los miembros con derechos a veto se resistirán, tanto a perder poder como
a concedérselos a las potencias emergentes como China y la India. Sin embargo,
el hecho de plantear reformas ya es de por sí positivo y demuestra que la ONU
está viva, que puede evolucionar, y esta tesis global sobre este organismo
mundial está de acuerdo en la reforma. Sesenta son muchos años, los países, la economía,
la sociedad en conjunto no es la misma que en el año 1945. Aunque sólo fuese
para mantener la influencia pasada sobre las amenazas globales, sin avanzar en
grandes proyectos imposibles de llevarlos a la práctica en un futuro inmediato,
la ONU es positiva; insisto, esta tesis está por dichas reformas, que consiste
en líneas generales en lo siguiente:
El Consejo de Seguridad pasaría de 15 a 24 miembros, con diez permanentes.
En principio el cambio es lógico. Hay países que han llegado a unas cuotas de
poder, tanto político como económico, envidiables desde la óptica del año de la
fundación de la ONU. La representación de la mayoría de la población y poder
económico en una mesa (CS) permanente para negociar es positivo. Con respecto
al veto de los cinco, se puede quitar o ampliarlo, es una incógnita: los países
del G5, G7, o G8, tendrán que negociar.
Crear una comisión de Derechos Humanos. El proyecto es que tenga la
misma composición que el Consejo de Seguridad, así como el CES (Consejo
Económico y Social). El mundo es cada vez más complejo -como he repetido varias
veces- en esta tesis de la dialéctica y la equiparación en poder de estas
organizaciones al CS es positiva. El poder económico de las naciones ha
aumentado también espectacularmente -y más que lo harán en el futuro-, así como
la concienciación general sobre los Derechos Humanos: darle esta equiparación a
la seguridad es necesario.
El Secretario General ha propuesto otras reformas que, aunque menores,
tienen su importancia, a saber: más transparencia en la ONU, crear un fondo
para la democracia e invertir en proyectos en marcha para que se cumpla los
objetivos de que la contribución de los países ricos llegue al 0,5%, al 0,7%
del PIB en los años 2009 y 2015, respectivamente, así como luchar contra la
enfermedad más grave que tenemos en el presente: el SIDA.
Kofi Annan y los que proponen estas reformas no las tienen todas
consigo. Los EE. UU., China, Rusia, Francia e Inglaterra deben reconocer que
tanto Brasil, Japón, India y varios países más, muy poblados y con un poder
económico importante, deben tener más representación en los órganos de decisión
mundial. Sería beneficioso para todos si la cantidad de población representada
en el CS fuese una mayoría aplastante del planeta, reuniendo a su vez las
economías poderosas en la actualidad y las futuras. El armazón futuro de la ONU
sería un éxito si estos países se ponen de acuerdo y marcan las reglas para
ellos y los demás; sólo ellos tienen el poder de ejecutar los grandes proyectos
de futuro.
Sólo China -como país no democrático- se sale de la norma general
democrática, pero tiene -un país, dos sistemas-, el camino trazado para evolucionar
hacia la democracia. Sólo hace falta que lo realice de forma paulatina, sin
brusquedades por el riesgo de tanta población, que si se desorganizase seria un
verdadero aluvión humano, un desorden difícil de soportar. El camino emprendido
por el Partido Comunista Chino terminará en democracia cuando la cantidad de
territorio con libertad de mercado sea total y las libertades sociales -libre
circulación de las personas, poner negocios, etc.- sea casi total. La libertad
de crítica y las votaciones universales se quedarán en la despensa hasta que el
partido comprenda que la economía y la libertad -dos fuerzas que van unidas- no
puedan crecer más sin la tercera parte de la libertad: la política. Mientras,
la economía del libre mercado irá empujando y creando las estructuras sociales
para que en el momento del cambio no se caigan por el principio de la
destructuración, como les pasó a los demás países comunistas.
El Secretario General de la ONU necesita que le apoyen en el proyecto y
los países con posibilidades de dárselo harían bien en sumarse a las reformas.
Todos nos beneficiaríamos. No está el planeta tan mal como parece, y si todos
ponemos algo de nuestra parte, los problemas del presente serán menos
problemas. La ONU nació con defectos graves, pero el tiempo se ha encargado de
resolverlos. Si la máxima expresión de los problemas del pasado era la escasa
cantidad de países democráticos, resuelto esto, la esperanza es grande: entre
todos podemos conseguir un mundo mejor.
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